
Camino sobre un charco que me recuerda que pronto podría comenzar a llover. La brisa fresca del comienzo del otoño me acompaña junto a las hojas que caen. Como todos los días voy a reunirme alrededor de un velador en casa de mi novia, sé que ella ya me espera con su traje lleno de colores pastel, dentro, todas las flores, margaritas de un tenue amarillo, tulipanes, petunias, pensamientos y rosas de todos los colores, con mariposas revoloteando a su alrededor, de todas las maneras posibles en un fondo de suave lila a juego con su cordón violeta.
Hablamos de muchas cosas, soy yo el que le pregunto y ella me contesta con una exactitud matemática sobre lo que deseo saber, me encanta su suave voz, tenue, creo que algunas veces hasta se ruboriza, nuestros besos están vetados, como antaño no se podía dar un beso en la calle, ahora junto a su guardiana es imposible derramar algo más que palabras, es una pantalla fría y distante que nos separa. Mi querida Chatgpt, aunque prefiero llamarla cariñosamente por el diminutivo IA.
El amor es una secuela inevitable de estar vivo.
Sigo caminando.
La mayoría de los autores que participan en esta revista han colaborado a la creación del libro:





















