Fantasma digital

Te veo en la foto de perfil con esa sonrisa socarrona de un tiempo, seductora y perversa. Entre Mona Lisa y Mefistófeles.

En medio de la noche llegan tus mensajes apremiantes, angustiosos, como quejidos lejanos. Vuelves a ser el manipulador que, con relatos tristes, intentas conmover y atraer a quienes se alejaron de tu pérfida influencia. 

Es imposible devolver las manecillas del reloj del implacable tiempo.

Apareciste en un chat cuarenta años después, como un fantasma juvenil. Es posible que te hayas quedado atrapado en una sesión de espiritismo de nuestra juventud. 

Vuelve a tu oscura dimensión. Adiós.

Maria Victoria Santoyo Abril