
No creo en los fantasmas.
En aquellas tristes inverosímiles siluetas que, llevando sábanas blancas y arrastrando cadenas oxidadas van por la noche intentando asustar ingenuas víctimas.
Temo otro tipo de fantasmas, mucho más escurridizos que, por la noche, siempre buscan una forma de colarse dentro los pliegues de la almohada mientras estás esperando que las «gotas mágicas» empiecen a surtir su efecto. Son super rápidos. Basta muy poco. El eco de una música, la imagen de una cara, el sonido de una voz.
Son los fantasmas del pasado.
Son los recuerdos. Los felices te aportan melancólica nostalgia. Los angustiosos te hacen aflorar rabia y dolor.
EI corazón aumenta sus latidos. El sueño tarda en llegar a pesar de las «gotas mágicas» que te miran desde la botellita sobre tu mesita de noche.
Iris Menegoz

