Una circular promesa

A mediodía en un día de miércoles al improviso Don Atanacio Balboa (Nacho) dejaba de existir a los 75 años. Sus hijos confundidos por tal triste e imprevista noticia se preguntaban el ¿por qué? En

Mi abuelo y yo solíamos ir al cine todos los fines de semana. A él le encantaban las películas western y a mí las románticas. Un día fuimos a ver los Caballeros de la Mesa Redonda, yo aún era un niño extrovertido y, cuando veía algo nuevo, quería verlo dos veces para entenderlo debido a mi escasa capacidad mental, por eso siempre me hacía explicar por mi abuelo las películas después de haberlas visto. 

Me quedé tan impresionado y anonadado por escuchar el pacto que hacían los Caballeros de la Mesa Redonda, que un día con mis amigos hicimos un círculo y 6 niños nos metimos dentro de él haciendo un juramento: que de grandes nos ayudaríamos en todo momento, que nos comunicaríamos y que nunca dejaríamos de ser amigos. 

Han pasado 30 años desde aquella inocente y circular promesa, y para ser honesto, casi ni los veo; pero sé que aún están vivos, tienen sus familias; uno es policía, otro médico, de los demás sinceramente no sé cuál será su profesión, he tenido contacto solo por teléfono, creo que no les gustan las redes sociales porque solo dos de ellos tienen Facebook. 

Me pongo a pensar en tantas promesas que a lo largo de la vida uno se hace así mismo, a la familia o a la pareja con quién se está en algún momento; me pregunto si estuviéramos pendientes de aquellas promesas circulares individuales, familiares o sociales para no olvidarlas, entonces creo yo que prometeríamos menos y cumpliríamos más.

 

Luis Alberto Prado

La fotografía no es mía

Para poder opinar coherentemente he tenido que recurrir al internet y así poder tener una idea clara de quién era Henri Cartier Bresson.

Fotógrafo francés con una versatilidad única y pionera para su época en el cual no hacía falta los colores para darle un matiz profundo y polifuncional a sus fotografías con su cámara Leica la cual era su preferida.

Me viene a la memoria mi tío Pedro era el fotógrafo preferido de todo evento que se suscitaba en mi pueblo, tal es así que se enriqueció siendo fotógrafo. Cuando era muy joven yo lo veía como algo simple hasta que un día mientras el conversaba con su hijo dándole pautas como hacer una verdadera fotografía, entonces las antenas (orejas) se me alzaron y creí que era más fácil aún.

Tomé la cámara de mi abuelo una Kodak antigua que era muy pesante para mí; fui al río a tomarle fotos al agua cristalina, a las plantas que bordeaban ambas riveras y a las rocas esculpidas por la naturaleza. Termine un rollo de 24 fotos solo en aquel majestuoso panorama.

Días después fui a desarrollarlas a una casa fotográfica todo contento esperaba ansioso tener un excelente resultado.

La desilusión fue más grande que el entusiasmo, sinceramente ninguna foto me gustó, todas oscuras, y desperfectas, cegado en mi incapacidad no sabía a quién culparlo.

Como repito era joven aún, caprichoso e inmaduro intenté varias veces nuevamente, hasta que un día me di por vencido y entendí que: “El talento no se hace, se nace”

Hoy solo me queda aplaudir a este grande genio de la fotografía que en vida fue Henri Cartier Bresson. y felicitar a mi tío por su hermoso don que Dios lo concedió.

 

Luis Alberto Prado

El duelo de Don Nacho

A mediodía en un día de miércoles al improviso Don Atanacio Balboa (Nacho) dejaba de existir a los 75 años. Sus hijos confundidos por tal triste e imprevista noticia se preguntaban el ¿por qué? En medio de estas vicisitudes, Auria la hija menor lloraba desconsoladamente, pidiéndole perdón. Los dos hermanos restantes Pablo y Josefina, más calmados dialogaban, distribuyéndose las tareas para organizar el velorio. Uno fue a ver la funeraria, la otra a arreglar la casa y avisar a los familiares, mientras tanto Auria fue a comunicar al cura. Luego fue a una emisora local a meter el anuncio e invitando al duelo de su querido padre.

En medio de la tristeza la organización andaba de maravilla. 

Hacia las 4 de la tarde una luz divina iluminó sus vidas, don Nacho despertó, ¡Aleluya! Abrió los ojos. ¿Qué pasó? un paro cardíaco, solo eso había sucedido. 

Por dos horas sin parar festejaron bailando y bebiendo por la resurrección del padre. Después de las 6 de la tarde don Nacho cansado se fue a descansar. Estando en su recamara tenía la radio encendida y escucha la noticia donde se invitaba al duelo de él.

Acongojado y estúpido llamó a su hija y dijo que vayan a cancelar esa noticia. De inmediato mandaron a un familiar, pero la emisora quedaba a 20 minutos de la casa (no existía el móvil).

Durante este tiempo volvieron a pasar más de 5 veces la noticia de su deceso. Bastó para que esta vez sí, un verdadero paro cardíaco le ataque sin piedad. Entre la preocupación la rabia y el alcohol, la hipertensión lo mato.

Nota: Esta historia fue real sólo cambie los nombres por no herir susceptibilidades. 

 

Luis Alberto Prado