Lluvia

 

Era una locura aquellos tiempos de verano, porque parecía ser el día más soleado cuando de pronto todo estaba nublado; entonces nos preparábamos para ir a ver el gran espectáculo, ya que sucedía una o dos veces por año. 

Tomados de la mano, mi madre llevaba a mis hermanas y mi abuelo a mí, porque la torrencial lluvia que caía provocaba desbordes naturales; vivíamos en las laderas de una gran montaña que, cuando llovía, traía consigo piedras y agua por canales que con el tiempo la propia lluvia había diseñado. Cuando todo se calmaba, nos bañábamos en los grandes pozos que se formaban.

Luis Alberto Prado

Una circular promesa

A mediodía en un día de miércoles al improviso Don Atanacio Balboa (Nacho) dejaba de existir a los 75 años. Sus hijos confundidos por tal triste e imprevista noticia se preguntaban el ¿por qué? En

Mi abuelo y yo solíamos ir al cine todos los fines de semana. A él le encantaban las películas western y a mí las románticas. Un día fuimos a ver los Caballeros de la Mesa Redonda, yo aún era un niño extrovertido y, cuando veía algo nuevo, quería verlo dos veces para entenderlo debido a mi escasa capacidad mental, por eso siempre me hacía explicar por mi abuelo las películas después de haberlas visto. 

Me quedé tan impresionado y anonadado por escuchar el pacto que hacían los Caballeros de la Mesa Redonda, que un día con mis amigos hicimos un círculo y 6 niños nos metimos dentro de él haciendo un juramento: que de grandes nos ayudaríamos en todo momento, que nos comunicaríamos y que nunca dejaríamos de ser amigos. 

Han pasado 30 años desde aquella inocente y circular promesa, y para ser honesto, casi ni los veo; pero sé que aún están vivos, tienen sus familias; uno es policía, otro médico, de los demás sinceramente no sé cuál será su profesión, he tenido contacto solo por teléfono, creo que no les gustan las redes sociales porque solo dos de ellos tienen Facebook. 

Me pongo a pensar en tantas promesas que a lo largo de la vida uno se hace así mismo, a la familia o a la pareja con quién se está en algún momento; me pregunto si estuviéramos pendientes de aquellas promesas circulares individuales, familiares o sociales para no olvidarlas, entonces creo yo que prometeríamos menos y cumpliríamos más.

 

Luis Alberto Prado

La fotografía no es mía

Para poder opinar coherentemente he tenido que recurrir al internet y así poder tener una idea clara de quién era Henri Cartier Bresson.

Fotógrafo francés con una versatilidad única y pionera para su época en el cual no hacía falta los colores para darle un matiz profundo y polifuncional a sus fotografías con su cámara Leica la cual era su preferida.

Me viene a la memoria mi tío Pedro era el fotógrafo preferido de todo evento que se suscitaba en mi pueblo, tal es así que se enriqueció siendo fotógrafo. Cuando era muy joven yo lo veía como algo simple hasta que un día mientras el conversaba con su hijo dándole pautas como hacer una verdadera fotografía, entonces las antenas (orejas) se me alzaron y creí que era más fácil aún.

Tomé la cámara de mi abuelo una Kodak antigua que era muy pesante para mí; fui al río a tomarle fotos al agua cristalina, a las plantas que bordeaban ambas riveras y a las rocas esculpidas por la naturaleza. Termine un rollo de 24 fotos solo en aquel majestuoso panorama.

Días después fui a desarrollarlas a una casa fotográfica todo contento esperaba ansioso tener un excelente resultado.

La desilusión fue más grande que el entusiasmo, sinceramente ninguna foto me gustó, todas oscuras, y desperfectas, cegado en mi incapacidad no sabía a quién culparlo.

Como repito era joven aún, caprichoso e inmaduro intenté varias veces nuevamente, hasta que un día me di por vencido y entendí que: “El talento no se hace, se nace”

Hoy solo me queda aplaudir a este grande genio de la fotografía que en vida fue Henri Cartier Bresson. y felicitar a mi tío por su hermoso don que Dios lo concedió.

 

Luis Alberto Prado

El cine

Corrían las balas de aquí para allá y de allá para acá, los corceles se espantaban y dispersos escapaban en direcciones opuestas; a los malos  la emboscada les salió mal. 

El pueblo escondido y el mutismo fingido, enseguida el forastero entendió que algo andaba mal. Era un pistolero de aquellos muy audaz con una rapidez mental y manual, porque sus tiros eran casi perfectos de frente a la cabeza sin dudar, ¡Era genial! 

Todos estábamos gritando, arengando al bueno y diciendo en que parte estaban los forajidos en coro y sin meditar:

¡Ahí!, ¡ahí!, ¡allí!, una y otra vez sin cesar, mientras el avanzaba y cada vez que los malos iban cayendo nuestra felicidad se enternecía engañándonos porque la ficción nos parecía real.

El arrebol del ocaso se acercaba y la batalla se dilataba, porque ellos eran muchos más. De pronto, un tiro en el hombro hizo que Django se desplomase … El cine con el techo descubierto estaba repleto, aún así el silencio no se hizo esperar; todos pasmados a pesar de que el petricor de la lluvia rozaba nuestras narices, nuestra concentración era total.

Bueno ya no les cuento el final porque todos saben como terminaban las películas western, pero les puedo confesar que esa adrenalina infantil no lo volví a sentir ni cuando terminé la universidad.

Luis Alberto Prado

La flor de mi jardín

Amapola, la flor del sueño

 

Hace treinta años pertenecí a la aviación de mi país, era paracaidista. Bueno, luego viajé a España buscando un mejor porvenir, lamentablemente las cosas no salieron como había planificado.

Sin un trabajo y sin un centavo todos los días iba a la iglesia San Antonio de La Florida, esperando que los parroquianos me regalasen una limosna, ya que vivía en las orillas del río Manzanares, en medio de unos matorrales.

Cubierto por mi triste agonía seguía bregando, miraba al cielo orando a Dios por encontrar un trabajo, pero lo primero que mis ojos confundidos miraban, era el teleférico que nublaba mi necesidad. 

Pasado el tiempo, mi necesidad principal ya no era el trabajo o regresar a mi país, simplemente era subirme en aquel bendito animal… ¡perdón! Teleférico.

Tantas veces tuve los increíbles 6 euros para subir, pero el licor podía más que mi sueño y por ende nunca puse empeño. 

Bueno hoy vivo muy lejos de Madrid y solo lo sabe Dios por qué nunca subí. Particularmente creo que fue una semilla que sembré solo en mi fantasía porque en la realidad nunca floreció debido a la mala hierba que existía en mi jardín cerebral, la cual me hacía tanto mal.

Luis Alberto Prado

El duelo de Don Nacho

A mediodía en un día de miércoles al improviso Don Atanacio Balboa (Nacho) dejaba de existir a los 75 años. Sus hijos confundidos por tal triste e imprevista noticia se preguntaban el ¿por qué? En medio de estas vicisitudes, Auria la hija menor lloraba desconsoladamente, pidiéndole perdón. Los dos hermanos restantes Pablo y Josefina, más calmados dialogaban, distribuyéndose las tareas para organizar el velorio. Uno fue a ver la funeraria, la otra a arreglar la casa y avisar a los familiares, mientras tanto Auria fue a comunicar al cura. Luego fue a una emisora local a meter el anuncio e invitando al duelo de su querido padre.

En medio de la tristeza la organización andaba de maravilla. 

Hacia las 4 de la tarde una luz divina iluminó sus vidas, don Nacho despertó, ¡Aleluya! Abrió los ojos. ¿Qué pasó? un paro cardíaco, solo eso había sucedido. 

Por dos horas sin parar festejaron bailando y bebiendo por la resurrección del padre. Después de las 6 de la tarde don Nacho cansado se fue a descansar. Estando en su recamara tenía la radio encendida y escucha la noticia donde se invitaba al duelo de él.

Acongojado y estúpido llamó a su hija y dijo que vayan a cancelar esa noticia. De inmediato mandaron a un familiar, pero la emisora quedaba a 20 minutos de la casa (no existía el móvil).

Durante este tiempo volvieron a pasar más de 5 veces la noticia de su deceso. Bastó para que esta vez sí, un verdadero paro cardíaco le ataque sin piedad. Entre la preocupación la rabia y el alcohol, la hipertensión lo mato.

Nota: Esta historia fue real sólo cambie los nombres por no herir susceptibilidades. 

 

Luis Alberto Prado

Nueva lección

 

Corrían las horas en el improvisado invierno, mientras una mácula en el infinito daba señales de delirio, prorrateaba el desconsuelo en los desconocidos y las hojas de los árboles se marchitaban sin realmente saber el motivo. 

El estrepitoso viento desanimaba las cuerdas vocales de cada individuo, porque el brutal clima antagónico no era concerniente al tiempo más bien parecía lacónico, insidioso y fatal.

Solemnemente me aprehendía a la opulencia de mi alegría y comenzaba a deambular sin pensar en las secuelas que esto podría causar porque no soy escéptico a las desgracias, así que la aflicción en mí no tenía lugar; más bien, soy obstinado con mi escrúpulo cerebral y soy falaz con lo que me hace mal, más bien me puse a deliberar con mi mansedumbre, obviamente sin alevosía porque a veces el soliloquio en mí es un ritual. 

Al final de la tormenta con una total ataraxia llegue a una razonable conclusión… extenuado digerí el soporífero y me fui a descansar. 

Dentro de este pequeño párrafo hay palabras que para ustedes tal vez sean muy comunes, pero para mí no, porque las ansias de alimentar el léxico de mi humilde cognición me invitan a buscar en el diccionario y cada día aprender una nueva lección.

Luis Alberto Prado

El camino

 

Ja ja ja, ¿Como que todos los caminos son iguales?;

Será porque tal vez no conocen el mío, 

yo pienso que cada uno tiene su misterio y su delirio. 

Mi padre decía que no hay camino sin caminante, él una vez me llevo a la montaña, cuando era muy niño y me dijo:

Hoy caminaras conmigo, porque mañana yo solo seré un espíritu. 

Yo no lo entendía. 

Él continuaba hablando, hoy caminaremos una hora hacia el acantilado y regresaremos caminando, debemos apurarnos porque más tarde caerá la nieve.

Particularmente a mí me encantaba la nieve, en el trayecto le hice como 100 preguntas y amablemente respondía a todas; bueno caminamos como él había programado y antes de retornar me dice: ahora tú debes volver por donde dejaste tus huellas. Obviamente yo era un niño y mis huellas se habían ya borrado pero las de él aún seguían ahí, pero yo tenía la mente fresca y recordaba con facilidad por donde había venido. 

Una vez que retornemos al punto de partida me mira y sonríe, bravo hijo hoy hemos cruzado peñascos, fangos y un riachuelo, y tú no olvidaste tu camino, aunque algunos pasos te saltaste, veo que ya empezaste a construir tu sendero. Por favor que esa frescura mental nunca se escape de ti, camina con cautela en la vida y si en algún momento debes retroceder, ya sea para recomenzar o agradecer, recuerda bien por dónde debes caminar y por dónde no deber andar.

Luis Alberto Prado

Algo más

 

— ¿Y dónde estaban las gárgolas a la hora del incendio? 

— ¿o tal vez era el alma de Cuasimodo? 

Preguntaba mi sobrino Liam de 6 años. Todos atentos y con profunda pena veíamos la noticia; Mientras en la televisión narraban un poco del trágico acontecimiento, mi sobrino seguía preguntando. 

— ¿Que significa Notre-Dame? 

Es la catedral de Nuestra Señora, respondía su madre.

— Pero que inmensas campañas —decía.

Antes que pregunte el porqué, su mamá son Marie y Emmanuel. 

— ¿Y por qué no lo apagaron a tiempo? 

Son 422 peldaños y se requieren casi 40 minutos para llegar arriba. 

— ¿Y por qué es famosa? 

— Porque es un símbolo del cristianismo y tardaron más de 150 años en construirla, comenzaron sus primeros pasos en 1163 hasta 1345. En 1991 lo nominaron patrimonio cultural de la humanidad. —continuaba su mamá.—En 1804 Napoleón se coronó emperador dentro de esa estructura gótica. Víctor Hugo escribió «Nuestra Señora de París»  en 1831, se trata de un jorobado que se enamora de una gitana Esmeral… 

— ¡Mamá! Eso ya lo sé, además para él, la iglesia era su casa. Entonces basta. Un poco más por favor, mirándonos con un semblante tierno e irónico.

— Tiene 3 puertas que destacan y se llaman la puerta de la virgen, la  puerta del juicio final y la puerta de Santa Ana, esta última guarda una leyenda, porque quien la diseño invoco al diablo.

Interrumpe mi cuñado: 

— Por favor no mientes ese nombre al niño.

Un poco confusa mi hermana, está bien; casi todos perplejos nos miramos y luego de dos segundos de pausa continuo.

— Ahí beatificaron a Juana de Arco en 1909.

— Basta mamá, gracias por ilustrarme.

— Ahora no me digas que quieres conocer París. 

— No tío, tal vez más adelante, ahora  solo quiero mi leche.

Luis Alberto Prado

El color de mi inconsciencia

 

Llovía mientras amanecía y el gallo con su canto agudo expresaba su pavor, porque el inquebrantable invierno  azotaba  sin temor.

Todo era confusión las aves escondidas, entre sí  buscaban un poco de calor, la ciudad perpleja y vacía  porque la euforia del viento golpeaba mis pulmones y mi inspiración. 

Mientras del cielo se desprendían las nubes como croquetas el horizonte diseñaba en su lienzo  un azul índigo  que asustaba a la gente y a mi inconsciencia, eran señales que aún duraría la tormenta. Avanza el día y ese color aún permanecía ahí, estático y  desafiante como diciendo bienvenidos a la fiesta, pero no era una fiesta cualquiera parecía una terrorífica odisea, un Halloween, un viernes trece o una cadena perpetua.

Mi madre quedó en llegar a las 8 y ya eran las 10 de la mañana, la llamaba  constantemente al teléfono y no respondía, mi hija lloraba por su teta y la mamá bien gracias dormía profundamente a rienda suelta. mi preocupación ya no era sólo una, se multiplicaba conforme mi menesterosa  imaginación  perdía la testa.

Ya tenía 28 y aún yo parecía de 8 como un infantil tratando de huir buscaba una salida en mi inconsciencia; aterrorizado buscaba un consejo, una solución, mi madre no estaba, el día me espantaba, la biblia sobre mi velero me  acariciaba sin darme cuenta, la cogí tembloroso y después de leer dos versículos mi temor desapareció de mi cuerpo y cabeza; aunque el azul índigo junto a la tormenta continuaba con su fiesta.

Luis Alberto Prado