Le gourmet

Picasso Azul “Le gourmet” 1901

Juan, como cada vez, cuando pasaba delante Art Gallery de Washington entro para ver el cuadro de Picasso del periodo azul “le gourmet” que le traía recuerdos muy hermosos de cuando su hija Marta tenía la edad de la niña del cuadro. El domingo se despertaba presto, porque quería ayudar a su mamá a preparar el almuerzo del domingo, momentos preciosos que, pero, habían volado. Marta fue a estudiar a Londres y había conocido a un chico español y después, de casados, fueron a vivir a Madrid. Ahora Juan les veía poco, solo para las vacaciones, de Navidad y Pascua, tan ellos como sus maravillosos nietos Matteo y Carlos. Además su esposa Mónica pasaba mucho tiempo en Madrid para ayudar a Marta, él se sentía muy solo y el cuadro de Picasso del que tenía una copia le hacía compañía. Miro el reloj y se dio cuenta que si no se apuraba llegará tardes a la cita con el Cónsul. Antes de irse pero, compro otra copia del cuadro para tenerla en la oficina mientras trabajaba. El cónsul le sonrió cuando lo vio y le dijo que era muy contentos de su trabajo y que habían decidido transferirlo al Ministerio del exterior a Madrid. Juan fue muy feliz porque volver a Madrid que era su ciudad quería decir estar cerca de Marta y sus nietos y volver a vivir siempre con su esposa. Era muy feliz y mirando la copia del cuadro “el gourmet” pensó que le había traído suerte.

Gloria Rolfo

Pasión

Bárbara tenía un problema o, por lo menos, a ella le parecía un problema. No tenia ninguna pasión. Sí, amaba apasionadamente a su novio Pablo, pero no era eso. Cuando pensaba en una pasión, pensaba en algo que le gustaría hacer en el tiempo libre, que era escaso porque entre la universidad, estudiar, salir con Pablo y verse con las amigas, le quedaba poco. Quería encontrar una cosa que le gustara hacer y le diera satisfacción al hacerlo. Todas sus amigas tenían una pasión. Valeria amaba a los animales y tenía dos perros, cuatro gatos y ocho tortugas, pero tenía también una casa grande con jardín y una madre que amaba a los animales; la casa de Bárbara era pequeña sin jardín y su madre no amaba los animales a parte al gato Augusto. Martina pintaba y escribía, pero se le daba bien y los cuadros que pintaba eran muy lindos; más de uno lo había vendido y los cuentos que escribía los publicaba en una revista y eran muy divertidos. Bárbara no conseguía ni pintar ni escribir. Apasionarse a la cocina como su mamá que era una cocinera maravillosa no lo conseguiría, ella que hubiera comido siempre bife y ensalada. No le gustaba tampoco coser, los vestidos los compraba hechos, y tampoco le interesaban los sellos como a Pablo. Era un problema, hasta que dio con la solución: Bárbara tenía la pasión de no tener una pasión.

Gloria Rolfo

Un bar aux folies bergères

Un bar aux folies bergères de Edouard Malet

Marta se aburría mucho en este periodo de cuarentena sobretodo a la tarde, a la mañana no porque entre ordenar la casa y hacer el trabajo que le llegaba desde la oficina la mañana pasaba veloz. La tarde era eterna hasta las 19 que podía hablar con Marco su novio que estaba trabajando en la Casa madre de su firma que era a Copenaghen y non había podido volver en Italia. una tarde se puso a mirar un libro que había comprado en Paris el ano pasado y miro atentamente un cuadro que le gustaba mucho “Un bar aux folies bergères” de Edouard Manet. De repente estaba dentro al cuadro era la chica che controlaba las botellas de champagne, la fruta y lo pasaba a su compañero que lo daba a los clientes en el mostrador o lo ponía en las bandejas para los camareros que lo llevaban a las mesas. Le gustaba mucho se divertía por la atmósfera alegre y ruidosa. Sintió a un cierto punto algo húmedo contra la pierna y oyó miau miau, era su gata Cleopatra que quería comer porque había sonado, se levanto y pienso que lastima porque me estaba divirtiendo verdaderamente.

Gloria Rolfo

Un día especial

Laura se dio cuenta de que los días especiales podían ser muchos y no todos hermosos. Un día especial fue cuando ella volvió del trabajo y encontró a su marido Marco con 40 de fiebre y una tos muy fuerte y cavernosa. Llamó su médico que la invito a llevarlo al hospital donde él los esperaba. Cuando llegaron, les hicieron el tampón a ambos por precaución. El de Laura era negativo, el de Marco, que no conseguía respirar, positivo. Marco fue enseguida internado en urgencias y entubado. A Laura le preguntaron si había tenido contacto con ciudadanos chinos y Laura dijo que no, pero que sí había tenido una reunión con un colega alemán que trabajaba en China y que se había enfermado de coronavirus y que evidentemente había contagiado Marco. Para Laura ese fue un día especial pero muy terrible, uno de los peores de su vida. Durante quince días pudo ver a Marco solo a través del monitor de la zona de terapia intensiva. Un día, cuando llegó, Marco no estaba en urgencias y un médico se acercó a ella y, sonriendo, le dijo que su marido estaba mucho mejor y, por ello había sido trasladado a otra planta. Para Laura, el hecho de poder verlo y hablar normalmente con él fue hermoso y ese día fue especial y maravilloso como cuando, dos semanas después, Marco pudo volver a casa. Y uno de los momentos mejores de su vida, un día maravilloso y muy especial fue el día en que Marco hizo el segundo tampón negativo que certificaba que volvía a ser una persona sana. 

Gloria Rolfo

Prensa

Ana estaba muy contenta esa mañana de febrero porque su jefe le había pedido que fuera al puerto para retirar el vino que le había mandado su suegro de Italia y a ella le gustaba ir al puerto, era un paseo muy lindo. Partió de la Plaza Congreso donde estaba la oficina, pero a mitad de la Avenida de Mayo vio que había un tumulto de gente furiosa contra La Prensa que era uno de los diarios más antiguos de Buenos Aires, fundado en 1869 por José C. Paz. No era la primera vez que pasaba, pero esta vez era más serio que las otras veces porque La Prensa no quería respetar las leyes del presidente Perón, ese día había habido un ataque contra los canillitas que pedían más derechos y aunque los atacantes no fueron identificados, todos sospechaban que habían sido enviados por La Prensa que ese día fue expropiada y volvió a ser de propiedad de la Familia Paz en el año 1956, después de la Revolución Libertadora que derroco a Perón. A Ana le entró mucho miedo delante de la gente que estaba furiosa. No sabía qué hacer; por suerte un policía que la vio le dijo: “señorita no tendría que hacerla pasar, pero haré una excepción; venga, pase por acá”. De esta manera, Ana consiguió llegar al puerto y retirar el vino, pero estaba muy asustada por lo que había visto y por lo que le hubiera podido pasar.

Gloria Rolfo