
Barbara se despertó sonriendo como siempre cuando se despertaba oyendo lo grititos de Andrés, su hijo de 14 meses, que le había devuelto la gloria de vivir.
Cuando pensaba en cómo estaba de desesperada dos años atrás, cuando había quedado embarazada de él y el padre la había dejado para casarse con otra muy rica e importante que lo podía ayudar a hacer carrera en el mundo bancario. Cuando la había dejada sola, sin dinero, sin casa, porque vivían juntos y ella no trabajaba, estaba terminando la facultad de lenguas y literatura extranjeras: ruso y alemán. Le faltaba solamente la tesis y fue su amiga Mónica quien la ayudó cuando la encontró llorando en el parque; la llevó a su casa, la ayudó a graduarse y a encontrar un trabajo come traductora donde trabajaba ella, y la convenció a pedir ayuda y comprensión a sus padres, que aceptaron de buen grado al nieto. Hoy, mientras cogía a Andrés en los brazos y lo hacía volar, un juego que Andrés adoraba se dio cuenta de que la alegría de vivir para ella era posible criando a Andrés para que fuera un hombre mejor que su padre.
La mayoría de los autores que participan en esta revista han colaborado a la creación del libro:
Gloria Rolfo





















