
Querida Ana,
¡Que alegría tu carta con las dos fotos!
¿Dónde las encontraste después cincuenta años?
¡Que lindas éramos!
Tú, con tus rizos color melón maduro que salían de la bandera de Chile que ondeaba detrás de tu espalda. Yo, con la camiseta con la cara del Che y una minifalda «mínima», cantando «El pueblo unido…»
¡Cuántas canciones, cuántas pasión!
No eran ilusiones. Eran certezas. Certezas en un mundo mejor, sin guerras, un mundo de paz. Eran guerras lejanas, pero nos pertenecían.
¿Y ahora?
¿Ahora en que las guerras las tenemos detrás de la esquina quién habla en serio de paz?
Excepto el anciano Francesco de Roma, nadie entre los poderosos de la tierra se está comprometiendo en serio.
Querida, tú me preguntas ¿qué queda?
Pregunta difícil. Recuerdos, a veces nostalgia, pequeños arrepentimientos.
¡Algo queda, menos la juventud!
Adiós Ana, te espero como siempre en Milán en el cortejo del 25 de abril.
Un beso.
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Iris Menegoz

