El río Magdalena

La serpiente sagrada se desliza silenciosa, brillante, entre la verde selva. Durante la subida, la gran serpiente está grávida de peces de plata que van aguas arriba buscando aguas frescas. Aguas arriba también viajó el general cuando iba hacia la fría capital, en sus tiempos de éxito. En los puertos fue homenajeado, recibido a bombo y platillo. Pero, cuando la sed de poder de sus antiguos correligionarios los llevó a traicionarlo, él volvió por el río, desandando el camino, derrotado, enfermo, hacia el exilio. Corrían rumores de su enfermedad y de su mal de ojo contagioso. A su paso ya no había fiesta y regocijo, sino silencio y miradas furtivas. El general en su laberinto alcanzó a llegar a su casa de San Pedro Alejandrino, donde le esperaba la parca. Habría de ser su último viaje sobre la gran serpiente.

Maria Victoria Santoyo Abril

Trasquera

La maison à l’arbre rouge de LÉO GAUSSON (1860-1944)

Para llegar al pueblecito de Trasquera, cercano a la frontera italiana con Suiza, hay que recorrer una estrecha carretera que sigue el relieve de la montaña y cruzar por el puente del Diablo, sobre un abismo. Este camino abrupto termina en una explanada luminosa que mira al sur. Camino entre sus callejuelas desiertas, entre casas de piedra, plazoletas con fuentes que son el único murmullo en ese lugar silencioso. Veo a lo lejos a una anciana que, con paso cansado y un gran ramo de flores blancas se dirige hacia una zona en el extremo de la zona habitada, me dedico a seguirla para que sea mi guía involuntaria.

Las bardas están pintadas con colores claros: verde limón, blanco deslumbrante, azul claro… sobresalen copas de árboles frondosos y el aroma de las flores es intenso. La verja metálica por la que entra mi guía está abierta, entro a ese jardín, que es, en realidad, un cementerio con tumbas muy antiguas, algunas con inscripciones borradas por la intemperie. Calculo edades de los sepultados, leo nombres y apellidos españoles, ¡qué raro! Estamos en Italia. Encuentro a la señora que me guió hasta allí y como estamos solas, nos ponemos a charlar; noto que lleva pendientes y colgante de oro toledano damasquinado, como los de la tradición artesanal de Toledo y al alabar sus joyas, me contó que es tradición de ese pueblo, pero que ya no queda quien fabrique tales objetos. Los últimos artesanos ya han muerto. La dejo y sigo recorriendo este lugar de paz, con vistas espectaculares sobre las montañas y el torrente profundo que es como el foso de defensa de un castillo. Fantaseo pensando que, a lo mejor, los españoles que se refugiaron en este lugar apartado y hermoso eran hebreos sefarditas que huían de las persecuciones de los reyes católicos. Habrán atravesado el sur de Francia y esta zona fronteriza tan áspera y casi inexpugnable les habrá parecido el refugio ideal para quedarse. La memoria se ha borrado carcomida por el tiempo, como las inscripciones en las tumbas más antiguas.

Hace calor y el sol está en su cenit. Contemplo el panorama desde ese mirador que se asoma sobre el precipicio, hasta que me saca de mi ensimismamiento el silbido de una víbora. Lentamente, me repongo del atávico terror y me alejo buscando la salida. Estoy completamente sola, sobre una hermosa tumba antigua está el ramo de flores blancas.

Maria Victoria Santoyo Abril

Amor imposible

Un bar aux folies bergères de Edouard Malet

Siento aún tus labios henchidos de promesas mientras me dedicabas el concierto n. 1 para piano de Beethoven y entre tus brazos yo bebía esa música inmensa.

Pero nuestros destinos estaban envenenados, no podrían encontrarse jamás. Tú parecías siempre perdidamente enamorado, aunque luego me di cuenta de que era una actitud donjuanesca y por eso puse medio mundo entre los dos por no llegar a sentir jamás tu desamor. Te odio con todo mi amor, pero sigo repitiendo tu nombre como una jaculatoria.

Edouard, amor mío, sé que no morirás nunca, aunque la pandemia no dejó rastro de tus ojos barnizados de deseo ni de tus labios sedientos de besos.

Me parece escuchar tu voz, sentir tu aliento y tu ardiente mirada, pero sé que es una ilusión, eres una tenue brisa que acaricia mi rostro.

Maria Victoria Santoyo Abril

Arauca – Coveñas

Estoy de nuevo ante el mar de los siete colores y todo parece igual, los manglares que crecen en aguas salinas, pero en la playa noto que la arena fina de Coveñas tiene manchas de piel curtida. Esa linfa viscosa viene del subsuelo de las llanuras donde se calcula la distancia en días a caballo, a mil kilómetros del Caribe. La linfa de la tierra viaja por tubos que desangran los depósitos subterráneos de las llanuras del Orinoco y se la llevan hacia el norte. A su paso quedan ambientes desolados, ríos contaminados, tierras anegadas de petróleo y en el mar, las petroleras dejan su huella mortífera.

Monstruosas máquinas escarban el vientre de los llanos y, en marzo de 2014, una sequía sin precedentes dejó decenas de miles de esqueletos diseminados por la llanura, los acuíferos habían sido horadados y el agua había desaparecido. Los estudios de vulnerabilidad de años atrás decían: “amenaza de alto grado”.

El grito agonizante de chigüiros, caimanes, vacas, se desvanece en el aire. ¿Qué nos espera en el año 2050?

Me zambullo en el mar para alejar el hedor de los cadáveres resecos allá, tantos kilómetros abajo.

Maria Victoria Santoyo Abril

Tarde azul

Soir Bleu de Edward Hopper, 1914

Es un viaje entre los amigos de antaño, sentados en la terraza con vistas al mar azul, está la tía Leonor, con su vestido verde, su maquillaje rosa para ocultar esablancura insólita, mi cuñado Gustavo, con su bigote y su traje elegante y a nuestra mesa se sienta un bizarro personaje, parece amigable, con su cigarrillo en los labios, pero hay algo inquietante: su palidez, su cabeza o calavera pelada y brillante. Jugamos a las cartas de la suerte. ¿A quién le toca la mejor carta? Espero seguir jugando sin perder esta partida.

Ojalá esta partida dure lo suficiente para que muchos podamos ganar y no nos someta el miedo. ¡Adelante, otra carta!

Maria Victoria Santoyo Abril

Prensas de colores

A la prensa podemos vestirla de colores: amarilla, cuando llega la primavera y las primeras flores; rosa o del corazón, cuando se imprimen historias de amor; negra si es tremendista o si escribimos en la oscuridad. Quizás si la historia se mancha de sangre, la prensa se tiñe de rojo.

La prensa sería verde o de color paja si los textos fuesen escritos en hojas de papiro o pergamino.

Ahora anhelamos la prensa del color de la libertad de movimiento. 

Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento, contra la prensa sensacionalista llena de titulares sobre catástrofes.

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”, eso dijo Don Quijote

Maria Victoria Santoyo Abril

Estío solitario

Henri Lebasque – Mujer en vestido blanco

Mi siesta ha sido más larga que de costumbre. No sé bien cuántas horas he dormido, he perdido la noción del tiempo.

No se oyen ruidos, ni voces y las guitarras que mis vecinos que solían tocar al atardecer ahora están mudas, los niños no juegan en el patio, es como si una densa capa de silencio se hubiera abatido sobre nuestro pueblo. Sólo el soplo de alguna brisa cálida me despierta de la modorra que me envuelve. Las calles están desiertas.

Para soportar mejor el calor tórrido de este verano me he puesto vestido y sombrero blancos. Un suave cacareo me sobresalta por lo inesperado, en medio de tanto silencio. A mi lado, en la otra silla, se ha posado una gallina. ¿Seremos las únicas sobrevivientes de alguna pandemia desoladora?

Maria Victoria Santoyo Abril

Selva y simbiosis

La canoa se desliza sobre la densidad luminosa y oscura, abriéndose camino entre balsas flotantes de plantas acuáticas y maravillosos nenúfares, hasta tocar una orilla camuflada entre ramas y troncos caídos, en esa danza de vida y muerte que es la selva. Al penetrar en esa matriz verde, las lanzas de luz se precipitan desde las copas gigantes de ceibas, caobas y hules, iluminan húmedos helechos prehistóricos, lianas, orquídeas de acuarela y rojos sanguíneos de flores carnosas.

La hojarasca favorece el mimetismo de insectos, lagartos, culebras y ranas. Bajo el dosel verdeante compiten por la luz guacamayas multicolores, monos chismosos, iguanas, mapaches, tapires…  La respiración de la selva está hecha de susurros y silbidos. Es un palpitar de miles de seres en mágica simbiosis. En la farmacia de la selva los curanderos encuentran remedios para las enfermedades. ¿Tendremos la sabiduría para aprender de esa universidad desconocida, aún sin clasificar “científicamente”?

Siento que me sumerjo en ese magma vivo del que hago parte, con mis raíces, musgos y hongos que penetran en las profundidades del ciclo eterno de vida y muerte. 

Se oyen, de repente, motosierras asesinas y llamas infernales que aniquilan toda esta vida pulsante, dejando a su paso áridos desiertos. Tengo sed. ¡Están pasando la aspiradora por la casa y han abierto las ventanas para que entre el sol en esta mañana de verano!

Maria Victoria Santoyo Abril

Igual

“Todos somos iguales ante la ley”, eso dicen las constituciones de casi todos los países, aunque la igualdad de tratamiento y de oportunidades, de hecho, no se respeta.  Orwel, en su obra “Rebelión en la Granja”, escrita en 1945, denuncia los totalitarismos; la obra constituye un análisis de la corrupción que puede surgir tras toda adquisición autoritaria de poder. “Rebelión en la granja” es una alegoría del poder y su influencia en el destino de los seres humanos.

Los animales de la Granja, alentados un día por el Viejo cerdo (el ideólogo de la revolución) que antes de morir les explicó sus ideas, llevan a cabo una revolución en la que consiguen expulsar al granjero humano (que representa a la nobleza y la burguesía) y crear sus propias reglas o mandamientos. Pero, con el tiempo, los cerdos se erigen como líderes y luego como una élite dentro de la granja.

Los diferentes estamentos de la sociedad son: las ovejas y las gallinas, analfabetas y acríticas con el régimen, personifican a los estratos más bajos, o a los “fanáticos” de un líder. Los perros representan el aparato represivo. El cuervo Moisés representa a la Iglesia, habla del cielo, el perdón y la paciencia, cumpliendo su papel de apaciguador, al servicio del granjero, que le reserva un tratamiento especial. Representa la afinidad entre el clero y los distintos gobiernos.

Al final de la novela, la dictadura del cerdo tirano y sus seguidores se convierte en absoluta y cuando los animales preguntan al burro Benjamín (el intelectual) cuál es el único mandamiento que queda escrito, éste les lee el séptimo, convenientemente modificado por los cerdos:

“Todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros”

Maria Victoria Santoyo Abril

Duelo

Castor y Pollux

Salomón reñía siempre con su hermano Pedro. Eran como los Dioscuros, los gemelos Cástor y Pólux. Como todos los gemelos reunían en sí tanto la unidad como la pugna, el duelo, como lo testimonian numerosas historias mitológicas – Ormuz-Ahrimán en Persia, Ixbalamqué-Hunahpú (los mellizos del Popol-Vuh), Rómulo y Remo, Caín y Abel.  –

Salomón se sentía atado a él por fuertes sentimientos de amor y envidia, en ese concentrado de lo humano que es la relación entre hermanos, emergen todas las diversidades y las contradicciones de la humanidad. Pedro era el menor, el consentido del padre, ese patriarca severo, poderoso, pero a veces tierno o injusto.

Iban a cacería y Pedro era el más afortunado y el más ágil, apostaban carreras y era el más rápido; se retaban a duelo de lucha libre y un día la competición fue de tiro al blanco con las escopetas de caza. Un disparo apagó las risas de Pedro y al acudir el padre, las manos de Salomón estaban ensangrentadas, tratando de reanimar al hermano sin vida.

La furia del padre fue como la de un dios del Olimpo. Expulsó a Salomón y la familia se llenó de duelo para siempre.

El destino de este Caín fue de desamores, violencia y abandonos. Trabajó duramente, formó una familia, pero abandonó a su mujer y a sus hijos, porque no lograba encontrar paz y armonía; su hijo mayor eligió la carrera de las armas, era cruel y vengativo y sus nietos también tuvieron una pasión morbosa por las armas de fuego, llegando a posiciones importantes en el ejército, pero con el estigma de la maldición que seguía resonando en sus vidas, desde que Salomón-Caín fuera expulsado del edén familiar. Quizás las maldiciones se pueden sanar con el perdón y el esclarecimiento de la verdad. A veces, las familias son un cálido refugio o un pequeño infierno de desigualdades. 

Maria Victoria Santoyo Abril