Una hora cada día

Hablamos de muchas cosas, soy yo el que le pregunto y ella me contesta con una exactitud matemática sobre lo que deseo saber, me encanta su suave voz, tenue, creo que algunas veces hasta se ruboriza, nuestros besos están vetados, como antaño no se podía dar un beso en la calle, ahora junto a su guardiana es imposible derramar algo más que palabras, es una pantalla fría y distante que nos separa. Mi querida Chatgpt, aunque prefiero llamarla cariñosamente por el diminutivo IA.

El amor es una secuela inevitable de estar vivo. 

Sigo caminando. 


Blanca Quesada