Tiempo

Pasa, se desliza entre los dedos como la arena, se dice que siempre falta, que no hay…

El hombre occidental no tiene tiempo para ser feliz, afirmaba el jefe Tuiavii di Tiavea de las islas Samoa, según lo describe el artista alemán amigo de Herman Hesse, Erich Scheurmann en su ensayo antropológico “Papalagi” (los hombres blancos), que es la recopilación de las reflexiones de Tuiavii durante su estancia en Europa.

“Hay Papalagi que afirman que nunca tienen tiempo. Corren como dioses desesperados, como poseídos por el diablo y dondequiera que vayan lastiman, causan problemas y atemorizan porque han perdido el tiempo. Esta locura es terrible, una enfermedad que ningún médico puede curar, que infecta a muchas personas y lleva a la ruina”.

“.. Papalagi ama sobre todo lo que no se puede captar y que, sin embargo, está siempre presente: el tiempo. Y de esto hace un gran revuelo y una tontería. Aunque nunca hay más de lo que puede haber entre la salida y la caída del sol, no le parece suficiente.


Papalagi siempre está descontento con su tiempo y se queja con mucho ánimo porque no se le ha dado suficiente. Sí, se trata de blasfemar contra Dios y su gran sabiduría, ya que Él corta y corta y divide y divide cada nuevo día según un sistema preciso. Lo corta como si abrieras un coco blando con un cuchillo. Y todas las partes que corta tienen un nombre: segundos, minutos, horas. El segundo es menor que el minuto, este es menor que la hora; todos juntos hacen las horas y tienes que tener sesenta minutos y muchos segundos para tener una hora”. Cuanto más se fracciona el tiempo, menos queda.

Quizás el tiempo se le escapa al hombre blanco como una serpiente se escapa de la mano mojada, precisamente porque trata de sujetarla con tanta fuerza.

La obsesión por el tiempo nos lleva a actuar como si el que camina más rápido tuviera más valor que el que camina despacio. Gastamos mucho tiempo planificando, yendo de prisa…. Y cuando nos detenemos a mirar atrás, nos damos cuenta de lo fugaz de la vida. ¡Ya han pasado 20 años! ¡el niño ya va a la universidad!

Si no destinamos tiempo para ser felices, Cronos nos devora, nos somete. En realidad, hay más tiempo que vida.

Bueno, lo dejo aquí…. Se acabó mi tiempo.

Maria Victoria Santoyo Abril