Y ahora soy un libro

Paul Delvaux

Los recuerdos a veces se parecen a los amigos, cuando nos confortan, nos alivian de la melancolía y se nos quedan juntos en los momentos más solitarios de nuestra vida.  

A veces, en cambio, nos atormentan por el remordimiento que nos traen, así que intentamos verlos desde otro punto de vista para lograr perdonarnos. A veces, en cambio, están llenos de dudas, y nos rodean en un circulo, cogidos de sus manos, como un baile inquieto y atormentador. Porque los recuerdos se  escapan, se diluyen, se transforman… 

Es por eso que Sara decidió dejar de ser un cuaderno vacío y quiso convertirse en un libro, un libro de recuerdos para que no se desvanecieran para siempre, cuando su cabeza los borraría. Empezó a escribir cada día, como mínimo por media hora, sin darse reglas: solo seguía  los pasos de su memoria que caminaba entre las zonas nubladas y las comarcas con el cielo despejado de su vida pasada. A veces dejaba de escribir y se volvía a mudar en un cuaderno vacío,  pero luego empezaba otra vez a convertirse en su libro, releyendo y siguiendo con su historia. 

Sara también descubrió que a menudo la memoria nos traiciona: selecciona, borra, decolora los recuerdos, y nunca sabemos si es una fuga que nos salva, librándonos  del desasosiego, o una pérdida irremediable de lo único que nos quedaba de la mayoría de la vida. Entonces intentó comparar sus recuerdos con los de sus familiares y amigos, y se dio cuenta de que muchas veces eran diferentes, no porque alguien mintiera, sino porque todos guardan en su memoria lo que más les ha importado, y desde su punto de vista.

Pero Sara no se rindió.  

Volvió a escribir su historia, casi cada día, y los recuerdos volvieron como un dono merecido, se multiplicaron, a lo mejor imperfectos y disueltos…  pero suyos.

Y ahora,  Sara también es un libro.

Silvia Zanetto