La llave

—¡Hay una nueva llave del portón! —me dijo el portero cruzándose conmigo en el zaguán. 

— Muchas gracias, ya la tengo –  respondió una muchacha detrás de mí. 

— ¿Quién es? —le pregunté a Anizio, mientras estaba limpiando los picaportes de bronce. 

— Tu nueva vecina.

– ¿Vecina? —Pensé, una mujer tan hermosa no es posible, la miraba por detrás mientras se alejaba. Pantalones cortos de ganchillo, suéter rojo ajustado, alta, pelo largo, morena, paso delicado y seductor. —¡La primera aparición de Nuestra Señora de Fátima! —el conserje soltó una carcajada en el patio.

— Tengo que cambiar toda mi vida —, estaba pensando para mí; una vida nueva, una buena pinta nueva, toda la “onda” de vanguardia, una habitación nueva renovada; la llave nueva debe ser cosa del destino. Una puerta nueva que se abre a un nuevo sitio; es hora de dejar todo atrás empezando un nuevo camino ya.

Hay que jugar todas las cartas con la vecina también. Mi vida siempre ha sido aburrida, sin pena ni gloria, y sin de subidones de energía.

A las tres de la mañana suena el timbre del interfono. Asustado, medio dormido, mientras estaba teniendo una pesadilla, respondo.

— Soy yo, la nueva vecina, discúlpame,  he perdido la nueva llave… me llamo Alejandro, por favor ¿puedes abrir la puerta?

Eso es lo que buscan y desprenden, me dijeron; ese “look” femenino un poco andrógino que tenía, era el encanto de la llave ganadora, la “nueva” era un nuevo.

Luigi Chiesa

Nueva

Olmo Guillermo LLévano

Sucedió al medio día, cuando reunidos en círculo perfecto construido con retazos de nuestras vidas, Sofia, Francois, Emma, Antonela, Verita, Constantino, Eligia, Mariola, Aurelio y yo Zabulón, recibimos al ladrón que a traición había entrado por la ventana revolcándonos el alma: “teníamos que abandonarlo todo”. 

Consternados, constatamos que alrededor los colores habían desaparecido hasta de nuestras propias pieles y reinaba el negativo de una fotografía antigua. Cundió el pánico…                                                                                                                                                  

— Es una realidad. La última en salir seré yo, — proclamó Sofía, guardiana angelical del “bosque encantado” y sabedora de los secretos sellados en maravillosos dibujos que llamamos letras, que sobreviven milenios de hecatombes.

— Nadie abandonará el barco, rechacemos al enemigo, —protestó firme Constantino y Antonela valerosa se ofreció a enfrentarlo sola.  

— Estamos perdidos. Ahora qué va ser de nuestras vidas…, exclamó Mariola en un mar de amargura.

Aurelio, buen líder y con luz propia, llamó a la calma en un momento donde las palabras retumbaban, se nos enredaban  y nadie entendía nada… 

— Ya no hay tiempo. En segundos el acceso será clausurado. Aquí no volvemos, —sentenció Verita.                                                                                

… Uno a uno nos fuimos levantando cabizbajos, con excepción de François y Emma quienes ofreciéndonos emblemáticas sonrisas de tranquilidad y calma, guiaron cada paso nuestro hacia la salida, un túnel sin tiempo que penetramos, desembocando al instante en un nuevo mundo… Un espacio asombroso inundado de colores entrelazados… los amarillos azafrán, maíz, limón y oro con los rojos cadmio, remolacha, indio, rosa, fucsia, rubí, terracota, azules cielo celeste, jade, turquesa, púrpura violeta, naranjas, verdes bosque, esmeralda, lima, manzana…                                                                                                                                                                                                                     

Estaban todos. Una música celestial nos envolvía.

Nuestro mago alquimista y su sacerdotisa nos dieron la bienvenida:

— Les presento la nueva sede. Ella sigue siendo nuestra segunda casa y está a sólo diez pasos de la mía…

— En incontables ocasiones, había soñado lo mismo…

Olmo Guillermo Liévano

Nueva destinación

Los muros de la antigua fortaleza han sido apenas refrescados.  Encaladas las celdas, iluminados los estrechos corredores que no hace siquiera un siglo atrás llevaban de las mazmorras al patio central donde se levantaba el cadalso. Los desgastados terraplenes, consumidos un tiempo por el ir y venir de caballos, de  cañones y botas y luego de vehículos chirriantes, han sido  rellenados y  recubiertos con un pedregullo claro, casi blanco, que contrasta con las altas murallas incrustadas en los dientes oscuros de los Alpes. La nueva destinación prevé que la fortaleza se convierta en un polo de atracción turística, un centro cultural. Grandes carteles amarillos esparcidos por torres y desniveles indican ahora, sin posibilidad de error, direcciones obligadas: entrada, salida, punto bar,  ascensores, baños. Estos últimos, concebidos con criterio postmoderno dentro grandes containers negros semejantes a búnkeres.

Para rehabilitarla han recubierto la extensa pared del fondo, la de los fusilamientos, con una enredadera que recae sobre el foso, revestido de césped y bancos de madera, rebautizado “zona relax”. Los calabozos de la antigua prisión ahora albergan cuadros e instalaciones de artistas  contemporáneos. El gran despliegue de iniciativas forma parte de un proyecto mayor que se propone dar nueva vida a aquella que fuera en una época un laberinto infernal.

Y pudiera decirse que casi lo han logrado si no fuera por algunos hechos incontrolables que nadie sabe explicarse. Sucede a menudo que los visitantes vengan azotados por un tropel de ráfagas heladas que como escalofrío recorren las cavidades del baluarte. Sucede también que escapen asustados por los lamentos que,  como respiración entrecortada,  brotan de la piedra. Si no fuera por esto, la nueva destinación sería perfecta. Nadie habla tampoco del líquido morado que cada tanto destila de las grietas y que ningún encalado ha conseguido hasta ahora cancelar.

Adriana Langtry

Nueva vida4

Pensamientos, pensamientos, pensamientos…. aparecen en continuación, de día de noche, son responsables de mi escaso descanso nocturno. Una inquietud sin respuestas…

Todo empezó desde que Rodolfo ya no está. Murió en un accidente aéreo hace 5 años. Un avión de la Delta, vuelo n. 2015. Número que coincidía con la fecha del aniversario de nuestro matrimonio. Tenía que  llegar desde Nueva York el 2 de septiembre 2015 para celebrar juntos nuestras bodas de papel, primer año de matrimonio.

Rodolfo era el amor de mi vida.

Desde entonces vivo cotidianamente con un ansia que se refleja en una actitud de espera y prisa al mismo tiempo como si no tuviera tiempo.

No respiro casi, como si viviera en apnea.

Era un día como otro. Cinco horas de trabajo sin interrupción.

De allí corrí a tomar el tranvía, Tenía que hacer un montón de cosas antes de la noche. El tranvía me hizo esperar 20 minutos aumentando mi ansia.

De carrera fui a la tintorería, a la  peluquería, a hacerme la manicura….Todos preparativos para la noche.

Tenía una cita. Una primera cita.

Por lo general la primera vez se trata de ser perfectas!

Una cita con un hombre.

Mis amigas habían organizado todo.

Después de muchas decepciones, esta vez, me convenció aquella voz al teléfono. Su presentación escrita me había intrigado.

Llegué a la cita en metro.

Con miedo de llegar tarde los últimos metros los hice corriendo y diciéndome  a mí misma que tenía que cambiar algo en mi vida.

Desde lejos vi una figura masculina sentada en un banco de un parquecito leyendo un libro enfrente del bar donde nos habíamos dado cita.

Empecé a frenar. Me preguntaba si nos habríamos reconocido. Nos habíamos visto solo en foto.

Cuando llegué cerca del banco, él levantó sus ojos sonrientes y dijo ¡Hola! Reconocí la voz y yo también sonreí.

Me había calmado, la prisa me había abandonado, finalmente comenzaba a respirar después de un día de apnea.

Sentada en el bar uno frente al otro, sentí profundamente que era el inicio de una nueva vida

Myrna Gil Quintero

Nueva

Nueva edad de la piedra tras la

Nueva catástrofe amazónica. 

Nueva York y Pekín callan, asfixiados por los miasmas que rezuman sus cloacas. Mientras tanto, Siria, Yemen, Palestina, Latinoamérica y África agonizan en guerras viejas disfrazadas de nuevas. 

Por suerte, estamos nuevamente reunidos para leernos, reencontrarnos y hablar en nuestra bella tertulia.

Maria Victoria Santoyo Abril

Nueva

Decido viajar en solitario sin maletas <<llevo en mí todo lo que necesito>>, y sin billete de vuelta<<sé que no voy a volver>>, hasta flotar en un infinito muy lejano. Me llamo NUEVA como NUEVA es esta misión cuyo viaje todavía no ha acabado ni, de momento, tiene pinta de hacerlo. Queda un largo camino por recorrer. A través de nebulosas, cola de cometas, y estrellas en espera de ser bautizadas con nombres poco creativos, siento un telescopio espacial que me apunta: acaban de descubrir mi presencia.

Desde mi paradero extrasolar he visto la progresiva destrucción de la Tierra y la inquietud que ahora sacude al ser humano. Así que tengo que darme prisa para llegar pronto en ayuda de mi lejana gemela, chocaré con la Tierra y fusionándome con ella aportaré mis recursos. Me llamo NUEVA y por ser tal causaré un poco de tensión pero despertando también emociones y curiosidades. ¿Tendrá el ser humano la capacidad de empezar como si fuera un recién nacido aprovechando la experiencia adquirida y mi sacrificio?

Raffaella Bolletti

Nueva lección

 

Corrían las horas en el improvisado invierno, mientras una mácula en el infinito daba señales de delirio, prorrateaba el desconsuelo en los desconocidos y las hojas de los árboles se marchitaban sin realmente saber el motivo. 

El estrepitoso viento desanimaba las cuerdas vocales de cada individuo, porque el brutal clima antagónico no era concerniente al tiempo más bien parecía lacónico, insidioso y fatal.

Solemnemente me aprehendía a la opulencia de mi alegría y comenzaba a deambular sin pensar en las secuelas que esto podría causar porque no soy escéptico a las desgracias, así que la aflicción en mí no tenía lugar; más bien, soy obstinado con mi escrúpulo cerebral y soy falaz con lo que me hace mal, más bien me puse a deliberar con mi mansedumbre, obviamente sin alevosía porque a veces el soliloquio en mí es un ritual. 

Al final de la tormenta con una total ataraxia llegue a una razonable conclusión… extenuado digerí el soporífero y me fui a descansar. 

Dentro de este pequeño párrafo hay palabras que para ustedes tal vez sean muy comunes, pero para mí no, porque las ansias de alimentar el léxico de mi humilde cognición me invitan a buscar en el diccionario y cada día aprender una nueva lección.

Luis Alberto Prado

Plastic Bertrand

¿Conoces la canción “Ça plane pour moi,…” de Plastic Bertrand?  En español la llamaron “Genial para mí”, pero sería más correcto traducir por “Estoy planeando…”

Final de los años 70. Los americanos, bueno los anglosajones, están reinventando el mundo: música pop, publicidad, minifaldas, cabello largo, drogas, hippies, … Todo lo que se te pueda ocurrir.

El plástico también, por supuesto, la invención del siglo, sirve para todo, se puede usar y tirar. No necesitas devolver las botellas vacías, cortar el pan: todo está envasado, se coge y se paga. Además, con el plástico, podemos conservar y transportar todo. Podemos también vestirnos, no tenemos que planchar.

Te lanzo un desafío: Intenta comprar las cosas que necesitas sin que haya plástico en la confección. Y no me refiero solo a la bolsa que te dan o que te cobran para meter la compra.

En 1977, esta canción da la vuelta al mundo, se venden millones de 45 rpm, en vinilo, por supuesto. ¿Será el nombre del cantante, su traje rosa, su voz? En realidad no era la suya, era la voz del autor que, siendo tan feo, no hubiera gustado. No importa, incluso en vivo en aquel entonces el sonido estaba amañado, era la voz del disco que se oía. Por supuesto, sólo vendió un disco. 20 años más tarde intentó regresar, pero sin éxito y terminó como presentador de televisión hasta que un juez reveló todo. Todo incluso su nombre era de plástico.

¿Será un símbolo?

¿Y tú, has renunciado a la pequeña botella de plástico que tienes en tu bolso?

Jean Claude Fonder

La mujer de Casimiro

“Lo Prohibido” es el tema de la quinta bienal en el museo de  arte contemporáneo.

Como plagas de gente distinta, centenares de artistas plásticos inundan las calles y los rincones de la ciudad. 

Todos esperaban la llegada del gran Casimiro, compañero en la Escuela de Bellas Artes que se había ido en la Flota Mercante para Europa hacia 25 años…

Petronio, uno de los artistas y su mejor amigo, se encontraba en su taller, en las ruinas del primer hospital fundado hace siglos, concentrado con un maniquí de mujer que había vestido de monja para crear su obra de arte conceptual. Toda la noche duró Petronio en un juego solitario, lento-erótico con la monja,  cuya figura de madera articulada, le obedecía todas las poses inimaginables en una monja. Ya al amanecer del otro día, algo lo alteró, como si no estuviese totalmente a solas con la monja. Voltio a mirar una sombra a sus espaldas y ahí estaba…

—“Casimiro!!!” —gritó sorprendido y loco de contento. Un gran abrazo ahogó el prolongado tiempo. 

—“No lo había sentido… ¿Cuándo llegó?” —Arrobado de la emoción le preguntó.

—“Llegué de la Estación directo. Aquí traigo mi maleta de viaje. Hace cuatro horas los observo sin hacer ningún ruido…para no interrumpirlos, fascinado observando todo lo que usted hace que ella haga… lo erótico y prohibido para una monja…”.

—“No lo sentí llegar, me ha asustado….Siga, descanse. ¿Qué le provoca? ¿Cómo le fue del largo viaje? ¿Y Domitila su esposa?”  —Sin darle casi tiempo para responderlas todas. 

—“Nunca pude superarlo Petronio…sigo siendo muy tímido con las mujeres, no me atrevo a hablarles …he tenido muchas. Cuando envejecen, las reemplazo por otras. Me da mucha pena confesárselo Petronio…pues soy muy feliz con Domitila pero ella no es de carne y hueso. Está aquí adentro de la maleta. Mi esposa es una mujer de plástico, inflable y desinflable que me acompaña a todas partes…”.

Olmo Guillermo Liévano

El montón de plástico

Voy al supermercado para hacer un poco de compra con una bolsa de plástico, naranjas en una bandeja de polietileno envueltas en plástico, una botella de plástico de agua, tomates que parecen de plástico en una bolsita de plástico. – ¿Tenéis jabón perfumado en una bolsa de plástico con cremallera? – pregunto a la dependienta.

Delante de la fruta y la verdura hay un cartel que dice: utilizar el guante de plástico y poner los productos en los envases de material plástico biodegradable. Para los sistemas en uso de recogida y reciclaje de embalajes de materias plásticas, 0,02 euros unidad.

“El uso masivo de bolsas de plástico no biodegradable ha provocado una grave contaminación del medio ambiente” – leo en un periódico sobre la estantería – y sigue “Está prohibido el uso y distribución de las bolsas de plástico no biodegradable (bolsas con asas) por razones medioambientales. En algunos países se sirven los refrescos en bolsas biodegradables zip-loc  en lugar de vidrio y botellas de plástico o latas.”

Miro alrededor: basura para el reciclaje, cerveza “novedad” en botella de plástico, bebidas no alcohólicas en vidrio reciclable  dentro de cajas de material plástico; prendas interiores, calcetines, condones, auriculares, fundas de móvil, cerebros de vaca medio kilo, tampones emborrachados de ketchup; igualmente, debajo del plástico.

Saliendo imagino que miro a través de una bolsa de plástico en la cabeza, un nuevo mundo de plástico se ha abierto ante mí.

Luigi Chiesa

Plástico

—Mamá tengo que hacer un relato; el título es «PLÁSTICO» pero ¿por qué esta palabra en español es masculino, en italiano femenino y en inglés ni uno ni otro?

—Juan, el género no tiene importancia, lo que es más importante es saber para qué sirve este material, si se puede reciclar y sobre todo que está prohibido echarlo en mar porque los peces lo comen y  mueren.

—Mamá el profesor ha dicho que también los niños no siempre saben si son varones o niñas y que no tiene importancia ¿Es lo mismo que el plástico?

—Pues, sí Juan más o menos.

—Mamá pero yo quiero ser como papá, que le gustan todas las mujeres, tus amigas.

Leda Negri

¡Basta ya!

Este es un mensaje para la clase política mundial y los productores que parece no han entendido nada y siguen actuando de una manera irresponsable con respecto al asunto. Somos los nuevos indignados, somos los del Movimiento Rebelde 1A. Los peces de diferentes clases, tras reunirnos en mitin en las profundidades, cansados y asustados por la especie más peligrosa del mar -la botella, la bolsa y el envase de plástico- hemos constituido una Sociedad Colectiva denominada Sociedad de Fomento, sin fines de lucro, con un número de socios ilimitado y que tiene como objeto social el desarrollo de actividades en beneficio del conjunto de la comunidad de los animales marinos, la eliminación de los desechos de plástico del mar, el fomento de la toma de conciencia de los productores y consumidores. En cumplimiento de nuestra rebelión informamos que el 1A está recogiendo y restituyendo al ser humano, en todas las playas del planeta toneladas de plástico, para que deje de una vez por todas de pensar solo en intereses económicos y no se atreva a volver a utilizar como vertedero nuestro ambiente. Consumidores tenéis que ser diferentes, no indiferentes. ¡Dejad de ser clientes y sed ciudadanos del planeta! 

¡BASTA YA!

Para más información visite la página http://www.elplásticonomegusta@pez.océano 

Raffaella Bolletti

Como de costumbre

Thomas Cole The Garden of Eden, detail

—¿Pero por qué? —le pregunté a mi Padre mientras nos encaminábamos, como de costumbre, hacia el centro del jardín. La mañana era diáfana y los frutos resplandecían en los árboles como gemas preciosas en los escaparates natalicios. 

Como de costumbre Padre no contestó. Y mi hermano mayor, que me seguía por doquiera como un chiquillo, me dio un empujón a guisa de protesta. Escuché su muda queja: ¡eres ambiciosa, mujer!

Yo sólo quería saber. ¿Qué había de malo en ello? Pensar en que habría de transcurrir una existencia interminable en la monótona placidez de ese jardín me volvía loca. Conocía al dedillo esa prisión dorada que anestesiaba los sentidos.

¡¿Qué más podemos desear?! había exclamado ingenuamente mi hermano. 

—Por ejemplo entrar en las sombras del bosque— dije, indicando la mancha que como un mar oscuro rodeaba el parque convirtiéndolo en isla— abrir senderos, descubrir qué hay del otro lado.

—Es peligroso… —susurró el muchacho.

—Por ejemplo —proseguí mientras marchábamos, como de costumbre, hacia el centro— coger el fruto que cuelga del árbol que tú sabes.

—¡No! —gritó deteniéndose, las mejillas afiebradas por la excitación— nos lo ha prohibido. 

—¿Pero por qué?

—Dice que moriremos…

—¿Y qué es morir?—exclamé alzando la pregunta al cielo— ¡deseo sentir, saberlo!

Mi hermano calló. Con cortejo de pétalos y mariposas llegamos, como de costumbre, donde el árbol con sus ofrendas tentadoras.

La serpiente dormía. Padre, ausente. Aproveché la ocasión y mi hermano mayor, cachorro hambriento, succionó de mi boca trocitos de pulpa jugosa. 

¿Qué más decir? Cuando volvimos a mirarnos él era un hombre viril, yo su doncella. Escapamos de ahí. Aprendimos la añoranza. El deseo fue sol, mutó horizontes, trajo alegrías, fracasos, el dolor atroz, por fin la muerte. Y también a todos ustedes, hijos míos, suerte de eternidad.

Adriana Langtry

No te deseo…

GEORGY KURASOV (1958)

No te deseo nada maravilloso donde todo sea en apariencia increíble, increíblemente fantástico. Es un pensamiento infantil, utópico, obvio, una fantasía maravillosa que está fuera de mi alcance.

Te deseo que continúes mirándote, que sigas siendo la de hoy, malcriada, odiosa, totalmente pagada de sí misma.

Te deseo que digas siempre — No soy una zorra egoísta ¿Sabes? —

Que tengas amor propio para pelear y perder batallas, que te metas en un lío, en un pantano venenoso del que no puedas salir nunca.

Te deseo que tengas que aceptar concesiones humillantes que no te permitan los “no puedo” y que reconozcas los “no quiero”, y que estés obligada a lamer el piso de un baño público.

No te deseo que te digan la verdad más amarga de los demás que te consideran una mujer fácil que ha fracasado aceptando condiciones extremas indecibles.

Te deseo que no tengas la melodía del espíritu, que tengas lo que temes para no vencer el miedo y sobrevivir de una forma malvada.

Que no toleres tus manchas negras y que todas las noches sean un mal sueño despertándote aterrorizada y gritando con sudor frío.

Te deseo que no crezcas hasta donde y cuando quieras en un mundo encantado mimada por una vida fácil y confortable.

Te deseo que logres ser feliz, sea cual sea la realidad que te toque hacer frente abordando los problemas de la pobreza y la exclusión.

No te deseo nada.

Luigi Chiesa

Deseo egoísta (o sea cuento con auto-referencias que me convienen a mí)

Por favor votad mi cuento. Por favor votadlo.

Mi deseo es recibir en premio el libro de Frankenstein resuturado con el cuento de Valeria. Aquí en Milán es imposible de localizar, y a Madrid no puedo ir. No ahora, no con esa situación familiar en la que me encuentro. Por eso votad ese cuento así que yo pueda satisfacer mi deseo, o sea: recibir el libro en premio y leérmelo en verano, cuando ustedes estarán todos de vacaciones y yo aquí, sola sobre mi sofacito con mi libro por leer. A lado una jarra con agua fresca, yerbabuena y limón, yo estaría contenta; sería mi consolación por no irme de vacaciones.

De manera que:

Votad por mi cuento, por favor!

Votadlo.

Gracias.

En caso, después de habérmelo leído todo, el libro puedo prestarlo a quienes lo quieran leer.

Solo prestarlo, por favor, que soy egoísta y maniática.

Graziella Boffini

L0s deseos de Maria Lucrecia La Muerte y los de la tatarabuela de Palenque

Olmo Guillermo LLévano

Dolores Salinas, la más anciana de San Basilio de Palenque, con 103 años, agonizaba… 

Aparece en los cielos el pájaro Kajambá, avisador que la muerte se aproxima. La sabiduría de los más viejos identifican lo inaplazable del destino y su anuncio llega hasta los lugares mas apartados del planeta. 

Maria Lucrecia la Muerte, disfrazada de mujer, alta, canillona, costillas pegadas al cuerpo, burla un descuido de Evaristo Torres el palanquero mas anciano del pueblo con 98 anos que hacía de guardia, logrando llegar hasta su lecho… Al levantar el gancho para engarzárselo en la nuca y llevársela, la voz matriarcal decreta en lengua palanquera:

—“Así la quería ver Maria Lucrecia. De frente!!”.

—“Vuelva cuando me despida de mi último tataranieto!!”.

Sorprendida, refrenó su descomunal deseo de robarle la vida ante el mandato de esta formidable mujer que desde niña fuera curandera y profeta de su pueblo. Humillada, huyó Maria Lucrecia de la escena. La rezandera mayor aparece. La casa se transforma. Con golpes de tambor, empiezan los “bailes del mueto”. La población se moviliza…alrededor cantan, rezan, bailan. Las mujeres cocinando, en el espacio semi-sagrado. Jovencitas reparten “calderaos”…

En zona profana, compadres y músicos aportan novillas, dinero, licor. Juegan dominó, cuentan relatos mitológicos, chistes de doble sentido e historias cotidianas. Los rituales de muerte son liderados por las “cantaoras” durante los siguientes 365 días, mañana, tarde, noche y madrugada, hasta cuando el último tataranieto aparece con su joven esposa y su recién nacido a la madrugada… Ella descubre uno de sus henchidos senos de ébano que abarca con sus manos, aprieta su pezon y delicadamente deposita una gota de su leche materna entre los labios cadavéricos de la anciana, quien esboza una maravillosa sonrisa, en medio de cantos responsoriales en verso. Otras “cantaoras” contestan “que por fin pudo cumplir con su deseo de descansar y estar ya tranquila.” 

Olmo Guillermo Liévano

Hasta mañana

Un sabio dijo que la verdadera libertad consiste en desembarazarse de los deseos.

Marta durante años intentó con tenacidad atenerse aquellas sensatas palabras.

Vivía una vida serena. Disfrutando de lo que llegaba día tras día. Rehuyendo la inevitable tentación de cultivar sueños y deseos.

Pero, cuando ya no esperaba nada, llegó Gabriel.

Inevitablemente, casi sin darse cuenta, reafloraron los sueños y los deseos que había ocultado en un rincón de su alma.

La historia no fue muy larga, más bien, duró como decía Joaquín «como dos cubos de hielo en un whisky on the rocks» pero fue intensa y romántica.

Antes de dormir, Gabriel la llamaba y le deseaba las buenas noches diciéndole «Hasta Mañana».

Gradualmente las llamadas se fueron volviendo infrecuentes y al final se acabaron.

Lentamente la vida de Marta volvió a su costumbre. Pero la historia con Gabriel le dejó una huella indeleble, un deseo que antes no conocía. El deseo de oír cada noche las dos mágicas palabras «Hasta Mañana”.

Iris Menegoz

El deseo

Lo que más me hace sentir incómodo son sus pechos, largos y caídos, y el inverecundo  descuido de no ocultarlos, mientras jadeando se limpia delante del lavabo con una esponja. Querría alejarme, pero me llama otra vez. Mientras  le acerco la toalla, me pregunto cómo pueden ser esos los mismos pechos redondos que me encendían de deseo. 

Su mirada fosca resbala por los azulejos, me atraviesa. Ella coge la toalla con esos brazos blanquecinos,  me mira como si yo fuera el perchero y musita: — El sujetador. 

La ayudo a ponerse esa  prenda zurcida y descolorida y cierro los ojos, para no ver en qué se ha convertido aquel cuerpo que tanto deseaba, cuando la vida era vida, yo era hombre y ella era mujer.  

Le pongo un vestido ancho, que se le desliza por los hombros. 

Me mira y ahora me ve. — Quién es usted? —chilla de repente, cubriéndose con la toalla ahora que está vestida. —Váyase ahora mismo! 

No le digo que soy yo, su esposo: no serviría de nada. 

Llamo la enfermera y salgo. Huyo de sus cartas de caramelo tiradas por la ventana, del olor a podredumbre humana… pero también de mis piernas inútiles, de mis emociones marchitas como ciruelas pasas, de mis manos que no han perdido solo el deseo, sino también la ternura.

En el jardín no hay nadie. 

Y ahora sí lo siento, el deseo. Surge de mis vísceras como un espasmo oculto, que sube a través del estómago hacia la garganta y explota: un aullido animal, salvaje, inhumano, como inhumano soy yo, y esa enfermedad y todo lo que nos está pasando. 

Soy un lobo, una hiena, un animal herido en una trampa, y chillo, hasta volverme afónico…   O hasta que lleguen los dos hombres de bata blanca.

Silvia Zanetto

Ave Fénix

Empuja el deseo el deseo atrapa
Llama que quema escozor del alma
Calla el deseo el deseo corroe
Río silencioso que corre escondido
Subterráneo temblor grito ensordecedor
Ave Fénix el deseo aparece y desaparece
Muere el deseo sin morir
Piensas que tú eres tú 
Pero tú solo eres tus deseos.

Massimiliano Gaspari