
María conoció a Sofia, una mujer tranquila que pasaba muchas tardes sentada junto a la ventana de un pequeño taller de arte. Sofia estaba enferma y su cuerpo ya no tenía la fuerza de antes. A menudo sentía dolor y cansancio, pero nunca olvidaba llevar consigo una pequeña caja de acuarelas.
Un día, mientras preparaba los pinceles, dijo en voz baja:
—Yo no sé pintar.
María sonrió y le respondió:
—Henri Matisse, cuando ya era mayor y estaba enfermo, tampoco podía trabajar como antes. Entonces empezó a recortar papeles de colores y creó algunas de sus obras más libres y llenas de vida.
Aquellas palabras quedaron en la mente de Sofia. Desde ese día empezó a mirar sus acuarelas de otra manera.
Sus dibujos no eran perfectos: las líneas temblaban y los colores a veces se mezclaban sin seguir ninguna regla. Sin embargo, cuando tomaba el pincel, parecía olvidar por un instante la enfermedad. Sobre el papel nacían cielos azules, flores rojas, sombras verdes y reflejos amarillos como pequeños rayos de sol.
Cada tarde pintaba junto a la ventana. La luz iluminaba el vaso de agua y hacía brillar los colores. Poco a poco, Sofia comprendió que no necesitaba ser una gran artista. Lo importante era expresar lo que sentía y encontrar belleza en los pequeños momentos de cada día.
Un atardecer recordó también a Claude Monet. Cuando envejeció y su vista se debilitó, pintó sus famosas ninfeas cada vez más grandes y más libres, como si quisiera atrapar la luz y los colores antes de que desaparecieran.
Entonces Sofía entendió algo importante: el arte no consiste en hacerlo todo perfectamente, sino en seguir creando, incluso cuando la vida se vuelve difícil.
Desde aquel día, cada acuarela le pareció una pequeña victoria. Porque la alegría de vivir puede esconderse en las cosas más sencillas: un pincel, un poco de agua, la luz de la tarde y el deseo de seguir llenando el mundo de colores.
*«Memento vivere» («recuerda vivir») es una expresión inspirada en la antigua frase latina «Memento mori» («recuerda que morirás»). Esta última se utilizaba en la Antigua Roma y, más tarde, en la tradición filosófica y artística occidental para recordar la fragilidad de la vida humana. El título de este relato propone una idea complementaria: recordar la importancia de vivir plenamente, valorar la vida y la alegría de vivir y apreciar la belleza de las pequeñas cosas de cada día.
La mayoría de los autores que participan en esta revista han colaborado a la creación del libro:





















