
Mi primera reacción ante la idea de escribir sobre el tema de la guerra fue de rechazo absoluto.
«¿Que puedo escribir yo sobre esta catástrofe que está arrastrando el
mundo?»:
¡Escribe lo que tienes en el corazón!
Me surgió una sabia voz amiga.
Yo que fui concebida con alegría en una noche de primavera del 45.
Yo, pacifista, como he demostrado en innumerables manifestaciones.
Yo, ahora, a mis 80 años, ante estas guerras me siento derrotada.
Las imágenes, de las que a menudo huyo cobardemente, se me quedan grabadas sin piedad. Estas guerras sobre las que revolotean millones de dólares manchados de sangre me indignan. Estas guerras de videojuegos donde espantosos pájaros de metal golpean a cualquiera, dirigidos por manos expertas detrás de pantallas a kilómetros de distancia.
Entre los escombros vagan fantasmas de hombres, mujeres y niños. ¿Como puedo hablar de estas guerras en las que se utiliza el hambre como arma de exterminio?
Soy atea, quizá rezar sería un alivio.
¿Quién sabe? A lo mejor este Papa americano logra encontrar las palabras adecuadas para llegar a los corazones de esos asesinos.
Yo no soy capaz de hablar de estas guerras, puedo solo sufrir.
La mayoría de los autores que participan en esta revista han colaborado a la creación del libro:
- La guerra, las guerras por Iris Menegoz
- La guerra de Álvaro por Raffaella Boletti
- La guerra artera por Sergio Ruiz Afonso
- La Guerra por Jean Claude Fonder
- La Guerra por Gloria Díaz
- Guerra, Mujeres y canto de resistencia por María Victoria Santoyo
- El hombre que fue a la guerra por Blanca Quesada
- La primera vez por Graziella Boffini


