
Se cuenta que, hace años, en el caribe colombiano la gente cantaba todo el día y caminaba danzando.
En las zonas rurales de Colombia durante mediados del siglo XX, las primeras guerrillas eran campesinos armados para protegerse ante la expropiación de sus tierras por parte de terratenientes, apoyados por el ejército y paramilitares.
En el marco del conflicto armado entre guerrillas y paramilitares, el objetivo era quitarle la base social a la guerrilla mediante masacres y terror para obligar a la población al desplazamiento forzado. Proyectaban el control de los mercados de drogas y la apropiación del territorio. En los años 80, el exmilitar israelí Yair Klein fue contratado para entrenamiento militar. Empezaron las masacres (torturas, violaciones, desapariciones) para sembrar el terror y lograr el dominio territorial, haciendo inhabitable el espacio físico y social.
Como la mayoría de víctimas son hombres, las mujeres han desafiado los roles tradicionales asignados por el patriarcado mediante una participación activa en lo político, lo público y lo comunitario. Lideran actividades como la búsqueda de desaparecidos y denuncian violaciones de derechos humanos, lo que las convierte en objetivo militar. 171 lideresas sociales han sido asesinadas desde la firma del Acuerdo de Paz de 2016. En la visión machista, castigar el cuerpo de la mujer con la violencia sexual significa dominio absoluto y humillación a toda la comunidad. En todas las guerras el cuerpo de las mujeres es campo de batalla.
Pero mujeres como Soraya dicen: “tenemos que secarnos las lágrimas y echar pa’lante…” “El día que me violaron no me mataron… ahora acompaño a 160 mujeres de la región. No me quedé en la condición de víctima”. Estas mujeres crearon redes de solidaridad y reconstrucción del tejido social.
En 2016 se creó la Comisión para lograr Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, donde fueron escuchadas 10.864 mujeres víctimas. La magnitud de la violencia es aterradora: más de 450.000 asesinados, millones de desplazados, desaparecidos, la mayoría de las víctimas fueron civiles.
Como se hizo en Sudáfrica, la Comisión de la Verdad y el Juzgado especial para la paz (JEP) han logrado que muchos victimarios confiesen sus crímenes y pidan perdón a las víctimas. Es una gigantesca operación de MEMORIA COLECTIVA. La verdad procesual contribuye a la verdad histórica y a sanar el trauma colectivo.
EL ARTE también ha tenido un papel importante. En la Casa de la Memoria de Bogotá, la artista plástica Doris Salcedo creó “Fragmentos”, un contra-monumento, hecho con 37 toneladas de armas fundidas, entregadas por la guerrilla FARC, al firmar el Acuerdo de Paz con el gobierno. Es una obra colectiva, potente y simbólica, hecha por mujeres víctimas de violencia sexual durante el conflicto. NO ES SÓLO ARTE, ES MEMORIA.
En las comunidades afrodescendientes de la costa Caribe se volvió a cantar el BULLERENGUE, un CANTO DE RESISTENCIA cantado por mujeres, acompañado por tambores y palmas. Una voz llama y otras responden.
Había surgido en contextos de esclavitud y es una forma de transmisión oral y una herramienta más del proceso de memoria histórica.
La mayoría de los autores que participan en esta revista han colaborado a la creación del libro:
- La guerra, las guerras por Iris Menegoz
- La guerra de Álvaro por Raffaella Boletti
- La guerra artera por Sergio Ruiz Afonso
- La Guerra por Jean Claude Fonder
- La Guerra por Gloria Díaz
- Guerra, Mujeres y canto de resistencia por María Victoria Santoyo
- El hombre que fue a la guerra por Blanca Quesada
- La primera vez por Graziella Boffini


