La Guerra

Conversaba con una amiga sobre el significado de la guerra para la humanidad y no supimos cómo afrontar del todo el argumento. Ella, escritora de relatos cortos, ha profundizado en personajes literarios junto a un grupo de psicoanalistas que también publican sus propios destellos narrativos. Escritores de profesión.

Era como si observáramos un prisma de múltiples caras. Hablamos de la percepción de la guerra en la conciencia colectiva: una construcción dialéctica que nos condiciona en cada momento. Dependemos de quién maneje el relato, de ese poder que moldea el pensamiento y nos induce a asumir posiciones frente a la realidad cotidiana. Después descendimos hacia la conciencia familiar y, finalmente, hacia la conciencia personal.

Hubo muchos altibajos. Muchos. Pero la amistad sobrevivió.

Con cierta sorpresa, y no sin agrado, se unió a la conversación un compañero de universidad. Polémico. Representaba una de esas caras del prisma nítidas, casi rígidas: sin tonalidades, sin matices. Un personaje síntesis, podría decirse. O así quiso presentarse. Y así expresó sus puntos de vista:

Hablamos del presente más reciente: la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán; el Euromaidán de Ucrania en 2014 y los sucesivos intentos de Estados Unidos de promover un gobierno favorable a sus objetivos estratégicos frente a Rusia.

De la posición rusa en la ONU, denunciando el avance de la OTAN hacia sus fronteras en contra de los compromisos de 1991, cuando el muro de Berlín cayó y la OTAN ya no tenía razón de existir.

Consecuencias esperadas: la intervención especial de la Federación Rusa en Ucrania, un país que arrastra un conflicto interno desde 2014.

Después, el mapa se amplió: Venezuela, México, Colombia, Cuba, Groenlandia y, con más preguntas que certezas, Canadá.

Terminamos analizando lo que significa una «sanción» para un país que depende de un sistema financiero global para sostener sus intercambios comerciales. Para un país al que se le congelan los activos —la riqueza en el exterior— y se le impide acceder a bienes fundamentales para su supervivencia. Y ese país, en potencia, puede ser cualquiera dentro de Occidente. Las sanciones son mecanismos que paralizan sociedades enteras, economías completas. ¿No es eso también una forma de guerra? ¿Una guerra contra qué? ¿Contra quién o quiénes?

Vivimos en un estado de caos.

Entonces retomamos una frase que recorrió la agradable conversación. La tomamos de un interesante libro de Graham Greene, Lamericano tranquillo, como un punto de anclaje en medio del desconcierto:

«Prima o poi bisogna scegliere da che parte stare, se si vuole restare esseri umani».


Gloria Díaz.