Plastic Bertrand

¿Conoces la canción “Ça plane pour moi,…” de Plastic Bertrand?  En español la llamaron “Genial para mí”, pero sería más correcto traducir por “Estoy planeando…”

Final de los años 70. Los americanos, bueno los anglosajones, están reinventando el mundo: música pop, publicidad, minifaldas, cabello largo, drogas, hippies, … Todo lo que se te pueda ocurrir.

El plástico también, por supuesto, la invención del siglo, sirve para todo, se puede usar y tirar. No necesitas devolver las botellas vacías, cortar el pan: todo está envasado, se coge y se paga. Además, con el plástico, podemos conservar y transportar todo. Podemos también vestirnos, no tenemos que planchar.

Te lanzo un desafío: Intenta comprar las cosas que necesitas sin que haya plástico en la confección. Y no me refiero solo a la bolsa que te dan o que te cobran para meter la compra.

En 1977, esta canción da la vuelta al mundo, se venden millones de 45 rpm, en vinilo, por supuesto. ¿Será el nombre del cantante, su traje rosa, su voz? En realidad no era la suya, era la voz del autor que, siendo tan feo, no hubiera gustado. No importa, incluso en vivo en aquel entonces el sonido estaba amañado, era la voz del disco que se oía. Por supuesto, sólo vendió un disco. 20 años más tarde intentó regresar, pero sin éxito y terminó como presentador de televisión hasta que un juez reveló todo. Todo incluso su nombre era de plástico.

¿Será un símbolo?

¿Y tú, has renunciado a la pequeña botella de plástico que tienes en tu bolso?

Jean Claude Fonder

La mujer de Casimiro

“Lo Prohibido” es el tema de la quinta bienal en el museo de  arte contemporáneo.

Como plagas de gente distinta, centenares de artistas plásticos inundan las calles y los rincones de la ciudad. 

Todos esperaban la llegada del gran Casimiro, compañero en la Escuela de Bellas Artes que se había ido en la Flota Mercante para Europa hacia 25 años…

Petronio, uno de los artistas y su mejor amigo, se encontraba en su taller, en las ruinas del primer hospital fundado hace siglos, concentrado con un maniquí de mujer que había vestido de monja para crear su obra de arte conceptual. Toda la noche duró Petronio en un juego solitario, lento-erótico con la monja,  cuya figura de madera articulada, le obedecía todas las poses inimaginables en una monja. Ya al amanecer del otro día, algo lo alteró, como si no estuviese totalmente a solas con la monja. Voltio a mirar una sombra a sus espaldas y ahí estaba…

—“Casimiro!!!” —gritó sorprendido y loco de contento. Un gran abrazo ahogó el prolongado tiempo. 

—“No lo había sentido… ¿Cuándo llegó?” —Arrobado de la emoción le preguntó.

—“Llegué de la Estación directo. Aquí traigo mi maleta de viaje. Hace cuatro horas los observo sin hacer ningún ruido…para no interrumpirlos, fascinado observando todo lo que usted hace que ella haga… lo erótico y prohibido para una monja…”.

—“No lo sentí llegar, me ha asustado….Siga, descanse. ¿Qué le provoca? ¿Cómo le fue del largo viaje? ¿Y Domitila su esposa?”  —Sin darle casi tiempo para responderlas todas. 

—“Nunca pude superarlo Petronio…sigo siendo muy tímido con las mujeres, no me atrevo a hablarles …he tenido muchas. Cuando envejecen, las reemplazo por otras. Me da mucha pena confesárselo Petronio…pues soy muy feliz con Domitila pero ella no es de carne y hueso. Está aquí adentro de la maleta. Mi esposa es una mujer de plástico, inflable y desinflable que me acompaña a todas partes…”.

Olmo Guillermo Liévano

El montón de plástico

Voy al supermercado para hacer un poco de compra con una bolsa de plástico, naranjas en una bandeja de polietileno envueltas en plástico, una botella de plástico de agua, tomates que parecen de plástico en una bolsita de plástico. – ¿Tenéis jabón perfumado en una bolsa de plástico con cremallera? – pregunto a la dependienta.

Delante de la fruta y la verdura hay un cartel que dice: utilizar el guante de plástico y poner los productos en los envases de material plástico biodegradable. Para los sistemas en uso de recogida y reciclaje de embalajes de materias plásticas, 0,02 euros unidad.

“El uso masivo de bolsas de plástico no biodegradable ha provocado una grave contaminación del medio ambiente” – leo en un periódico sobre la estantería – y sigue “Está prohibido el uso y distribución de las bolsas de plástico no biodegradable (bolsas con asas) por razones medioambientales. En algunos países se sirven los refrescos en bolsas biodegradables zip-loc  en lugar de vidrio y botellas de plástico o latas.”

Miro alrededor: basura para el reciclaje, cerveza “novedad” en botella de plástico, bebidas no alcohólicas en vidrio reciclable  dentro de cajas de material plástico; prendas interiores, calcetines, condones, auriculares, fundas de móvil, cerebros de vaca medio kilo, tampones emborrachados de ketchup; igualmente, debajo del plástico.

Saliendo imagino que miro a través de una bolsa de plástico en la cabeza, un nuevo mundo de plástico se ha abierto ante mí.

Luigi Chiesa

Plástico

—Mamá tengo que hacer un relato; el título es «PLÁSTICO» pero ¿por qué esta palabra en español es masculino, en italiano femenino y en inglés ni uno ni otro?

—Juan, el género no tiene importancia, lo que es más importante es saber para qué sirve este material, si se puede reciclar y sobre todo que está prohibido echarlo en mar porque los peces lo comen y  mueren.

—Mamá el profesor ha dicho que también los niños no siempre saben si son varones o niñas y que no tiene importancia ¿Es lo mismo que el plástico?

—Pues, sí Juan más o menos.

—Mamá pero yo quiero ser como papá, que le gustan todas las mujeres, tus amigas.

Leda Negri

¡Basta ya!

Este es un mensaje para la clase política mundial y los productores que parece no han entendido nada y siguen actuando de una manera irresponsable con respecto al asunto. Somos los nuevos indignados, somos los del Movimiento Rebelde 1A. Los peces de diferentes clases, tras reunirnos en mitin en las profundidades, cansados y asustados por la especie más peligrosa del mar -la botella, la bolsa y el envase de plástico- hemos constituido una Sociedad Colectiva denominada Sociedad de Fomento, sin fines de lucro, con un número de socios ilimitado y que tiene como objeto social el desarrollo de actividades en beneficio del conjunto de la comunidad de los animales marinos, la eliminación de los desechos de plástico del mar, el fomento de la toma de conciencia de los productores y consumidores. En cumplimiento de nuestra rebelión informamos que el 1A está recogiendo y restituyendo al ser humano, en todas las playas del planeta toneladas de plástico, para que deje de una vez por todas de pensar solo en intereses económicos y no se atreva a volver a utilizar como vertedero nuestro ambiente. Consumidores tenéis que ser diferentes, no indiferentes. ¡Dejad de ser clientes y sed ciudadanos del planeta! 

¡BASTA YA!

Para más información visite la página http://www.elplásticonomegusta@pez.océano 

Raffaella Bolletti

Como de costumbre

Thomas Cole The Garden of Eden, detail

—¿Pero por qué? —le pregunté a mi Padre mientras nos encaminábamos, como de costumbre, hacia el centro del jardín. La mañana era diáfana y los frutos resplandecían en los árboles como gemas preciosas en los escaparates natalicios. 

Como de costumbre Padre no contestó. Y mi hermano mayor, que me seguía por doquiera como un chiquillo, me dio un empujón a guisa de protesta. Escuché su muda queja: ¡eres ambiciosa, mujer!

Yo sólo quería saber. ¿Qué había de malo en ello? Pensar en que habría de transcurrir una existencia interminable en la monótona placidez de ese jardín me volvía loca. Conocía al dedillo esa prisión dorada que anestesiaba los sentidos.

¡¿Qué más podemos desear?! había exclamado ingenuamente mi hermano. 

—Por ejemplo entrar en las sombras del bosque— dije, indicando la mancha que como un mar oscuro rodeaba el parque convirtiéndolo en isla— abrir senderos, descubrir qué hay del otro lado.

—Es peligroso… —susurró el muchacho.

—Por ejemplo —proseguí mientras marchábamos, como de costumbre, hacia el centro— coger el fruto que cuelga del árbol que tú sabes.

—¡No! —gritó deteniéndose, las mejillas afiebradas por la excitación— nos lo ha prohibido. 

—¿Pero por qué?

—Dice que moriremos…

—¿Y qué es morir?—exclamé alzando la pregunta al cielo— ¡deseo sentir, saberlo!

Mi hermano calló. Con cortejo de pétalos y mariposas llegamos, como de costumbre, donde el árbol con sus ofrendas tentadoras.

La serpiente dormía. Padre, ausente. Aproveché la ocasión y mi hermano mayor, cachorro hambriento, succionó de mi boca trocitos de pulpa jugosa. 

¿Qué más decir? Cuando volvimos a mirarnos él era un hombre viril, yo su doncella. Escapamos de ahí. Aprendimos la añoranza. El deseo fue sol, mutó horizontes, trajo alegrías, fracasos, el dolor atroz, por fin la muerte. Y también a todos ustedes, hijos míos, suerte de eternidad.

Adriana Langtry

No te deseo…

GEORGY KURASOV (1958)

No te deseo nada maravilloso donde todo sea en apariencia increíble, increíblemente fantástico. Es un pensamiento infantil, utópico, obvio, una fantasía maravillosa que está fuera de mi alcance.

Te deseo que continúes mirándote, que sigas siendo la de hoy, malcriada, odiosa, totalmente pagada de sí misma.

Te deseo que digas siempre — No soy una zorra egoísta ¿Sabes? —

Que tengas amor propio para pelear y perder batallas, que te metas en un lío, en un pantano venenoso del que no puedas salir nunca.

Te deseo que tengas que aceptar concesiones humillantes que no te permitan los “no puedo” y que reconozcas los “no quiero”, y que estés obligada a lamer el piso de un baño público.

No te deseo que te digan la verdad más amarga de los demás que te consideran una mujer fácil que ha fracasado aceptando condiciones extremas indecibles.

Te deseo que no tengas la melodía del espíritu, que tengas lo que temes para no vencer el miedo y sobrevivir de una forma malvada.

Que no toleres tus manchas negras y que todas las noches sean un mal sueño despertándote aterrorizada y gritando con sudor frío.

Te deseo que no crezcas hasta donde y cuando quieras en un mundo encantado mimada por una vida fácil y confortable.

Te deseo que logres ser feliz, sea cual sea la realidad que te toque hacer frente abordando los problemas de la pobreza y la exclusión.

No te deseo nada.

Luigi Chiesa

Deseo egoísta (o sea cuento con auto-referencias que me convienen a mí)

Por favor votad mi cuento. Por favor votadlo.

Mi deseo es recibir en premio el libro de Frankenstein resuturado con el cuento de Valeria. Aquí en Milán es imposible de localizar, y a Madrid no puedo ir. No ahora, no con esa situación familiar en la que me encuentro. Por eso votad ese cuento así que yo pueda satisfacer mi deseo, o sea: recibir el libro en premio y leérmelo en verano, cuando ustedes estarán todos de vacaciones y yo aquí, sola sobre mi sofacito con mi libro por leer. A lado una jarra con agua fresca, yerbabuena y limón, yo estaría contenta; sería mi consolación por no irme de vacaciones.

De manera que:

Votad por mi cuento, por favor!

Votadlo.

Gracias.

En caso, después de habérmelo leído todo, el libro puedo prestarlo a quienes lo quieran leer.

Solo prestarlo, por favor, que soy egoísta y maniática.

Graziella Boffini

L0s deseos de Maria Lucrecia La Muerte y los de la tatarabuela de Palenque

Olmo Guillermo LLévano

Dolores Salinas, la más anciana de San Basilio de Palenque, con 103 años, agonizaba… 

Aparece en los cielos el pájaro Kajambá, avisador que la muerte se aproxima. La sabiduría de los más viejos identifican lo inaplazable del destino y su anuncio llega hasta los lugares mas apartados del planeta. 

Maria Lucrecia la Muerte, disfrazada de mujer, alta, canillona, costillas pegadas al cuerpo, burla un descuido de Evaristo Torres el palanquero mas anciano del pueblo con 98 anos que hacía de guardia, logrando llegar hasta su lecho… Al levantar el gancho para engarzárselo en la nuca y llevársela, la voz matriarcal decreta en lengua palanquera:

—“Así la quería ver Maria Lucrecia. De frente!!”.

—“Vuelva cuando me despida de mi último tataranieto!!”.

Sorprendida, refrenó su descomunal deseo de robarle la vida ante el mandato de esta formidable mujer que desde niña fuera curandera y profeta de su pueblo. Humillada, huyó Maria Lucrecia de la escena. La rezandera mayor aparece. La casa se transforma. Con golpes de tambor, empiezan los “bailes del mueto”. La población se moviliza…alrededor cantan, rezan, bailan. Las mujeres cocinando, en el espacio semi-sagrado. Jovencitas reparten “calderaos”…

En zona profana, compadres y músicos aportan novillas, dinero, licor. Juegan dominó, cuentan relatos mitológicos, chistes de doble sentido e historias cotidianas. Los rituales de muerte son liderados por las “cantaoras” durante los siguientes 365 días, mañana, tarde, noche y madrugada, hasta cuando el último tataranieto aparece con su joven esposa y su recién nacido a la madrugada… Ella descubre uno de sus henchidos senos de ébano que abarca con sus manos, aprieta su pezon y delicadamente deposita una gota de su leche materna entre los labios cadavéricos de la anciana, quien esboza una maravillosa sonrisa, en medio de cantos responsoriales en verso. Otras “cantaoras” contestan “que por fin pudo cumplir con su deseo de descansar y estar ya tranquila.” 

Olmo Guillermo Liévano

Hasta mañana

Un sabio dijo que la verdadera libertad consiste en desembarazarse de los deseos.

Marta durante años intentó con tenacidad atenerse aquellas sensatas palabras.

Vivía una vida serena. Disfrutando de lo que llegaba día tras día. Rehuyendo la inevitable tentación de cultivar sueños y deseos.

Pero, cuando ya no esperaba nada, llegó Gabriel.

Inevitablemente, casi sin darse cuenta, reafloraron los sueños y los deseos que había ocultado en un rincón de su alma.

La historia no fue muy larga, más bien, duró como decía Joaquín «como dos cubos de hielo en un whisky on the rocks» pero fue intensa y romántica.

Antes de dormir, Gabriel la llamaba y le deseaba las buenas noches diciéndole «Hasta Mañana».

Gradualmente las llamadas se fueron volviendo infrecuentes y al final se acabaron.

Lentamente la vida de Marta volvió a su costumbre. Pero la historia con Gabriel le dejó una huella indeleble, un deseo que antes no conocía. El deseo de oír cada noche las dos mágicas palabras «Hasta Mañana”.

Iris Menegoz

El deseo

Lo que más me hace sentir incómodo son sus pechos, largos y caídos, y el inverecundo  descuido de no ocultarlos, mientras jadeando se limpia delante del lavabo con una esponja. Querría alejarme, pero me llama otra vez. Mientras  le acerco la toalla, me pregunto cómo pueden ser esos los mismos pechos redondos que me encendían de deseo. 

Su mirada fosca resbala por los azulejos, me atraviesa. Ella coge la toalla con esos brazos blanquecinos,  me mira como si yo fuera el perchero y musita: — El sujetador. 

La ayudo a ponerse esa  prenda zurcida y descolorida y cierro los ojos, para no ver en qué se ha convertido aquel cuerpo que tanto deseaba, cuando la vida era vida, yo era hombre y ella era mujer.  

Le pongo un vestido ancho, que se le desliza por los hombros. 

Me mira y ahora me ve. — Quién es usted? —chilla de repente, cubriéndose con la toalla ahora que está vestida. —Váyase ahora mismo! 

No le digo que soy yo, su esposo: no serviría de nada. 

Llamo la enfermera y salgo. Huyo de sus cartas de caramelo tiradas por la ventana, del olor a podredumbre humana… pero también de mis piernas inútiles, de mis emociones marchitas como ciruelas pasas, de mis manos que no han perdido solo el deseo, sino también la ternura.

En el jardín no hay nadie. 

Y ahora sí lo siento, el deseo. Surge de mis vísceras como un espasmo oculto, que sube a través del estómago hacia la garganta y explota: un aullido animal, salvaje, inhumano, como inhumano soy yo, y esa enfermedad y todo lo que nos está pasando. 

Soy un lobo, una hiena, un animal herido en una trampa, y chillo, hasta volverme afónico…   O hasta que lleguen los dos hombres de bata blanca.

Silvia Zanetto

Ave Fénix

Empuja el deseo el deseo atrapa
Llama que quema escozor del alma
Calla el deseo el deseo corroe
Río silencioso que corre escondido
Subterráneo temblor grito ensordecedor
Ave Fénix el deseo aparece y desaparece
Muere el deseo sin morir
Piensas que tú eres tú 
Pero tú solo eres tus deseos.

Massimiliano Gaspari

Un pequeño deseo

Durmió muy poco, tiritando y despertándose a ratos, en la noche fría. Por la mañana se levantó en una cama desierta, deseando matar la almohada y destrozar las sábanas que olían a recuerdos, caricias, abrazos. Al abrir la ventana miró el bosque silencioso: allí estaban bajo un enfermizo rayo de sol. Ella con sus brazos desnudos, por ser invierno, temblando ligeramente como en un baile extraño, con su cuerpo, un tronco delgado y blanquecino que desataba una carga emocional, un imposible deseo de ser abrazado y poseído. Estaba él a su lado, con sus largos brazos como ramas llenas de hojas puntiagudas, deseando a través de un abrazo fundirse en su cuerpo liso. Por fin con la poderosa fuerza del deseo que todo lo mueve, logró doblarse lo suficiente como para rodearla con sus ramas. Fue entonces que se identificó con ellos, dos árboles, un abedul y un pino, imaginando un contagio de los dos mundos donde, precipitando en una espiral al revés, descendiendo a través de círculos cada vez más pequeños llegar al punto de origen, buscar la clave para realizar su pequeño deseo de que alguien la abrazara al despertarse.

Raffaella Bolletti

Deseo

Ella yace en la cama que ocupa la mayor parte de la habitación, el calor es obsesivo, las persianas que durante el día crean una penumbra agradable están cerradas, “Fratres” para cuerdas y percusiones de Arvo Pärt parece surgir de las profundidades oscuras para envolverla.

Todavía lleva la ropa interior atrevida que había elegido para ir a la fiesta con sus compañeros. Su diminuto vestido negro abundantemente escotado en la espalda, apenas la esconde. Encaje, transparencias, media y ligas, la hacía sentirse deseable. Durante toda la noche había percibido las miradas admiradoras que la devoraban. Había bailado sin cesar hasta el agotamiento. A veces su cuerpo, exacerbado por el erotismo del ambiente, se había pegado, sin pudor alguno, al de su pareja para explorar todos sus atractivos y excitarlo mejor con sus propias curvas. La fiesta había terminado bien, un compañero la había llevado a casa, pero ella sólo había aceptado un beso casto para darle las gracias.

Ahora en la cama, las frases lancinantes y repetitivas, entrecortadas con misteriosos golpes de gong, de la música de Pärt la penetran cada vez más profundamente. Su cuerpo arqueado brilla de sudor, sus tetas erizadas se proyectan hacia adelante, la música se acelera, suena cada vez más fuerte… Su pelvis se levanta… Su grito es largo y definitivo.

La música decrece lentamente hacia un silencio liberador

Jean Claude Fonder

Un hombre en el pantano

Un hombre todavía joven, el pelo corto, una barba de pocos días, y, sin duda, con capacidad aún de atraer, mira detenidamente el campo floral que se extiende a su alrededor; son flores blancas de pantano que se esparcen con el viento. De fondo, el ruido sordo del agua interrumpido por los trinos agudos de pájaros insistentes. El vapor que emerge del pantano, crea una atmósfera nebulosa y mágica como si estuviéramos en un cuento del Grial. El hombre lleva una chaqueta de cuero de un tono azul difícil de definir, un jersey de lana gris y un pantalón de color claro. No lleva botas. En la mano izquierda sujeta una pequeña caja de metal, quizás lo que en ella atesora sea importante.
Alza lentamente la mano de derecha y se grata la mejilla con insistencia, habrá insectos que revolotean cerca de él. Permanece pensativo, observando atentamente el pantano, y todo lo que ante él se expande.
El decorado está planteado, el misterio está servido.


Jean Claude Fonder

Pesadilla

Lavabo y Espejo
Antonio López (1967)

Es una pesadilla, pensé. Acababa de despertarme. Todavía tenía en mente la horrible imagen: un lavabo, un lavabo sucio, podría haber sido el de una prisión. La luz era cruda, lívida, odio ese tipo de luz. No podía ser mi casa, no lo era, nada me representaba. La maquinilla de afeitar, por ejemplo, era antigua, mi padre usaba una de este tipo, la brocha y el jabón de afeitar también databan. En general, todo tenía un aspecto anticuado, viejo o pobre; grifos, tapón, espejo e incluso el enchufe. Además, había objetos que parecían femeninos, como el esmalte de uñas, el pintalabios o incluso la pinza para depilar.

¿Qué significaba todo esto? ¿Por qué soñaba con un lavabo de un lugar sucio, que no era mío y que parecía pertenecer al pasado?

Me levanté, me dirigí al baño, el mío, de ambiente cálido, con los azulejos grises claros y los muebles carmesíes. Me di una ducha caliente. Quería borrar de mi memoria este lugar de pesadilla que continuaba persiguiéndome: contemplaba la armonía de colores en la que me preparaba cada mañana para enfrentarme al día.

¿Cómo se podía sobrevivir en un lugar tan horrible como el de esta noche?

Desayuné, como cada mañana, en el bar junto al periódico. Un cruasán caliente y un capuchino. Encontré a una compañera y le conté mi sueño. Me sonrió y me preguntó:

—¿No vas esta noche a la inauguración de la exposición de Antonio López?

—Sí, tengo que comentar el evento en la edición del sábado. Espero que nos proporcionen un buen dossier de prensa. Tengo que admitir que no lo conozco.

—Ya veo, —respondió mi compañera, —el sueño que me describes es uno de sus más famosos cuadros: “Lavabo y Espejo” (1967) que está en el museo de Boston.



Jean Claude Fonder

Los coches

Los coches invadieron mi vida.
No me gustaban particularmente, pero acababa de casarme y mi padre decretó que necesitaba saber conducir. Me mandó a la escuela, ellos me preguntaron por el modelo de coche que iba a manejar así que mi padre me legó el que se convierto en mí primero coche: un Ford Taunus, tres velocidades al volante. ¿Qué color? no recuerdo bien, creo oscuro, mi mujer dice negro. Bueno, no importe, lo importante es que con el hicimos nuestro primer viaje, en pareja, solos, solitos, a la conquista de Londres. Lo hicimos de noche, tomamos un “café-crème” en Calais con cruasanes calientes que hoy todavía recordamos. Atravesamos La Mancha y cambiamos de mundo: los británicos son mono-lengua ingles, conducen a la izquierda, entre libras chelines y peniques no reina el sistema decimal, como en las medidas por otra parte, y eso no se acaba aquí…
El segundo coche, siempre de ocasión, era un Simca 1000 blanca, el pobre Ford había fallecido. Esto me lo compré yo, mi mujer ya trabajaba, yo seguía estudiando matemáticas, pero tenía un montón de alumnos, y sobretodo de alumnas que yo cuidaba con un cierto éxito en toda la ciudad y los alrededores, con, por supuesto, la ayuda indispensable de mi coche. Una mañana, saliendo de casa, no lo vi. ¿Dónde estaba? Me lo habían robado. Estaba desesperado, fui al comisariato de policía, nada, me hablaron de estadísticas. Por suerte mi hermano, me llamó el día siguiente para decirme que pensaba haberlo reconocido en una calle en las alturas de la ciudad. Me precipité, era él, la batería estaba vacía, pero la calle era en pendiente. Al final no había pasado nada. Desde este momento sustituí cada noche un cavo del delco, necesario para encender el motor, por uno que era falso. Eso no impidió, mala suerte, que proprio el motor devolvió el alma en un incendio.
El tercero coche era rojo, ya trabajaba y el dinero no faltaba. Hice una pequeña locura: compré un Ford Mustang nuevo. También esto no tuvo buena suerte. Fue el único coche con el que tuve no uno, pero dos accidentes. El primero abracé literalmente un árbol: la carretera estaba helada, el tiempo se calentó bastante para que el cielo gris invernal pudiera regalarnos una ligera lluvia que convirtió el suelo en una pista de patinaje. El camino estaba románticamente bordeado de plátanos, no pude resistir.
El segundo, un árbol, esta vez, desarraigado por las inclemencias se cayo delante de mí, no pude evitarlo. En en el primero incidente me enderezaron el coche y en el segundo me lo pagó el seguro del ayuntamiento.


Cambiamos coche y compramos el cuarto, esta vez mi mujer participó en la elección, un tranquilo y indestructible Volvo, duró 11 años. Unica fantasía para complacer a mi mujer, era amarillo. Con esto hicimos la vuelta de Europa, por primera vez visitamos Italia y tantas otras destinaciones. Pero en realidad fue también el último.
¿Cómo me van a decir? No se puede.
La verdad es que desde este momento, conduje exclusivamente coche alquilado por mi empresa, cambiaba cada tres años. Los coches eran siempre más o menos los mismos, categoría business, Mercedes, Bmv, Lancia, Audi, … El color azul o gris oscuro, pero sin chofer. Es decir, el chofer era yo, y no crean que era yo que conducía: conducir, era el coche el que lo hacía, yo trabajaba por teléfono. ¿Era peligroso? Claro que sí, dos veces me paré en media en un enorme colisión en cadena provocada por la niebla. Por suerte a mí no me abrazaron por delante ni tampoco por detrás. Decidimos dar preferencia a otros medios de comunicación: Aviones, trenes, taxis …
Cuando me jubilé, no compramos el quinto.


Jean Claude Fonder

Retorno a casa

Olmo Guillermo LLévano

Una niña pordiosera pide limosna en una calle sucia. Otro niño menos niño, la observa, se devuelve a  casa y regresa con una moneda. Se la entrega. 

Un viejo que dormía,  escapa del asilo para ir al entierro de su hermano más viejo. Saca sus ahorros escondidos. Un taxi lo lleva al aeropuerto. 

Ya en el avión “Caravelle”, se deja mimar por la linda azafata que lo conduce a su silla con ventanilla. La tercera,  un hombre la ocupa y en el medio una atractiva mujer, que de inmediato decide dormir cubriendo su cuerpo con dos cobijas del avión y se coloca un tapa-ojos. El hombre hace lo mismo.

Cuando su mirada acariciaba el cabello de su compañera de silla, asombrado descubre que la mano del hombre debajo de la cobija llega a territorio de ella, quien no protesta y  resuelve seguir haciéndose la dormida… 

Sorprendido, se mimetiza cubriéndose y como ellos,  finge que duerme. Por entre sus semicerradas pestañas se esconde un ”voyerista” y observa el lento recorrido de unos dedos de yemas tan sensibles que conquistan cada poro de piel engranujada, camino a su sexo… llegan se deslizan y se adentran debajo de su deliciosa ropa íntima, hacia el encuentro húmedo de su vulva.

 El viejo tan cerca, oye el corazón de ella que retumba como salvaje potranca, ve su boca entreabierta que asoma la punta de su lengua, arquea arriba su pelvis, llega al clímax… exhala un profundo gemido y atrapa la mano que ha llegado a su destino, para que no escape. Con la otra, adivina y alcanza el gigantesco falo debajo de las otras cobijas.

Luego,  impera un profundo silencio. Todos duermen. El viejo  sueña contando  sus viejas monedas y comprueba una vez más que están completas con excepción de una vieja ya extraviada hace casi un siglo.

Olmo Guillermo Liévano

El amor más grande

A mí siempre me ha parecido que tenemos los mismos gustos y muy parecidos disgustos. En su cara muestra un rictus de seriedad cuando uno de los niños del edificio entra votando con una pelota. A mí tampoco me gustan los ruidos o las personas que no reconocen lo apropiado o no de sus actos. Es agradable sentir un “buenos días” o la cordialidad de un vecino que abre la puerta para que los demás podamos salir o entrar, sentir la sonrisa satisfecha de un joven que mantiene abierto el ascensor. Detalles que se están perdiendo, de la misma manera que la palabra cortesía está pasando de moda.  También nos molestan los gestos un tanto bruscos, algunas veces insolentes de los jóvenes, quizás la educación no es la misma que aquella severa formación que entonces recibíamos, pienso. Él lo comento alguna vez.

Nuestras miradas se encuentran de forma fortuita. Ocasionalmente, cuando hay mucha gente en el ascensor del edificio donde vivimos, se roza nuestra piel, sin intención y me encuentro con su mirada de disculpa, con unos ojos casi llorosos. 

Después de veinte años. Aunque muchas cosas han cambiado en nuestras vidas: mis hijos han crecido, se han independizado, su madre, con la que vivía, ha fallecido y mi esposo ha muerto. 

Ahora me parece que su mirada es más firme y cuando nos encontramos solos en la escalera, en la puerta, en el ascensor su saludo es más lento y el mío también. Es un amor que no se toca.

Blanca Quesada

Yendo hacia la democracia

SALVADOR DALI (1904 – 1989) Democracia y economía

—¿Papá, papá dónde estamos yendo?

—Estamos yendo hacia la democracia. Pero cuidado que el camino hacia la democracia está lleno de travesuras. Mira que primero debemos cruzar el mar de las iniquidades sin arenarnos en el desierto del conformismo, luego tenemos que trepar las  montañas del prejuicio y no perdernos en los laberintos del populismo. Ya superadas esas se puede vislumbrar, en los días más claros, la cara de la nueva sociedad. Lo más difícil es superar las ciénagas de la ignorancia. Sobre todo pon atención al barranco del pensamiento facha, que es donde frecuentemente caen todas las democracias.

—Vale papá he comprendido.  Me parece un camino muy duro, pero todavía merece la pena intentarlo. 

Estoy listo. 

¿Partimos?

Graziella Boffini