Fedra 2000

Hipólito y Fedra, obra realizada por Pierre-Narcisse Guérin en 1802

Su madre la había llamado Fedra.
—¿Por qué? —me preguntarán ustedes.
Podría contestarles que fue pasión por la tragedia griega, pero la verdad es que no lo sé.
Cuando la chica se convirtió en adolescente descubrió, no sin miedo, todo el peso de este nombre. Decidió que nadie controlaría su destino. Casarse, vivir una historia de amor, en el siglo XXI, era algo antiguado. Tendría los amantes que elegiría, guapos, quizás ricos, y ella se dedicaría a una carrera que veía prometedora. Trabajaba en el campo de la moda.
Tengo que decirles que, desde el punto de vista estético, no era perfecta. No muy grande, con poco pecho y ancha de caderas, tallada para dar a luz a muchos niños. Sin embargo, tenía una sonrisa hermosa y sabía cómo aprovecharse de todos los recursos que la moda y la cosmética moderna ponían a su disposición. Milo Manara no habría creado mejor personaje.
Charles fue el primero, un tipo guapo, sus amigas estaban celosas, pero todavía era un estudiante, con su vida y su carrera ante él y Fedra no quería esperar.
Unos meses más tarde le tocó el turno a Claude, un cirujano, profesión prestigiosa que garantizaba un buen nivel de vida, sobre todo cuando se tenía una larga experiencia. A Claude no le faltaba, quizás tenía demasiada. El caso es que no duró.
Theo le sucedió, un armador griego, no era Onassis, pero bueno. Era griego, eso habría tenido que llamar la atención a Fedra, pero las ventajas eran numerosas: viajaba mucho, sus ingresos eran importantes, frecuentaba la alta sociedad, tenía varios yates, …
El idilio se prolongó.
Un día, en Nueva York, conoció a Hipólito, guapo como un dios, oficial de marina, un Corto Maltés americano. No pudo resistirse y se lanzó a la conquista de ese adonis que el destino había puesto en su camino.
Sorprendentemente, cuando Hipólito supo su nombre, la rechazó.
No lo entendía, el amor del que negaba la existencia la cegaba, estaba desesperada. Incluso ella amenazó con suicidarse, esperando conmoverlo. El tiempo apremiaba, su rico amante estaba volando para reunirse con ella. En el aeropuerto JFK, Fedra se encontró con Hipólito y descubrió que también esperaba a Theo. Era el hijo que había tenido con otra mujer. Ella se adelantó y acusó a Hipólito de coquetear con ella. Theo estaba furioso.
En el hotel se pelearon, Hipólito tenía una pistola en la mano y disparó. Fedra se interpuso y murió en el instante.
El destino seguía siendo inexorable, la tragedia inevitable, los dioses despiadados no habían perdonado.


Jean Claude Fonder

Venus

A Iris

Se llamaba Venus, un nombre significativo pero que se encuentra raramente. Tenía una cita con ella en un bar del centro de Milán. No la conocía, habíamos quedado por Facebook. Somos «amigos», ella había insistido porque normalmente no me gusta aceptar las peticiones de amistad de personas que no conozco. No me interesa chatear a través de las redes sociales ni con mis verdaderos amigos. Ella quería escribir artículos para mis blogs. Estoy jubilado, y he creado lo que podríamos llamar revistas digitales de interés cultural. Entonces había echado un vistazo a su página, Sin duda, teníamos muchos ámbitos de interés en común y sus textos me gustaban mucho. Ya tenía algunos colaboradores voluntarios que me ayudaban. Las revistas tenían un buen éxito y no podía realizarlas yo solo.

Estaba sentado en la terraza del bar, olía a primavera, el sol espolvoreaba sus primeros rayos y una extraña alegría reinaba en el aire. Con este nombre y las fotos que había visto en su página me esperaba un placentero encuentro.

— Soy Venus, usted es el señor Jean Claude.

Me di la vuelta sorprendido, una señora mayor, baja y menuda me sonreía detrás de sus elegantes gafas de sol negras con adornos plateados. Llevaba un extraño gorro, también negro que cubría toda la cabeza, pelo incluido, con sus pantalones y blusa del mismo color, y sus zapatos bajitos que recordaban las gafas, era muy elegante, una Greta Garbo, que en secreto venía para asistir a un espectáculo de La Scala. Me alcé y apreté ligeramente su mano, me parecía tan frágil.

— Llámame Jean Claude, te llamaré Venus como en Facebook.

Empezamos a charlar, le conté la historia de los blogs, las lineas editoriales, los colaboradores y el método de trabajo. Luego me enseñó sus borradores, basados en proyectos multimedia, textos, reproducciones, fotos, videos y música. Todo muy interesante, Venus era una verdadera artista en todos los sentidos de la palabra.

El calor estaba aumentando, ella se quitó el gorro. Me quedé estupefacto, era Nefertiti sin su tiara, el craneo rapado y dos enormes pendientes blancos y negros encuadraban una cara en la que los ojos, la nariz un poco aguileña y una boca ligeramente carnosa diseñaba facciones perfectas que la rejuvenecían enormemente. Entonces, ella se giró hacia la maleta con ruedas que traía y se inclinó para coger otras carpetas que estaban dentro. Su blusa se levantó un poco, descubriendo su espalda y dos hoyuelos de Venus enloquecedores.

Era ella, era Venus misma, que quería conocerme, la encarnación de la mujer perfecta. Fue el inicio de una larga y maravillosa colaboración. Más tarde, cuando la conocí mejor, supe que Venus era su apodo artístico.


Jean Claude Fonder

El silencio

Como cada vez, algo rompe el silencio: alguien que tosa, un grito fuerte y aislado: «bravo», o un triste y moderno aplauso con gritos agudos obligados. 

El director frustrado baja las manos y voltea hacia el público para recibir una ovación, merecida e inculta. El canto de la soprano y las últimas notas del corno inglés nos habían levantado a una zona insólita y límite entre sueño y realidad con los nervios ópticos despiertos. Teníamos que vivir la música de nuestra alegría celeste. En silencio.

Pero Mahler está muerto, gustar el silencio está inalcanzable, aplaudimos porque es él. El populismo ha conquistado hasta la música. Sin sonorización el mundo es inconcebible…

Fin de la transmisión: ¡Publicidad!!!


Jean Claude Fonder

«Le chemin creux»


Esa mañana decidí ir a dar una vuelta por el campo de batalla. Vivía a pocos kilómetros de él. Tomé mi bicicleta y por pequeños caminos, incluso algunos apenas esbozados a través de los campos, me encontré en poco tiempo cerca de la granja de la Belle Alliance contemplando la “morne plaine“ (lúgubre planicie) como la llama Victor Hugo.

El tiempo era perfecto, había llovido durante la noche, pero esta mañana el cielo era límpido y el sol ya atravesaba despiadadamente la ligera niebla que flotaba sobre las grandes extensiones de tierras apenas sembradas, entrelazadas de terrenos donde ya dominaba el verde. Era como un gran tablero de ajedrez ondulado, poblado aquí y allá por las granjas históricas de la batalla, y tachado por algunos setos o por una línea de árboles que denotaba la presencia de un camino. 

Un “chemin creux” (camino encajonado), yo conocía uno que me llevaría al otro lado del campo para disfrutar de otro punto de vista. Una maravilla, un verdadero túnel verde sombreado y perfumado que parecía aislarte definitivamente del resto del mundo. Me alisté en bicicleta a mano, con cuidado, el suelo todavía era esponjoso.

De repente un ruido terrible e inesperado desgarró la serenidad de mis pensamientos. Un jinete equipado como un acorazado francés, acababa de atravesar la muralla verde que bordeaba el camino y no sin esfuerzo había alcanzado al otro lado, pero inmediatamente otro siguió y se estrelló en esa zanja inesperada. Pronto todo el encierro del camino hueco se llenó de caballos y jinetes inextricablemente amontonados. Se oían las ráfagas de disparos de metrallas que acababan con este regimiento en derrota.

Parecía que la terrible y fraterna batalla se hubiera reanudado en Waterloo, Europa.


Jean Claude Fonder

Pompón Rojo

Pompón rojo, todos en la escuela le daban este apodo. Llevaba vaqueros azules índigo, un color que me inspira últimamente, un jersey rosa viejo, y zapatos deportivos blancos con una fina linea roja como el pompón. Chico o chica no importa, si lo hubiera llamado Caperucita ya estaría tachado de sexista.
Estaba atravesando el bosco para ir a visitar a sus abuelos y llevarles una torta. Su mama había preparado la pasta y su padre el relleno, o inversamente, lo que sea.
Caminaba silbando con alegría, cuando surgiendo del horizonte apareció un rumor ensordecedor y negro, era una poderosa moto montada por un personaje vestido enteramente de piel y con casco integral. Un inscripción en cima de la visera oscura amenazaba: «Los lobos». No se entendía si era un varón o una hembra, pero no es importante, o más bien lo es.
— ¿Adónde vas así cargado? —preguntó con una voz oscura y dulce al mismo tiempo.
— Al final del bosco, a la villa de mis abuelos.
— Está lejano. ¿Quieres que te llevo hasta allá?
— No, gracias, me gusta caminar, — respondió Pompón rojo. Sus padres le habían enseñado que un chico o una chica, no importa, no debía subir al vehículo de … una persona desconocida.
Él motociclista negro, dio una vuelta y desapareció rápidamente en la lejanía.


Jean Claude Fonder

Mundo naïf

Surprised HenriRousseau.1891

Tiempo atrás tuve la ocasión de visitar el Museo Internacional de Arte Naïf Anatole  Jakovsky de Niza -ubicado en el Castillo Sainte-Hélène, antigua residencia del famoso empresario perfumista François Coty-. Tengo que admitir que este museo era el último en mi lista de lugares para visitar en “Niça la béla”. Descubrirlo fue una agradable sorpresa. 

¿Qué sabía yo del arte naïf? Poco y nada. Que era un estilo cercano al mundo infantil.  Y en parte es así. El naïf es llamado también arte ingenuo, instintivo, pero eso no es todo. Es un estilo que se desarrolla a fines del Ochocientos, fuera de las corrientes estéticas y movimientos culturales de la época y ajeno a todo academicismo. De hecho, sus adeptos eran en su mayoría autodidactas, en muchos casos de origen modesto, quienes utilizando formas sencillas creaban mundos particulares, maravillosos, cargados de fantasía, visiones, simbolismos vinculados a la vida cotidiana y a la iconografía popular. Caso ejemplar fue la llamada “escuela de Hlebine”, uno de los primeros grupos de arte naïf a nivel mundial formado por campesinos croatas autodidactas que en los aňos treinta del siglo pasado comienzan a dedicarse a la pintura durante la temporada invernal de descanso agrícola. Sus obras evocan la vida rural: paisajes, ritos, retratos que adquieren el rango de arquetipos identitarios. 

En el Museo de Niza se exponen pinturas, esculturas, dibujos. Recorrer sus salas es descubrir la historia del Naïf desde el siglo XIX hasta nuestros días. Encontramos artistas como el pionero Henri Rousseau (1844-1910) llamado El Aduanero (Le Douanier), quien comienza a pintar durante las horas muertas de su aburrido trabajo en la Aduana de París; como Séraphine de Senlis (1864-1942), de origen humilde que ya entrada en los cuarenta y trabajando como criada inicia a pintar durante las  horas de descanso sus luminosas flores (la película de Martin Provost, “Séraphine”, narra su triste historia); como Antonio Ligabue (1899-1965) para el cual el naïf será el trampolín hacia un trágico y potente expresionismo; como los óleos pintados bajo vidrio por Ivan Generalić (1914-1992) o Slavko Stolnik (1929-1991), artistas de Hlebine. 

Esta corriente artística, que ha tenido repercusión internacional como lo prueban las obras de los brasileños Chico da Silva y Heitor dos Prazeres, de la argentina de origen alemán Aniko Szabo, de la mexicana Carmen Esquivel, de los anónimos pintores de ex-votos o de Isabel Martínez Ferrero madre del naïf español -para citar sólo algunos-, se caracteriza por la sencillez y la espontaneidad de sus figuras: formas idealizadas o fantásticas, uso de perspectivas alteradas o inexistentes, precisión de detalles, dibujo no siempre perfecto, búsqueda de armonía sin pretensiones reflexivas, uso de colores brillantes y de fuertes contrastes, gran impacto visual. El Naïf forma parte de aquellas artes definidas “populares” (primitiva, brut, singulier, folk, quilting, pop y demás) producidas por artistas no profesionales o fuera de las corrientes institucionales, si bien ha contado entre sus filas pintores como Gauguin y Frida Kahlo y tenga hoy un circuito propio de galerías y museos especializados. 

La vasta colección del museo nizardo se debe en buena parte a Anatole Jakovsky (1909-1983), critico de arte francés nacido en Chisinau, cerca de Odessa, y promotor a partir de los aňos cuarenta del arte naïf, quien en 1978 dona a la ciudad su importante colección privada.

¿Qué más decir? El lugar es hermoso, una residencia de dos pisos rodeada de jardines y muy cerca del mar. La colección sorprendente. El naïf un mundo original y rico de  sorpresas. En fin, si pasan por ahí no dejen de ir a visitarlo. Y si hacen una lista, no olviden ponerlo al tope.


Musée International d’Art Naïf Anatole Jakovsky: Château Sainte-Hélène, 23 Avenue de Fabron, 06200 Nice, France


Adriana Langtry

El sufrimiento

Las compañías
Germán Álvarez (Mendoza, 1968)

Un camino arduo, con fuerte pendiente, en medio de un bosque frondoso. Cada paso es difícil, necesitas el bastón para avanzar.

Una mañana, después de una larga y dolorosa noche, el sufrimiento tomó posesión de tu cuerpo. Estar tumbado en un lecho de dolor es intolerable; levantarse, enderezarse parece una empresa imposible. Al arrastrarte, conquistando cada centímetro, finalmente logras llegar al borde de la cama, entonces, en un esfuerzo sobrehumano, un gran grito te permite vencer el dolor y te levantas ayudándote con ambas manos. Sentado en el borde, esperas un momento para recuperarte, luego haces palanca con el brazo sobre el muslo más débil y finalmente recuperas la posición de pie. Un momento más para que la sangre baje por tus piernas, que están como paralizadas, agarras el palo que espera junto a la cama y das el primer paso.

Cada paso es una victoria, el siguiente será más fácil. Todos los gestos necesarios para levantarse son una batalla por la que luchar, a veces ferozmente: ir al baño, afeitarse, ducharse, curarse y finalmente, el más duro, vestirse. Se necesita tiempo, porque cada movimiento requiere una estrategia para evitar el dolor.

El desánimo es como una sombra negra que te sigue, al acecho de la menor dificultad, para desalentarte, para recordarte que esta situación puede durar. Cada año, con la edad que avanza, el dolor puede llegar a ser cada vez más difícil de soportar y finalmente llegar a convertirse en definitivo. Además, no es sólo tu cuerpo el que sufre, el espíritu también está obsesionado con el dolor. A veces esto puede llevar a un incremento de creatividad, pero en la mayoría de los casos obstaculiza el pensamiento y no deja espacio para ningún otro sentimiento.

El sueño, la imaginación, afortunadamente, es como una sombra blanca, que nos abre el camino de la esperanza, la ilumina con la alegría de crear.

Como estas palabras que me han inspirado el cuadro de Álvarez y el sufrimiento que me persigue en este momento.



Jean Claude Fonder

Plastic Bertrand

¿Conoces la canción “Ça plane pour moi,…” de Plastic Bertrand?  En español la llamaron “Genial para mí”, pero sería más correcto traducir por “Estoy planeando…”

Final de los años 70. Los americanos, bueno los anglosajones, están reinventando el mundo: música pop, publicidad, minifaldas, cabello largo, drogas, hippies, … Todo lo que se te pueda ocurrir.

El plástico también, por supuesto, la invención del siglo, sirve para todo, se puede usar y tirar. No necesitas devolver las botellas vacías, cortar el pan: todo está envasado, se coge y se paga. Además, con el plástico, podemos conservar y transportar todo. Podemos también vestirnos, no tenemos que planchar.

Te lanzo un desafío: Intenta comprar las cosas que necesitas sin que haya plástico en la confección. Y no me refiero solo a la bolsa que te dan o que te cobran para meter la compra.

En 1977, esta canción da la vuelta al mundo, se venden millones de 45 rpm, en vinilo, por supuesto. ¿Será el nombre del cantante, su traje rosa, su voz? En realidad no era la suya, era la voz del autor que, siendo tan feo, no hubiera gustado. No importa, incluso en vivo en aquel entonces el sonido estaba amañado, era la voz del disco que se oía. Por supuesto, sólo vendió un disco. 20 años más tarde intentó regresar, pero sin éxito y terminó como presentador de televisión hasta que un juez reveló todo. Todo incluso su nombre era de plástico.

¿Será un símbolo?

¿Y tú, has renunciado a la pequeña botella de plástico que tienes en tu bolso?

Jean Claude Fonder

La mujer de Casimiro

“Lo Prohibido” es el tema de la quinta bienal en el museo de  arte contemporáneo.

Como plagas de gente distinta, centenares de artistas plásticos inundan las calles y los rincones de la ciudad. 

Todos esperaban la llegada del gran Casimiro, compañero en la Escuela de Bellas Artes que se había ido en la Flota Mercante para Europa hacia 25 años…

Petronio, uno de los artistas y su mejor amigo, se encontraba en su taller, en las ruinas del primer hospital fundado hace siglos, concentrado con un maniquí de mujer que había vestido de monja para crear su obra de arte conceptual. Toda la noche duró Petronio en un juego solitario, lento-erótico con la monja,  cuya figura de madera articulada, le obedecía todas las poses inimaginables en una monja. Ya al amanecer del otro día, algo lo alteró, como si no estuviese totalmente a solas con la monja. Voltio a mirar una sombra a sus espaldas y ahí estaba…

—“Casimiro!!!” —gritó sorprendido y loco de contento. Un gran abrazo ahogó el prolongado tiempo. 

—“No lo había sentido… ¿Cuándo llegó?” —Arrobado de la emoción le preguntó.

—“Llegué de la Estación directo. Aquí traigo mi maleta de viaje. Hace cuatro horas los observo sin hacer ningún ruido…para no interrumpirlos, fascinado observando todo lo que usted hace que ella haga… lo erótico y prohibido para una monja…”.

—“No lo sentí llegar, me ha asustado….Siga, descanse. ¿Qué le provoca? ¿Cómo le fue del largo viaje? ¿Y Domitila su esposa?”  —Sin darle casi tiempo para responderlas todas. 

—“Nunca pude superarlo Petronio…sigo siendo muy tímido con las mujeres, no me atrevo a hablarles …he tenido muchas. Cuando envejecen, las reemplazo por otras. Me da mucha pena confesárselo Petronio…pues soy muy feliz con Domitila pero ella no es de carne y hueso. Está aquí adentro de la maleta. Mi esposa es una mujer de plástico, inflable y desinflable que me acompaña a todas partes…”.

Olmo Guillermo Liévano

El montón de plástico

Voy al supermercado para hacer un poco de compra con una bolsa de plástico, naranjas en una bandeja de polietileno envueltas en plástico, una botella de plástico de agua, tomates que parecen de plástico en una bolsita de plástico. – ¿Tenéis jabón perfumado en una bolsa de plástico con cremallera? – pregunto a la dependienta.

Delante de la fruta y la verdura hay un cartel que dice: utilizar el guante de plástico y poner los productos en los envases de material plástico biodegradable. Para los sistemas en uso de recogida y reciclaje de embalajes de materias plásticas, 0,02 euros unidad.

“El uso masivo de bolsas de plástico no biodegradable ha provocado una grave contaminación del medio ambiente” – leo en un periódico sobre la estantería – y sigue “Está prohibido el uso y distribución de las bolsas de plástico no biodegradable (bolsas con asas) por razones medioambientales. En algunos países se sirven los refrescos en bolsas biodegradables zip-loc  en lugar de vidrio y botellas de plástico o latas.”

Miro alrededor: basura para el reciclaje, cerveza “novedad” en botella de plástico, bebidas no alcohólicas en vidrio reciclable  dentro de cajas de material plástico; prendas interiores, calcetines, condones, auriculares, fundas de móvil, cerebros de vaca medio kilo, tampones emborrachados de ketchup; igualmente, debajo del plástico.

Saliendo imagino que miro a través de una bolsa de plástico en la cabeza, un nuevo mundo de plástico se ha abierto ante mí.

Luigi Chiesa

Plástico

—Mamá tengo que hacer un relato; el título es «PLÁSTICO» pero ¿por qué esta palabra en español es masculino, en italiano femenino y en inglés ni uno ni otro?

—Juan, el género no tiene importancia, lo que es más importante es saber para qué sirve este material, si se puede reciclar y sobre todo que está prohibido echarlo en mar porque los peces lo comen y  mueren.

—Mamá el profesor ha dicho que también los niños no siempre saben si son varones o niñas y que no tiene importancia ¿Es lo mismo que el plástico?

—Pues, sí Juan más o menos.

—Mamá pero yo quiero ser como papá, que le gustan todas las mujeres, tus amigas.

Leda Negri

¡Basta ya!

Este es un mensaje para la clase política mundial y los productores que parece no han entendido nada y siguen actuando de una manera irresponsable con respecto al asunto. Somos los nuevos indignados, somos los del Movimiento Rebelde 1A. Los peces de diferentes clases, tras reunirnos en mitin en las profundidades, cansados y asustados por la especie más peligrosa del mar -la botella, la bolsa y el envase de plástico- hemos constituido una Sociedad Colectiva denominada Sociedad de Fomento, sin fines de lucro, con un número de socios ilimitado y que tiene como objeto social el desarrollo de actividades en beneficio del conjunto de la comunidad de los animales marinos, la eliminación de los desechos de plástico del mar, el fomento de la toma de conciencia de los productores y consumidores. En cumplimiento de nuestra rebelión informamos que el 1A está recogiendo y restituyendo al ser humano, en todas las playas del planeta toneladas de plástico, para que deje de una vez por todas de pensar solo en intereses económicos y no se atreva a volver a utilizar como vertedero nuestro ambiente. Consumidores tenéis que ser diferentes, no indiferentes. ¡Dejad de ser clientes y sed ciudadanos del planeta! 

¡BASTA YA!

Para más información visite la página http://www.elplásticonomegusta@pez.océano 

Raffaella Bolletti

Como de costumbre

Thomas Cole The Garden of Eden, detail

—¿Pero por qué? —le pregunté a mi Padre mientras nos encaminábamos, como de costumbre, hacia el centro del jardín. La mañana era diáfana y los frutos resplandecían en los árboles como gemas preciosas en los escaparates natalicios. 

Como de costumbre Padre no contestó. Y mi hermano mayor, que me seguía por doquiera como un chiquillo, me dio un empujón a guisa de protesta. Escuché su muda queja: ¡eres ambiciosa, mujer!

Yo sólo quería saber. ¿Qué había de malo en ello? Pensar en que habría de transcurrir una existencia interminable en la monótona placidez de ese jardín me volvía loca. Conocía al dedillo esa prisión dorada que anestesiaba los sentidos.

¡¿Qué más podemos desear?! había exclamado ingenuamente mi hermano. 

—Por ejemplo entrar en las sombras del bosque— dije, indicando la mancha que como un mar oscuro rodeaba el parque convirtiéndolo en isla— abrir senderos, descubrir qué hay del otro lado.

—Es peligroso… —susurró el muchacho.

—Por ejemplo —proseguí mientras marchábamos, como de costumbre, hacia el centro— coger el fruto que cuelga del árbol que tú sabes.

—¡No! —gritó deteniéndose, las mejillas afiebradas por la excitación— nos lo ha prohibido. 

—¿Pero por qué?

—Dice que moriremos…

—¿Y qué es morir?—exclamé alzando la pregunta al cielo— ¡deseo sentir, saberlo!

Mi hermano calló. Con cortejo de pétalos y mariposas llegamos, como de costumbre, donde el árbol con sus ofrendas tentadoras.

La serpiente dormía. Padre, ausente. Aproveché la ocasión y mi hermano mayor, cachorro hambriento, succionó de mi boca trocitos de pulpa jugosa. 

¿Qué más decir? Cuando volvimos a mirarnos él era un hombre viril, yo su doncella. Escapamos de ahí. Aprendimos la añoranza. El deseo fue sol, mutó horizontes, trajo alegrías, fracasos, el dolor atroz, por fin la muerte. Y también a todos ustedes, hijos míos, suerte de eternidad.

Adriana Langtry

No te deseo…

GEORGY KURASOV (1958)

No te deseo nada maravilloso donde todo sea en apariencia increíble, increíblemente fantástico. Es un pensamiento infantil, utópico, obvio, una fantasía maravillosa que está fuera de mi alcance.

Te deseo que continúes mirándote, que sigas siendo la de hoy, malcriada, odiosa, totalmente pagada de sí misma.

Te deseo que digas siempre — No soy una zorra egoísta ¿Sabes? —

Que tengas amor propio para pelear y perder batallas, que te metas en un lío, en un pantano venenoso del que no puedas salir nunca.

Te deseo que tengas que aceptar concesiones humillantes que no te permitan los “no puedo” y que reconozcas los “no quiero”, y que estés obligada a lamer el piso de un baño público.

No te deseo que te digan la verdad más amarga de los demás que te consideran una mujer fácil que ha fracasado aceptando condiciones extremas indecibles.

Te deseo que no tengas la melodía del espíritu, que tengas lo que temes para no vencer el miedo y sobrevivir de una forma malvada.

Que no toleres tus manchas negras y que todas las noches sean un mal sueño despertándote aterrorizada y gritando con sudor frío.

Te deseo que no crezcas hasta donde y cuando quieras en un mundo encantado mimada por una vida fácil y confortable.

Te deseo que logres ser feliz, sea cual sea la realidad que te toque hacer frente abordando los problemas de la pobreza y la exclusión.

No te deseo nada.

Luigi Chiesa

Deseo egoísta (o sea cuento con auto-referencias que me convienen a mí)

Por favor votad mi cuento. Por favor votadlo.

Mi deseo es recibir en premio el libro de Frankenstein resuturado con el cuento de Valeria. Aquí en Milán es imposible de localizar, y a Madrid no puedo ir. No ahora, no con esa situación familiar en la que me encuentro. Por eso votad ese cuento así que yo pueda satisfacer mi deseo, o sea: recibir el libro en premio y leérmelo en verano, cuando ustedes estarán todos de vacaciones y yo aquí, sola sobre mi sofacito con mi libro por leer. A lado una jarra con agua fresca, yerbabuena y limón, yo estaría contenta; sería mi consolación por no irme de vacaciones.

De manera que:

Votad por mi cuento, por favor!

Votadlo.

Gracias.

En caso, después de habérmelo leído todo, el libro puedo prestarlo a quienes lo quieran leer.

Solo prestarlo, por favor, que soy egoísta y maniática.

Graziella Boffini

L0s deseos de Maria Lucrecia La Muerte y los de la tatarabuela de Palenque

Olmo Guillermo LLévano

Dolores Salinas, la más anciana de San Basilio de Palenque, con 103 años, agonizaba… 

Aparece en los cielos el pájaro Kajambá, avisador que la muerte se aproxima. La sabiduría de los más viejos identifican lo inaplazable del destino y su anuncio llega hasta los lugares mas apartados del planeta. 

Maria Lucrecia la Muerte, disfrazada de mujer, alta, canillona, costillas pegadas al cuerpo, burla un descuido de Evaristo Torres el palanquero mas anciano del pueblo con 98 anos que hacía de guardia, logrando llegar hasta su lecho… Al levantar el gancho para engarzárselo en la nuca y llevársela, la voz matriarcal decreta en lengua palanquera:

—“Así la quería ver Maria Lucrecia. De frente!!”.

—“Vuelva cuando me despida de mi último tataranieto!!”.

Sorprendida, refrenó su descomunal deseo de robarle la vida ante el mandato de esta formidable mujer que desde niña fuera curandera y profeta de su pueblo. Humillada, huyó Maria Lucrecia de la escena. La rezandera mayor aparece. La casa se transforma. Con golpes de tambor, empiezan los “bailes del mueto”. La población se moviliza…alrededor cantan, rezan, bailan. Las mujeres cocinando, en el espacio semi-sagrado. Jovencitas reparten “calderaos”…

En zona profana, compadres y músicos aportan novillas, dinero, licor. Juegan dominó, cuentan relatos mitológicos, chistes de doble sentido e historias cotidianas. Los rituales de muerte son liderados por las “cantaoras” durante los siguientes 365 días, mañana, tarde, noche y madrugada, hasta cuando el último tataranieto aparece con su joven esposa y su recién nacido a la madrugada… Ella descubre uno de sus henchidos senos de ébano que abarca con sus manos, aprieta su pezon y delicadamente deposita una gota de su leche materna entre los labios cadavéricos de la anciana, quien esboza una maravillosa sonrisa, en medio de cantos responsoriales en verso. Otras “cantaoras” contestan “que por fin pudo cumplir con su deseo de descansar y estar ya tranquila.” 

Olmo Guillermo Liévano

Hasta mañana

Un sabio dijo que la verdadera libertad consiste en desembarazarse de los deseos.

Marta durante años intentó con tenacidad atenerse aquellas sensatas palabras.

Vivía una vida serena. Disfrutando de lo que llegaba día tras día. Rehuyendo la inevitable tentación de cultivar sueños y deseos.

Pero, cuando ya no esperaba nada, llegó Gabriel.

Inevitablemente, casi sin darse cuenta, reafloraron los sueños y los deseos que había ocultado en un rincón de su alma.

La historia no fue muy larga, más bien, duró como decía Joaquín «como dos cubos de hielo en un whisky on the rocks» pero fue intensa y romántica.

Antes de dormir, Gabriel la llamaba y le deseaba las buenas noches diciéndole «Hasta Mañana».

Gradualmente las llamadas se fueron volviendo infrecuentes y al final se acabaron.

Lentamente la vida de Marta volvió a su costumbre. Pero la historia con Gabriel le dejó una huella indeleble, un deseo que antes no conocía. El deseo de oír cada noche las dos mágicas palabras «Hasta Mañana”.

Iris Menegoz

El deseo

Lo que más me hace sentir incómodo son sus pechos, largos y caídos, y el inverecundo  descuido de no ocultarlos, mientras jadeando se limpia delante del lavabo con una esponja. Querría alejarme, pero me llama otra vez. Mientras  le acerco la toalla, me pregunto cómo pueden ser esos los mismos pechos redondos que me encendían de deseo. 

Su mirada fosca resbala por los azulejos, me atraviesa. Ella coge la toalla con esos brazos blanquecinos,  me mira como si yo fuera el perchero y musita: — El sujetador. 

La ayudo a ponerse esa  prenda zurcida y descolorida y cierro los ojos, para no ver en qué se ha convertido aquel cuerpo que tanto deseaba, cuando la vida era vida, yo era hombre y ella era mujer.  

Le pongo un vestido ancho, que se le desliza por los hombros. 

Me mira y ahora me ve. — Quién es usted? —chilla de repente, cubriéndose con la toalla ahora que está vestida. —Váyase ahora mismo! 

No le digo que soy yo, su esposo: no serviría de nada. 

Llamo la enfermera y salgo. Huyo de sus cartas de caramelo tiradas por la ventana, del olor a podredumbre humana… pero también de mis piernas inútiles, de mis emociones marchitas como ciruelas pasas, de mis manos que no han perdido solo el deseo, sino también la ternura.

En el jardín no hay nadie. 

Y ahora sí lo siento, el deseo. Surge de mis vísceras como un espasmo oculto, que sube a través del estómago hacia la garganta y explota: un aullido animal, salvaje, inhumano, como inhumano soy yo, y esa enfermedad y todo lo que nos está pasando. 

Soy un lobo, una hiena, un animal herido en una trampa, y chillo, hasta volverme afónico…   O hasta que lleguen los dos hombres de bata blanca.

Silvia Zanetto

Ave Fénix

Empuja el deseo el deseo atrapa
Llama que quema escozor del alma
Calla el deseo el deseo corroe
Río silencioso que corre escondido
Subterráneo temblor grito ensordecedor
Ave Fénix el deseo aparece y desaparece
Muere el deseo sin morir
Piensas que tú eres tú 
Pero tú solo eres tus deseos.

Massimiliano Gaspari

Un pequeño deseo

Durmió muy poco, tiritando y despertándose a ratos, en la noche fría. Por la mañana se levantó en una cama desierta, deseando matar la almohada y destrozar las sábanas que olían a recuerdos, caricias, abrazos. Al abrir la ventana miró el bosque silencioso: allí estaban bajo un enfermizo rayo de sol. Ella con sus brazos desnudos, por ser invierno, temblando ligeramente como en un baile extraño, con su cuerpo, un tronco delgado y blanquecino que desataba una carga emocional, un imposible deseo de ser abrazado y poseído. Estaba él a su lado, con sus largos brazos como ramas llenas de hojas puntiagudas, deseando a través de un abrazo fundirse en su cuerpo liso. Por fin con la poderosa fuerza del deseo que todo lo mueve, logró doblarse lo suficiente como para rodearla con sus ramas. Fue entonces que se identificó con ellos, dos árboles, un abedul y un pino, imaginando un contagio de los dos mundos donde, precipitando en una espiral al revés, descendiendo a través de círculos cada vez más pequeños llegar al punto de origen, buscar la clave para realizar su pequeño deseo de que alguien la abrazara al despertarse.

Raffaella Bolletti