El sufrimiento

Las compañías
Germán Álvarez (Mendoza, 1968)

Un camino arduo, con fuerte pendiente, en medio de un bosque frondoso. Cada paso es difícil, necesitas el bastón para avanzar.

Una mañana, después de una larga y dolorosa noche, el sufrimiento tomó posesión de tu cuerpo. Estar tumbado en un lecho de dolor es intolerable; levantarse, enderezarse parece una empresa imposible. Al arrastrarte, conquistando cada centímetro, finalmente logras llegar al borde de la cama, entonces, en un esfuerzo sobrehumano, un gran grito te permite vencer el dolor y te levantas ayudándote con ambas manos. Sentado en el borde, esperas un momento para recuperarte, luego haces palanca con el brazo sobre el muslo más débil y finalmente recuperas la posición de pie. Un momento más para que la sangre baje por tus piernas, que están como paralizadas, agarras el palo que espera junto a la cama y das el primer paso.

Cada paso es una victoria, el siguiente será más fácil. Todos los gestos necesarios para levantarse son una batalla por la que luchar, a veces ferozmente: ir al baño, afeitarse, ducharse, curarse y finalmente, el más duro, vestirse. Se necesita tiempo, porque cada movimiento requiere una estrategia para evitar el dolor.

El desánimo es como una sombra negra que te sigue, al acecho de la menor dificultad, para desalentarte, para recordarte que esta situación puede durar. Cada año, con la edad que avanza, el dolor puede llegar a ser cada vez más difícil de soportar y finalmente llegar a convertirse en definitivo. Además, no es sólo tu cuerpo el que sufre, el espíritu también está obsesionado con el dolor. A veces esto puede llevar a un incremento de creatividad, pero en la mayoría de los casos obstaculiza el pensamiento y no deja espacio para ningún otro sentimiento.

El sueño, la imaginación, afortunadamente, es como una sombra blanca, que nos abre el camino de la esperanza, la ilumina con la alegría de crear.

Como estas palabras que me han inspirado el cuadro de Álvarez y el sufrimiento que me persigue en este momento.



Jean Claude Fonder