Latino

Era un animal imponente, era enorme, un pastor alemán, de los que se usan en las películas o en las series. Vivíamos en el campo, una casa con un gran jardín y una piscina. Tenía que vivir fuera, necesitaba espacio, debía poder correr, entregarse, ladrar, jugar.

Era hermoso, joven,  de pelo negro y brillante, dos perlas marrones oscuros le daban una mirada como la de Rodolfo Valentino. Los niños lo adoraban.

Y él también los adoraba, era indispensable en medio de ellos, sus juegos eran interminables. Incansable corría tras la pelota que le lanzaban, la traía de vuelta y la depositaba en el pie del lanzador. Respiraba con un pequeño sonido suplicante y echaba una mirada lánguida que quería decir: «otra vez».

También era dulce con los más pequeños, se acercaba precavidamente para dejarse acariciar como un gran juguete de peluche. Y también protector: si alguien que no le gustaba se interesaba demasiado por el niño, él mostraba los dientes emitiendo un gruñido amenazador. 

Una vez que la pequeña Sophie jugaba en la piscina, se dio cuenta de que no hacía pie. Ella comenzó a luchar y a gritar desesperadamente, él no dudó ni un momento, se lanzó al agua, nadó hasta ella para que pudiera agarrarse a su collar y la remolcó hacia la pequeña profundidad. Salieron del agua y la pequeña corrió a refugiar su miedo en los brazos de su madre, él se sacudió de su agua y me miró buscando una aprobación.

— Latino, mi buen perro, ¡ven aquí! — digo con una sonrisa. Y, todavía mojado, lo tomo en mis brazos.

Jean Claude Fonder

Latín

Milan, 1955. Quinto y último año de escuela primaria.
Para terminar la escuela obligatoria tenía que elegir entre dos trienios. La "escuela Commerciale " y la "escuela Media". La primera dirigía hacia un trabajo, la segunda hacia la continuación de los estudios.  
Yo sabía, por ciencia cierta, cuál era mi destino.
En la escuela “Commerciale" habría aprendido estenografía, dactilografía, contabilidad y un poco de francés. Herramientas básicas, que me habrían abierto las puertas a un modesto mundo de trabajo.
Nunca pensé seguir estudiando. Trabajar para ayudar a mi familia era un orgullo, no una pena.
En la “Media” estudiaban el idioma de los latinos, de los Romanos, el “Latín”. Una lengua mágica, secreta, inútil que despertaba en mí una rara atracción. Me preguntaba.
¿Por qué aprender una lengua que teóricamente no sirve para nada?
Pensé que sin duda ello ocultaba una clase de extravagante privilegio que solo unos pocos afortunados podían disfrutar.
¡A mí diez años, por primera vez, me di cuenta que el mundo tenía dos caras!
Iris Menegoz

Magia latina

El amanecer ya se asomaba. Habíamos leído toda la noche, acompañados por las gotas incesantes de lluvia que golpeaban el vidrio de la gran ventana que daba al hermoso jardín, la pasión de su esposa hasta el mismo día de su muerte. Desde que ella se fuera, mi padre ya viudo enmudeció y acercándose al siglo, no se volvió a mover, enraizado igual que un árbol sembrado en su asiento de siempre del comedor de la casa, donde se la pasaba leyendo a todas las horas, sus centenares de libros buscando en ellos algún  rastro de ella. 

El  turno esta vez fue para “Cien años de soledad” y no le perdió una sola coma…Yo lo acompañaba leyendo otro, atento a lo que se le ofreciera. Pero él no pidió nada. Ni un vaso de agua o un café, que antes tanto disfrutaba. 

De repente gritó pronunciando varias veces mi nombre. De un salto y con el corazón atragantado en mi garganta, estuve a su lado para auxiliarlo… Las letras de las palabras se le salían de las páginas como hormigas huyendo y él luchaba por  regresarlas. Sorprendido calculé como un ciego donde estaban regadas de a montones en la mesa, le ayudé a rescatarlas y con él, tratar de reordenarlas a velocidades planetarias. Centenares de pájaros de colores exóticos,  cacatúas, orquídeas y mariposas amarillas inundaban el espacio. Reconocí a Aureliano Buendía en medio de un campo de amapolas. Úrsula buscando a su hijo José Arcadio, la culebra pintada en su cuerpo seduciendo a una gitana para olvidar a la sensual Pilar Ternera. Le leí en voz alta. De las entrañas de su jardín milagroso como un anillo de bodas, ella había entrado para reunirse con él por unos instantes.

También comprendí porqué los latinos de América, amazónica, andina y caribeña, somos otra cosa.

Olmo Guillermo Liévano

Sueño latino

El hotel Latino estaba inmerso en un parque natural de pinos marítimos; tenía un patio con un jardín exuberante, una pequeña piscina tallada en piedra de lava negra y quemada, un claustro con azulejos en las paredes y se olía siempre un perfume penetrante de plantas y flores tropicales. El huerto, los frutales, el rincón de hierbas aromáticas, el rocío del agua, estaban rodeados de cortinas rompe vientos. Todo chiquito pero hermoso.

—¡Vamos al Latino! —normalmente se decía. Mi cuarto asomaba al interior; estaba decorado con varios objetos de países lejanos, máscaras de Bali, tótems de India, altares de rituales vudú cubanos, muebles étnicos de bambú y cuero.

El latino era más parecido a un chiringuito de madera que a un edificio. A la cafetería llegaba cada día un niño que hacía cualquier cosa con hojas de caña de azúcar cruzadas. — ¿Qué quieres? —me preguntó, mirándome con sus grandes ojos negros. 

— Hazme un saltamontes —respondí. En diez minutos con los deditos de sus manitas hizo el bicho. 

— ¿Cuánto vale? 

— Lo que quieras. 

Le di un poco de dinero, probablemente lo que ganaba en un mes, a juzgar por su mirada sorprendida.

Mientras estaba tumbado perezoso en mi cama con la puerta abierta, se abalanzó de repente una muchacha mestiza de unos 15 años, guapa, pelo negro rizado, con un cuerpo longuilíneo y pequeños senos.

— ¡Tengo hambre! —Me dijo tratando de desnudarse restregándose sobre mí. 

— ¡Por favor niñita, quítate! Allí en la nevera hay un poco de comida. 

Me di cuenta de que quería pagar.

Lo que te deja siempre el Latino aparte de sorpresas y hallazgos impactantes, es un sabor amargo en la boca, que no es el mismo que el del “spritz Campari” que se disuelve poco tiempo después.

Luigi Chiesa

Latino

Te echo de menos mi querido Latino. Hace años que no nos encontramos. Era yo una estudiante liceana, tú un universitario. Me conquistaste de inmediato la primera vez que me fui de vacaciones sola. Me recibiste y me rodeaste con tus brazos, compartimos la vivacidad de ser jóvenes, las risas, la rebeldía, la vibrante sensación de alegría que se respiraba por toda parte en el entramado de pequeñas y encantadoras calles con las cafeterías, los cines, las pequeñas librerías, los teatros, Fue fácil enamorarse de ti, del derecho a soñar que teníamos los jóvenes. Volví a encontrarte unos años más tarde. Ya había acabado mi carrera escolar. Y tú, terminados los días de las barricadas y los movimientos estudiantiles del 1968, parecías haber perdido el espíritu revolucionario, cambiaste mucho, ya no eras el mismo. Te habías vuelto en un pequeño burgués, pero tu encanto seguía intacto. 

¡Te echo de menos Barrio Latino!

Raffaella Bolletti

Nueva

Nos besamos en la estación, rodeados por una muchedumbre invisible.
Con el agua bendita de tu saliva me bautizaste. 
Yo era nueva. 
Nueva como la luna negra.
Nueva como un asombro. 
Nueva como una nena la noche de Reyes.
Lloré cuando el tren, indecente babosa roja, se alejó dejando detrás su baba de plata

Iris Menegoz

Nueva

Mis ojos se van acostumbrando a la penumbra. Llevamos unos diez minutos en el bar y ya puedo distinguir a Marcos en la barra. Lo atiende una melena rubia. Desde aquí no puedo ver más. Me vuelvo para hablar con Guillermo, acabo de conocerlo y su opinión cuenta, porque es el mejor amigo de Marcos. En ese momento le suena el teléfono. Guillermo me sonríe a modo de disculpa. Me arrebujo en la chaqueta de cuero nueva. He tirado la casa por la ventana, porque Marcos es la bomba. Guillermo toma la precaución de leer el nombre en la pantalla antes de contestar. «Me tienen frito», dice buscando mi complicidad. Paula (yo también he leído el nombre) no debe de ser la causa de ese molesto chisporroteo, porque responde inmediatamente. Tiro con torpeza de las mangas de la chaqueta nueva y me vuelvo hacia la barra. Inclinado peligrosamente sobre la barra, Marcos sigue charlando con la melena rubia, Me abrocho un botón de la chaqueta. «Es nueva», oigo que dice Guillermo. «No, no es Isabel, riñeron hace una semana, esta es nueva». Comprendo que se refiere a mí y no a la chaqueta: Isabel es la antigua novia de Marcos. Lo de la semana lo aclararé más tarde, espero, porque hace cuatro que conocí a Marcos en la tienda donde vendo prendas de cuero. Entró a comprarse un cinturón y mientras pagaba me dio su número de teléfono en un pedazo de papel. Lo deslizó por el mostrador. Igual que está haciendo ahora. La melena rubia ha estirado un brazo para coger el mensaje, que ahora hace resbalar por la barra. Reconozco el gesto. Irritada, me levanto de golpe y hago ademán de marcharme. Guillermo me detiene. «Espera, llevas una etiqueta colgando». Me agarra la manga derecha y tira.

Patricia Orts

I have a dream

Yo también tengo un sueño.

Un sueño que contiene todos los sueños.

Un sueño que no quiere perder nada de nuestro pasado.

Nuestros libros, los que leímos, consultamos y todos los demás que nos rodearon, confortaron.

La mesa maravillosa, que se puede configurar como quieras, donde hemos trabajado, conversado, festejado, recibido autores inolvidables.

Un sueño que quiero compartir con todos los usuarios, los compañeros, los amigos que la frecuentan.

Un sueño que está en manos de nuestra hada, nuestra hechicera bibliotecaria Ana. La que  todo empezó, desarrolló, diversificó, encantó… 

Ya lo sé, como el ave fénix, la sabrá recrear más hermosa, más concurrida, más rica… Un sueño, el mío: la nueva biblioteca Jorge Guillén.

Jean Claude Fonder

La llave

—¡Hay una nueva llave del portón! —me dijo el portero cruzándose conmigo en el zaguán. 

— Muchas gracias, ya la tengo –  respondió una muchacha detrás de mí. 

— ¿Quién es? —le pregunté a Anizio, mientras estaba limpiando los picaportes de bronce. 

— Tu nueva vecina.

– ¿Vecina? —Pensé, una mujer tan hermosa no es posible, la miraba por detrás mientras se alejaba. Pantalones cortos de ganchillo, suéter rojo ajustado, alta, pelo largo, morena, paso delicado y seductor. —¡La primera aparición de Nuestra Señora de Fátima! —el conserje soltó una carcajada en el patio.

— Tengo que cambiar toda mi vida —, estaba pensando para mí; una vida nueva, una buena pinta nueva, toda la “onda” de vanguardia, una habitación nueva renovada; la llave nueva debe ser cosa del destino. Una puerta nueva que se abre a un nuevo sitio; es hora de dejar todo atrás empezando un nuevo camino ya.

Hay que jugar todas las cartas con la vecina también. Mi vida siempre ha sido aburrida, sin pena ni gloria, y sin de subidones de energía.

A las tres de la mañana suena el timbre del interfono. Asustado, medio dormido, mientras estaba teniendo una pesadilla, respondo.

— Soy yo, la nueva vecina, discúlpame,  he perdido la nueva llave… me llamo Alejandro, por favor ¿puedes abrir la puerta?

Eso es lo que buscan y desprenden, me dijeron; ese “look” femenino un poco andrógino que tenía, era el encanto de la llave ganadora, la “nueva” era un nuevo.

Luigi Chiesa

Nueva

Olmo Guillermo LLévano

Sucedió al medio día, cuando reunidos en círculo perfecto construido con retazos de nuestras vidas, Sofia, Francois, Emma, Antonela, Verita, Constantino, Eligia, Mariola, Aurelio y yo Zabulón, recibimos al ladrón que a traición había entrado por la ventana revolcándonos el alma: “teníamos que abandonarlo todo”. 

Consternados, constatamos que alrededor los colores habían desaparecido hasta de nuestras propias pieles y reinaba el negativo de una fotografía antigua. Cundió el pánico…                                                                                                                                                  

— Es una realidad. La última en salir seré yo, — proclamó Sofía, guardiana angelical del “bosque encantado” y sabedora de los secretos sellados en maravillosos dibujos que llamamos letras, que sobreviven milenios de hecatombes.

— Nadie abandonará el barco, rechacemos al enemigo, —protestó firme Constantino y Antonela valerosa se ofreció a enfrentarlo sola.  

— Estamos perdidos. Ahora qué va ser de nuestras vidas…, exclamó Mariola en un mar de amargura.

Aurelio, buen líder y con luz propia, llamó a la calma en un momento donde las palabras retumbaban, se nos enredaban  y nadie entendía nada… 

— Ya no hay tiempo. En segundos el acceso será clausurado. Aquí no volvemos, —sentenció Verita.                                                                                

… Uno a uno nos fuimos levantando cabizbajos, con excepción de François y Emma quienes ofreciéndonos emblemáticas sonrisas de tranquilidad y calma, guiaron cada paso nuestro hacia la salida, un túnel sin tiempo que penetramos, desembocando al instante en un nuevo mundo… Un espacio asombroso inundado de colores entrelazados… los amarillos azafrán, maíz, limón y oro con los rojos cadmio, remolacha, indio, rosa, fucsia, rubí, terracota, azules cielo celeste, jade, turquesa, púrpura violeta, naranjas, verdes bosque, esmeralda, lima, manzana…                                                                                                                                                                                                                     

Estaban todos. Una música celestial nos envolvía.

Nuestro mago alquimista y su sacerdotisa nos dieron la bienvenida:

— Les presento la nueva sede. Ella sigue siendo nuestra segunda casa y está a sólo diez pasos de la mía…

— En incontables ocasiones, había soñado lo mismo…

Olmo Guillermo Liévano

Nueva destinación

Los muros de la antigua fortaleza han sido apenas refrescados.  Encaladas las celdas, iluminados los estrechos corredores que no hace siquiera un siglo atrás llevaban de las mazmorras al patio central donde se levantaba el cadalso. Los desgastados terraplenes, consumidos un tiempo por el ir y venir de caballos, de  cañones y botas y luego de vehículos chirriantes, han sido  rellenados y  recubiertos con un pedregullo claro, casi blanco, que contrasta con las altas murallas incrustadas en los dientes oscuros de los Alpes. La nueva destinación prevé que la fortaleza se convierta en un polo de atracción turística, un centro cultural. Grandes carteles amarillos esparcidos por torres y desniveles indican ahora, sin posibilidad de error, direcciones obligadas: entrada, salida, punto bar,  ascensores, baños. Estos últimos, concebidos con criterio postmoderno dentro grandes containers negros semejantes a búnkeres.

Para rehabilitarla han recubierto la extensa pared del fondo, la de los fusilamientos, con una enredadera que recae sobre el foso, revestido de césped y bancos de madera, rebautizado “zona relax”. Los calabozos de la antigua prisión ahora albergan cuadros e instalaciones de artistas  contemporáneos. El gran despliegue de iniciativas forma parte de un proyecto mayor que se propone dar nueva vida a aquella que fuera en una época un laberinto infernal.

Y pudiera decirse que casi lo han logrado si no fuera por algunos hechos incontrolables que nadie sabe explicarse. Sucede a menudo que los visitantes vengan azotados por un tropel de ráfagas heladas que como escalofrío recorren las cavidades del baluarte. Sucede también que escapen asustados por los lamentos que,  como respiración entrecortada,  brotan de la piedra. Si no fuera por esto, la nueva destinación sería perfecta. Nadie habla tampoco del líquido morado que cada tanto destila de las grietas y que ningún encalado ha conseguido hasta ahora cancelar.

Adriana Langtry

Nueva vida4

Pensamientos, pensamientos, pensamientos…. aparecen en continuación, de día de noche, son responsables de mi escaso descanso nocturno. Una inquietud sin respuestas…

Todo empezó desde que Rodolfo ya no está. Murió en un accidente aéreo hace 5 años. Un avión de la Delta, vuelo n. 2015. Número que coincidía con la fecha del aniversario de nuestro matrimonio. Tenía que  llegar desde Nueva York el 2 de septiembre 2015 para celebrar juntos nuestras bodas de papel, primer año de matrimonio.

Rodolfo era el amor de mi vida.

Desde entonces vivo cotidianamente con un ansia que se refleja en una actitud de espera y prisa al mismo tiempo como si no tuviera tiempo.

No respiro casi, como si viviera en apnea.

Era un día como otro. Cinco horas de trabajo sin interrupción.

De allí corrí a tomar el tranvía, Tenía que hacer un montón de cosas antes de la noche. El tranvía me hizo esperar 20 minutos aumentando mi ansia.

De carrera fui a la tintorería, a la  peluquería, a hacerme la manicura….Todos preparativos para la noche.

Tenía una cita. Una primera cita.

Por lo general la primera vez se trata de ser perfectas!

Una cita con un hombre.

Mis amigas habían organizado todo.

Después de muchas decepciones, esta vez, me convenció aquella voz al teléfono. Su presentación escrita me había intrigado.

Llegué a la cita en metro.

Con miedo de llegar tarde los últimos metros los hice corriendo y diciéndome  a mí misma que tenía que cambiar algo en mi vida.

Desde lejos vi una figura masculina sentada en un banco de un parquecito leyendo un libro enfrente del bar donde nos habíamos dado cita.

Empecé a frenar. Me preguntaba si nos habríamos reconocido. Nos habíamos visto solo en foto.

Cuando llegué cerca del banco, él levantó sus ojos sonrientes y dijo ¡Hola! Reconocí la voz y yo también sonreí.

Me había calmado, la prisa me había abandonado, finalmente comenzaba a respirar después de un día de apnea.

Sentada en el bar uno frente al otro, sentí profundamente que era el inicio de una nueva vida

Myrna Gil Quintero

Nueva

Nueva edad de la piedra tras la

Nueva catástrofe amazónica. 

Nueva York y Pekín callan, asfixiados por los miasmas que rezuman sus cloacas. Mientras tanto, Siria, Yemen, Palestina, Latinoamérica y África agonizan en guerras viejas disfrazadas de nuevas. 

Por suerte, estamos nuevamente reunidos para leernos, reencontrarnos y hablar en nuestra bella tertulia.

Maria Victoria Santoyo Abril

Nueva

Decido viajar en solitario sin maletas <<llevo en mí todo lo que necesito>>, y sin billete de vuelta<<sé que no voy a volver>>, hasta flotar en un infinito muy lejano. Me llamo NUEVA como NUEVA es esta misión cuyo viaje todavía no ha acabado ni, de momento, tiene pinta de hacerlo. Queda un largo camino por recorrer. A través de nebulosas, cola de cometas, y estrellas en espera de ser bautizadas con nombres poco creativos, siento un telescopio espacial que me apunta: acaban de descubrir mi presencia.

Desde mi paradero extrasolar he visto la progresiva destrucción de la Tierra y la inquietud que ahora sacude al ser humano. Así que tengo que darme prisa para llegar pronto en ayuda de mi lejana gemela, chocaré con la Tierra y fusionándome con ella aportaré mis recursos. Me llamo NUEVA y por ser tal causaré un poco de tensión pero despertando también emociones y curiosidades. ¿Tendrá el ser humano la capacidad de empezar como si fuera un recién nacido aprovechando la experiencia adquirida y mi sacrificio?

Raffaella Bolletti

Nueva lección

 

Corrían las horas en el improvisado invierno, mientras una mácula en el infinito daba señales de delirio, prorrateaba el desconsuelo en los desconocidos y las hojas de los árboles se marchitaban sin realmente saber el motivo. 

El estrepitoso viento desanimaba las cuerdas vocales de cada individuo, porque el brutal clima antagónico no era concerniente al tiempo más bien parecía lacónico, insidioso y fatal.

Solemnemente me aprehendía a la opulencia de mi alegría y comenzaba a deambular sin pensar en las secuelas que esto podría causar porque no soy escéptico a las desgracias, así que la aflicción en mí no tenía lugar; más bien, soy obstinado con mi escrúpulo cerebral y soy falaz con lo que me hace mal, más bien me puse a deliberar con mi mansedumbre, obviamente sin alevosía porque a veces el soliloquio en mí es un ritual. 

Al final de la tormenta con una total ataraxia llegue a una razonable conclusión… extenuado digerí el soporífero y me fui a descansar. 

Dentro de este pequeño párrafo hay palabras que para ustedes tal vez sean muy comunes, pero para mí no, porque las ansias de alimentar el léxico de mi humilde cognición me invitan a buscar en el diccionario y cada día aprender una nueva lección.

Luis Alberto Prado

Plastic Bertrand

¿Conoces la canción “Ça plane pour moi,…” de Plastic Bertrand?  En español la llamaron “Genial para mí”, pero sería más correcto traducir por “Estoy planeando…”

Final de los años 70. Los americanos, bueno los anglosajones, están reinventando el mundo: música pop, publicidad, minifaldas, cabello largo, drogas, hippies, … Todo lo que se te pueda ocurrir.

El plástico también, por supuesto, la invención del siglo, sirve para todo, se puede usar y tirar. No necesitas devolver las botellas vacías, cortar el pan: todo está envasado, se coge y se paga. Además, con el plástico, podemos conservar y transportar todo. Podemos también vestirnos, no tenemos que planchar.

Te lanzo un desafío: Intenta comprar las cosas que necesitas sin que haya plástico en la confección. Y no me refiero solo a la bolsa que te dan o que te cobran para meter la compra.

En 1977, esta canción da la vuelta al mundo, se venden millones de 45 rpm, en vinilo, por supuesto. ¿Será el nombre del cantante, su traje rosa, su voz? En realidad no era la suya, era la voz del autor que, siendo tan feo, no hubiera gustado. No importa, incluso en vivo en aquel entonces el sonido estaba amañado, era la voz del disco que se oía. Por supuesto, sólo vendió un disco. 20 años más tarde intentó regresar, pero sin éxito y terminó como presentador de televisión hasta que un juez reveló todo. Todo incluso su nombre era de plástico.

¿Será un símbolo?

¿Y tú, has renunciado a la pequeña botella de plástico que tienes en tu bolso?

Jean Claude Fonder

La mujer de Casimiro

“Lo Prohibido” es el tema de la quinta bienal en el museo de  arte contemporáneo.

Como plagas de gente distinta, centenares de artistas plásticos inundan las calles y los rincones de la ciudad. 

Todos esperaban la llegada del gran Casimiro, compañero en la Escuela de Bellas Artes que se había ido en la Flota Mercante para Europa hacia 25 años…

Petronio, uno de los artistas y su mejor amigo, se encontraba en su taller, en las ruinas del primer hospital fundado hace siglos, concentrado con un maniquí de mujer que había vestido de monja para crear su obra de arte conceptual. Toda la noche duró Petronio en un juego solitario, lento-erótico con la monja,  cuya figura de madera articulada, le obedecía todas las poses inimaginables en una monja. Ya al amanecer del otro día, algo lo alteró, como si no estuviese totalmente a solas con la monja. Voltio a mirar una sombra a sus espaldas y ahí estaba…

—“Casimiro!!!” —gritó sorprendido y loco de contento. Un gran abrazo ahogó el prolongado tiempo. 

—“No lo había sentido… ¿Cuándo llegó?” —Arrobado de la emoción le preguntó.

—“Llegué de la Estación directo. Aquí traigo mi maleta de viaje. Hace cuatro horas los observo sin hacer ningún ruido…para no interrumpirlos, fascinado observando todo lo que usted hace que ella haga… lo erótico y prohibido para una monja…”.

—“No lo sentí llegar, me ha asustado….Siga, descanse. ¿Qué le provoca? ¿Cómo le fue del largo viaje? ¿Y Domitila su esposa?”  —Sin darle casi tiempo para responderlas todas. 

—“Nunca pude superarlo Petronio…sigo siendo muy tímido con las mujeres, no me atrevo a hablarles …he tenido muchas. Cuando envejecen, las reemplazo por otras. Me da mucha pena confesárselo Petronio…pues soy muy feliz con Domitila pero ella no es de carne y hueso. Está aquí adentro de la maleta. Mi esposa es una mujer de plástico, inflable y desinflable que me acompaña a todas partes…”.

Olmo Guillermo Liévano

El montón de plástico

Voy al supermercado para hacer un poco de compra con una bolsa de plástico, naranjas en una bandeja de polietileno envueltas en plástico, una botella de plástico de agua, tomates que parecen de plástico en una bolsita de plástico. – ¿Tenéis jabón perfumado en una bolsa de plástico con cremallera? – pregunto a la dependienta.

Delante de la fruta y la verdura hay un cartel que dice: utilizar el guante de plástico y poner los productos en los envases de material plástico biodegradable. Para los sistemas en uso de recogida y reciclaje de embalajes de materias plásticas, 0,02 euros unidad.

“El uso masivo de bolsas de plástico no biodegradable ha provocado una grave contaminación del medio ambiente” – leo en un periódico sobre la estantería – y sigue “Está prohibido el uso y distribución de las bolsas de plástico no biodegradable (bolsas con asas) por razones medioambientales. En algunos países se sirven los refrescos en bolsas biodegradables zip-loc  en lugar de vidrio y botellas de plástico o latas.”

Miro alrededor: basura para el reciclaje, cerveza “novedad” en botella de plástico, bebidas no alcohólicas en vidrio reciclable  dentro de cajas de material plástico; prendas interiores, calcetines, condones, auriculares, fundas de móvil, cerebros de vaca medio kilo, tampones emborrachados de ketchup; igualmente, debajo del plástico.

Saliendo imagino que miro a través de una bolsa de plástico en la cabeza, un nuevo mundo de plástico se ha abierto ante mí.

Luigi Chiesa