Viaje a España 2019 – sexto día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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SOS – SANGUESA – JAVIER – SOS
30 de abril de 2019, martes

Nuestra habitación en Sos del Rey Católico está en la sexta planta. En la séptima viven las golondrinas, así que por la mañana al asomarnos a la ventana tenemos la sorpresa de verlas danzar a nuestro alrededor y observarlas de cerca como nunca hemos podido.
Hoy volvemos otra vez a Navarra para visitar Sangüesa y me doy cuenta de inmediato de que los sangüesinos, son unos bromistas:

Te invitan a visitar el interior de iglesias y palacios para gozar de sus maravillas artísticas, pero casi todos están cerrados, desde San Salvador, que según me explican en la Oficina de Turismo está cerrada desde años, hasta la Iglesia de Santiago.
Afortunadamente podemos visitar el convento y el claustro de San Francisco de Asís, abierto solo para la misa y la media hora después, y la Iglesia de Santa María la Real, cuya fundación remonta al siglo XIII, como etapa importante del Camino de Santiago. Situada junto al puente sobre el río Aragón, tuvo también una función defensiva.
Lo más interesante es la portada románica que representa la lucha entre el bien y el mal y contiene hasta 300 imágenes.

PORTADA S.MARIA

Saco fotos, recopilo folletos en las oficinas de turismo, donde me plantean más preguntas de las que les hago yo a ellos – pero… ¿tan singulares somos los italianos por aquí? – pero sobre todo tomo apuntes: parezco uno de aquellos viajeros del siglo XIX, siempre llevando un cuadernillo en el bolso para tomar notas, en contra de la costumbre de nuestro siglo de pasarse el tiempo con la mirada fija en el móvil…
Por la tarde visitamos el Castillo de Javier, donde en 1541 nació San Francisco Javier, patrono de Navarra y de las misiones católicas, importante misionero en India y en Extremo Oriente.

CASTILLO DE JAVIER

El castillo nació en el siglo X y al principio solo fue una torre de vigilancia para defender el valle del río Aragón. Con los años el recinto se reforzó y en el siglo XIV ya era un verdadero castillo. La Basílica se añadió en 1901 tras la restauración del castillo.
Al límite entre Navarra y Aragón se encuentra nuestra nueva etapa: el Monasterio de Leyre, al que se asciende a través de una pintoresca carretera. El enclave pirenáico nos acoge con bosques de hayas, pinos, robles y carrascales, con los cuales hace perfectamente juego el conjunto medieval, cuyos orígenes remontan al siglo IX. La mayoría de los edificios que permanecen ahora son de los siglos XI y XII. Lo que más destaca es la cripta, que se considera el monumento pionero del románico hispánico occidental: nos entregan una llave para entrar, después de pagar cinco euros como fianza) y podemos visitarla a solas, encerrados en ella.
De la iglesia, lo que resalta es el portal, llamado la Porta Speciosa, del siglo XII.

MONASTERIO DE LEYRE

CRIPTA

El viento despeina a los pinos y los abedules, y también a mí, que estoy intentando escribir sentada en un banco al aire libre, contemplando la naturaleza, mientras la brisa me gira las páginas…
Al volver a Sos, por la tarde, podemos visitar el Palacio de Sada, donde nació el 10 de marzo de 1452 el rey que pasó a la historia como Fernando el Católico.
El palacio, que data del final del siglo XV, fue vivienda de la familia nobiliaria de los Sada y la casa
donde fue acogida doña Juana, para dar a luz al futuro monarca, por expreso deseo de la reina, que quería que su hijo naciera en tierras aragonesas.
Actualmente se ha convertido en Centro de Interpretación de la figura de Fernando II de Aragón.

Cuentapasos: 18.085 (km 10,85)
Temperatura 10-23 grados


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – septimo día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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SOS – PUENTE LA REINA – ESTELLA LIZARRA – S.DOMINGO DE LA CALZADA
1 de mayo de 2019, miércoles

Me cuesta desprenderme de Sos, de sus calles empinadas, del entorno natural y sobre todo de los vecinos de arriba: las golondrinas.
Pero la próxima etapa es uno de los lugares más emblemáticos del Camino de Santiago, el punto donde se encuentran el Camino de Navarra y el Camino de Aragón: Puente la Reina(Gares) . La ciudad debe su nombre a su monumento símbolo, el Puente Románico del siglo XI, construido para facilitar el paso del peregrinaje, por orden de una reina, doña Mayor o quizás doña Estefanía.

PUENTE LA REINA

La emoción de tocar con mis manos y pisar bajo mis pies esta piedra antigua por donde han pasado millones de peregrinos a lo largo de los siglos me acelera los latidos del corazón.
Y mientras admiramos el puente desde todos los lados, encontramos a un peregrino: un anciano señor muy simpático de Friburgo que nos pide que le saquemos una foto, así que entablamos una conversación hablando un mixto de italiano y de español: nos cuenta que recorre una parte del Camino cada año por tres semanas, siempre solo, y que esta vez ha empezado por Roncesvalles.
La Iglesia del Crucifijo desde el exterior parece una comunidad de vecinos… pájaros, por la gran cantidad de nidos que la ocupan: bajo los tejados podemos ver las golondrinas, sobre los tejados gorriones y palomas y en el “ático”, o sea en la torre del campanario, el nido de una cigüeña que al principio nos enseña el trasero, pero al final cede a nuestras plegarias y se deja sacar una foto. En el interior se puede admirar el Crucifijo, una hermosa talla gótica que, según la leyenda, fue donada a la iglesia por unos peregrinos alemanes que la habían llevado a cuestas durante toda su peregrinación.

AVES

IGLESIA

Terminamos nuestra visita a Puente la Reina con una comida rápida y bastante barata en uno de los bares-restaurantes frecuentados por peregrinos y turistas. Encontramos la sidra asturiana, que probamos por primera vez la primavera pasada en Oviedo, y tenemos la descabellada idea de beberla, aunque es de mediodía, así que cuando llegamos a Estella Lizarra me siento bastante aturdida y con dolor de cabeza. Además, hace sol y calor. Estella se extiende a orillas del río Ega; una parte de la villa, el Barrio de San Pedro de la Rua, que coincide en buena medida con el Camino de Santiago, ha sido declarada monumento nacional. Lamentablemente, podemos visitar solo el exterior la Iglesia de san Pedro, el Palacio de los Reyes de Aragón y la Iglesia de san Miguel, porque todos los edificios históricos están cerrados. Quizás sea la sidra que bebí lo que altera mis impresiones, pero en las calles y las plazas de la villa reina una sensación de pereza y somnolencia festiva, las tiendas están cerradas por descanso y algunas cerradas definitivamente.
Cruzamos el Puente de la Cárcel junto a algunos peregrinos fatigados que caminan con chanclas y volvemos al coche.

ESTELLA LIZARRA

Llegamos a Santo Domingo de la Calzada, nuestra penúltima etapa, a las seis de la tarde y vamos al hotel.

Cuentapasos: 13.756 (km8,5)
Temperatura 11-24 grados


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – octavo y noveno día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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S.DOMINGO DE LA CALZADA, S.DOMINGO DE SILOS, EL BURGO DE OSMA
2 de mayo de 2019, jueves

Santo Domingo de la Calzada debe su nombre a su fundador Domingo y a su razón de ser, calzada, en el camino hasta la tumba del apóstol Santiago.
Domingo era un eremita que en el siglo XI construyó aquí su eremitorio, trazó una vía entre Nájera y Redecilla del Camino y creó un pequeño pueblo, un puente y un albergue de peregrinos, hoy Parador Nacional de turismo. El burgo fue creciendo a lo largo de los siglos y en 1973 su casco antiguo fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico.

PLAN DE S.DOMINGO

No teníamos ni idea de que este año era justamente el Milenario del Santo. El cielo está nublado, hace frío otra vez, y otra vez saco de la maleta mi chaqueta de invierno. Afortunadamente el recorrido del casco histórico no es largo porque tenemos justo el tiempo para visitar lo imprescindible.

CATEDRAL

En la Catedral, de planta de cruz latina, lo más peculiar es el gallinero, de piedra labrada de finales de gótico de 1445 con un gallo y una gallina vivos de color blanco, recuerdo perpetuo del milagro del peregrino injustamente ahorcado, cuidados por la Cofradía del santo y cambiados cada 15 días. Intento no preguntarme qué le va a pasar a los dos pobres aves después de sus dos semanas de servicio, y me dedico a contemplar el Mausoleo con la cripta del Santo y el coro plateresco del siglo XVI.
Al mediodía dejamos Santo Domingo y nos dirigimos hacia la Sierra de la Demanda, un espacio natural protegido y comarca perteneciente a la cordillera Ibérica, y situada en las provincias de Burgos y La Rioja. Es por casualidad que descubrimos la encantadora Ermita de nuestra Señora de la Asunción en el pueblo de Alarcia, apartada del núcleo urbano, sin culto y en semi ruinas, pero con una cierta sugestión para el visitante, pero lamentablemente podemos ver solamente el exterior porque está cerrada. Y también por casualidad encontramos el agradable pueblo de montaña en el que decidimos parar para el almuerzo: Pineda de la Sierra, una aldea de 102 habitantes elevada a 1200 metros de altitud.

ERMITA

IGLESIA PINEDA DE LA SIERRA

Dos de los 102 gestionan un bar restaurante donde comemos. A nuestro alrededor sólo hay vecinos de la aldea, tomando aperitivo con patatas fritas, que nos ofrecen mientras esperamos la comida, luego nos desean “buen provecho!” y gozamos de una óptima comida bastante barata. Al final, la señora se ofrece acompañarnos a la iglesia y, como somos los únicos turistas, abrirla a propósito para nosotros.
Ladeamos el río Arlanzón, superamos el puerto del Manquillo, a 1400 metros de altitud, encontramos otra maravillosa ermita románica, la de Nuestra Señora de la Blanca, a Hoyuelos de la Sierra

HOYUELOS

Nuestra próxima etapa va a ser el monasterio de Santo Domingo de Silos, del que oí noticias por primera vez por mi profesor de literatura durante un curso de historia de la lengua española, por ser uno de los lugares donde se compusieron los primeros documentos escritos de la lengua castellana, o sea las “glosas silenses” (el otro lugar, San Millán de la Cogolla, donde se escribieron las “glosas emilianenses”, ya tuve ocasión de verlo durante un viaje precedente). Así que pienso contárselo al profesor a mi regreso, y ¡ojalá saque un “sobresaliente”!
El monasterio de Santo Domingo de Silos es una abadía benedictina situada en la provincia de Burgos (Castilla y León), todavía habitada por los monjes.
Lo más impactante es el claustro románico, centro de la vida y de la comunidad monástica.

CLAUSTRO

Hacia él convergen y de él parten los otros edificios del monasterio y todas las actividades del monje.
Arquitectónicamente, el claustro de Silos tiene dos niveles superpuestos: el claustro inferior y el claustro superior. El claustro de abajo es de dos épocas: las galerías Oriente y Norte son de la segunda mitad del siglo XI; en cambio, las galerías Poniente y Sur son del siglo XII. El claustro superior se construyó a finales del siglo XII. En el claustro inferior destacan los seis bajorrelieves.
Interesante es también la botica del Monasterio de Silos: los monjes, como creadores de cultura y servidores de sus hermanos los hombres, gestionaron en la Edad Media un hospital y una leprosería. De esta forma se familiarizaron con la botánica. De esta actividad aún se conserva una farmacia de principios del siglo XVIII (1705).
Lamentablemente, al final de la visita me doy cuenta de que no he podido ver las glosas silentes, así que pregunto por ellas a la guía… Pero ella me contesta que sí efectivamente se escribieron aquí, pero ahora se encuentran en Londres, en el British Museum. Me enseña una copia y me revela algo que me desilusiona mucho… o sea que tampoco en San Millán vi las auténticas glosas emilianenses, sino una copia… Así que, por esta vez, ¡me voy a olvidar de sacar un sobresaliente!
Nuestra última etapa antes de volver a Milán es El Burgo de Osma, un lugar no demasiado turístico y poco conocido que hemos elegido simplemente por su ubicación, porque nos viene cómoda una etapa aquí volviendo hacia el aeropuerto de Madrid… pero al final nos va a encantar.
Para empezar, nuestro alojamiento en Burgo de Osma es un hotel termal: lástima que hayamos llegado aquí a las 7 y media de la tarde, y mañana tengamos que volver a casa, así que no disponemos de tiempo para disfrutar de la piscina y de otras maravillas que serían perfectas después de una fatigosa semana de visitas… Pero después de la ducha me enfundo en un enorme albornoz blanco y perfumado, queya es algo.
El casco histórico al atardecer tiene mucho encanto y, después de la cena, nos enseña su cara nocturna más característica, con sus soportales animados por jóvenes, familias y… por un par de turistas italianos, que gozan de callejear admirando la muralla muy bien conservada e iluminada por las farolas amarillas.

BURGO DE OSMA

Cuentapasos: 15.203 (KM 9,20)
Temperatura 12-13 grados


BURGO DE OSMA- AEROPUERTO DE MADRID- MALPENSA
3 de mayo de 2019, viernes

Un débil rayo de sol a través de los postigos nos ilusiona al despertar, pero es un día gris y melancólico, que promete lluvia.
Sólo tenemos el tiempo para un breve paseo por el centro, donde nos sorprende la variedad de tiendas características, sobre todo de carniceros, pero también hay dulces, embutidos…
Pasamos por la plaza de la catedral, volvemos a ver la muralla… La última cigüeña, desde su nido sobre una torre de la casa concistorial, nos despide, enseñándonos de nuevo su trasero.

Las primeras gotas de lluvia empiezan a caer cuando casi hemos llegado al coche, y el rítmico chirrido penetrante de los limpiaparabrisas nos acompañará durante todo el viaje, hasta llegar al principio y fin de casi todos nuestros viajes por España: el aeropuerto de Madrid.


Silvia Zanetto

En la pantalla negra de mis noches en vela

La sala es grande, podríamos estar en Hollywood. Las sillas necesariamente rojas, la escena, los palcos y la galería en traje de luces, una inmensa arcada modernista alrededor de una pesada cortina roja, todo nos transporta a la capital del cine en sus años de gloria.

Estamos acurrucados la joven y yo en un rincón desierto, son apenas las dos de la tarde y la sala no está llena. La sesión dura tres horas con un intervalo en el que compraremos caramelos. Proyectan “West side story» y antes de eso una película de serie b, un western. El nombre no importa. No estoy aquí para eso.

Este mediodía, en el café que normalmente frecuentamos para jugar a las cartas mientras bebemos una buena cerveza, una chica que apenas conocía se me acercó y me ofreció acompañarla para ver este Romeo y Julieta a la americana. Estaba sola, su amiga le había dado plantón. Era guapísima, no dudé mucho.

La sala está sumida en la oscuridad, sólo las imágenes que desfilan por la pantalla nos iluminan a veces, cuando la escena se desarrolla a la luz del día. No veo nada, no oigo nada, me concentro en mis sensaciones. Siento que su rodilla se encuentra con la mía y no intenta escapar. Lleva una pequeña falda lo suficientemente corta como para no esconderme nada del fuselaje de sus piernas. Pongo mi mano en mi muslo a unos centímetros de la suya, tengo un árbol que intenta esconderse en mis pantalones. 

¿Qué hago? ¿Me atrevo o no? 

La miro. ¡Dios, que hermosa es! Se llamará Julieta. Le sonrío y le digo:

— Mi nombre es Romeo.

Jean Claude Fonder

Tarzan de los monos

— Si se porta bien, lo llevamos a ver “Tarzán en la selva” (…Tenía tres años cuando me llevaron a la selva a conocer a Tarzán). 

— ¡¡Incendio!!…¡¡Incendio!! —en plena película gritaron las voces dentro del teatro. La gente corría por todos lados como jugando al escondite… —¡¡La salida!! repetían otros…

— Agárrense duro de mi mano y no se suelten… —sentenció la niñera encargada de llevarnos, apretándolas durísimo hasta clavarnos las uñas con los dedos de las manos de ella.

—¡Hágale caso y cuidadito con soltarse! —me amenazó mi hermana. —“…Pase lo que pase, no vaya a berrear que aquí todo es bonito… hasta los gritos de Tarzan en la selva” … —me había fustigado haciendo fila para comprar las boletas. 

Dándole la espalda a la pantalla, del balcón salía un chorro de luz muy blanca y con ella mil dibujos de humo grisáceo y negro.

Sobrepasamos cuerpos pisados tirados que gritaban en el suelo e impulsados como catapulta, salimos como un rayo de regreso a casa. Ellas cómplices repetían “que, si queríamos volver a cine, no dijéramos nada”. Y yo, pensando en los gritos de Tarzan en la selva…

Con el tiempo y los años estos recuerdos me torturaban y se tornaron cada vez mas borrosos… quizás eran sueños o fantasías de infancia…al escuchar una conferencia sobre arquitectura republicana, mencionan el antiguo teatro cincuentenario que se había salvado de un pavoroso incendio hacía medio siglo, con muertos incluidos, calcinados y algunos aplastados… Levanté la mano. Pregunté la fecha. Hice cuentas…  Lo visualicé claramente. Comprendí absolutamente todo.

Hoy en la búsqueda de huellas y pistas para este relato, llamé a Australia a mi hijo menor, iniciado en el cine documental. Le pregunté si recordaba cuál había sido su primer incendio, su primera película.                              

—“Tarzan de los monos” … fue su respuesta.

Olmo Guillermo Liévano

Universo 13

El pequeño cine estaba situado en la esquina del callejón en el barrio “Riberiño” numero 13; tenía un letrero de neón un poco estropeado, con un chimpancé estilizado y el nombre México, pero todos lo llamaban Universo 13. Era un mundo aparte, como un planeta en sí mismo; abierto todo el día, cambiaba el vestido de acuerdo con la hora de las proyecciones y la edad de los espectadores. Por la mañana los estudiantes que hacían novillos y comentaban maliciosos y pesados a sus compañeras de escuela; la conversación desaparecía tan pronto como el telón subía. Era un escenario en el escenario, por delante y por detrás, una película se rodaba en la platea y la otra se desarrollaba en la pantalla. Por la tarde llegaban grupos de las casitas, ancianos, holgazanes, gente que quería calentarse en invierno o disfrutar del aire acondicionado en verano. La trama de la película no importaba, era un centro social donde la gente comía con poco cambio, fumaba en el baño, y los drogadictos tomaban narcóticos. Por la noche era la hora de los “prepagos”, jovencitas putas que hacían pajas o mamadas a un precio barato; era un período de tiempo peligroso, sucio y escabroso, también para los mariquitas que querían frotarse contra los chavalitos.

Hace poco tiempo había un cartel – «Después de 86 años de actividad, cierra el cine México, damos las gracias a todos los visitantes» – .

Me dijeron que acababan de abrir una pastelería muy vanguardista «fusión», con un cocinero «estrellado», muebles de parafarmacia aséptica y pasteles construidos al estilo de Nouvelle Cuisine.

Luigi Chiesa

El cine

Corrían las balas de aquí para allá y de allá para acá, los corceles se espantaban y dispersos escapaban en direcciones opuestas; a los malos  la emboscada les salió mal. 

El pueblo escondido y el mutismo fingido, enseguida el forastero entendió que algo andaba mal. Era un pistolero de aquellos muy audaz con una rapidez mental y manual, porque sus tiros eran casi perfectos de frente a la cabeza sin dudar, ¡Era genial! 

Todos estábamos gritando, arengando al bueno y diciendo en que parte estaban los forajidos en coro y sin meditar:

¡Ahí!, ¡ahí!, ¡allí!, una y otra vez sin cesar, mientras el avanzaba y cada vez que los malos iban cayendo nuestra felicidad se enternecía engañándonos porque la ficción nos parecía real.

El arrebol del ocaso se acercaba y la batalla se dilataba, porque ellos eran muchos más. De pronto, un tiro en el hombro hizo que Django se desplomase … El cine con el techo descubierto estaba repleto, aún así el silencio no se hizo esperar; todos pasmados a pesar de que el petricor de la lluvia rozaba nuestras narices, nuestra concentración era total.

Bueno ya no les cuento el final porque todos saben como terminaban las películas western, pero les puedo confesar que esa adrenalina infantil no lo volví a sentir ni cuando terminé la universidad.

Luis Alberto Prado

Viejos tiempos

Cada domingo por la tarde, salía de paseo con mi padre, siempre observando el mismo ritual, siempre con un rumbo que parecía establecido de antemano. Aquella fría tarde de un noviembre de hace muchos años, mientras la ciudad estaba envuelta en una espesa niebla gris, mi padre decidió dar un salto cualitativo en la costumbre del domingo y, en lugar de llevarme al zoológico (ya conocía yo hasta cuantos pelos tenía en la superficie de su cuerpo, cada animal) me dejó fuera de juego y me llevó al cine. Entramos a la sala por el pasillo central y tomamos asiento. A mí siempre me encantaba el brevísimo rato en el que la sala, al apagarse las luces, permanecía oscura. Huelga decir que yo, por ser niña, esperaba ver una película de dibujos animados, en cambio empezó la proyección de una de esas películas del oeste que tanto le gustaban a mi padre. Los Nativos Americanos, unos salvajes, representados como enemigos, sanguinarios y depredadores atacando la diligencia, a mí me caían muy bien, apostaba por ellos. Pero siempre llegaba la caballería y arrasaba sus tribus en una nube de polvo que parecía dificultar la respiración como la nube de humo que envolvía la sala, puesto que la gente solía fumar en el cine. Pensaba yo que hubiera sido lo mismo si hubiéramos dado un paseo en la niebla. En ambos casos el aire era irrespirable.

Raffaella Bolletti

Ocaso urbano

El día se iba hacia el atardecer. 
El cielo, renombrado por su gris, se dejaba pintar de un inesperado rojo carmín. En la casa reinaba un silencio relajante.
Ana, para gozar de aquellos últimos rayos de sol, y para descansar un poco, se sentó en la silla de mimbre en un rincón del pequeño balcón. El aire era dulce. El sol había cruzado el puente e iba poco a poco desapareciendo detrás de los últimos edificios.
Impresa en su mente tenía la imagen de un puente… sí de un puente, pero de un puente de madera… y una cara… sí una cara de un fotógrafo guapo y encantador.
¿Cuántas veces vio aquella película?
Lo suficiente como para aprenderse de memoria casi todos los diálogos y cada vez se dejaba conmover por aquel amor tan profundo, tan único, concentrado en cuatro días. Al final de la película se hacía siempre la misma pregunta.
¿Que hubiera hecho yo si hubiera estado en los zapatos de la mujer de la película?
La respuesta era siempre la misma. Habría optado por su familia, pero le habría gustado muchísimo vivir aquellos cuatro días y guardar el secreto durante toda la vida.
—¡Vieja loca romántica! —dijo Ana en voz baja! —A nadie nunca se le ocurrió hacer fotos a este triste "Ponte della Ghisolfa!.
Sonriendo cerró la puerta del balcón y empezó a poner la mesa.

.

Iris Menegoz

Cine

Una de mis primeras películas fue un romántico musical: “Camelot”, con Vanessa Redgrave y Richard Harris, ambientada en un idílico paisaje brumoso, envuelto en una niebla de ensueño. Triángulo amoroso, amor imposible y desesperado. Al final de la película, mientras me secaba las lágrimas, descubrí a mi acompañante, mi primo Rafael, que ¡dormía de plácido aburrimiento!

Muchas otras películas me han emocionado y divertido a lo largo de mi vida. 

Además de la trama, los actores entrañables, hay bandas sonoras inolvidables: la de “Lo que el viento se llevó”, “Casablanca”, “Psicosis” (la ducha terrorífica con Anthony Perkins al acecho), Ennio Morricone en películas del spaghetti western, de la mano de su amigo Sergio Leone. Inolvidable “El bueno, el malo y el feo”, “Érase una vez en América”, las partituras de Nino Rota para “El padrino” de Francis Ford Coppola…

¿Qué haríamos sin el cine? Lo importarse es no llevarse un lastre como Rafael… Es algo para compartir y saborear, como un plato delicioso.

Maria Victoria Santoyo Abril

Por lúdica pasión

“El juego es como una isla en medio de la vida del chico: esa es la felicidad.”

          (María Elena Walsh)

No recuerdo cuándo escuché por primera vez a María Elena Walsh pero no cabe duda que pertenezco a la primera generación de argentinos formada con sus canciones. Por si alguien no lo sabe, María Elena Walsh (1930-2011) fue una poeta, escritora, dramaturga, cantante y compositora argentina que a fines de los años cincuenta revolucionó la literatura infantil hispanohablante.
Lo que sí recuerdo muy bien es cuando mis jóvenes padres me llevaron por primera vez a un lugar majestuoso, una especie de catedral que llamaban Teatro, donde el duo “Leda y María” presentaba la obra para niños “Canciones para mirar.”


Corría el año 1962 y el teatro era el Municipal General San Martín de Buenos Aires, gigante de vidrio y cemento inaugurado solo un par de años antes y que se convertiría en uno de los centros culturales más importantes de Latinoamérica. El espectáculo, todo una novedad. Una obra que rompía con las monótonas y empalagosas producciones dedicadas al mundo infantil. Una especie de cabaret para chicos –canciones, disfraces, pantomimas, monólogos disparatados- creado e interpretado por María Elena Walsh junto a Leda Valladares, folclorista tucumana, musicóloga y cantante; duo que se había consolidado en París durante los primeros años cincuenta entonando motivos del folclore argentino en la bohemia de los cafés literarios y en el flamante Crazy Horse.
Fue en París que Walsh, poeta ya estimada por Juan Ramón Jimenez, comenzó a escribir canciones para niños readaptando a la lengua castellana los juegos lingüísticos y el nonsense de las antiguas nursery-rhymes.
En Europa, como dirá más tarde, María Elena redescubre su infancia. Para esta joven crecida en una familia de ascendencia inglesa, irlandesa y andaluza, la recuperación de la niñez nada tiene que ver con la nostalgia sino con el presente vital de la fantasía, de la creación, del juego. “Creo que la única felicidad de los chicos radica en el juego”, dice la artista arrasando de una vez por todas con ese mito azucarado que considera la infancia la edad de oro por excelencia, “ y, dentro de este contexto”, prosigue, ”el juego verbal y el musical son extremadamente importantes.”


Hay 25 pajaritos
encerrados en el pastel.
Hay 25 pajaritos
y una cucharada de miel.
El Rey está en la torre
contando monedas de oro.
El Rey está en la torre
con una lechuza y un loro.
La Reina está en el salón
comiendo pan con mantequilla.
La Reina está en el salón
con una corona amarilla
(“Pastel de pajaritos” M.E.Walsh, versión libre de “Blackbirds in a pie”)

La fantasía es el núcleo central de la obra de Walsh. Una fantasía que abarca el sinsentido, la irreverencia, la magia, la poesía, jamás lo truculento –como en los tradicionales cuentos infantiles- la intención pero nunca lo ilógico, algo inaceptable desde el punto de vista infantil. Escribo entre los chicos, solía decir la artista, no para los chicos.
De aquella lejana tarde en el teatro conservo emociones entremezcladas: alegría, grande expectativa y casi un temor reverencial por todo lo que se desarrollaba en el escenario: las voces cristalinas del duo quebrando el silencio de la sala al son de guitarra y percusiones, los coloridos disfraces de la pareja de actores que mimaban los textos. Un espectáculo sencillo y a la vez exuberante, poblado de personajes tan imaginarios como cotidianos que hubieran podido tranquilamente tomar el té con Alicia en el país de las maravillas: la hormiga Titina que con su sombrilla de flor amarilla camina con maña por la telaraña, la mona Jacinta que se peina y se peina porque quiere ser reina (“ay, no te rías de sus monerías”), la Vaca estudiosa que a pesar de ser abuela quiere ir a la escuela o la familia de polillas que por compasión de la oronda naftalina (“¡no la mates!, me da pena”) decide mudarse de ropero. Canciones que desmantelaban con desparpajo los estereotipos de la educación de la época y metían patas para arriba el mundo proponiendo perspectivas oblicuas, despatarradas, que sin pretende enseñar nada (la rebeldía de Walsh desdeñaba todo tipo de moralina) revelaban el aspecto lúdico y paradójico de la existencia.

“Me dijeron que en el Reino del Revés
nadie baila con los pies,
que un ladrón es vigilante y otro es juez
y que dos y dos son tres.
Me dijeron que en el Reino del Revés
cabe un oso en una nuez,
que usan barbas y bigotes los bebés
y que un año dura un mes.”
(El Reino del Revés)

Cuenta la historia que el espectáculo tuvo tanto éxito que los grandes sin hijos buscaban críos prestados para ir a cantar junto a toda la chiquilinada. En 1963 el duo estrena “Doña Disparate y Bambuco.” El mundo walshiano se puebla de nuevos personajes: el intrépido Mono Liso que “a la orilla de una zanja cazó vivo una naranja”, la tristeza de los castillos medievales “solos a la orilla de un río”, el deseo absoluto de Matías el Osito que quiere comprar un tiempo no apurado, todo lo que guardan los espejos, cuentos de la mano de una abuela y una pelota que haga gol. En esta obra aparece por primera vez uno de mis personajes preferidos, Manuelita la tortuga que, enamorada, decide marcharse a Europa “un poquito caminando y otro poquitito a pié” para hacerse embellecer.
“Tantos años tardó en cruzar el mar
que allí se volvió a arrugar,
y por eso regresó
vieja como se marchó
a buscar a su tortugo
que la espera en Pehuajó.”
(“Manuelita la tortuga”)

A partir de 1968 la artista se aleja del mundo infantil y pasa a escribir canciones para adultos que sin ser declaradamente de protesta como el contexto lo requería afrontan, en ese estilo franco y reservado que la caracteriza, temáticas candentes: la violencia del poder, la emigración, la relación conflictiva con la tierra natal. Estrena, ya como solista, el exitoso espectáculo “Juguemos en el mundo.” Muchos de sus temas -“Zamba para Pepe”, “Serenata para la tierra de uno”, “Como la cigarra”- entrarán en el repertorio de grandes intérpretes como Mercedes Sosa.

“Tantas veces me mataron
Tantas veces me morí
Sin embargo estoy aquí resucitando
Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal
Porque me mató tan mal
Y seguí cantando”
(Como la cigarra)

A lo largo de su vida María Elena Walsh publicará poemarios, cuentos para niños, artículos periodísticos (es famosa su nota “Desventuras en el País Jardín de Infantes” que en 1979 enfrenta a la censura de la dictadura), dos novelas en parte autobiográficas “Novios de antaño” y “Fantasmas en el parque” y una entrevista concedida durante su larga enfermedad a Gabriela Massuh y publicada en 2017 en forma de libro, “Nací para ser breve”. Ha recibido premios y reconocimientos internacionales como el del prestigioso Premio Hans Christian Andersen y su obra ha sido traducida en diferentes idiomas. A su muerte, por iniciativa de la fotógrafa Sara Facio, compañera de toda una vida, nace la fundación que lleva su nombre.

María Elena Walsh fue una voz anticonvencional en el panorama argentino y latinoamericano, una librepensadora que transformó la literatura infantil y puso alas a la fantasía de muchas generaciones de niños y adultos. Lo hizo como era su estilo, con inteligencia, elegancia e ironía, con talento y humildad, sufriendo también la censura, la discriminación, la distancia. Desde aquellos lejanos años sesenta sus canciones han entrado a formar parte del imaginario de generaciones y generaciones de argentinos. La mía, no cabe duda, fue la primera pero no será la última a seguir entonándolas, agradecida, no por nostalgia sino por obstinada y lúdica pasión.


Mercedes Sosa, Serenata para la tierra de uno: https://youtu.be/dIjGVX67-iA

María Elena Walsh, Antología para niños : https://youtu.be/-4-CgZMqBZI

María Elena Walsh, El 45: https://youtu.be/msc3HOyM82g

Mercedes Sosa, Como la cigarra: https://www.youtube.com/watch?v=wv_-kUkP998


Adriana Langtry

Flor

En latín: FLOS,  en español: FLOR, en francés: FLEUR,  en italiano: FIORE. Son palabras mágicas para nombrar un objeto maravilloso que puede durar desde una hora a varios días, nos dar un beso de belleza y a veces incluye un valor más: un perfume más o menos embriagador. Las infinitas variedades y colores han sido pintadas y fotografiadas sin fin. Una FLOR es lo que más se regala para expresar sentimientos variados, ¡es como una píldora de felicidad que no tiene igual!

Simonetta Ferrante………………..

La flor de mi jardín

Amapola, la flor del sueño

 

Hace treinta años pertenecí a la aviación de mi país, era paracaidista. Bueno, luego viajé a España buscando un mejor porvenir, lamentablemente las cosas no salieron como había planificado.

Sin un trabajo y sin un centavo todos los días iba a la iglesia San Antonio de La Florida, esperando que los parroquianos me regalasen una limosna, ya que vivía en las orillas del río Manzanares, en medio de unos matorrales.

Cubierto por mi triste agonía seguía bregando, miraba al cielo orando a Dios por encontrar un trabajo, pero lo primero que mis ojos confundidos miraban, era el teleférico que nublaba mi necesidad. 

Pasado el tiempo, mi necesidad principal ya no era el trabajo o regresar a mi país, simplemente era subirme en aquel bendito animal… ¡perdón! Teleférico.

Tantas veces tuve los increíbles 6 euros para subir, pero el licor podía más que mi sueño y por ende nunca puse empeño. 

Bueno hoy vivo muy lejos de Madrid y solo lo sabe Dios por qué nunca subí. Particularmente creo que fue una semilla que sembré solo en mi fantasía porque en la realidad nunca floreció debido a la mala hierba que existía en mi jardín cerebral, la cual me hacía tanto mal.

Luis Alberto Prado

La flor de Marita

En el pasillo, en la planta baja, pueden pasear los locos que los doctores no consideran peligrosos para sí y para los demás. 

Mauro tiene unos ojos azules que te atraviesan, y siempre pide dinero para cigarrillos. Abel lleva puesto todo el año un gorro que le llega hasta las gafas gruesas como fondo de botella. Manuela se para a secas cuando encuentra a alguien, y le repite “buenos días” mil veces, antes de irse tambaleando sobre sus zapatos rojos que intentan hacer juego con las medias fucsia y el bolso dorado. Marita, pelirroja como una cebolla dorada, lleva una flor falsa de las del cementerio en el pelo ya un poco desteñido.  

Hace cuatro meses que vengo aquí cada día, desde la última crisis de Alfonso. Poco a poco he aprendido a conocerlos, estos locos que tienen la suerte de estar menos locos, que pueden salir de su habitación. Alfonso no. Ya no… 

Hay días en que todo esto se me hace tan normal que puedo llegar a sonreír e intercambiar algunas palabras con ellos, y hay días en que no puedo más: ver al propio hijo aquí es demasiado para una madre. 

Hoy camino por el pasillo observando el suelo, evitando las miradas, me paro frente a la maquinita de café, inserto una moneda. Marita se acerca: “¿Me regala un café?” Está prohibido dar bebidas a los “huéspedes”, pero hoy no soy capaz de negarme. Silenciosamente le paso la tacita y pongo otra moneda en la máquina. Marita me lo agradece con un tal entusiasmo que rompo a llorar. 

—¿Qué le pasa, señora, puedo ayudarla? — me pregunta. 

Luego, se quita la flor descolorida del pelo y me la da. 

Silvia Zanetto

Flor

Esa mañana, como las otras desde hacía 2 semanas, Laura encontró sobre su escritorio una hermosa rosa blanca sin ningún mensaje. No conseguía saber quién podía habérselas enviado; non podían ser sus colegas porque tres estaban casados, y el cuarto odiaba a las mujeres, sostenía que eran culpables de todos los males de la humanidad. Decidió que a la mañana siguiente se despertaría a las cinco y para estar a las 6 en la oficina, para ver si descubría quién le mandaba esa hermosa flor. El día siguiente a las 6 estaba en la oficina, escondida en la oficina del jefe esperando. Un poco antes de la siete vio que quién le dejaba la flor – maravilla de las maravillas – era el colega que odiaba las mujeres. Entonces decidió preguntarle cómo él, que odiaba a las mujeres le regalaba una flor y por qué lo hacía a escondidas. Cuando la vio, se sonrojo come si se avergonzara. Le contestó que odiaba  a las mujeres con las que había tenido experiencias non muy simpáticas, pero eso antes de conocerla porque ella era distinta, él estaba seguro de que no era solamente hermosa de aspecto exterior pero también dentro. Tenía miedo de que ella se enojara y non quisiera verlo más y le pidió si aceptaba salir con él. Laura se conmovió y le dijo que sí. Hoy, dos años después, en un hermoso día de abril, entre otras flores que recibió por el nacimiento de su hija Valentina hay una flor especial, una hermosa rosa blanca con un mensaje: un beso y un abrazo a mi dos grandes amores. Sergio marido y padre super feliz.

Gloria Rolfo

Una flor engañosa

Flor de beso

Durante la noche hubo mucha humedad y la flor grande, exótica y bonita aún estaba salpicada por algunas gotas de rocío. Despertó y abrió sus dos pétalos color rojo purpúreo luciendo todo su esplendor, lista para ser lo más cautivadora posible. Un novato fraile paseaba en ese mismo jardín, atraído por una fragancia dulce e intensa que le llenaba la nariz. De pronto la vio sentada en el único banco, bajo el almendro. ¡Una mujer en el monasterio! Incrédulo se acercó y la miró, ella también le miraba. Era una mujer que aparentaba unos treinta años, hermosa, atractiva, con grandes ojos verdes y una boca expresiva de labios carnosos pintados de un rojo intenso. La fragancia embriagadora parecía desprenderse de ella. El fraile no se pudo resistir y la besó, pero de pronto descubrió que algo estaba cambiando en el rostro de ella, algo que le disgustaba. De sus ojos verdes salían unas pequeñas ramitas; su boca empezaba a cerrarse segregando un jugoso y muy pegajoso néctar. Se quedó atrapado por su mismo beso mientras ella le decía: 

—Me llamo Flor de Beso y tú eres mi alimento favorito. 

Poco a poco la mujer reveló lo que realmente era: una maravillosa y llamativa flor de una planta carnívora engañosa y asesina. El novato había caído en la trampa como un insecto.    

Raffaella Bolletti

La rosa de Giuseppe

Hace tres años, era el mes de mayo, encontré a Giuseppe durante una estancia de dos días en una finca afuera de la ciudad, convertida en un confortable hotel. Practicábamos taichí y danza terapia, todo el día en absoluto silencio.

Giuseppe llamó mi atención. Era alto, delgado, cutis moreno, mandíbula fuerte, labios carnosos, nariz perfecta, ojos profundos y mirada que te mata. Su pelo negro y espeso cruzado por hilos plateados, estaba recogido en una pequeña cola. Aprendimos a conocernos durante la comida y en la fiesta de la última noche de la estancia. Su voz era profunda, como si hablar le costara. Tenía un buen sentido del humor y reía con gran gusto.

Si «el amor empieza cuando no se espera nada a cambio» yo me enamoré al instante.

Nos encontramos después de las clases de taichí en el parque y asistimos a diferentes manifestaciones.

«No importa la cantidad del tiempo que pasamos con un amigo sino la calidad del tiempo que vivimos con él«.

Una noche de otoño, durante una cena, mi maestro de taichí, con voz llorosa me confió que desde hacía tres años, Giuseppe luchaba contra un cáncer en el cerebro. Falleció en el mes de noviembre. Tenía cuarenta años.

«Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer«.

Algunos días después de su muerte, nosotros, los compañeros de taichí y el maestro, nos encontramos en el parque. Sujetamos nuestras manos y pensamos en él, leímos poemas, hablamos del destino, de la amistad y, bajo un enorme árbol, plantamos un pequeño rosal. Durante todo el ano la cuidamos con cariño y en mayo floreció la primera y única rosa amarilla.

«Fue el tiempo que pasaste con tu rosa que la hizo tan importante«

Un día de invierno, pasando por el parque, vi que el enorme árbol que protegía nuestra rosa había sido talado y con él nuestra plantita.

Si es verdad que «Renunciar a todos tus sueños porque uno de ellos no se realizó» decidí que en primavera plantaría otra rosa.

En primavera fui al parque para decidir donde plantar la futura rosa. Acercándome al sitio donde estaba el árbol, la vi. ¡Rodeada y casi sepulta por trozos de raíces, nuestra pequeña planta había decidido combatir y renacer!

«No era más que una rosa semejante a cien mil otras. Pero la hice mi amiga y ahora es la única en el mundo«.

Nota: Las frases en cursivo pertenecen al Pequeño Príncipe de Antoine de Saint-Exupéry

Iris Menegoz

La flor del renacimiento

Desde la ventana de mi habitación sólo podía ver la pequeña terraza de un vecino con un jarrón y una hermosa flor sobresaliendo de él. La cama me tenía cautiva desde hacía meses debido a la parálisis en las piernas causada por la enfermedad que me había afectado. En mi condición de inválida, no podía moverme, el  único contacto con el mundo exterior, además del cielo, era la pequeña flor. Las estaciones se sucedían y cambiaban como ella lo hacía, en primavera era exuberante y fresca, en verano era calurosa pero palpitante de energía, en otoño era un poco melancólica y teñida de gris, y en invierno era fría y de colores apagados.

Mi salud no mejoró y se temía lo peor. Pero la flor siempre estaba ahí y me daba fuerzas para apretar los dientes y seguir adelante.

Desde mi ventana veía el sol que girando marcaba el paso del tiempo, la lluvia que a veces me animaba y la nieve  que acariciaba y protegía a mi pequeña amiga. Mi vida estaba con ella y ella era mi compañera inseparable, si se hubiera marchitado habría muerto con ella.

Un hermoso día antes del domingo de Pascua, mi madre entró en la habitación entusiasmada con los exámenes clínicos en su mano gritando de alegría: – ¡Estás curada! A partir de ahora puedes llevar una vida normal! –

Empecé a llorar, y después de unos días me levanté y fui a la ventana a ver el jarrón con la pequeña flor guardiana de mi vida.

Junto a él estaba el artista que estaba modificando el dibujo con temple.

Ahora era hermoso, de colores espléndidos, vivo, cegador; era sólo un cuadro en la pared, que el pintor modificaba día tras día para hacerme vivir con él.

Luigi Chiesa

Flor

En un caluroso día de junio, en un campo lleno de amapolas y acianos, nació un maravilloso lirio blanco, tanto la hierba como otras flores se volvieron hacia su lado para oler su delicioso perfume.

La flor se sentía un poco rara porque entre tantas flores rojas y azules solo ella era blanca, pensaba en cuánto su vida era corta y en que nadie la habría nunca mirado. Hablaba con otras flores que envidiaban su belleza y las veía marchitarse gradualmente.

Un día, cuando había perdido la esperanza, llegaron al campo tres niñas con su mamá y se pararon frente a ella para respirar su perfume y admirar su blancura; escuchando lo que decían, supo que cada flor tiene un significado, el suyo le gustó mucho: «si tu regalas un lirio a una niña o a una mujer, ella se sentirá una reina» y también decían que el lirio cada año vuelve a florecer.

La flor de repente se puse feliz y cuando la niña más pequeña la recogió para regalarlo a su Mamá, sintió un poco de dolor, pero supo que había hecho feliz a una mujer.

Leda Negri

La flor de Elsa

Sus padres fueron campesinos cruelmente asesinados por la violencia de la guerra partidista de los años cincuenta. Los cuerpos despedazados a machete, no pudieron ser enterrados y, diseminados por el tiempo, se fueron fundiendo con la negra tierra de la montaña y los verdes de su selva. 

Elsa Rodríguez era su nombre, inolvidable para todos… 

Muy lejos y por caminos de herradura mi padre tuvo que viajar a por ella para traerla a casa, como la nueva muchacha de servicio, que con los años se convirtió en parte de nuestra familia. 

Barnizado su cuerpo de bronce por el sol montuno, así la conocimos siete hermanos hombres más mi papá ya adulto y viudo, un total de ocho. 

Nos quedamos con ella y también ella con nosotros. Los días fueron pasando y el encanto compartido se fue mimetizando… Indolentes, la solicitábamos a todas horas y al mismo tiempo, transformábamos el aire dulce de su nombre en babilónico alboroto. 

No volví a pedirle nada convirtiéndonos en cómplices de pilatunas compartidas.

Un día la casa quedó totalmente sola, con nosotros dos adentro… Ella era muy joven y yo muy niño. 

Oí su llamado repetidas veces. Corrí a buscarla y ahí estaba Elsa sentada a horcajadas en el piso de su alcoba, con la falda arremangada sin que la cubriera nada. Me pidió que me acercara…  

—Niño venga mire. —me dijo con dulzura… Entre sus piernas aparecía el más hermoso bosque negro que con cada mano e infinita delicadeza apartaba para que yo viera lo espectacular de ese momento por ella descubierto para mi fuera… una fuerza invisible, desconocida y poderosa me atrapó… paralizado caí de rodillas con mis ojos sorprendidos muy cerca de lo que Elsa abría y me mostraba del abundante oscuro y suave, entre el asombro, el estupor y la fascinación nuestra, surgió respirando la más hermosa flor de pétalos rosados

Olmo Guillermo Liévano