Universo 13

El pequeño cine estaba situado en la esquina del callejón en el barrio “Riberiño” numero 13; tenía un letrero de neón un poco estropeado, con un chimpancé estilizado y el nombre México, pero todos lo llamaban Universo 13. Era un mundo aparte, como un planeta en sí mismo; abierto todo el día, cambiaba el vestido de acuerdo con la hora de las proyecciones y la edad de los espectadores. Por la mañana los estudiantes que hacían novillos y comentaban maliciosos y pesados a sus compañeras de escuela; la conversación desaparecía tan pronto como el telón subía. Era un escenario en el escenario, por delante y por detrás, una película se rodaba en la platea y la otra se desarrollaba en la pantalla. Por la tarde llegaban grupos de las casitas, ancianos, holgazanes, gente que quería calentarse en invierno o disfrutar del aire acondicionado en verano. La trama de la película no importaba, era un centro social donde la gente comía con poco cambio, fumaba en el baño, y los drogadictos tomaban narcóticos. Por la noche era la hora de los “prepagos”, jovencitas putas que hacían pajas o mamadas a un precio barato; era un período de tiempo peligroso, sucio y escabroso, también para los mariquitas que querían frotarse contra los chavalitos.

Hace poco tiempo había un cartel – «Después de 86 años de actividad, cierra el cine México, damos las gracias a todos los visitantes» – .

Me dijeron que acababan de abrir una pastelería muy vanguardista «fusión», con un cocinero «estrellado», muebles de parafarmacia aséptica y pasteles construidos al estilo de Nouvelle Cuisine.

Luigi Chiesa