Gracias al fotógrafo, “fueron felices y comieron perdices”

A las cuatro de la mañana timbró el teléfono… Nuestro hijo y en horario muy distinto al nuestro, nos llamaba emocionado.

— Les tengo la noticia del año: ¡Me caso mañana!! Encontré a la mujer de mi vida. Mi alma gemela. Ella dice lo mismo, que somos iguales, pronunciamos las mismas frases y al mismo tiempo… soñamos los mismos sueños. Nos parecemos en todo. Ya les mandé los pasajes. Nos encontramos al medio día, en el bar de siempre para que se conozcan y de allí, al matrimonio… a la Iglesia. Nos casa ni más ni menos que su Excelencia Reverendísima el Cardenal y Arzobispo Rubén Salazar Gómez, quien lo arregló todo para el día de mañana. 

Colgó enseguida, dejándonos asombrados y con la boca abierta.

— ¡Sin que él supiera nada, la encontró primero que nosotros!! —Gimió llorando mi esposa.

— Es una posibilidad entre millones. Nosotros al enamorarnos, también soñábamos lo mismo, Jacinta.

Quise recordarle…

Desde el mismo momento que la bebé, uno de nuestros mellizos recién nacidos fuera robada, la desesperanza buscándola por el mundo entero nos ha devorado sin poder dar con ella. 

Al hijo, jamás le dijimos nada para no joderle también el alma.

— Ellos nacieron con dos lunares rojos exactamente en los mismos sitios… Uno en el culo, en la nalga izquierda y el otro arriba de la rodilla antes de llegar a la entrepierna del otro lado. Filomeno los conserva. Si la novia fuera su melliza, también ella los tiene. Yo entretengo al hijo afuera mientras que mi gran amigo le toma fotos a las piernas de ella. Al mismo tiempo vas echándole el ojo, que si no le pillas el lunar, a Cartier-Breton no se le escapa nada.

Le dije vistiéndome de gala y de prisa por si fuera la nuera y no la hija.

Olmo Guillermo Liévano

1969 – La historia de una foto

La señora de mi lado me observaba un poco torcida, yo no la miraba directamente, sólo con el rabillo del ojo; ella me estaba haciendo una radiografía, yo estaba en el punto de mira de su rayo láser.

Su mirada por encima del hombro llevaba algo de desprecio, un ataque de envidia cuando me vio.

— ¿Qué estaba mirando a hurtadillas? ¿Mi minifalda mientras estaba tomando un refresco? ¿Qué estaba leyendo? Los periódicos eran diferentes, “Le Monde” no llevaba los mismos titulares de “Le Figaro” y ella bebía un “Pastis”. 

Quería decir a la vieja dama: 

— ¡Señora, los tiempos cambian, no todo el mundo puede permitirse una ropa descarada, inconcebible desde su mentalidad burguesa, y que usted nunca podrá llevar puesta!

Una imagen de aquellos tiempos, una narración en el cuento. Nos vemos más allá de la casilla recortada del revelado fotográfico; alrededor todo se desarrolla, todo cambia, antes y después del instante de las sesiones de fotos. Es como ver a través de la ventana y no poder asomarse.

La foto tienes que sufrirla, aceptarla, no puedes rebelarte contra ella, tampoco contra el autor que pasaba por allí y la sacó.

Esta es la historia de una fotografía que comunica algo, que te llama la atención, capturando ese momento irrepetible, para siempre, sólo con el clic de un obturador. Una excelente fotografía.

Pero es sólo una foto en blanco y negro, un poco pálida que desvanece cada vez más, cuando la dejas de mirar y la guardas en el cajón de tus recuerdos.

Luigi Chiesa

Por entonces

— ¡al diablo! —recuerda haber dicho mientras se dejaba caer en el asiento que flanqueaba las mesitas del bistrot. Aquella mañana la primavera entibiaba París y el aire, recuerda, era un vivero de brotes germinados. Poco antes había colgado la corneta del teléfono que compartía con los demás pensionarios. Estaba enfadada. Hablar con sus padres nunca había sido fácil, menos desde que había dejado el pueblo. 

Era tarde. Recuerda haber bajado al bar de prisa. Los cabellos sueltos. Se reconoce enfundada en ese vestidito de falda muy corta y en las altas botas de cuero. Era su atuendo. Lo usaba a menudo, también en las manifestaciones estudiantiles. Con ese vestido había conocido a Jean. 

Tenían una cita. En la espera intentaba leer el periódico, un ejemplar de Le Monde suspendido entre la mesita y la franja estrecha de tela que cubriéndole el regazo mostraba la desnudez de unos muslos por entonces torneados. Existía el futuro luminoso. Existía Jean. Era cierto, por entonces. Si sus padres lo hubiesen sabido habrían sancionado: un vagabundo. Habían pasado la noche juntos. Tampoco pensaban casarse.

— ¡al diablo!, —recuerda. Se reconoce en la joven que en la foto se mordisquea las uñas. Vuelve a oír la voz de mando del padre que ordena “¡Vuelve a tu tierra, a tu familia!”

Han fallecido. Observa con atención la imagen. Percibe el sentimiento ambiguo de aquellos días, mezcla de excitación y nostalgia. Vuelve a escucharse entonando “she’s leaving home”, la canción preferida. Y de pronto, repara en la mujer de la mesita de al lado que, en completo de tailleur con sombrerito, parece fulminar con la mirada a la muchacha. Una señora burguesa, una mujer mayor que observa, ¿envidiosa?

— al diablo, murmura. Y en un halo de compasión, inconcebible por entonces, repone la vieja foto en el cajón.

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Adriana Langtry

Diálogos silenciosos

Mujer:
Estoy leyendo el diario “Le Figaro” cuando de pronto en la cervecería se hace silencio. Interrumpo mi lectura y me fijo en la chica que ha entrado, esa que acaba de sentarse a mi lado, aparentando no verme. <Me acuerdo de ti. Cursabas el último año de colegio y asistías a mis clases de literatura. Parecías tan formal, con prendas clásicas y elegantes. Qué atrevida eres ahora entrando aquí llevando una minifalda provocativa, luciendo las piernas como si nada. Sentada con tal postura relajada, un poco indecente, con el periódico apoyado sobre la mesa. En realidad te tengo un poco de envidia.> Creo que, tal vez, no me vendría mal deshacerme de las formalidades, no respetar los códigos de esa antigua moral conservadora que acabó con mi energía, la que necesitaría ahora para expresarme con libertad.

Chica:
Al entrar la veo, está leyendo el periódico. Ni con un solo pelo fuera de sitio, como siempre, arreglada, encerrada en un traje de calidad, lleva un sombrero pequeño, el pelo corto y ordenado, la espalda recta. ¡Vaya!, me voy a sentar prácticamente al lado de mi ex profesora de literatura. <Sé que me estás mirando, un poco sorprendida o tal vez intrigada; seguro estás pensando que la estudiante que asistía a tus clases ha desaparecido para convertirse en una huelguista, que lucha por nuevos derechos como la igualdad, la liberación sexual. ¡Venga mujer!¿Cuántos años me llevas? Quizás unos veinte y tantos. Nunca es demasiado tarde, olvídate por un rato de los libros polvorientos y disfruta de los nuevos tiempos.  Tu mirada expresa que te gustaría. Alguien ha dicho que “una mujer es tan joven como sus rodillas”¿qué tal las tuyas? ¿Te atreverías a ponerte una minifalda?>

Raffaella Bolletti

La fotografía no es mía

Para poder opinar coherentemente he tenido que recurrir al internet y así poder tener una idea clara de quién era Henri Cartier Bresson.

Fotógrafo francés con una versatilidad única y pionera para su época en el cual no hacía falta los colores para darle un matiz profundo y polifuncional a sus fotografías con su cámara Leica la cual era su preferida.

Me viene a la memoria mi tío Pedro era el fotógrafo preferido de todo evento que se suscitaba en mi pueblo, tal es así que se enriqueció siendo fotógrafo. Cuando era muy joven yo lo veía como algo simple hasta que un día mientras el conversaba con su hijo dándole pautas como hacer una verdadera fotografía, entonces las antenas (orejas) se me alzaron y creí que era más fácil aún.

Tomé la cámara de mi abuelo una Kodak antigua que era muy pesante para mí; fui al río a tomarle fotos al agua cristalina, a las plantas que bordeaban ambas riveras y a las rocas esculpidas por la naturaleza. Termine un rollo de 24 fotos solo en aquel majestuoso panorama.

Días después fui a desarrollarlas a una casa fotográfica todo contento esperaba ansioso tener un excelente resultado.

La desilusión fue más grande que el entusiasmo, sinceramente ninguna foto me gustó, todas oscuras, y desperfectas, cegado en mi incapacidad no sabía a quién culparlo.

Como repito era joven aún, caprichoso e inmaduro intenté varias veces nuevamente, hasta que un día me di por vencido y entendí que: “El talento no se hace, se nace”

Hoy solo me queda aplaudir a este grande genio de la fotografía que en vida fue Henri Cartier Bresson. y felicitar a mi tío por su hermoso don que Dios lo concedió.

 

Luis Alberto Prado

Mayo en Paris

En París, cuando florece la primavera, el olor sazonado de los primeros calores despierta nuestro deseo de ser sexy. En mayo, abandonamos alegremente las medias deprimentes. Nos escapamos libres en pantalones cortos, falda corta que flota a merced del viento, blusa transparente o camiseta bien ajustada. 

Hoy, mi juventud es un hermoso y tierno recuerdo, pero los grandes bulevares despliegan siempre las pequeñas mesas redondas de sus acogedoras terrazas. Au deux Magots, un café crema, el periódico y una jarra de agua, ¿qué más desear para saborear la primavera de nuestros amores?

En 1960, tenía veinte años, era modelo en Courrèges, recuerdo que estaba sentada allí en un banco, un vaso de Vittel delante de mí, el trabajo requería ser delgada. Llevaba un minivestido blanco, medias altas y zapatos de chico, una moda recientemente lanzada por nuestra casa.

Me atreví a salir con esa ropa tan escandalosa. Una mujer que ya no era muy joven y que leía el Figaro me miraba con una mezcla de reproche y envidia en la mirada. Estaba bien vestida, también ligeramente, pero con más reserva y coronada, por supuesto, con un sombrero que se ajustaba a su edad.

En cuanto a mí, no sé si respeto los cañones de mi edad, que no os revelaré. Normalmente llevo vaqueros y una camiseta muy ajustados, pero hoy me he permitido un vestido de flores corto y ligero para celebrar la nueva temporada. La ciudad está llena de turistas jóvenes, una de ellas está sentada junto a mí Au deux Magots. Lleva unos vaqueros rotos sin piernas que descubren sus nalgas bien redondas. ¿Me pregunto si yo también podría usarlos?

Jean Claude Fonder

Celda


Su habitación se había vuelto una celda en la que, encerrada voluntariamente para aislarse del mundo, se quedaba todo el día en la cama. Allí en esa celda se escondían la esperanza, la aceptación, la negación, allí se escondía el tiempo, el olvido imposible. Pensó en los presos, en las celdas de una cárcel; pensó en las abejas, en las celdas de la colmena, libres de salir, entrar, y salir de nuevo. Comprendió la inutilidad de seguir encerrada e incomunicada. Ahora lo tenía claro: retomaría el hilo que la conectaba con el exterior, con ese conjunto de celdas por cruzar. Cada una diferente, cada una contándole su propia historia, en un viaje en el que una celda se abre donde la otra se cierra. Celdas conectadas en paralelo, adyacentes, a veces sin puertas, para así coincidir y relacionarse con los demás. Hasta llegar, sin prisa, a las celdas oscuras de las que no hay salida.

Raffaella Bolletti

Viaje a España 2019 – primer día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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LEGNANO-MALPENSA-MADRID BARAJAS-CUENCA
25 de abril de 2019, jueves

La verdad es que Davide, mi marido, este año quería ir a Gran Canaria: visitar los pueblos marineros, ir de excursión al Roque Nublo y descansar un poco en la playa.
Fui yo la que quería venir aquí, para visitar las comarcas que todavía no habíamos visto y volver a admirar algunos lugares encantadores que se nos habían quedado en el alma durante los viajes precedentes. Así que ahora estamos en Cuenca, Castilla-La Mancha, ciudad fascinante y declarada Patrimonio de la Humanidad en 1996. Efectivamente, el casco histórico tiene ángel y es de lo más castizo pero…. El cielo está plomizo y -lo peor- hace un frío que pela: es el 25 de abril, pero parece febrero. 

Llegamos por la tarde y damos una vuelta por la ciudad, lo que requiere buenas piernas porque las calles son empinadas y hay un montón de escaleras. Casi de repente, el cielo se abre hacia el oeste y el sol, a punto de ponerse, ilumina los cerros y los barrancos recién bañados por un fuerte aguacero. Un arco iris se dibuja entre los tejados seculares y nos anima a subir hacia la zona del Castillo, para disfrutar del panorama del casco antiguo y de los dos ríos, Júcar y Huécar, que se unen en la parte más baja del valle iluminada por la luz oblicua del astro que nos regala un poco de calor antes de ponerse.

Durante el paseo, encontramos también muchos gatos: algunos más tímidos, otros tan descarados que nos permiten sacarles unas fotos.
Un restaurante típico nos permite probar algunas de las especialidades de la zona. Yo me atrevo poco: es a Davide al que le gusta lanzarse a experimentos gastronómicos. Así que descubrimos el “gazpacho pastor” que, antes de nada, no tiene absolutamente nada que ver con el gazpacho andaluz, la más famosa sopa de verduras fría que tanto se agradece en verano. El “gazpacho pastor” no es una sopa, para empezar, sino un plato a base de pan ázimo con carne de caza y granos de uva para complementar.
Después de la cena, mientras nos castañean los dientes, alargamos el paseo hasta la plaza y la peculiar Catedral gótica que visitaremos mañana. No hay nadie por la calle, todos están encerrados bien calentitos en sus casas y en los pocos bares que todavía están abiertos, así que nosotros también decidimos volver al hotel.
Desde mañana, empezaremos a utilizar nuestro querido cuentapasos.
Temperatura: 8-11 grados.


Silvia Zanetto

¡Qué maravilla!

Paisaje nevado con patinadores y trampa para pájaros
Pieter Bruegel el joven

— ¡Qué maravilla! — pensé. 

Este cuadro forma parte de mi imaginario. 

¿No sé por qué? Porque lo observé y lo fotografié en sus más pequeños detalles, o porque la presencia de la nieve y del hielo forman parte de mis recuerdos de infancia?

En aquel entonces, en mi ciudad, Lieja, todos los años esperábamos la nieve un poco antes de Navidad. Nos encantaba su abrigo blanco que cubría la monotonía gris de nuestra pequeña ciudad, que transformaba sus calles y sus casas en postales. También el parque abandonaba los hermosos colores del otoño que ya se habían marchitado para revestirse de su inmaculado aspecto invernal.

La belleza había tomado el poder, pero también la alegría de los niños. En la escuela, las clases parecían más ligeras. Sabíamos que en el recreo las batallas de bolas de nieve serían despiadadas. En el parque, un sombrero viejo, una zanahoria, dos piedras y una bufanda, roja por supuesto, bastarían para erigir un muñeco de nieve que desafiaría al invierno armado con su feliz escoba. Y también estaba el estanque, completamente congelado porque era poco profundo. No se podía alimentar a los patos que se habían refugiado no se sabía dónde, pero no faltaban otros juegos y sobre todo predominaba el patinaje que encantaba a los más grandes.

La serenidad de esta atmósfera, me la devolvió el cuadro cuando lo conocí en su versión original, la de Pieter Bruegel, el viejo, en el Museo de las Bellas Artes de Bruselas. Lo admiré también, tanto en Viena como en Madrid, en las copias que hizo su hijo. 

Fue amor a primera vista. La escena representa un pequeño pueblo de Brabante, no lejos de Amberes, que se puede ver en la lejanía. Los piñones escalonados son típicamente flamencos, pero encontré en esta pintura las impresiones de mi infancia perdida.

Saqué fotografías de los personajes y de las escenas particulares que podían constituir un pequeño cuadro en el cuadro. Los detalles son increíblemente precisos, la perspectiva siempre se respeta independientemente del plano en que se encuentren los personajes.

Encontré estas fotos en un álbum hace poco, los recuerdos acudieron. Hoy, en el avión que me lleva a Bruselas, pienso en todo esto. Voy a volver a ver la obra. 

El mundo en el que vivimos hoy se ha alejado tanto del representado por Bruegel, incluso el de mi infancia estaba mucho más cerca del suyo.

El año que viene, en 2020, se cumplen 450 años de la desaparición de Pieter Bruegel el viejo, y los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica honrarán al gran maestro del Renacimiento con diversos proyectos.

Mi nieta es diseñadora. 

Quizás inspire su estilo contemporáneo en este pintor genial y en este cuadro maravilloso.



Jean Claude Fonder

Viaje a España 2019 – segundo día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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CUENCA
26 de abril de 2019, viernes

Es nuestro primer día en Cuenca y nos despertamos con mucha calma. Una primera ojeada a través de las rejas de la ventana (el hotel en que alojamos se encuentra en un antiguo convento) nos permite atisbar un pequeño trocito de cielo azul, pero las pocas personas que vemos en la calle van muy abrigadas… Leo la temperatura: son 3 grados, así que vamos a ponernos encima todo lo que llevamos en la maleta y salimos a visitar el casco histórico. 

Fachada Catedral

La Catedral de Nuestra Señora de Gracia fue el primer edificio que se comenzó a construir tras la reconquista, en el lugar donde se emplazaba la antigua alcazaba musulmana, entre los años 1182 y 1189 (siglo XII) continuando las obras durante todo el siglo XIII. Se considera como la primera catedral gótica realizada en Castilla, pero tuvo varias fases en su edificación, reformas, ampliaciones y variaciones: sobre todo el exterior ha perdido su carácter gótico debido a las innovaciones introducidas durante el Renacimiento. Lo que más llama la atención del turista, sobre todo en los días despejados, son los recortes de cielo azul índigo que se entrevén a través de los arcos ojivales que rematan los portales de al lado.
Entramos, pero tenemos la mala suerte de llegar justo en el momento en que el organista está probando el instrumento para el concierto del sábado siguiente, así que no oímos prácticamente nada de lo que dice la audioguía. Afortunadamente, tenemos un mapa de la catedral con todas las explicaciones… La iglesia es de planta de cruz latina y tiene un ábside poligonal de siete lados. Las vidrieras desaparecidas han sido sustituidas con vitrales abstractos y la verdad es que, a pesar de que yo no aprecio muchos las intervenciones demasiado modernas en los edificios antiguos, tengo que reconocer que, esta vez, los nuevos elementos armonizan perfectamente con el conjunto.

Vidrieras

El triforio es un resto de la estructura normanda original; es el único en España y además la decoración sirve para contrarrestar el empuje de las bóvedas. Merece la pena gastar algunos euros más y subir por la empinada escalera no solo para admirar el interior de la Catedral desde un punto de vista diferente, sino también salir al exterior y observar la plaza desde lo alto.

Triforio

Cuando se habla de Cuenca, se piensa en las famosas “Casas colgadas”. Llamadas también “casas volantes” o casas del Rey, son un conjunto de edificios civiles que se denominan así por poseer una parte de ellas en voladizo, o grandes balcones, sobresaliendo en la alta cornisa rocosa de la hoz del río Huécar. Los únicos tres ejemplos que todavía perduran son “La casa de las sirenas” y las dos “casas de los Reyes” construidas entre los siglos XIII y XV, en las que se ubica el Museo de Arte Abstracto.
Desde la plaza de la Catedral, hay que bajar a la hoz del río Huécar para tener la mejor vista sobre las Casas… pero casi siempre los lugares demasiado renombrados decepcionan y esta no es la excepción que confirma la regla. Para empezar, hay obras, y se sabe que los andamiajes le podrían quitar encanto a cualquier lugar con ángel. Además, a parte del valor histórico, no hay nada en las casas que llame verdaderamente la atención.

CASAS COLGADAS

Lo que realmente me deslumbra es el entorno natural, son las “rondas”- que ofrecen la mejor vista de las hoces de los dos ríos – o sea, las sendas empinadas a lo largo de los barrancos, bordeadas de lirios violeta y de amapolas. Me alegra la vista de las golondrinas que zumban en el cielo azul entre los nubarrones plomizos, y todo el casco antiguo y la estructura misma de la ciudad me fascinan más que este símbolo de la ciudad tan afamado. Así que tomamos una de las rondas y volvemos a subir hacia la parte más alta de la ciudad, la zona del Castillo – aunque en realidad del antiguo castillo del que toma el nombre el barrio solo queda un tramo de muralla – desde la que se goza de una buena vista de la ciudad y nos han dicho que hay buenos restaurantes…

RONDA Y AMAPOLAS

Lamentablemente no tenemos suerte y lo que nos sirven tendría que ser un arroz negro con sepia y calamares, pero en realidad es un plato de sal con un poco de arroz, sepia y calamares…
Por la tarde retomamos el coche y nos dirigimos a la “Ciudad encantada”, un paraje natural de formaciones rocosas calcáreas formadas a lo largo de miles de años, que se encuentra cerca de Valdecabras, en una amplia zona de pinares de la parte meridional de la Serranía de Cuenca y a una altitud de 1500 metros. La acción del agua, del viento y del hielo ha hecho posible este fenómeno natural, y la heterogeneidad de las rocas es lo que ha permitido el desgaste desigual de las mismas por los elementos atmosféricos. El resultado es una serie de esculturas naturales en las que la fantasía popular ha querido reconocer formas de animales (los osos, el perro, la tortuga, la foca) de creaciones humanas (las naves, el convento, el puente romano) y de seres humanos también (la cara del hombre y los amantes de Teruel).
Hace frío, pero no tanto como para que haya hielo en el suelo, así que con nuestras chaquetas de invierno y nuestras botas de montaña estamos suficientemente abrigados. No hay casi nadie y la luz oblicua de la tarde es perfecta para visitar este lugar sorprendente.

CIUDAD ENCANTADA

Volvemos a Cuenca a la puesta del sol y visitamos la Torre Mangana, un edificio que ha sufrido varias remodelaciones a lo largo de su historia: la última, en 1970, le restituyó el carácter fortificado y defensivo que, como parte de la vieja muralla, había tenido en su origen.

Cuentapasos: 17.138 (10,7 kilómetros)
Temperatura 3 -14


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – tercer día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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CUENCA – SERRANIA DE CUENCA – ALBARRACIN – CALATAYUD
27 de abril de 2019, sábado

Dejamos nuestro hotel en Cuenca y volvemos hacia la Serranía de Cuenca.
Primera etapa, el mirador del “Ventano del Diablo”, una cueva natural desde la que se pueden ver las hoces del río Júcar en todo su esplendor, en la localidad de Villalba de la Sierra, a unos 35 kilómetros de Cuenca. Según cuenta la leyenda, el Diablo organizaba en este lugar sus ejercicios de brujería y arrojaba al río a todo el que se atrevía a asomarse por las ventanas del mirador, de allí su nombre tan curioso.
El espectáculo desde el mirador es impresionante: el entorno natural de paredes de piedra gris y rosada, los matorrales verde esmeralda, las aves rapaces y los vencejos reales que surcan el cielo azul. Lo que nos sorprende es que un lugar tan salvaje se encuentre en realidad a un centenar de metros desde la carretera y el aparcamiento, donde también hay un quiosco que vende recuerdos.

VENTANO DEL DIABLO

Todavía en la Serranía de Cuenca, hacemos una breve parada en el Mirador y Pantano de Uña y nos dirigimos al nacimiento del río Tajo, en Frías de Albarracín. Parece increíble que el manantial de un río tan importante sea un chorrito de agua que se vierte en un pequeño estanque con el agua en calma, en un entorno muy agradable y tranquilo que parece un perfecto ejemplo de locus amoenus, con bancos, mesas, fuente, espacio para la cocina, donde lo que sorprende es el número tan escaso de turistas, a pesar de que estamos en el fin de semana.
Es interesante el monumento que han erigido en este lugar, con una gran estatua que representa al Tajo y otras tres con sendas alegorías a las provincias de Teruel, Cuenca y Guadalajara: el monumento pretende homenajear a las tres provincias en las que se forja, ya que sólo con el aporte de las tres logra establecerse un cauce propiamente dicho. Teruel se representa con su simbólico “torico”, mientras que la estrella y el cáliz representan a Cuenca y el caballero a Guadalajara. Contempla el grupo escultórico el padre Tajo, una alegoría del río que se representa como un gran titán.

MONUMENTO AL RIO TAJO

Albarracín, en la provincia de Teruel, se merece la mención de uno de los pueblos más bonitos de España: es tan rosa que hasta las farolas son de este color, así como las flores en los jardines, y las piedras con las que se han construido sus edificios. El pueblo está encaramado en un peñón y rodeado por el río Guadalaviar. Por este lado y mirando hacia el río se hallan edificadas las casas colgantes. Dentro del pueblo sus calles son empinadas y estrechas, con rincones muy pintorescos.
Volvemos a esta joya de Aragón después de cinco años, felices de descubrir que nada ha cambiado. Subimos a la muralla medieval que destaca en un cielo azul intenso, volvemos a bajar al pueblo que parece pintado por un pintor impresionista, en el que sobresalen el Alcazar, la Catedral del Salvador y las casas más antiguas, como la de la Julianeta y la Torre de doña Blanca.

ALBARRACIN

Nos cuesta mucho despedirnos de este lugar mágico con el que además nos hemos encariñado mucho, pero todavía nos esperan dos horas de coche hasta llegar a Calatayud, nuestra próxima etapa.
A lo largo del viaje, nos para la Guardia Civil para controlar el carnet de conducir de mi marido, lo que nos sorprende un poco porque, cuando viajamos por Italia, nuestro país, no nos pasa nunca. Pero, como todo está en regla, nos dejan ir enseguida.
En Calatayud nos acoge un hotel muy agradable y de lo más sorprendente – descubriremos después que es lo más interesante de la ciudad: el Hotel “Monasterio Benedectino” es un antiguo convento del siglo XVI rehabilitado en 2004. El restaurante se encuentra donde antes se hallaba la primigenia iglesia y todavía se conservan sus columnas de alabastro de influencia musulmana, que se pueden admirar desde todas las plantas del edificio.
En cambio, la ciudad desprende un aura de dejadez y decadencia: los antiguos palacios señoriales están abandonados y en ruinas, como la mayoría de los edificios históricos que se asoman a la central Plaza de España. Se han demolido algunas casas antiguas, dejando lugar a solares descuidados que los habitantes utilizan como aparcamiento.
El Comité de Patrimonio Mundial de la UNESCO declaró el 14 de diciembre de 2001 Patrimonio de la Humanidad al Arte Mudéjar Aragonés, y efectivamente lo único que destaca en toda esta desolación son las torres campanarias de estilo Mudéjar de las iglesias de Santa María, o sea la Colegiata, y de san Andrés.

TORRE MUDEJAR

La vista de las torres y de unos nidos de cigüeñas en los tejados de las iglesias nos reconcilia con la ciudad… y también la fabulosa cena que nos sirven en el castizo restaurante del hotel.

Cuentapasos: 14.297 (8,57 kilómetros)
Temperatura 6-20 grados


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – cuarto día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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CALATAYUD -MONASTERIOS DE PIEDRA Y DE VERUELA- TARAZONA
28 de abril de 2019, domingo

Se puede decir sin lugar a dudas que nuestro recorrido no es de lo más tradicional, ni de lo más turístico, porque recopila lugares que no pudimos ver por falta de tiempo, durante los viajes precedentes, con otros que nos han quedado tan impresos que deseamos volver a verlos. Es el caso del Monasterio de Piedra: visitamos este lugar, un día muy gris y nublado, hace cinco años: era el principio de la estación, así que los árboles estaban todavía despojados de hojas y las cascadas escasas en agua. En cambio, hoy la primavera explota en el azul cobalto del cielo, en el aire tibio y luminoso, en el verde resplandeciente de los castaños indios y en el perfume de sus flores blancas.

PARQUE MONASTERIO DE PIEDRA

El Parque del Monasterio de Piedra se encuentra en Nuévalos, en la provincia de Zaragoza, escondido entre las abruptas sierras del Sistema Ibérico y fue declarado paisaje pintoresco en 1945. Acoge densos bosques de ribera en un ecosistema de gran riqueza biológica, donde se encuentran muchas especies de animales y plantas en un espacio relativamente reducido y gran variedad de árboles gigantescos.
Nada más entrar, la asistenta del fotógrafo, una chica rubia y decidida, me pone un guante en la mano y me entrega un búho, al que me presenta como Juanito, asegurándome de que es muy tranquilo. Antes que tenga el tiempo para decir que no, que los rapaces me asustan, que nunca me he atrevido a tocar uno, el fotógrafo nos saca una serie de fotos que podremos comprar por la tarde.
En la época medieval, época a la que pertenece el Monasterio de Piedra (siglo XII) el arte de la halconería vivió su época más dorada. Entonces, practicarla se convirtió en un signo de nobleza en Europa, y cualquier caballero medieval que se preciase debía conocer las técnicas de la halconería. Por eso, desde la primavera hasta el período otoñal los visitantes pueden disfrutar de una exhibición de vuelo de aves rapaces durante su visita. El encuentro con Juanito me ha hecho audaz, así que atrevo a ver la exhibición desde cerca.
Después de deleitarnos con el precioso entorno, cuya magia contribuyen las rocas, el agua y el trabajo del hombre, visitamos el monasterio cisterciense, que se empezó a construir en 1203 junto al río Piedra y se terminó en 1218, cuando 12 monjes y un abad se establecieron en ello. Pero lo que para mí es de lo más deslumbrante es lo que queda de la iglesia.

IGLESIA

El edificio, de estilo románico tardío (siglo XIII), era de tres naves, transepto y cabecera formada por un ábside principal de planta poligonal y dos parejas de capillas laterales cuadradas.
Pero, como en tantos otros casos, el abandono forzoso de los monjes en la cuarta década del siglo XIX – debido a la desamortización – fue letal para el templo. Las gentes de la zona arrancaron tejas y otros materiales provocando humedades y debilitando la estructura, hasta que la mayor parte de las bóvedas se desplomaron. Por fortuna, se han mantenido en buen estado las correspondientes a la nave meridional y el brazo meridional del transepto.
Pero la verdad es que este templo medio destruido me fascina más que otros de la misma época que siguen en perfecto estado y el recuerdo de las bóvedas de crucero que parecen sostener tramos de cielo despejado me va a acompañar por mucho tiempo…
Después de tanta belleza, la comida es un auténtico desastre, sobre todo para mi marido que pide un plato de calamares que resultan ser congelados y que consigue tragar sólo gracias a una buena cerveza… Pero, ¿Quién nos iba a decir que hoy también nos pararía la Guardia Civil, poco después de irnos de Nuévalos? Esta vez no quieren controlar el carnet de conducir, sino que se trata de un control de alcoholemia. A ninguno de los dos nos había pasado nunca, así que no sabemos cómo se hace; además Davide, que está conduciendo, habla muy poco español, así que no se entiende con el policía, que empieza a hablar en un inglés peor que el mío, mientras a mí se me cae la cara de vergüenza… ¿Qué va a pasar ahora? – me pregunto, pensando en la cerveza. Al final, no sé si por piedad hacia dos turistas extranjeros o porque la botella de cerveza era muy pequeña, esta vez también nos permiten pasar y tenemos el tiempo para visitar, casi a la puesta del sol, el Monasterio de Veruela.

MONASTERIO VERUELA

El documento más antiguo referido a la fundación del Real Monasterio de Santa María de Veruela data de 1146, cuando en la provincia de Zaragoza se levantaron las grandes fundaciones cistercienses, pero las obras de la iglesia se dilataron por más de 250 años, mientras que el nuevo claustro barroco, que nos encanta por sus arcos ojivales y sus hortensias azules y violeta, remonta al siglo XVII.
No sorprende que Veruela, tras la desamortización (1835) se haya convertido en un lugar romántico y “sitio de veraneo” donde los viajeros podían disfrutar de los deslumbrantes parajes naturales del Moncayo. Entre ellos, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer y su hermano, el pintor Valeriano. Los frutos artísticos de su estancia fueron una serie de dibujos y acuarelas por Valeriano, mientras que Gustavo Adolfo se inspiró al paisaje del Moncayo para algunas de sus más famosas leyendas, como “El monte de las ánimas”.

TARGA Bécquer

La iglesia abacial es sobria, sin adornos escultóricos vanales, en el espíritu de la orden; se estructura en tres naves cubiertas con crucería simple gótica y una cabecera muy desarrollada.
Dejamos con nostalgia este lugar tan cautivador y retomamos la ruta hacia nuestra pròxima etapa: Tarazona.
Hoy en España es un día muy especial: es día de elecciones, así que pasamos la tarde en la habitación del hotel, viendo en la tele los telediarios y los programas en que se comentan los resultados electorales. Parece ser que el PSOE ha ganado, aunque no está claro para todos con quién va a pactar para formar el nuevo gobierno.

Cuentapasos: 18.136 (10,88 kilómetros)
Temperatura 8 – 24 grados


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – quinto día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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TARAZONA – BARDENAS REALES – SADABA – SOS DEL REY CATOLICO
29 de abril de 2019, lunes

Les doy un consejo: no vayan a Tarazona los lunes.
Mejor tampoco el domingo por la tarde, porque todos los restaurantes están cerrados… pero, bueno, esto se puede arreglar: algo para picar siempre se encuentra, pero el lunes por la mañana están cerrados todos los edificios monumentales que la guía aconseja visitar, así que tenemos que conformarnos con dar una vuelta rápida por la ciudad y un paseo por la judería, donde también se alojó G. A. Bécquer, con sus casas colgantes donde viven palomas y golondrinas.
Davide y yo somos los únicos turistas, quizás porque es lunes, lo que nos permite pasear muy ricamente por las calles de esta ciudad. Nos llama la atención la antigua plaza de toros, convertida en una comunidad de viviendas, donde los vecinos cuelgan su ropa tendida, entre la que destacan algunas bragas de talla grande y unas sábanas de color azul turquesa.

PLAZA DE TOROS TARAZONA

Tomamos la carretera en dirección del Parque natural de las Bardenas Reales, en Navarra: más de 40.000 hectáreas declaradas Reserva de la Biosfera por la UNESCO y otro de los lugares que volvemos a visitar después de algunos años.
Las Bardenas Reales son una joya de la naturaleza bastante desconocida y poco aprovechada desde el punto de vista turístico – basta con decir que se entra gratis al parque y también al Centro de Información – pero quizás el número bastante escaso de visitantes contribuya en parte a su encanto salvaje, que muchos lugares preciosos pierden al ser demasiado visitados.
La primera vez que me enteré de su existencia fue por casualidad, hace cinco años, viendo un documental de TVE, que nos permitió incluir esta etapa en nuestros viajes a España.

MAPA BARDENAS REALES

Hoy, vamos a entrar en el parque natural por el ingreso de Arguedas y después saldremos por El Paso, para poder recorrer el trazado llamado “de la Blanca”. En el parque se puede entrar con el coche y aparcar en los lugares más interesantes.
Después del frío de los primeros días, nunca hubiéramos imaginado este calor asesino: el termómetro del coche indica 26 grados, pero parecen muchos más, aunque en este desierto de apariencia lunar no debería sorprendernos. En cualquier caso, yo me maldigo a mí misma por no poner algo más ligero en la maleta. Los pocos turistas que hay llevan pantalones cortos (en cambio nosotros llevamos camisa y vaqueros) y todos son franceses: nos saludan diciendo “Bonjour” y en todos los carteles las informaciones están escritas en español y en francés. Como de costumbre, nada de italianos.
Las Bardenas Reales se suelen dividir en dos grupos: la llamada Bardena Blanca agrupa los paisajes más blancos, de sustrato de yeso y vegetación esteparia. Los bosques de pino carrasco y suelos arcillosos se encuentran en la llamada Bardena Negra.

BARDENAS REALES

En conjunto, las Bardenas Reales dan cobijo a unas 24 aves rapaces (halcón peregrino, águila calzada, buitre leonado…), además de a una avifauna esteparia como la avutarda o la alondra. En el Parque Natural también se encuentran más de 28 especies diferentes de mamíferos, ocho de las cuales corresponden a micromamíferos como la musarañita o el ratón moruno. En las balsas de agua, tanto naturales como artificiales, habitan truchas, barbos, tencas… mientras que a su alrededor tritones y ranas conviven con multitud de reptiles.
Por fin, podemos descansar un poco tirándonos a una pradera llena de margaritas a la sombra del castillo de Sádaba, en la comarca de las Cinco Villas, en Aragón.

CASTILLO DE SADABA

El castillo es de estilo bajomedieval con decoraciones cistercienses del siglo XIII. Pero por segunda vez no tenemos suerte y no podemos ver su interior, que se puede visitar solo un par de tardes por semana. Pero no es para tanto: estamos tan cansados que agradecemos la ocasión para tirarnos a una pradera llena de margaritas a la sombra del castillo, acompañados por un caballo blanco.
La capital de las Cinco Villas es nuestra próxima etapa, Sos del Rey Católico, al noroeste de la provincia de Zaragoza. En el año 1452, en plena Guerra Civil de Navarra, la reina Juana Enríquez se desplazó a la entonces llamada «Sos» a secas, donde dio a luz al infante Fernando que luego se convertiría en Fernando el Católico. Ese nacimiento añadió la coletilla de «del Rey Católico» al nombre de la población.
Llegamos por la tarde y subimos a la torre justo a tiempo para la puesta del sol: el pueblo a las ocho de la tarde está casi desierto, a pesar del encanto especial que le otorga la luz oblicua del atardecer.
Cenamos en el restaurante del hotel, donde nos vamos a quedar por dos noches.

Cuentapasos: 17.203 (10,2 kilómetros )
Temperatura 9 – 26 grados


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – sexto día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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SOS – SANGUESA – JAVIER – SOS
30 de abril de 2019, martes

Nuestra habitación en Sos del Rey Católico está en la sexta planta. En la séptima viven las golondrinas, así que por la mañana al asomarnos a la ventana tenemos la sorpresa de verlas danzar a nuestro alrededor y observarlas de cerca como nunca hemos podido.
Hoy volvemos otra vez a Navarra para visitar Sangüesa y me doy cuenta de inmediato de que los sangüesinos, son unos bromistas:

Te invitan a visitar el interior de iglesias y palacios para gozar de sus maravillas artísticas, pero casi todos están cerrados, desde San Salvador, que según me explican en la Oficina de Turismo está cerrada desde años, hasta la Iglesia de Santiago.
Afortunadamente podemos visitar el convento y el claustro de San Francisco de Asís, abierto solo para la misa y la media hora después, y la Iglesia de Santa María la Real, cuya fundación remonta al siglo XIII, como etapa importante del Camino de Santiago. Situada junto al puente sobre el río Aragón, tuvo también una función defensiva.
Lo más interesante es la portada románica que representa la lucha entre el bien y el mal y contiene hasta 300 imágenes.

PORTADA S.MARIA

Saco fotos, recopilo folletos en las oficinas de turismo, donde me plantean más preguntas de las que les hago yo a ellos – pero… ¿tan singulares somos los italianos por aquí? – pero sobre todo tomo apuntes: parezco uno de aquellos viajeros del siglo XIX, siempre llevando un cuadernillo en el bolso para tomar notas, en contra de la costumbre de nuestro siglo de pasarse el tiempo con la mirada fija en el móvil…
Por la tarde visitamos el Castillo de Javier, donde en 1541 nació San Francisco Javier, patrono de Navarra y de las misiones católicas, importante misionero en India y en Extremo Oriente.

CASTILLO DE JAVIER

El castillo nació en el siglo X y al principio solo fue una torre de vigilancia para defender el valle del río Aragón. Con los años el recinto se reforzó y en el siglo XIV ya era un verdadero castillo. La Basílica se añadió en 1901 tras la restauración del castillo.
Al límite entre Navarra y Aragón se encuentra nuestra nueva etapa: el Monasterio de Leyre, al que se asciende a través de una pintoresca carretera. El enclave pirenáico nos acoge con bosques de hayas, pinos, robles y carrascales, con los cuales hace perfectamente juego el conjunto medieval, cuyos orígenes remontan al siglo IX. La mayoría de los edificios que permanecen ahora son de los siglos XI y XII. Lo que más destaca es la cripta, que se considera el monumento pionero del románico hispánico occidental: nos entregan una llave para entrar, después de pagar cinco euros como fianza) y podemos visitarla a solas, encerrados en ella.
De la iglesia, lo que resalta es el portal, llamado la Porta Speciosa, del siglo XII.

MONASTERIO DE LEYRE

CRIPTA

El viento despeina a los pinos y los abedules, y también a mí, que estoy intentando escribir sentada en un banco al aire libre, contemplando la naturaleza, mientras la brisa me gira las páginas…
Al volver a Sos, por la tarde, podemos visitar el Palacio de Sada, donde nació el 10 de marzo de 1452 el rey que pasó a la historia como Fernando el Católico.
El palacio, que data del final del siglo XV, fue vivienda de la familia nobiliaria de los Sada y la casa
donde fue acogida doña Juana, para dar a luz al futuro monarca, por expreso deseo de la reina, que quería que su hijo naciera en tierras aragonesas.
Actualmente se ha convertido en Centro de Interpretación de la figura de Fernando II de Aragón.

Cuentapasos: 18.085 (km 10,85)
Temperatura 10-23 grados


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – septimo día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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SOS – PUENTE LA REINA – ESTELLA LIZARRA – S.DOMINGO DE LA CALZADA
1 de mayo de 2019, miércoles

Me cuesta desprenderme de Sos, de sus calles empinadas, del entorno natural y sobre todo de los vecinos de arriba: las golondrinas.
Pero la próxima etapa es uno de los lugares más emblemáticos del Camino de Santiago, el punto donde se encuentran el Camino de Navarra y el Camino de Aragón: Puente la Reina(Gares) . La ciudad debe su nombre a su monumento símbolo, el Puente Románico del siglo XI, construido para facilitar el paso del peregrinaje, por orden de una reina, doña Mayor o quizás doña Estefanía.

PUENTE LA REINA

La emoción de tocar con mis manos y pisar bajo mis pies esta piedra antigua por donde han pasado millones de peregrinos a lo largo de los siglos me acelera los latidos del corazón.
Y mientras admiramos el puente desde todos los lados, encontramos a un peregrino: un anciano señor muy simpático de Friburgo que nos pide que le saquemos una foto, así que entablamos una conversación hablando un mixto de italiano y de español: nos cuenta que recorre una parte del Camino cada año por tres semanas, siempre solo, y que esta vez ha empezado por Roncesvalles.
La Iglesia del Crucifijo desde el exterior parece una comunidad de vecinos… pájaros, por la gran cantidad de nidos que la ocupan: bajo los tejados podemos ver las golondrinas, sobre los tejados gorriones y palomas y en el “ático”, o sea en la torre del campanario, el nido de una cigüeña que al principio nos enseña el trasero, pero al final cede a nuestras plegarias y se deja sacar una foto. En el interior se puede admirar el Crucifijo, una hermosa talla gótica que, según la leyenda, fue donada a la iglesia por unos peregrinos alemanes que la habían llevado a cuestas durante toda su peregrinación.

AVES

IGLESIA

Terminamos nuestra visita a Puente la Reina con una comida rápida y bastante barata en uno de los bares-restaurantes frecuentados por peregrinos y turistas. Encontramos la sidra asturiana, que probamos por primera vez la primavera pasada en Oviedo, y tenemos la descabellada idea de beberla, aunque es de mediodía, así que cuando llegamos a Estella Lizarra me siento bastante aturdida y con dolor de cabeza. Además, hace sol y calor. Estella se extiende a orillas del río Ega; una parte de la villa, el Barrio de San Pedro de la Rua, que coincide en buena medida con el Camino de Santiago, ha sido declarada monumento nacional. Lamentablemente, podemos visitar solo el exterior la Iglesia de san Pedro, el Palacio de los Reyes de Aragón y la Iglesia de san Miguel, porque todos los edificios históricos están cerrados. Quizás sea la sidra que bebí lo que altera mis impresiones, pero en las calles y las plazas de la villa reina una sensación de pereza y somnolencia festiva, las tiendas están cerradas por descanso y algunas cerradas definitivamente.
Cruzamos el Puente de la Cárcel junto a algunos peregrinos fatigados que caminan con chanclas y volvemos al coche.

ESTELLA LIZARRA

Llegamos a Santo Domingo de la Calzada, nuestra penúltima etapa, a las seis de la tarde y vamos al hotel.

Cuentapasos: 13.756 (km8,5)
Temperatura 11-24 grados


Silvia Zanetto

Viaje a España 2019 – octavo y noveno día


(Crónica de un viaje a España, abril – mayo de 2019)

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S.DOMINGO DE LA CALZADA, S.DOMINGO DE SILOS, EL BURGO DE OSMA
2 de mayo de 2019, jueves

Santo Domingo de la Calzada debe su nombre a su fundador Domingo y a su razón de ser, calzada, en el camino hasta la tumba del apóstol Santiago.
Domingo era un eremita que en el siglo XI construyó aquí su eremitorio, trazó una vía entre Nájera y Redecilla del Camino y creó un pequeño pueblo, un puente y un albergue de peregrinos, hoy Parador Nacional de turismo. El burgo fue creciendo a lo largo de los siglos y en 1973 su casco antiguo fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico.

PLAN DE S.DOMINGO

No teníamos ni idea de que este año era justamente el Milenario del Santo. El cielo está nublado, hace frío otra vez, y otra vez saco de la maleta mi chaqueta de invierno. Afortunadamente el recorrido del casco histórico no es largo porque tenemos justo el tiempo para visitar lo imprescindible.

CATEDRAL

En la Catedral, de planta de cruz latina, lo más peculiar es el gallinero, de piedra labrada de finales de gótico de 1445 con un gallo y una gallina vivos de color blanco, recuerdo perpetuo del milagro del peregrino injustamente ahorcado, cuidados por la Cofradía del santo y cambiados cada 15 días. Intento no preguntarme qué le va a pasar a los dos pobres aves después de sus dos semanas de servicio, y me dedico a contemplar el Mausoleo con la cripta del Santo y el coro plateresco del siglo XVI.
Al mediodía dejamos Santo Domingo y nos dirigimos hacia la Sierra de la Demanda, un espacio natural protegido y comarca perteneciente a la cordillera Ibérica, y situada en las provincias de Burgos y La Rioja. Es por casualidad que descubrimos la encantadora Ermita de nuestra Señora de la Asunción en el pueblo de Alarcia, apartada del núcleo urbano, sin culto y en semi ruinas, pero con una cierta sugestión para el visitante, pero lamentablemente podemos ver solamente el exterior porque está cerrada. Y también por casualidad encontramos el agradable pueblo de montaña en el que decidimos parar para el almuerzo: Pineda de la Sierra, una aldea de 102 habitantes elevada a 1200 metros de altitud.

ERMITA

IGLESIA PINEDA DE LA SIERRA

Dos de los 102 gestionan un bar restaurante donde comemos. A nuestro alrededor sólo hay vecinos de la aldea, tomando aperitivo con patatas fritas, que nos ofrecen mientras esperamos la comida, luego nos desean “buen provecho!” y gozamos de una óptima comida bastante barata. Al final, la señora se ofrece acompañarnos a la iglesia y, como somos los únicos turistas, abrirla a propósito para nosotros.
Ladeamos el río Arlanzón, superamos el puerto del Manquillo, a 1400 metros de altitud, encontramos otra maravillosa ermita románica, la de Nuestra Señora de la Blanca, a Hoyuelos de la Sierra

HOYUELOS

Nuestra próxima etapa va a ser el monasterio de Santo Domingo de Silos, del que oí noticias por primera vez por mi profesor de literatura durante un curso de historia de la lengua española, por ser uno de los lugares donde se compusieron los primeros documentos escritos de la lengua castellana, o sea las “glosas silenses” (el otro lugar, San Millán de la Cogolla, donde se escribieron las “glosas emilianenses”, ya tuve ocasión de verlo durante un viaje precedente). Así que pienso contárselo al profesor a mi regreso, y ¡ojalá saque un “sobresaliente”!
El monasterio de Santo Domingo de Silos es una abadía benedictina situada en la provincia de Burgos (Castilla y León), todavía habitada por los monjes.
Lo más impactante es el claustro románico, centro de la vida y de la comunidad monástica.

CLAUSTRO

Hacia él convergen y de él parten los otros edificios del monasterio y todas las actividades del monje.
Arquitectónicamente, el claustro de Silos tiene dos niveles superpuestos: el claustro inferior y el claustro superior. El claustro de abajo es de dos épocas: las galerías Oriente y Norte son de la segunda mitad del siglo XI; en cambio, las galerías Poniente y Sur son del siglo XII. El claustro superior se construyó a finales del siglo XII. En el claustro inferior destacan los seis bajorrelieves.
Interesante es también la botica del Monasterio de Silos: los monjes, como creadores de cultura y servidores de sus hermanos los hombres, gestionaron en la Edad Media un hospital y una leprosería. De esta forma se familiarizaron con la botánica. De esta actividad aún se conserva una farmacia de principios del siglo XVIII (1705).
Lamentablemente, al final de la visita me doy cuenta de que no he podido ver las glosas silentes, así que pregunto por ellas a la guía… Pero ella me contesta que sí efectivamente se escribieron aquí, pero ahora se encuentran en Londres, en el British Museum. Me enseña una copia y me revela algo que me desilusiona mucho… o sea que tampoco en San Millán vi las auténticas glosas emilianenses, sino una copia… Así que, por esta vez, ¡me voy a olvidar de sacar un sobresaliente!
Nuestra última etapa antes de volver a Milán es El Burgo de Osma, un lugar no demasiado turístico y poco conocido que hemos elegido simplemente por su ubicación, porque nos viene cómoda una etapa aquí volviendo hacia el aeropuerto de Madrid… pero al final nos va a encantar.
Para empezar, nuestro alojamiento en Burgo de Osma es un hotel termal: lástima que hayamos llegado aquí a las 7 y media de la tarde, y mañana tengamos que volver a casa, así que no disponemos de tiempo para disfrutar de la piscina y de otras maravillas que serían perfectas después de una fatigosa semana de visitas… Pero después de la ducha me enfundo en un enorme albornoz blanco y perfumado, queya es algo.
El casco histórico al atardecer tiene mucho encanto y, después de la cena, nos enseña su cara nocturna más característica, con sus soportales animados por jóvenes, familias y… por un par de turistas italianos, que gozan de callejear admirando la muralla muy bien conservada e iluminada por las farolas amarillas.

BURGO DE OSMA

Cuentapasos: 15.203 (KM 9,20)
Temperatura 12-13 grados


BURGO DE OSMA- AEROPUERTO DE MADRID- MALPENSA
3 de mayo de 2019, viernes

Un débil rayo de sol a través de los postigos nos ilusiona al despertar, pero es un día gris y melancólico, que promete lluvia.
Sólo tenemos el tiempo para un breve paseo por el centro, donde nos sorprende la variedad de tiendas características, sobre todo de carniceros, pero también hay dulces, embutidos…
Pasamos por la plaza de la catedral, volvemos a ver la muralla… La última cigüeña, desde su nido sobre una torre de la casa concistorial, nos despide, enseñándonos de nuevo su trasero.

Las primeras gotas de lluvia empiezan a caer cuando casi hemos llegado al coche, y el rítmico chirrido penetrante de los limpiaparabrisas nos acompañará durante todo el viaje, hasta llegar al principio y fin de casi todos nuestros viajes por España: el aeropuerto de Madrid.


Silvia Zanetto

En la pantalla negra de mis noches en vela

La sala es grande, podríamos estar en Hollywood. Las sillas necesariamente rojas, la escena, los palcos y la galería en traje de luces, una inmensa arcada modernista alrededor de una pesada cortina roja, todo nos transporta a la capital del cine en sus años de gloria.

Estamos acurrucados la joven y yo en un rincón desierto, son apenas las dos de la tarde y la sala no está llena. La sesión dura tres horas con un intervalo en el que compraremos caramelos. Proyectan “West side story» y antes de eso una película de serie b, un western. El nombre no importa. No estoy aquí para eso.

Este mediodía, en el café que normalmente frecuentamos para jugar a las cartas mientras bebemos una buena cerveza, una chica que apenas conocía se me acercó y me ofreció acompañarla para ver este Romeo y Julieta a la americana. Estaba sola, su amiga le había dado plantón. Era guapísima, no dudé mucho.

La sala está sumida en la oscuridad, sólo las imágenes que desfilan por la pantalla nos iluminan a veces, cuando la escena se desarrolla a la luz del día. No veo nada, no oigo nada, me concentro en mis sensaciones. Siento que su rodilla se encuentra con la mía y no intenta escapar. Lleva una pequeña falda lo suficientemente corta como para no esconderme nada del fuselaje de sus piernas. Pongo mi mano en mi muslo a unos centímetros de la suya, tengo un árbol que intenta esconderse en mis pantalones. 

¿Qué hago? ¿Me atrevo o no? 

La miro. ¡Dios, que hermosa es! Se llamará Julieta. Le sonrío y le digo:

— Mi nombre es Romeo.

Jean Claude Fonder

Tarzan de los monos

— Si se porta bien, lo llevamos a ver “Tarzán en la selva” (…Tenía tres años cuando me llevaron a la selva a conocer a Tarzán). 

— ¡¡Incendio!!…¡¡Incendio!! —en plena película gritaron las voces dentro del teatro. La gente corría por todos lados como jugando al escondite… —¡¡La salida!! repetían otros…

— Agárrense duro de mi mano y no se suelten… —sentenció la niñera encargada de llevarnos, apretándolas durísimo hasta clavarnos las uñas con los dedos de las manos de ella.

—¡Hágale caso y cuidadito con soltarse! —me amenazó mi hermana. —“…Pase lo que pase, no vaya a berrear que aquí todo es bonito… hasta los gritos de Tarzan en la selva” … —me había fustigado haciendo fila para comprar las boletas. 

Dándole la espalda a la pantalla, del balcón salía un chorro de luz muy blanca y con ella mil dibujos de humo grisáceo y negro.

Sobrepasamos cuerpos pisados tirados que gritaban en el suelo e impulsados como catapulta, salimos como un rayo de regreso a casa. Ellas cómplices repetían “que, si queríamos volver a cine, no dijéramos nada”. Y yo, pensando en los gritos de Tarzan en la selva…

Con el tiempo y los años estos recuerdos me torturaban y se tornaron cada vez mas borrosos… quizás eran sueños o fantasías de infancia…al escuchar una conferencia sobre arquitectura republicana, mencionan el antiguo teatro cincuentenario que se había salvado de un pavoroso incendio hacía medio siglo, con muertos incluidos, calcinados y algunos aplastados… Levanté la mano. Pregunté la fecha. Hice cuentas…  Lo visualicé claramente. Comprendí absolutamente todo.

Hoy en la búsqueda de huellas y pistas para este relato, llamé a Australia a mi hijo menor, iniciado en el cine documental. Le pregunté si recordaba cuál había sido su primer incendio, su primera película.                              

—“Tarzan de los monos” … fue su respuesta.

Olmo Guillermo Liévano

Universo 13

El pequeño cine estaba situado en la esquina del callejón en el barrio “Riberiño” numero 13; tenía un letrero de neón un poco estropeado, con un chimpancé estilizado y el nombre México, pero todos lo llamaban Universo 13. Era un mundo aparte, como un planeta en sí mismo; abierto todo el día, cambiaba el vestido de acuerdo con la hora de las proyecciones y la edad de los espectadores. Por la mañana los estudiantes que hacían novillos y comentaban maliciosos y pesados a sus compañeras de escuela; la conversación desaparecía tan pronto como el telón subía. Era un escenario en el escenario, por delante y por detrás, una película se rodaba en la platea y la otra se desarrollaba en la pantalla. Por la tarde llegaban grupos de las casitas, ancianos, holgazanes, gente que quería calentarse en invierno o disfrutar del aire acondicionado en verano. La trama de la película no importaba, era un centro social donde la gente comía con poco cambio, fumaba en el baño, y los drogadictos tomaban narcóticos. Por la noche era la hora de los “prepagos”, jovencitas putas que hacían pajas o mamadas a un precio barato; era un período de tiempo peligroso, sucio y escabroso, también para los mariquitas que querían frotarse contra los chavalitos.

Hace poco tiempo había un cartel – «Después de 86 años de actividad, cierra el cine México, damos las gracias a todos los visitantes» – .

Me dijeron que acababan de abrir una pastelería muy vanguardista «fusión», con un cocinero «estrellado», muebles de parafarmacia aséptica y pasteles construidos al estilo de Nouvelle Cuisine.

Luigi Chiesa

El cine

Corrían las balas de aquí para allá y de allá para acá, los corceles se espantaban y dispersos escapaban en direcciones opuestas; a los malos  la emboscada les salió mal. 

El pueblo escondido y el mutismo fingido, enseguida el forastero entendió que algo andaba mal. Era un pistolero de aquellos muy audaz con una rapidez mental y manual, porque sus tiros eran casi perfectos de frente a la cabeza sin dudar, ¡Era genial! 

Todos estábamos gritando, arengando al bueno y diciendo en que parte estaban los forajidos en coro y sin meditar:

¡Ahí!, ¡ahí!, ¡allí!, una y otra vez sin cesar, mientras el avanzaba y cada vez que los malos iban cayendo nuestra felicidad se enternecía engañándonos porque la ficción nos parecía real.

El arrebol del ocaso se acercaba y la batalla se dilataba, porque ellos eran muchos más. De pronto, un tiro en el hombro hizo que Django se desplomase … El cine con el techo descubierto estaba repleto, aún así el silencio no se hizo esperar; todos pasmados a pesar de que el petricor de la lluvia rozaba nuestras narices, nuestra concentración era total.

Bueno ya no les cuento el final porque todos saben como terminaban las películas western, pero les puedo confesar que esa adrenalina infantil no lo volví a sentir ni cuando terminé la universidad.

Luis Alberto Prado