¡Qué maravilla!

Paisaje nevado con patinadores y trampa para pájaros
Pieter Bruegel el joven

— ¡Qué maravilla! — pensé. 

Este cuadro forma parte de mi imaginario. 

¿No sé por qué? Porque lo observé y lo fotografié en sus más pequeños detalles, o porque la presencia de la nieve y del hielo forman parte de mis recuerdos de infancia?

En aquel entonces, en mi ciudad, Lieja, todos los años esperábamos la nieve un poco antes de Navidad. Nos encantaba su abrigo blanco que cubría la monotonía gris de nuestra pequeña ciudad, que transformaba sus calles y sus casas en postales. También el parque abandonaba los hermosos colores del otoño que ya se habían marchitado para revestirse de su inmaculado aspecto invernal.

La belleza había tomado el poder, pero también la alegría de los niños. En la escuela, las clases parecían más ligeras. Sabíamos que en el recreo las batallas de bolas de nieve serían despiadadas. En el parque, un sombrero viejo, una zanahoria, dos piedras y una bufanda, roja por supuesto, bastarían para erigir un muñeco de nieve que desafiaría al invierno armado con su feliz escoba. Y también estaba el estanque, completamente congelado porque era poco profundo. No se podía alimentar a los patos que se habían refugiado no se sabía dónde, pero no faltaban otros juegos y sobre todo predominaba el patinaje que encantaba a los más grandes.

La serenidad de esta atmósfera, me la devolvió el cuadro cuando lo conocí en su versión original, la de Pieter Bruegel, el viejo, en el Museo de las Bellas Artes de Bruselas. Lo admiré también, tanto en Viena como en Madrid, en las copias que hizo su hijo. 

Fue amor a primera vista. La escena representa un pequeño pueblo de Brabante, no lejos de Amberes, que se puede ver en la lejanía. Los piñones escalonados son típicamente flamencos, pero encontré en esta pintura las impresiones de mi infancia perdida.

Saqué fotografías de los personajes y de las escenas particulares que podían constituir un pequeño cuadro en el cuadro. Los detalles son increíblemente precisos, la perspectiva siempre se respeta independientemente del plano en que se encuentren los personajes.

Encontré estas fotos en un álbum hace poco, los recuerdos acudieron. Hoy, en el avión que me lleva a Bruselas, pienso en todo esto. Voy a volver a ver la obra. 

El mundo en el que vivimos hoy se ha alejado tanto del representado por Bruegel, incluso el de mi infancia estaba mucho más cerca del suyo.

El año que viene, en 2020, se cumplen 450 años de la desaparición de Pieter Bruegel el viejo, y los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica honrarán al gran maestro del Renacimiento con diversos proyectos.

Mi nieta es diseñadora. 

Quizás inspire su estilo contemporáneo en este pintor genial y en este cuadro maravilloso.



Jean Claude Fonder