Diálogos silenciosos

Mujer:
Estoy leyendo el diario “Le Figaro” cuando de pronto en la cervecería se hace silencio. Interrumpo mi lectura y me fijo en la chica que ha entrado, esa que acaba de sentarse a mi lado, aparentando no verme. <Me acuerdo de ti. Cursabas el último año de colegio y asistías a mis clases de literatura. Parecías tan formal, con prendas clásicas y elegantes. Qué atrevida eres ahora entrando aquí llevando una minifalda provocativa, luciendo las piernas como si nada. Sentada con tal postura relajada, un poco indecente, con el periódico apoyado sobre la mesa. En realidad te tengo un poco de envidia.> Creo que, tal vez, no me vendría mal deshacerme de las formalidades, no respetar los códigos de esa antigua moral conservadora que acabó con mi energía, la que necesitaría ahora para expresarme con libertad.

Chica:
Al entrar la veo, está leyendo el periódico. Ni con un solo pelo fuera de sitio, como siempre, arreglada, encerrada en un traje de calidad, lleva un sombrero pequeño, el pelo corto y ordenado, la espalda recta. ¡Vaya!, me voy a sentar prácticamente al lado de mi ex profesora de literatura. <Sé que me estás mirando, un poco sorprendida o tal vez intrigada; seguro estás pensando que la estudiante que asistía a tus clases ha desaparecido para convertirse en una huelguista, que lucha por nuevos derechos como la igualdad, la liberación sexual. ¡Venga mujer!¿Cuántos años me llevas? Quizás unos veinte y tantos. Nunca es demasiado tarde, olvídate por un rato de los libros polvorientos y disfruta de los nuevos tiempos.  Tu mirada expresa que te gustaría. Alguien ha dicho que “una mujer es tan joven como sus rodillas”¿qué tal las tuyas? ¿Te atreverías a ponerte una minifalda?>

Raffaella Bolletti