La pelirroja

La favorite de l’émir
Benjamin Constant

George estaba a punto de casarse. Desde hacía mucho tiempo frecuentaba un famoso burdel en París, como lo hacían los muchachos que querían adquirir experiencia. Una de las eminentes azafatas del lugar, que se llamaba María la Pelirroja, le había recomendado para su última visita que eligiera un cuadro vivo inspirado en una obra de Benjamín Constant: La favorita del emir.

Esa noche, cuando entró en la sala, quedó atónito ante el espectáculo que se le ofrecía: 

Acostada en un sofá cubierto con una gruesa alfombra de color negro con motivos florales y una enorme almohada recubierta de dorados, La Pelirroja, envuelta en una larga falda de seda roja gruesa y ricamente decorada, desplegaba su famosa cabellera. Los rizos rojos coronaban majestuosamente su joven rostro adornado con una boca escarlata y dos grandes pendientes en forma de anillos dorados, y ofrecía a la vista un pecho perfecto apenas velado por una blusa de tul dorada y transparente. A sus pies estaba su amiga Marion, una morena guapa, un poco regordeta, también vestida a la oriental en tonos dorados. Un amplio mural cubría la pared del fondo, representando una gran terraza cubierta que se abre sobre la bahía de Tánger. El azul soleado del mar y del cielo, las pequeñas casas blancas de la ciudad, el acantilado de color rosa en la lejanía, y algunas pequeñas velas triangulares que animaban con manchas blancas la gran extensión azul, componían un decorado de ensueño. Un músico inclinado sobre su instrumento, un laúd, deleitaba a las muchachas con una melodía a la vez suave y ligeramente rítmica. Vestía como un Saharaui, su piel era de color oscuro.

Hacía mucho calor en la habitación, le habían hecho vestir una larga chilaba y zapatillas de cuero amarillo. Afortunadamente, un ligero viento y el sonido refrescante de una fuente producidos por alguna máquina invisible, creaban un ambiente estival que invitaba a abandonarse a la languidez erótica del momento. Se acercó a la bella María, que parecía dormida, se arrodilló ante ella para recoger un beso de sus labios tentadores y puso tiernamente su mano en forma de copa para acariciar la curva de un seno. Pero ella de repente se enderezó y, poniéndose un dedo ante la boca, le apartó la mano lentamente. Sorprendido se volvió hacia Marion, que se había levantado y ahora estaba detrás de él, pensó que quizás debía honrarla antes que a María. También le gustaba, sus redondeces generosas presagiaban un temperamento devastador. Así que se levantó y la abrazó. La Pelirroja reaccionó en el instante y lo sacó de su abrazo con la fuerza de una amante celosa.

— ¿Qué está pasando aquí? — dijo enfadado, —he pagado regularmente mi entrada.

Las dos chicas empezaron a reventarse de risa.

— ¡Es nuestro regalo de boda! — dijeron, —te devolveremos el dinero.

Entonces se acercaron al pequeño personaje que se escondía en la esquina derecha de la sala, como Benjamin Constant lo había representado.

— ¡Luisa! — se exclamó, reconociendo a su futura esposa.



Jean Claude Fonder

El camino

Es un día difícil para la tortuga pequeña que rompe su cascarón del huevo y sale corriendo hacia el mar, empezando así su camino, a solas, por sus propios medios sin la ayuda de nadie. Es un día difícil para mí también, que por haber perdido hace tiempo mi camino anterior, al bifurcarse el mismo repentinamente, decido hoy apagar las luces, abrir la puerta, salir y andar un camino sin rumbo. Abandonaré los grandes senderos y seguiré el entramado de los estrechos, los más arriesgados, los que esconden dificultades, los que me obligarán a poner atención a los detalles, rebuscando sentimientos aparentemente perdidos. Llegaré tal vez a un destino final, donde encontraré otros caminos entrelazándose con el mío. ¿Seré capaz entonces de regresar a la misma playa como las tortugas marinas? ¿Seré capaz de recorrer el camino al revés, invirtiendo la cronología, rebobinando el pasado tropezando con los escombros de proyectos no realizados, de fracasos, de errores y de éxitos, sacando provecho de ellos? O tal vez, quizás, transitando de un sendero a otro, dejaré ir a la sombra que me acompaña, para perderme….perderme….perderme en este laberinto de nuevas emociones hacia un olvido del que no hay vuelta atrás, obligada a seguir adelante, actualizar el mapa de mi vida, abrir la mente a lo imprevisto, aprender a mantener la llama de la felicidad encendida gozando de las pequeñas cosas. Para percatarme, por fin, de que todo sigue igual.

Raffaella Bolletti

El sustituto

Observa por un momento la puerta pesada y masiva que parece desafiarla. Entonces, precipitadamente, hurga en su bolsa, saca el sobre que había preparado, lo desliza en un bolsillo del abrigo largo hasta los tobillos y luego baja un pasamontañas negro que la deja irreconocible pero también casi ciega. Entonces llama a la puerta. Esta se abre:
— Magdalena, ¿es usted?
Responde con otra pregunta:
— Marco, ¿es usted?
Sin contestar, la deja entrar y la guía hacia la cama grande que ocupa gran parte de la habitación. Ella se detiene cuando siente el borde derecho, su lado habitual. Le da el sobre, se quita el abrigo y se acuesta desnuda sobre la cama.

Habían concordado todo a través de Internet.
Magdalena era viuda, había perdido a su marido Marco hacía tres años en un accidente de coche. Estaba desesperada, aún no tenía hijos, nada que pudiera nutrir un amor que no quería que se agotara.
Su cuñado Carlos, que la veía hundirse cada vez más en una depresión sin salida, le aconsejó que se inseminara, pero ella rechazó esas prácticas que le parecían artificiales y antinaturales. Él sugirió entonces que buscara un sustituto, un profesional que aceptara ser un padre anónimo. Tuvo que insistir, pero al final ella aceptó inscribirse en un sitio serio que Carlos le había recomendado. Sorprendentemente, entró en contacto con un hombre que cumplía con sus exigencias que, todo hay que decirlo, eran un poco extrañas.
Magdalena quería que el hombre tuviera ciertas características físicas similares a su marido y que las reuniones se celebraran en el más estricto anonimato, según un protocolo bien definido.

Ella está tensa, la espera es interminable, todo su cuerpo está tenso. Ella piensa en Marco, como si fuera la primera vez. Cuando de repente una mano se posa sobre su seno izquierdo y lo acaricia ligeramente. «Este hombre es suave», piensa, y se relaja. Siente el pene que se está endureciendo en su muslo derecho. La mano  de él desciende a lo largo de sus caderas, se queda en el otro muslo y, a continuación, sube lentamente acariciando la sedosa entrepierna que ella entreabre un poco. El dedo del hombre penetra un poco en la ranura que ya está húmeda para desenmascarar el clítoris que halaga hasta que la pelvis de Magdalena se ve atravesada por pequeñas contracciones. Ella siente que su miembro la penetra con precaución, pero lo quiere todo dentro, se lanza hacia adelante, lo agarra con las piernas para forzar una carrera cada vez más desenfrenada. En un gran grito percibe en su vagina chorros largos de esperma que parecen definitivos.

Se quedan tirados al lado unos de otros por un momento sin decir nada.
Ella piensa en Marco: «¿Tengo que sentir remordimientos?».
Se pone las bragas y el abrigo y se va rápidamente de la habitación.

Unos días más tarde, Magdalena almuerza con Carlos, como siempre muy elegante, traje liso, camisa blanca sin corbata, pañuelo y perfume. Lo encuentra solícito.
—¿Va todo bien? —pregunta él.
— Sí, —responde ella, —es una persona amable y respetuosa, me gusta.
— ¿Aún no hay resultados?
— Todavía es pronto, creo. Sólo me he reunido con él unas pocas veces durante mis períodos de fertilidad. Quizás tenga que verlo más a menudo.
— Es cierto, sobre todo si te gusta, te veo realmente espléndida.

Magdalena esperaba cada encuentro con mayor impaciencia. Su cuerpo reaccionaba positivamente, cada sesión era un verdadero encanto. Se preparaba cada vez más cuidadosamente. Introdujo algunas variaciones en su atuendo, sujetador, braguita transparente, también él variaba las caricias durante los preliminares que se alargaban cada vez más. Los orgasmos eran más numerosos, y a veces incluso era ella la que despertaba su deseo practicando caricias orales que nunca se habría atrevido a imaginar con Marco.

Esa tarde, Magdalena está de nuevo en frente a la puerta. No lleva abrigo esta vez, lleva el mini traje blanco que le queda tan bien. Tiene que darle la gran noticia. Ella se pone de nuevo el pasamontañas y llama con decisión. Él le abre inmediatamente, como si estuviera esperando detrás de la puerta. La hace entrar y con su brazo le rodea los hombros. Ella también lo siente elegante, está perfumado … este perfume …
— Carlos, —grita Magdalena arrancándose el pasamontañas.

Entonces se abrazan y se devoran ferozmente en un beso de amor que ya no podía esperar.


Jean Claude Fonder

Nueva

Nos besamos en la estación, rodeados por una muchedumbre invisible.
Con el agua bendita de tu saliva me bautizaste. 
Yo era nueva. 
Nueva como la luna negra.
Nueva como un asombro. 
Nueva como una nena la noche de Reyes.
Lloré cuando el tren, indecente babosa roja, se alejó dejando detrás su baba de plata

Iris Menegoz

Nueva

Mis ojos se van acostumbrando a la penumbra. Llevamos unos diez minutos en el bar y ya puedo distinguir a Marcos en la barra. Lo atiende una melena rubia. Desde aquí no puedo ver más. Me vuelvo para hablar con Guillermo, acabo de conocerlo y su opinión cuenta, porque es el mejor amigo de Marcos. En ese momento le suena el teléfono. Guillermo me sonríe a modo de disculpa. Me arrebujo en la chaqueta de cuero nueva. He tirado la casa por la ventana, porque Marcos es la bomba. Guillermo toma la precaución de leer el nombre en la pantalla antes de contestar. «Me tienen frito», dice buscando mi complicidad. Paula (yo también he leído el nombre) no debe de ser la causa de ese molesto chisporroteo, porque responde inmediatamente. Tiro con torpeza de las mangas de la chaqueta nueva y me vuelvo hacia la barra. Inclinado peligrosamente sobre la barra, Marcos sigue charlando con la melena rubia, Me abrocho un botón de la chaqueta. «Es nueva», oigo que dice Guillermo. «No, no es Isabel, riñeron hace una semana, esta es nueva». Comprendo que se refiere a mí y no a la chaqueta: Isabel es la antigua novia de Marcos. Lo de la semana lo aclararé más tarde, espero, porque hace cuatro que conocí a Marcos en la tienda donde vendo prendas de cuero. Entró a comprarse un cinturón y mientras pagaba me dio su número de teléfono en un pedazo de papel. Lo deslizó por el mostrador. Igual que está haciendo ahora. La melena rubia ha estirado un brazo para coger el mensaje, que ahora hace resbalar por la barra. Reconozco el gesto. Irritada, me levanto de golpe y hago ademán de marcharme. Guillermo me detiene. «Espera, llevas una etiqueta colgando». Me agarra la manga derecha y tira.

Patricia Orts

I have a dream

Yo también tengo un sueño.

Un sueño que contiene todos los sueños.

Un sueño que no quiere perder nada de nuestro pasado.

Nuestros libros, los que leímos, consultamos y todos los demás que nos rodearon, confortaron.

La mesa maravillosa, que se puede configurar como quieras, donde hemos trabajado, conversado, festejado, recibido autores inolvidables.

Un sueño que quiero compartir con todos los usuarios, los compañeros, los amigos que la frecuentan.

Un sueño que está en manos de nuestra hada, nuestra hechicera bibliotecaria Ana. La que  todo empezó, desarrolló, diversificó, encantó… 

Ya lo sé, como el ave fénix, la sabrá recrear más hermosa, más concurrida, más rica… Un sueño, el mío: la nueva biblioteca Jorge Guillén.

Jean Claude Fonder

La llave

—¡Hay una nueva llave del portón! —me dijo el portero cruzándose conmigo en el zaguán. 

— Muchas gracias, ya la tengo –  respondió una muchacha detrás de mí. 

— ¿Quién es? —le pregunté a Anizio, mientras estaba limpiando los picaportes de bronce. 

— Tu nueva vecina.

– ¿Vecina? —Pensé, una mujer tan hermosa no es posible, la miraba por detrás mientras se alejaba. Pantalones cortos de ganchillo, suéter rojo ajustado, alta, pelo largo, morena, paso delicado y seductor. —¡La primera aparición de Nuestra Señora de Fátima! —el conserje soltó una carcajada en el patio.

— Tengo que cambiar toda mi vida —, estaba pensando para mí; una vida nueva, una buena pinta nueva, toda la “onda” de vanguardia, una habitación nueva renovada; la llave nueva debe ser cosa del destino. Una puerta nueva que se abre a un nuevo sitio; es hora de dejar todo atrás empezando un nuevo camino ya.

Hay que jugar todas las cartas con la vecina también. Mi vida siempre ha sido aburrida, sin pena ni gloria, y sin de subidones de energía.

A las tres de la mañana suena el timbre del interfono. Asustado, medio dormido, mientras estaba teniendo una pesadilla, respondo.

— Soy yo, la nueva vecina, discúlpame,  he perdido la nueva llave… me llamo Alejandro, por favor ¿puedes abrir la puerta?

Eso es lo que buscan y desprenden, me dijeron; ese “look” femenino un poco andrógino que tenía, era el encanto de la llave ganadora, la “nueva” era un nuevo.

Luigi Chiesa

Nueva

Olmo Guillermo LLévano

Sucedió al medio día, cuando reunidos en círculo perfecto construido con retazos de nuestras vidas, Sofia, Francois, Emma, Antonela, Verita, Constantino, Eligia, Mariola, Aurelio y yo Zabulón, recibimos al ladrón que a traición había entrado por la ventana revolcándonos el alma: “teníamos que abandonarlo todo”. 

Consternados, constatamos que alrededor los colores habían desaparecido hasta de nuestras propias pieles y reinaba el negativo de una fotografía antigua. Cundió el pánico…                                                                                                                                                  

— Es una realidad. La última en salir seré yo, — proclamó Sofía, guardiana angelical del “bosque encantado” y sabedora de los secretos sellados en maravillosos dibujos que llamamos letras, que sobreviven milenios de hecatombes.

— Nadie abandonará el barco, rechacemos al enemigo, —protestó firme Constantino y Antonela valerosa se ofreció a enfrentarlo sola.  

— Estamos perdidos. Ahora qué va ser de nuestras vidas…, exclamó Mariola en un mar de amargura.

Aurelio, buen líder y con luz propia, llamó a la calma en un momento donde las palabras retumbaban, se nos enredaban  y nadie entendía nada… 

— Ya no hay tiempo. En segundos el acceso será clausurado. Aquí no volvemos, —sentenció Verita.                                                                                

… Uno a uno nos fuimos levantando cabizbajos, con excepción de François y Emma quienes ofreciéndonos emblemáticas sonrisas de tranquilidad y calma, guiaron cada paso nuestro hacia la salida, un túnel sin tiempo que penetramos, desembocando al instante en un nuevo mundo… Un espacio asombroso inundado de colores entrelazados… los amarillos azafrán, maíz, limón y oro con los rojos cadmio, remolacha, indio, rosa, fucsia, rubí, terracota, azules cielo celeste, jade, turquesa, púrpura violeta, naranjas, verdes bosque, esmeralda, lima, manzana…                                                                                                                                                                                                                     

Estaban todos. Una música celestial nos envolvía.

Nuestro mago alquimista y su sacerdotisa nos dieron la bienvenida:

— Les presento la nueva sede. Ella sigue siendo nuestra segunda casa y está a sólo diez pasos de la mía…

— En incontables ocasiones, había soñado lo mismo…

Olmo Guillermo Liévano

Nueva destinación

Los muros de la antigua fortaleza han sido apenas refrescados.  Encaladas las celdas, iluminados los estrechos corredores que no hace siquiera un siglo atrás llevaban de las mazmorras al patio central donde se levantaba el cadalso. Los desgastados terraplenes, consumidos un tiempo por el ir y venir de caballos, de  cañones y botas y luego de vehículos chirriantes, han sido  rellenados y  recubiertos con un pedregullo claro, casi blanco, que contrasta con las altas murallas incrustadas en los dientes oscuros de los Alpes. La nueva destinación prevé que la fortaleza se convierta en un polo de atracción turística, un centro cultural. Grandes carteles amarillos esparcidos por torres y desniveles indican ahora, sin posibilidad de error, direcciones obligadas: entrada, salida, punto bar,  ascensores, baños. Estos últimos, concebidos con criterio postmoderno dentro grandes containers negros semejantes a búnkeres.

Para rehabilitarla han recubierto la extensa pared del fondo, la de los fusilamientos, con una enredadera que recae sobre el foso, revestido de césped y bancos de madera, rebautizado “zona relax”. Los calabozos de la antigua prisión ahora albergan cuadros e instalaciones de artistas  contemporáneos. El gran despliegue de iniciativas forma parte de un proyecto mayor que se propone dar nueva vida a aquella que fuera en una época un laberinto infernal.

Y pudiera decirse que casi lo han logrado si no fuera por algunos hechos incontrolables que nadie sabe explicarse. Sucede a menudo que los visitantes vengan azotados por un tropel de ráfagas heladas que como escalofrío recorren las cavidades del baluarte. Sucede también que escapen asustados por los lamentos que,  como respiración entrecortada,  brotan de la piedra. Si no fuera por esto, la nueva destinación sería perfecta. Nadie habla tampoco del líquido morado que cada tanto destila de las grietas y que ningún encalado ha conseguido hasta ahora cancelar.

Adriana Langtry

Nueva vida4

Pensamientos, pensamientos, pensamientos…. aparecen en continuación, de día de noche, son responsables de mi escaso descanso nocturno. Una inquietud sin respuestas…

Todo empezó desde que Rodolfo ya no está. Murió en un accidente aéreo hace 5 años. Un avión de la Delta, vuelo n. 2015. Número que coincidía con la fecha del aniversario de nuestro matrimonio. Tenía que  llegar desde Nueva York el 2 de septiembre 2015 para celebrar juntos nuestras bodas de papel, primer año de matrimonio.

Rodolfo era el amor de mi vida.

Desde entonces vivo cotidianamente con un ansia que se refleja en una actitud de espera y prisa al mismo tiempo como si no tuviera tiempo.

No respiro casi, como si viviera en apnea.

Era un día como otro. Cinco horas de trabajo sin interrupción.

De allí corrí a tomar el tranvía, Tenía que hacer un montón de cosas antes de la noche. El tranvía me hizo esperar 20 minutos aumentando mi ansia.

De carrera fui a la tintorería, a la  peluquería, a hacerme la manicura….Todos preparativos para la noche.

Tenía una cita. Una primera cita.

Por lo general la primera vez se trata de ser perfectas!

Una cita con un hombre.

Mis amigas habían organizado todo.

Después de muchas decepciones, esta vez, me convenció aquella voz al teléfono. Su presentación escrita me había intrigado.

Llegué a la cita en metro.

Con miedo de llegar tarde los últimos metros los hice corriendo y diciéndome  a mí misma que tenía que cambiar algo en mi vida.

Desde lejos vi una figura masculina sentada en un banco de un parquecito leyendo un libro enfrente del bar donde nos habíamos dado cita.

Empecé a frenar. Me preguntaba si nos habríamos reconocido. Nos habíamos visto solo en foto.

Cuando llegué cerca del banco, él levantó sus ojos sonrientes y dijo ¡Hola! Reconocí la voz y yo también sonreí.

Me había calmado, la prisa me había abandonado, finalmente comenzaba a respirar después de un día de apnea.

Sentada en el bar uno frente al otro, sentí profundamente que era el inicio de una nueva vida

Myrna Gil Quintero

Nueva

Nueva edad de la piedra tras la

Nueva catástrofe amazónica. 

Nueva York y Pekín callan, asfixiados por los miasmas que rezuman sus cloacas. Mientras tanto, Siria, Yemen, Palestina, Latinoamérica y África agonizan en guerras viejas disfrazadas de nuevas. 

Por suerte, estamos nuevamente reunidos para leernos, reencontrarnos y hablar en nuestra bella tertulia.

Maria Victoria Santoyo Abril

Nueva

Decido viajar en solitario sin maletas <<llevo en mí todo lo que necesito>>, y sin billete de vuelta<<sé que no voy a volver>>, hasta flotar en un infinito muy lejano. Me llamo NUEVA como NUEVA es esta misión cuyo viaje todavía no ha acabado ni, de momento, tiene pinta de hacerlo. Queda un largo camino por recorrer. A través de nebulosas, cola de cometas, y estrellas en espera de ser bautizadas con nombres poco creativos, siento un telescopio espacial que me apunta: acaban de descubrir mi presencia.

Desde mi paradero extrasolar he visto la progresiva destrucción de la Tierra y la inquietud que ahora sacude al ser humano. Así que tengo que darme prisa para llegar pronto en ayuda de mi lejana gemela, chocaré con la Tierra y fusionándome con ella aportaré mis recursos. Me llamo NUEVA y por ser tal causaré un poco de tensión pero despertando también emociones y curiosidades. ¿Tendrá el ser humano la capacidad de empezar como si fuera un recién nacido aprovechando la experiencia adquirida y mi sacrificio?

Raffaella Bolletti

Nueva lección

 

Corrían las horas en el improvisado invierno, mientras una mácula en el infinito daba señales de delirio, prorrateaba el desconsuelo en los desconocidos y las hojas de los árboles se marchitaban sin realmente saber el motivo. 

El estrepitoso viento desanimaba las cuerdas vocales de cada individuo, porque el brutal clima antagónico no era concerniente al tiempo más bien parecía lacónico, insidioso y fatal.

Solemnemente me aprehendía a la opulencia de mi alegría y comenzaba a deambular sin pensar en las secuelas que esto podría causar porque no soy escéptico a las desgracias, así que la aflicción en mí no tenía lugar; más bien, soy obstinado con mi escrúpulo cerebral y soy falaz con lo que me hace mal, más bien me puse a deliberar con mi mansedumbre, obviamente sin alevosía porque a veces el soliloquio en mí es un ritual. 

Al final de la tormenta con una total ataraxia llegue a una razonable conclusión… extenuado digerí el soporífero y me fui a descansar. 

Dentro de este pequeño párrafo hay palabras que para ustedes tal vez sean muy comunes, pero para mí no, porque las ansias de alimentar el léxico de mi humilde cognición me invitan a buscar en el diccionario y cada día aprender una nueva lección.

Luis Alberto Prado

Fedra 2000

Hipólito y Fedra, obra realizada por Pierre-Narcisse Guérin en 1802

Su madre la había llamado Fedra.
—¿Por qué? —me preguntarán ustedes.
Podría contestarles que fue pasión por la tragedia griega, pero la verdad es que no lo sé.
Cuando la chica se convirtió en adolescente descubrió, no sin miedo, todo el peso de este nombre. Decidió que nadie controlaría su destino. Casarse, vivir una historia de amor, en el siglo XXI, era algo antiguado. Tendría los amantes que elegiría, guapos, quizás ricos, y ella se dedicaría a una carrera que veía prometedora. Trabajaba en el campo de la moda.
Tengo que decirles que, desde el punto de vista estético, no era perfecta. No muy grande, con poco pecho y ancha de caderas, tallada para dar a luz a muchos niños. Sin embargo, tenía una sonrisa hermosa y sabía cómo aprovecharse de todos los recursos que la moda y la cosmética moderna ponían a su disposición. Milo Manara no habría creado mejor personaje.
Charles fue el primero, un tipo guapo, sus amigas estaban celosas, pero todavía era un estudiante, con su vida y su carrera ante él y Fedra no quería esperar.
Unos meses más tarde le tocó el turno a Claude, un cirujano, profesión prestigiosa que garantizaba un buen nivel de vida, sobre todo cuando se tenía una larga experiencia. A Claude no le faltaba, quizás tenía demasiada. El caso es que no duró.
Theo le sucedió, un armador griego, no era Onassis, pero bueno. Era griego, eso habría tenido que llamar la atención a Fedra, pero las ventajas eran numerosas: viajaba mucho, sus ingresos eran importantes, frecuentaba la alta sociedad, tenía varios yates, …
El idilio se prolongó.
Un día, en Nueva York, conoció a Hipólito, guapo como un dios, oficial de marina, un Corto Maltés americano. No pudo resistirse y se lanzó a la conquista de ese adonis que el destino había puesto en su camino.
Sorprendentemente, cuando Hipólito supo su nombre, la rechazó.
No lo entendía, el amor del que negaba la existencia la cegaba, estaba desesperada. Incluso ella amenazó con suicidarse, esperando conmoverlo. El tiempo apremiaba, su rico amante estaba volando para reunirse con ella. En el aeropuerto JFK, Fedra se encontró con Hipólito y descubrió que también esperaba a Theo. Era el hijo que había tenido con otra mujer. Ella se adelantó y acusó a Hipólito de coquetear con ella. Theo estaba furioso.
En el hotel se pelearon, Hipólito tenía una pistola en la mano y disparó. Fedra se interpuso y murió en el instante.
El destino seguía siendo inexorable, la tragedia inevitable, los dioses despiadados no habían perdonado.


Jean Claude Fonder

Venus

A Iris

Se llamaba Venus, un nombre significativo pero que se encuentra raramente. Tenía una cita con ella en un bar del centro de Milán. No la conocía, habíamos quedado por Facebook. Somos «amigos», ella había insistido porque normalmente no me gusta aceptar las peticiones de amistad de personas que no conozco. No me interesa chatear a través de las redes sociales ni con mis verdaderos amigos. Ella quería escribir artículos para mis blogs. Estoy jubilado, y he creado lo que podríamos llamar revistas digitales de interés cultural. Entonces había echado un vistazo a su página, Sin duda, teníamos muchos ámbitos de interés en común y sus textos me gustaban mucho. Ya tenía algunos colaboradores voluntarios que me ayudaban. Las revistas tenían un buen éxito y no podía realizarlas yo solo.

Estaba sentado en la terraza del bar, olía a primavera, el sol espolvoreaba sus primeros rayos y una extraña alegría reinaba en el aire. Con este nombre y las fotos que había visto en su página me esperaba un placentero encuentro.

— Soy Venus, usted es el señor Jean Claude.

Me di la vuelta sorprendido, una señora mayor, baja y menuda me sonreía detrás de sus elegantes gafas de sol negras con adornos plateados. Llevaba un extraño gorro, también negro que cubría toda la cabeza, pelo incluido, con sus pantalones y blusa del mismo color, y sus zapatos bajitos que recordaban las gafas, era muy elegante, una Greta Garbo, que en secreto venía para asistir a un espectáculo de La Scala. Me alcé y apreté ligeramente su mano, me parecía tan frágil.

— Llámame Jean Claude, te llamaré Venus como en Facebook.

Empezamos a charlar, le conté la historia de los blogs, las lineas editoriales, los colaboradores y el método de trabajo. Luego me enseñó sus borradores, basados en proyectos multimedia, textos, reproducciones, fotos, videos y música. Todo muy interesante, Venus era una verdadera artista en todos los sentidos de la palabra.

El calor estaba aumentando, ella se quitó el gorro. Me quedé estupefacto, era Nefertiti sin su tiara, el craneo rapado y dos enormes pendientes blancos y negros encuadraban una cara en la que los ojos, la nariz un poco aguileña y una boca ligeramente carnosa diseñaba facciones perfectas que la rejuvenecían enormemente. Entonces, ella se giró hacia la maleta con ruedas que traía y se inclinó para coger otras carpetas que estaban dentro. Su blusa se levantó un poco, descubriendo su espalda y dos hoyuelos de Venus enloquecedores.

Era ella, era Venus misma, que quería conocerme, la encarnación de la mujer perfecta. Fue el inicio de una larga y maravillosa colaboración. Más tarde, cuando la conocí mejor, supe que Venus era su apodo artístico.


Jean Claude Fonder

El silencio

Como cada vez, algo rompe el silencio: alguien que tosa, un grito fuerte y aislado: «bravo», o un triste y moderno aplauso con gritos agudos obligados. 

El director frustrado baja las manos y voltea hacia el público para recibir una ovación, merecida e inculta. El canto de la soprano y las últimas notas del corno inglés nos habían levantado a una zona insólita y límite entre sueño y realidad con los nervios ópticos despiertos. Teníamos que vivir la música de nuestra alegría celeste. En silencio.

Pero Mahler está muerto, gustar el silencio está inalcanzable, aplaudimos porque es él. El populismo ha conquistado hasta la música. Sin sonorización el mundo es inconcebible…

Fin de la transmisión: ¡Publicidad!!!


Jean Claude Fonder

«Le chemin creux»


Esa mañana decidí ir a dar una vuelta por el campo de batalla. Vivía a pocos kilómetros de él. Tomé mi bicicleta y por pequeños caminos, incluso algunos apenas esbozados a través de los campos, me encontré en poco tiempo cerca de la granja de la Belle Alliance contemplando la “morne plaine“ (lúgubre planicie) como la llama Victor Hugo.

El tiempo era perfecto, había llovido durante la noche, pero esta mañana el cielo era límpido y el sol ya atravesaba despiadadamente la ligera niebla que flotaba sobre las grandes extensiones de tierras apenas sembradas, entrelazadas de terrenos donde ya dominaba el verde. Era como un gran tablero de ajedrez ondulado, poblado aquí y allá por las granjas históricas de la batalla, y tachado por algunos setos o por una línea de árboles que denotaba la presencia de un camino. 

Un “chemin creux” (camino encajonado), yo conocía uno que me llevaría al otro lado del campo para disfrutar de otro punto de vista. Una maravilla, un verdadero túnel verde sombreado y perfumado que parecía aislarte definitivamente del resto del mundo. Me alisté en bicicleta a mano, con cuidado, el suelo todavía era esponjoso.

De repente un ruido terrible e inesperado desgarró la serenidad de mis pensamientos. Un jinete equipado como un acorazado francés, acababa de atravesar la muralla verde que bordeaba el camino y no sin esfuerzo había alcanzado al otro lado, pero inmediatamente otro siguió y se estrelló en esa zanja inesperada. Pronto todo el encierro del camino hueco se llenó de caballos y jinetes inextricablemente amontonados. Se oían las ráfagas de disparos de metrallas que acababan con este regimiento en derrota.

Parecía que la terrible y fraterna batalla se hubiera reanudado en Waterloo, Europa.


Jean Claude Fonder

Pompón Rojo

Pompón rojo, todos en la escuela le daban este apodo. Llevaba vaqueros azules índigo, un color que me inspira últimamente, un jersey rosa viejo, y zapatos deportivos blancos con una fina linea roja como el pompón. Chico o chica no importa, si lo hubiera llamado Caperucita ya estaría tachado de sexista.
Estaba atravesando el bosco para ir a visitar a sus abuelos y llevarles una torta. Su mama había preparado la pasta y su padre el relleno, o inversamente, lo que sea.
Caminaba silbando con alegría, cuando surgiendo del horizonte apareció un rumor ensordecedor y negro, era una poderosa moto montada por un personaje vestido enteramente de piel y con casco integral. Un inscripción en cima de la visera oscura amenazaba: «Los lobos». No se entendía si era un varón o una hembra, pero no es importante, o más bien lo es.
— ¿Adónde vas así cargado? —preguntó con una voz oscura y dulce al mismo tiempo.
— Al final del bosco, a la villa de mis abuelos.
— Está lejano. ¿Quieres que te llevo hasta allá?
— No, gracias, me gusta caminar, — respondió Pompón rojo. Sus padres le habían enseñado que un chico o una chica, no importa, no debía subir al vehículo de … una persona desconocida.
Él motociclista negro, dio una vuelta y desapareció rápidamente en la lejanía.


Jean Claude Fonder

Mundo naïf

Surprised HenriRousseau.1891

Tiempo atrás tuve la ocasión de visitar el Museo Internacional de Arte Naïf Anatole  Jakovsky de Niza -ubicado en el Castillo Sainte-Hélène, antigua residencia del famoso empresario perfumista François Coty-. Tengo que admitir que este museo era el último en mi lista de lugares para visitar en “Niça la béla”. Descubrirlo fue una agradable sorpresa. 

¿Qué sabía yo del arte naïf? Poco y nada. Que era un estilo cercano al mundo infantil.  Y en parte es así. El naïf es llamado también arte ingenuo, instintivo, pero eso no es todo. Es un estilo que se desarrolla a fines del Ochocientos, fuera de las corrientes estéticas y movimientos culturales de la época y ajeno a todo academicismo. De hecho, sus adeptos eran en su mayoría autodidactas, en muchos casos de origen modesto, quienes utilizando formas sencillas creaban mundos particulares, maravillosos, cargados de fantasía, visiones, simbolismos vinculados a la vida cotidiana y a la iconografía popular. Caso ejemplar fue la llamada “escuela de Hlebine”, uno de los primeros grupos de arte naïf a nivel mundial formado por campesinos croatas autodidactas que en los aňos treinta del siglo pasado comienzan a dedicarse a la pintura durante la temporada invernal de descanso agrícola. Sus obras evocan la vida rural: paisajes, ritos, retratos que adquieren el rango de arquetipos identitarios. 

En el Museo de Niza se exponen pinturas, esculturas, dibujos. Recorrer sus salas es descubrir la historia del Naïf desde el siglo XIX hasta nuestros días. Encontramos artistas como el pionero Henri Rousseau (1844-1910) llamado El Aduanero (Le Douanier), quien comienza a pintar durante las horas muertas de su aburrido trabajo en la Aduana de París; como Séraphine de Senlis (1864-1942), de origen humilde que ya entrada en los cuarenta y trabajando como criada inicia a pintar durante las  horas de descanso sus luminosas flores (la película de Martin Provost, “Séraphine”, narra su triste historia); como Antonio Ligabue (1899-1965) para el cual el naïf será el trampolín hacia un trágico y potente expresionismo; como los óleos pintados bajo vidrio por Ivan Generalić (1914-1992) o Slavko Stolnik (1929-1991), artistas de Hlebine. 

Esta corriente artística, que ha tenido repercusión internacional como lo prueban las obras de los brasileños Chico da Silva y Heitor dos Prazeres, de la argentina de origen alemán Aniko Szabo, de la mexicana Carmen Esquivel, de los anónimos pintores de ex-votos o de Isabel Martínez Ferrero madre del naïf español -para citar sólo algunos-, se caracteriza por la sencillez y la espontaneidad de sus figuras: formas idealizadas o fantásticas, uso de perspectivas alteradas o inexistentes, precisión de detalles, dibujo no siempre perfecto, búsqueda de armonía sin pretensiones reflexivas, uso de colores brillantes y de fuertes contrastes, gran impacto visual. El Naïf forma parte de aquellas artes definidas “populares” (primitiva, brut, singulier, folk, quilting, pop y demás) producidas por artistas no profesionales o fuera de las corrientes institucionales, si bien ha contado entre sus filas pintores como Gauguin y Frida Kahlo y tenga hoy un circuito propio de galerías y museos especializados. 

La vasta colección del museo nizardo se debe en buena parte a Anatole Jakovsky (1909-1983), critico de arte francés nacido en Chisinau, cerca de Odessa, y promotor a partir de los aňos cuarenta del arte naïf, quien en 1978 dona a la ciudad su importante colección privada.

¿Qué más decir? El lugar es hermoso, una residencia de dos pisos rodeada de jardines y muy cerca del mar. La colección sorprendente. El naïf un mundo original y rico de  sorpresas. En fin, si pasan por ahí no dejen de ir a visitarlo. Y si hacen una lista, no olviden ponerlo al tope.


Musée International d’Art Naïf Anatole Jakovsky: Château Sainte-Hélène, 23 Avenue de Fabron, 06200 Nice, France


Adriana Langtry

El sufrimiento

Las compañías
Germán Álvarez (Mendoza, 1968)

Un camino arduo, con fuerte pendiente, en medio de un bosque frondoso. Cada paso es difícil, necesitas el bastón para avanzar.

Una mañana, después de una larga y dolorosa noche, el sufrimiento tomó posesión de tu cuerpo. Estar tumbado en un lecho de dolor es intolerable; levantarse, enderezarse parece una empresa imposible. Al arrastrarte, conquistando cada centímetro, finalmente logras llegar al borde de la cama, entonces, en un esfuerzo sobrehumano, un gran grito te permite vencer el dolor y te levantas ayudándote con ambas manos. Sentado en el borde, esperas un momento para recuperarte, luego haces palanca con el brazo sobre el muslo más débil y finalmente recuperas la posición de pie. Un momento más para que la sangre baje por tus piernas, que están como paralizadas, agarras el palo que espera junto a la cama y das el primer paso.

Cada paso es una victoria, el siguiente será más fácil. Todos los gestos necesarios para levantarse son una batalla por la que luchar, a veces ferozmente: ir al baño, afeitarse, ducharse, curarse y finalmente, el más duro, vestirse. Se necesita tiempo, porque cada movimiento requiere una estrategia para evitar el dolor.

El desánimo es como una sombra negra que te sigue, al acecho de la menor dificultad, para desalentarte, para recordarte que esta situación puede durar. Cada año, con la edad que avanza, el dolor puede llegar a ser cada vez más difícil de soportar y finalmente llegar a convertirse en definitivo. Además, no es sólo tu cuerpo el que sufre, el espíritu también está obsesionado con el dolor. A veces esto puede llevar a un incremento de creatividad, pero en la mayoría de los casos obstaculiza el pensamiento y no deja espacio para ningún otro sentimiento.

El sueño, la imaginación, afortunadamente, es como una sombra blanca, que nos abre el camino de la esperanza, la ilumina con la alegría de crear.

Como estas palabras que me han inspirado el cuadro de Álvarez y el sufrimiento que me persigue en este momento.



Jean Claude Fonder