El regreso

A veces sueňo que regreso. Vuelvo en el barco de vapor en el que emigraron mis ancestros. Envuelta en un mantón descolorido, un sombrero de fieltro y por todo equipaje mi alma inquieta.
A veces sueňo que regreso. Espero en la rada del puerto el antiguo carruaje que me llevará al barrio de la infancia. Arrabal de casas bajas, azoteas encaladas y un cielo siempre apurado que me despeina los cabellos.
A veces, cuando sueňo que vuelvo, recorro la avenida de acero, afilado cuchillo que parte en dos la ciudad entrando de lleno en la llanura. Y a los lejos, una bandada de sombras levanta polvareda, diseňos colosales, monstruos goyescos.

A veces sueňo que regreso. Paso a paso, equilibrista inexperta sobre los cables sueltos del teléfono. Cruzo el océano enredada en el murmullo de voces familiares, auscultando la hondura de lo no dicho, descifrando el alfabeto extraviado en la distancia.

A veces vuelvo a una ciudad desconocida que sin embargo conozco, que he deseado, recorrido, donde una esfinge decrépita gesticula sobre un cúmulo de tabas y una niňa me habla en jeringoza.
A veces vuelvo a una ciudad rompecabezas, a las calles de un libro donde sigo jugando a la rayuela. Y otras veces escapo de una zona de guerra, de una agenda sin nombres, de una muerte sin cuerpos.
A veces sueňo que regreso. Nadie me reconoce. Nadie habla mi idioma. Una ola me engulle. Una mano me atrapa. Tengo miedo y no sé si vengo o voy.

A veces, cuando vuelvo en los sueňos, llego feliz al jardín de la abuela, a la chicharra llorona en el árbol de tipa, al grito desaforado de los teros, al zanjón y a la esquina de tierra donde nos besamos por primera vez.
En ciertos sueňos regreso en tranvía, en otros lucho contra la marejada y en otros me reencuentro con mi madre que, sentada en un arcón de plata, me pregunta con sorna: ¿pero qué haces aquì?.

A veces sueňo que regreso. Vuelvo en la lengua ancestral de las caricias y otras, cuando sueňo que vuelvo, no logro recordar mi domicilio.
Pero a veces sueňo que no vuelvo, que el viaje es un pasaje de ida sin retorno. Son los sueňos mejores. Me siento finalmente libre. Y dondequiera que despierte, ya llegué.


Adriana Langtry

Ulises

VIAJE
Christian Schloe

A la muchacha le gusta nadar. Cada día hace más de cien largos en la piscina. Es verano, la piscina del hotel en el que transcurren sus vacaciones es grande y muy bonita, en medio de un jardín lujoso. El hotel está en lo alto de una colina por las laderas de la Garfagnana, cerca del mar toscano. Desde sus balcones se ve, en la lejanía, el horizonte en su inmensidad azul. Allí debajo están los pueblos costeros de la Versilia, con sus playas enloquecidas de veraneantes.

Durante todo el día, Anastasia espera impaciente las 4 de la tarde. La liturgia de los bañistas es larga, repetitiva y aburrida, cada hora necesita refrescarse, reponerse la crema solar e intentar leer algo que supere las revistas de moda o de música pop. La época en la que las damiselas cuidaban celosamente su piel de alabastro ha pasado desde mucho tiempo, hoy no emular los colores de una india de regreso de vacaciones, parecería una condena a quedarse solterona o doblar el peligro de hacerse birlar al novio actual. 

A las 4, la familia vuelve al hotel para tirarse a la piscina, el mar en Versilia no es muy atractivo, parece poco limpio con su arena marrón y de todos modos no se puede nadar realmente, lo que Anastasia llama nadar, el placer inefable de moverse al compás, sin olas que te molesten, con la mente que se recoge en la intimidad de sus pensamientos. A Morgana, su hermanita de 6 años, que todavía nada con manguitos, le gusta mucho más quedarse en la playa, saltar las olas del mar, los juegos en la arena. 

Por eso Anastasia le ha comprado un pequeño barco eléctrico, hoy lo van a estrenar. Por suerte el agua de la piscina llega casi al nivel de los bordes, la niña puede poner a flote el barco sin entrar en el agua. Es mejor hacerlo en la piscina porque el agua es más tranquilla. 

—Vamos a bautizar el barco, Morgana. Lo llamaremos Ulises en honor del famoso viajero griego, el que logró huir del canto de las sirenas haciéndose atar al mástil del barco para finalmente reunirse con su mujer Penélope.

El Ulises se pone en marcha suave y valerosamente, toma la dirección de la otra orilla ante los aplausos entusiasmados de la hermana pequeña. El motor vibra con regularidad enfrentándose a las olas que, dada la dimensión del pequeño barco, son amplias y desordenadas. Sin embargo, el Ulises prosigue sus esfuerzos sin cansarse. Morgana y Anastasia se han trasladado a la otra orilla y esperan al ganador cuando, de repente, llega una enorme ola que sumerge y vuelca al pobre Ulises. Un nadador desconsiderado había virado acrobáticamente desde el otro lado de la piscina, provocando un verdadero tsunami. Morgana llora desesperadamente.

Entonces Anastasia entra en el agua, recupera el Ulises, lo pone de nuevo a flote en dirección de la zona menos profunda y lo hace partir nadando a su lado y protegiéndolo con su cuerpo como una verdadera Nereida, diosa de los marineros.



Jean Claude Fonder

Leer a Alejandro Chanes Cardiel

Milan, junio de 2018.

El calor oprime la ciudad, estoy en mi sillón delante de la computadora, Alejandro me mira con una sonrisa imperceptible, siento mis párpados pesados, pero estoy bien, vacío, relajado, acabo de leer Al rayar el día, uno de los relatos de Nadie está bien del todo que la Colección El pez volador ha publicado en mayo de 2018.

Un hombre regresa del sueño a la realidad, el aroma del café llena el ambiente matutino y se prepara para ir a trabajar. Mientras, la vida se despierta con alegría en la ciudad, como si estuviéramos en la canción Paris s’éveille de Jacques Dutronc, él:
Acelera el andar y se hunde en la oscuridad del metro cuando ya el sol ha ocupado la mañana.
También yo me despierto del todo, ante la descarga que me da esta frase anodina.
Y no es la primera vez. Los relatos de Alejandro Chanes son variados, de dimensiones diferentes, con el humor de Tati siempre presente, un humor de situación. Alejandro nos cuenta extractos de vida normal o casi, pero en cada uno de ellos hay algo raro, raro en los acontecimientos, en los personajes y, por supuesto, en las situaciones que nos hacen reír, a veces rechinando los dientes. Los payasos a veces son tristes, y la cara blanca se burla de ellos.

Los cuentos están reagrupados en tres secciones:

I.   Síntomas preocupantes
II.  Lo normal extraordinario
III. Todo esto es muy raro

Comentaré uno de los cuentos que más me ha gustado de cada una para que puedan hacerse una idea, pero todos son muy buenos y, aunque el conjunto es estremecedor, aconsejo saborear cada cuento como si fuera una verdadera praline, rica de reflexión.

I. Mi mujer, la muleta y yo
Crónica de una caída

En esta crónica no falta el humor inglés, que brilla en el episodio cuando nuestro protagonista es conducido en silla de ruedas y encuentra otro vehículo, un cochecito de niño:
Su ocupante me suele mirar raro, salvo uno muy solidario que me ofreció un conejito de goma. En cambio con otro tuve un pequeño problema; yo, de natural amable, acerqué mi mano para hacerle una caricia pero el muy … me pegó en el dedo y luego miró a su madre quien, con una sonrisa amorosa, dijo a mi acompañante: «está muy adelantado, tiene varios dientes», y luego con un gesto de la cabeza, dirigido hacia mi persona, preguntó: «¿y él?». Mi conductora le respondió muy satisfecha:
—Ya está dando los primos pasos.

II. Una historia corriente

Será corriente esta breve historia, pero no me asombraría que en un rincón oscuro del salón encontrásemos a un Hitchcock que con un dedo sobre los labios nos invita a decir que no le hemos visto. En la luz moribunda de un atardecer, en una habitación envuelta por la soledad, asistimos a un asesinato perpetrado por un corcho descorchado. Este es el ambiente en el que Alejandro magistralmente nos hace vivir esta historia corriente.

III. La sombrilla

Una mujer joven, con una sombrilla en su mano que hace girar de vez en cuando, avanza hundiendo sus pies en la hierba, aún húmeda por el rocío. La mañana es radiante, con un cielo azul apenas salpicado por pequeñas nubes dispersas. Tiene el semblante alegre, a tono con aquella explosión de paz y belleza que la rodea.
La luz, el ambiente, la naturaleza, tienen siempre mucha importancia en los relatos de Alejandro. Como amante de cine que soy, eso me gusta mucho; no me interesa solo el guion, si no que me encanta que el director me deje descubrir los alrededores de la historia. Después, cuando ocurre lo terrible, lo raro, lo inesperado, estoy preparado.

Aconsejo a todos que no se pierdan esta pequeña joya: Nadie está bien del todo.


Jean Claude Fonder

Valeria Correa Fiz participa en el proyecto “Frankenstein Resuturado”

Se cumplen 200 años del nacimiento de la criatura de Mary Shelley, de una criatura, como ella misma dijo, no creada del vacío sino del caos. En Frankenstein resuturado, un proyecto magníficamente editado por la editorial Alrevés y dirigido por Fernando Marías, se homenajea a un personaje que cambió la literatura y que se convirtió en un referente tanto de la novela romántica inglesa como de la novela de terror.

… (+) Sigue leyendo el articulo de Almudena Natalías en Moon Magazine

1848-1857 Valeria Correa Fiz, «Dos bordes de una misma herida»: Tras la muerte de Mary Shelley (su madre, su amada), la criatura, con el lenguaje desgarrador que nace tras la muerte de un amor, imagina un futuro con ella. 

Ilustración de Fernando Vicente

Junto a la prosa y a la poesía, no podía faltar la música. Los 21 relatos se abren y se cierran con unas composiciones musicales que acompañan al lector en su lectura. ¿Qué más podemos pedir?


TELEMADRID


  •  Frankenstein resuturado se puede Comprar Aquí y también en Amazon.

Jean Claude Fonder

In grandmas hands

In grandmas hands
Keith Duncan Mallett

Cuando vi por primera vez este cuadro, me gustó inmediatamente. Los colores son omnipresentes, rojos, amarillos, marrones y muchos otros. Predominan los colores cálidos, pero la calidez la trasmiten sobre todo los sentimientos que manifiesta la abuela, la Grandma, hacia el niño o la niña, el amor no distingue. ¿Quién no percibe la felicidad en la mirada del niño que elige la única rosa amarilla del ramo de flores multicolores? ¿Quién no querría sentirse protegido en el abrazo de esta ancha estola, ella también adornada por un dibujo floral? 

No conocía a Keith Mallett, así que busqué sus obras en google. Las palabras que me vienen en mente para cualificar este artista, sin duda son colores, África, mujeres, música de jazz, en este caso música soul. Me encanta el dibujo de este trompetista del que no se ve la cara, solo el sombrero y su instrumento que está tocando. Oigo hasta acá «Work Song» del Cannonball Adderley Quintet. 

Todo está un poco estilizado en su obra, pero me parece que el cuadro que hemos elegido es un poco más personal. Se podría imaginar este dialogo con su hijo que le dice:

—Papá tu estas siempre dibujando a preciosas mujeres africanas vestidas de riquísimos vestidos colorados. ¿Por qué no dibujes a Grandma? ¿Es porque se viste siempre de negro?

—Bueno hijo, tu Grandma es hermosa. Si se viste de negro es solo para recordar a Grandpa. Quiere que veamos que no lo olvidará nunca. Yo tengo que dibujar cosas alegres, coloradas porque es lo que piden mis clientes,

—Pero Papá, ¿no se puede hacer nada?, Grandma me quiere mucho, no me regaña nunca, me trae siempre bonitos regalos, es tan cariñosa conmigo. Su piel es dulce como la seda. Estoy seguro de que le gustará a tus clientes.

—Hijo, hijo ¿qué me estas pidiendo?

—Papá eres un artista famoso, eres buenísimo ya lo sé. Es verdad que Grandma es muy linda, le pediré que se ponga su gran estola de rosas y yo me pondré en su regazo con un ramo de flores. Ya verás que a la gente le va a gustar. Tienes que pedírselo tú y la harás feliz y la gente lo sentirá.

No sé si fantaseo pero la realidad es que su cuadro “En Grandma’s Hands” es una de sus obras más conocidas y que a mí me encanta.



Jean Claude Fonder

Por una cerveza

Unas semanas atrás, una amiga del Tapañol me comentaba que en su país existe una enorme variedad de cervezas. 

No sé si fue la charla o el calor anticipado y sofocante que esa tarde envolvía Milán, lo cierto es que algo funcionó como aquella famosa “magdalena de Proust.” De repente, me encontré catapultada en los veranos porteños de la infancia. Días interminables de agobiante canícula cuando mis jóvenes padres sacaban de la heladera la botella oscura y vertían, en grandes jarros de vidrio, el líquido dorado que subía y subía hasta el borde del vaso, donde un precavido dedo índice impedía a la espuma de derramarse. De la etiqueta azul en la botella reconozco inmediatamente la Quilmes. Y sin darme cuenta estoy ya entonando el jingle de “La espumita” que cantábamos de niños.

Los recuerdos actúan también como disparadores. En la corriente de imágenes, nuevas asociaciones me transportan aún más lejos.

Muchos de ustedes quizás sepan que Quilmes es el nombre de la localidad sobre la costa del Plata, a unos 20km. a sudeste de Buenos Aires, donde a fines del siglo XIX el alemán Otto Bemberg fundó la famosa cervecería. Quizás, lo que no todos conocen es la historia que tal nombre encierra.

Para eso tenemos que remontarnos a los tiempos de la segunda fundación de Buenos Aires (1580), cuando la zona aún desconocida se transforma en una de las tantas estancias repartidas entre los acompañantes del Adelantado Juan de Garay. El territorio es rico de ganado cimarrón. Sus costas, utilizadas para actividades de contrabando y tráfico negrero.
Poco a poco el paraje comienza a delimitarse. En 1611 viene incorporado al pago de La Magdalena. Recién en 1665 adquiere su nombre actual. ¿Pero cuál es su origen? Los hechos lo vinculan al lejano norte.

En aquellos tiempos, en los Valles Calchaquíes, vasto sistema de valles y montaňas del noroeste argentino, habitaban diferentes comunidades indígenas de etnia diaguita, una de las más avanzadas de la zona. Entre ellas los Kilmes o Quilmes. Este grupo ocupaba la zona central de los valles, al oeste de la actual ciudad de Tucumán. En lengua kakán o calchaquí, kilme significa “entre los cerros”.

Era un pueblo aguerrido, tributario inicialmente del imperio incaico, al que se había enfrentado más de una vez; y luego, de la corona española. Miembro de la Confederación Diaguita combate la política de tributos, ocupación de tierras y trabajos forzados a los que los indígenas se ven obligados. Las Guerras Calchaquíes (1530-1667), como vienen recordados estos enfrentamientos, durará más de un siglo. A capitanear la Confederación en su fase final será un aventurero andaluz, un tal Pedro Bohórquez que logra engañar tanto a los indígenas, haciéndose pasar por descendiente de Incas, como a las autoridades españolas prometiéndoles riqueza y pacificación. El “Falso Inca”, como se lo conocía, es apresado en 1657 y justiciado años después.

Su captura no detiene a los nativos que parapetándose en las altas cumbres, hostigando y refugiándose en sus fortificaciones o Pucarás, continúan la lucha. Terminarán doblegados en su última ciudadela, la actual Amaicha del Valle, donde el nuevo gobernador, Mercado y Villacorta, los asedia por un año. Cuentan las crónicas que muchas mujeres se suicidan con sus hijos arrojándose al vacío para no ser capturadas.

Es que la rendición no sólo implicaba la derrota sino también el destierro. La deportación masiva, estrategia de dominio utilizada también por los Incas, se convertirá en una especie de vía crucis. Alrededor de dos mil personas se ven obligadas a marchar a pie hasta Buenos Aires. El viaje durará casi un año. Más de 1000km. Muchos mueren en el camino. Los sobrevivientes, unas doscientas familias, llegarán a ese paraje anónimo sobre las barrancas del Río de la Plata donde fundan la “Reducción de la Exaltación de la Santa Cruz de los Indios Quilmes.” Humildes ranchos de barro y paja alrededor de una capilla. La mano de obra indígena contribuirá al gran desarrollo de la zona.

En 1812, durante las guerras de independencia, el Primer Triunvirato de las Provincias Unidas del Río de la Plata declara a Santa Cruz de los Indios Quilmes pueblo libre, igualando a los pocos indios sobrevivientes con los demás ciudadanos y dando por extinguida la Reducción.

Lo demás, en pocas décadas llegará la ola inmigratoria, el ferrocarril, las grandes fábricas y la cervecería cuyo nombre famoso encierra esta historia. Una historia un poco olvidada que “por una cerveza…” ha aflorado, de repente, aquí en Milán.


Fotos:
wikipedia:bar©HalloweenHJB,  fábrica Quilmes alrededor de 1910, ruinas de Quilmes (valles Calchaquíes) ©fernandopascullo y ©alangtry

Bibliografia:

Sobre los Quilmes:

Los indígenas Quilmes, Carlos Eduardo Solivére,en (PDF) cyt-ar.com.ar/cyt-ar/images/b/bd/Indígenas_Quilmes.pdf

Adaptación de la artillería al medio americano: las guerras calchaquíes en el siglo XVII, Francisco A. Rubio Durán, en (PDF) revistas.ucm.es/index.php/MILT/article/viewFile/MILT9797220017A/3377
 -La reducción «Exaltación de la Cruz de los indios Quilmes»: un caso de relocalización étnica en Pampa a fines del siglo XVII , Florencia Carlón, en www.mundoagrario.unlp.edu.ar/article/view/v08n15a07/1023

Sobre el municipio di Quilmes:

-historia: www.quilmes.gov.ar/ciudad/historia.php

-las tres fundaciones de Quilmes: elquilmero.blogspot.it/2011/08/las-tres-fundaciones-de-quilmes-los-345.html

sobre la cerveza:

Adriana Langtry

El accidente

El “accidente” ocurrió justo en la tarde en la que decidimos casarnos.
Ibamos caminando despacio, cogidos de la mano, los ojos bajos como si buscáramos las palabras en la acera, un nudo de inquietud y de felicidad todavía incapaz de explotar en gestos y alegrías.
Al final, nos sentamos a una mesilla en la terraza de un bar.
Y ella apareció: dos piernas largas sobre zapatos de tacón alto, vestido negro muy ajustado, cabello arreglado por un buen peluquero, maquillaje perfecto.


-¿Espera a alguien, señorita? -le preguntó el camarero.
No oímos la respuesta, pero vimos que la mujer se sentaba a una mesita detrás de la nuestra. Esperó diez o quince minutos, luego llamó otra vez al camarero, que enseguida volvió con una botella de champán. En la bandeja estaba un solo vaso.
Nosotros seguíamos cogidos de la mano, perdidos entre aquellos matices de gestos y miradas que vuelven inútiles las palabras. No obstante, de vez en cuando los ojos de ambos se despistaban, enganchados por aquella escena tan rara.
El camarero se había quedado un rato, hablando de tonterías con la mujer, mientras le vertía el vino. Luego se fue y ella se llenó otra vez el vaso: sus uñas relucían a cada movimiento de la mano.
Llenó el vaso otra vez. Y luego otra.
Llegó una pequeña gitana con un ramo de rosas rojas, y se acercó a la mujer.
-¿Quieres una rosa?
-Sì, gracias. ¿Cuánto vale?
-Para ti nada. Te la regalo, porque eres preciosa.
La mujer se levantó y abrazó largamente a la niña. Después, abrió la cartera y le dejó una propina generosa. La gitanilla le dio tres flores, siguió girando entre las mesas y al final se acercó a nosotros.
Mi novio me regaló una rosa.
-Tienes que dejarla secar y guardarla como recuerdo de esta noche- me dijo, y me besó.
Algo me empujó a mirar hacia la mujer y me di cuenta de que tenía los ojos fijados en nosotros.
Entonces la reconocí: era Soledad, todos la conocían en el bachillerato. Sobre todo los chicos, que se vanagloriaban de que la conocían de manera bastante intima, pero también las chicas la observábamos, por su manera tan desenvuelta de portarse que provocaba chismes y envidia.
Por supuesto, ella nunca se había fijado en mi, en aquella chiquilla delgada y un poco empollona de tres clases atrás. Sin embargo, ahora me observaba con una mirada indescifrable, que daba miedo y pena al mismo tiempo. Su rostro ya no parecía hermoso, sino feo, de una fealdad hecha de aspereza y soledad.
-¿Nos vamos? -le propuse a mi novio.
-Pues… sí, si quieres. Pero es una noche tan hermosa, parece casi de verano -me contestó. -¿No quieres quedarte todavía un rato?
El no la vio tambalearse sobre sus tacones demasiado altos, no pudo darse cuenta de que Soledad, completamente borracha, estaba a sus espaldas, a un paso de nosotros con el último vaso de champán en la mano temblorosa. Ahora sus uñas relucían más que nunca.
-¿Cómo te van las cosas, chiquilla? Muy bien, me parece. En cambio, yo soy la estúpida que tiene que salir sola, la imbécil a la que quienquiera puede darle plantón, ¿qué te parece?
Mi novio la miró desconcertado, pero no tuvo el tiempo de preguntarse qué podría hacer. En un instante mi pelo y mi vestido nuevo estaban mojados de champán. Oímos un fragor de vidrio roto y el paso incierto de unos zapatos de tacón que se alejaban de toda prisa.
Un camarero acudió para ayudarme, el otro, el que había servido a Soledad, se dedicó a perseguirla, porque se le había olvidado pagar la cuenta.
-Pero, ¿Conocías a esa loca? -me preguntó mi novio, cuando por fin conseguimos hablar de lo ocurrido.
-Puede ser -contesté. Y los dos estallamos a reír.
Luego nos fuimos: creamos nuestra vida, construimos nuestros sueños, y nos olvidamos de ella. Solo se nos ocurría hablar alguna vez del “accidente”, el que pasó justo en la tarde en la que decidimos casarnos.


Silvia Zanetto

Tras las huellas de Sherezade de Carmen Dorado Vedia

Tras la huellas de Sherezade es un libro precioso, un libro literalmente maravilloso que nos transporta al mundo caluroso, ruidoso y oloroso de la civilización árabe, la de Las mil y una noches, de Naguib Mahfouzo de Amín Maalouf. Un mundo que retrata con gran competencia y habilidad literaria Carmen Dorado Vedia. El suyo es un estilo que privilegia la sensualidad de las descripciones, que percibimos y gozamos casi físicamente. Es actualizado, las guerras modernas, las bombas, el oro negro y el extremismo asesino están presentes, pero esta civilización eterna renace de sus cenizas bajo la pluma de la autora. Sus cuentos en un cierto modo no tienen final, ni siquiera inicio, porque son la vida que se desarrolla  ante nuestros ojos y todos nuestros sentidos. No faltan los ladrones simpáticos, el genio impresionante, los mercaderes avispados y las mujeres preciosas. Me encantaron todos los cuentos, me impresionó seguir con la autora las huellas coloradas y olorosas de Sherezade y lloré con ella al despedirme de este excelente libro.

Un libro sobre la alegría y la dificultad de vivir, sobre el placer y el dolor, sobre el pasado suntuoso que es urdimbre del miedo. Un libro sobre la belleza de la noche en Oriente, y sobre las noches en las que las sirenas de la guerra no dejan conciliar el sueño. Sobre el encuentro y el desencuentro. La violencia y el amor. Sobre la necesidad de contar una historia, y el deseo imperioso de olvidarla. Una punzante reflexión sobre los tiempos difíciles.

Clara Obligado


Carmen Dorado Vedia
nació en Madrid en 1959. Su interés por el mundo árabe la ha llevado a viajar por todo Oriente Próximo y a estudiar su historia, su cultura, su literatura y su lengua en diversas instituciones (Escuela Internacional de Estudios Judeo-Cristianos, Centro de Estudios Árabes Afaq). Desde hace varios años asiste a los talleres literarios de Clara Obligado. Sus cuentos han sido publicados en antologías como Un lugar donde vivir (Madrid, 2006), Apenas unos minutos (Madrid, 2008), Jonás y las palabras difíciles (Madrid, 2010), Los inquilinos del Aleph (Madrid, 2011) y Futuro imperfecto(Madrid, 2012). Ha sido seleccionada finalista en la III Edición del Concurso Internacional de Microrrelato Museo de la Palabra. Tras las huellas de Sherezade es su primer libro en solitario.


Jean Claude Fonder

Belleza

En las Alturas
Charles Courtney Curran

Por el gran ventanal una luz prepotente penetraba el taller, se podía contemplar el azul del cielo manchado por inocentes y voluminosos cúmulos que lo invadían. El pintor había instalado su caballete a contraluz, y miraba con atención su último cuadro. Representaba tres muchachas sentadas alineadas como cariátides, con vestidos que parecían túnicas del color de las nubes. Lo había llamado En las alturas. La mirada de las chicas y la pendiente sugerida por la posición del cielo, confirma el porqué de este título. La pintura parece integrarse completamente con el paisaje exterior, dando continuidad al contraluz que siluetea a las tres jóvenes chicas.

Pero él no estaba satisfecho, muchas de sus pinturas reflejaban la naturaleza distinguida, idílica de la comunidad, con el juego de figuras dentro de paisajes pintorescos de la colonia artística de Cragsmoor donde veraneaban. Los modelos que elegía Grace, su esposa, casi siempre muchachas, eran perfectas, demasiado perfectas.

Miren, aquí, en este cuadro, como en los otros, los perfiles de las tres eran casi iguales, solo el color y el peinado de los cabellos cambiaban. Eran como iconos, puras, santas y al final insípidas, sin sabor. 

En este momento, entró Grace, vestida para salir, con el sombrero en la cabeza.

—¿Este cuadro está terminado? —preguntó ella. —Hay muchos pedidos. ¿Quieres que traiga otros modelos?

No respondió y la llevo ante la ventana a contraluz, girándola para que se viera de perfil. Tomó una tela nueva ya preparada, quitó En las alturas del caballete, y la sustituyó con esta. Miró atentamente la cara de su mujer. Obviamente la conocía muy bien, a su mirada de pintor ningún detalle podía escapar. Vista de perfil, y en este caso había elegido el izquierdo, el que ella no quería enseñar, se notaba la nariz, proporcionalmente importante en el equilibrio completo de su cabeza. Era como un pentágono en el que la cara era un perfecto ángulo obtuso. Con el sombrero, muy femenino, que llevaba en la delantera una enorme flor de tejido verde claro coordinado con su mantón, el conjunto se parecía a una flor que habría que completar.

Trajo una mesita alta con un jarrón lleno de viburno y lo puso delante de ella, le hizo tomar una flor con la mano y mirar hacia abajo en la actitud de alguien que busca el perfume de la flor. Ya tenía en mente el cuadro que quería realizar. Será todo a contraluz, para ablandar los colores y el perfil de su mujer. Quería crear una pintura suave y tierna: un homenaje a la belleza de su mujer, la verdadera belleza, la que tiene personalidad y carácter.

Cogió un carboncillo y empezó a dibujar.



Jean Claude Fonder

Nadie está bien del todo de Alejandro Chanes Cardiel

Que presentará la escritora Valeria Correa Fiz el próximo 17 de mayo a las 20:00 horas en Libreria Burma (calle Avemaría, 18)

De lo cotidiano a lo extraño, de la comedia a la tragedia, los cuentos de Alejandro Chanes dan la falsa sensación de ser inofensivos apuntes, acuarelas. Pero, a medida que avanzamos en su lectura, vamos descubriendo matices y cargas de profundidad, y el tono doméstico, la prosa cristalina, la brevedad de los textos por los que nos hemos dejado llevar placenteramente se cargan de significados. Son historias que nos podrían haber a todos: bastan una pareja y un portero, dos amigos, una mujer para erigir una historia. Basta una mañana de domingo en la ciudad, una tarde en el campo, una cigüeña que gira en torno a un campanario. Poco a poco el cuadro de costumbres se desvanece y da lugar a una cadena de resonancias que estremece al lector. Es la vida, con toda su sencillez y con toda su complejidad, el poder de estos cuentos y de la literatura, que siempre sorprende.

Clara Obligado


Alejandro Chanes Cardiel
nació en Segovia. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense y Diplomado en Sociología por el CSIC. Su actividad profesional se ha dirigido a la promoción del comercio exterior, y en ese ámbito ha sido asesor de Relaciones  Económicas Internacionales. Fue redactor responsable de la sección de Ciencias Económicas en la Enciclopedia de la Cultura Española, para la que elaboró diversos artículos. Es editor, junto con Carmen Dorado Vedia, de la revista online Alquimia Literaria. Sus cuentos han sido publicados en diversas antologías bajo la dirección de Clara Obligado, como Un lugar donde vivir (Madrid, 2005), Apenas unos minutos (Madrid, 2007), Jonás y las palabras difíciles (Madrid, 2010), Los inquilinos del Aleph (Madrid, 2011), Futuro imperfecto (Madrid, 2012), ¿Y usted de qué se ríe? (Madrid, 2013) y La Isla(Madrid, 2014). Nadie está bien del todo es su primer libro de relatos en solitario.


Un cuento de Alejandro Chanes Cardiel


UN HOMBRE TONTO ES FACIL DE ENCONTRAR

Sinesio sale del portal y va hasta el paso de peatones.  El semáforo está rojo. A su lado un hombre, con gafas oscuras, golpea el suelo con un bastón. 

La luz se pone verde y Sinesio, agarrando al hombre por el brazo, trata de conducirlo hasta el otro lado. Una pierna renqueante dificulta la marcha y de su boca salen murmullos incomprensibles.

“Vamos, vamos –le dice Sinesio- dese prisa porque se nos va a cerrar el disco”. Y  por fin, tras un tira y afloja, llegan hasta la acera, justo cuando el semáforo pasa a rojo.

Sinesio, satisfecho de su buena obra, le da unas palmaditas y se va silbando. Y allí queda el hombre. Su rostro, en un instante, va adquiriendo un color granate y un brillo de furia aflora a los ojos. Sus manos blanden el bastón amenazante, mientras que en su interior lanza maldiciones:

“Maldito dentista y su anestesia que me ha dejado sin voz, maldita sea mi cojera y sobre todo, maldito sea el demente que me ha obligado a cruzar la calle y me ha hecho perder el último autobús a mi pueblo». 

  • (No forma parte de NADIE ESTÁ BIEN DEL TODO)

Jean Claude Fonder

Sábado 28 de Abril, Día internacional del Tai Chi Chuan

Cuenta la leyenda que en el siglo XIII el inmortal taoísta Chang Sanfeng, alumno del monasterio de Shaolin y más tarde maestro de artes marciales del monte Wudang, asistiendo al combate entre una serpiente y una grulla blanca descubrió los principios básicos del Tai Chi Chuan: los movimientos circulares y la flexibilidad -de la serpiente- vencen sobre la rigidez y la aparente fuerza exterior -de la grulla-.

El Tai Chi Chuan (combate de la polaridad suprema, donde la polaridad está formada por los opuestos Yin/Yang) es lo que se llama un arte marcial interno pues potencia la energía vital (Qi) a través de movimientos fluidos, circulares que mantienen el cuerpo  suave y flexible en detrimento de la rigidez provocada por la fuerza y el estrés muscular.

El Tai Chi es llamado también “meditación en movimiento.” Practicarlo significa trabajar sobre el cuerpo y la mente: aprender a dirigir la atención, a seguir el ritmo de la respiración, a afilar la concentración, la intención de cada gesto, a serenar el torbellino mental permitiendo estar a la escucha del presente, ser y sentir aquí y ahora. Y es también un entrenamiento intelectual ya que la concentración y la memorización de los movimientos ofrece al sistema neuronal una actividad constante y productiva. Es seguramente una práctica que en el tiempo ayuda a afrontar la cotidianidad con mente más clara. Arte que puede ser practicada a cualquier edad  por todas las personas.

No por nada el trabajo con el Qi o energía vital es, desde hace milenios, el fundamento de la medicina tradicional china. Y hoy en día, luego de su difusión en Occidente a partir del siglo XIX, es reconocida por la OMS como una disciplina psicofísica con amplios beneficios terapéuticos.

El Tai Chi se basa en el principio taoísta del Yin/Yang, opuestos que funcionan como complementarios en la formación del universo. La dualidad complementaria (femenino/masculino, tierra/cielo, oscuridad/luz, frío/calor, etc) y la mutación continua son los fundamentos de todo ciclo vital. Del fluir armonioso de estas manifestaciones energéticas depende el buen funcionamiento de nuestro organismo en su unidad física y mental. 

El último sábado de abril se festeja anualmente en más de 60 naciones y centenares de ciudades el día internacional del Tai Chi Chuan y del Qi Qong.

El evento inicia a las 10 de la mañana en Nueva Zelandia y se extiende, como la luz solar hacia occidente, siguiendo los husos horarios locales. Es una manifestación abierta a todo el mundo, para difundir esta arte llamada también “de la larga vida”.

En Milán es habitual que las distintas escuelas festejen en los parques ciudadanos.

La nuestra se reúne
el próximo sábado 28 de abril a las 10 hrs. en el Parque Lambro (entrada de Via Feltre) en las proximidades del kiosco/bar, al interior del parque.

Quien quiera venir para practicar con nosotros, para acercarse por primera vez a esta disciplina o simplemente para curiosear y  pasar una momento agradable al aire libre, es desde ya bienvenido.


Más información en en italiano: http://www.artedilungavita.it

Adriana Langtry

Lluvia

Seguía lloviendo. Hacía días y días que no paraba de llover. Caminaba a paso ligero muy pegado a las fechadas. Un negro simpático me ofreció un paraguas que yo rechacé sin que él entendiera el por qué. No me gusta caminar con un paraguas, aunque me gusta mucho «Cantando bajo la lluvia». No llevaba ni siquiera el sombrero de Gene Kelly, lo tengo en casa, pero no me lo pongo nunca. De todos modos al final él tampoco se protegía, le gustaba sentir la lluvia. Ya sé que era un lluvia templada creada por Hollywood, pero era una lluvia cantadora y muy simpática.

Pero mi lluvia sí que mojaba, el agua chorreaba también desde los techos, tenía que pararme. Vi un portal abierto y me refugié dentro. Era un suntuoso zaguán milanés, todo de mármol y al fondo una preciosa cancela de hierro forjado que daba a un patio maravilloso que con este diluvio parecía un claro en la selva amazónica. A izquierda en el zaguán había un escalera de entrada que daba al interior de la casa y al lado un placa de cobre con la inscripción «Escuela de modelos».

Llovía cada vez más fuerte, apenas se veía afuera, cuando, repentinamente, oí taconear detrás de mi, me di la vuelta y la vi. Una mujer estupenda ondulaba con un paso decidido en mi dirección. Tenía el pelo oscuro recogido en un moño desordenado, llevaba vaqueros estrechos que resaltaban su cuerpo perfecto y sobre todo se entreveía sus pechos que temblaban ligeramente bajo su blusa con cada movimiento que hacía. Todo en ella evocaba una mujer.

Me esperaba que al llegar donde yo estaba, se hubiera parado, que se hubiera dado la vuelta y, con ese paso típico de las modelos,  hubiera caminado hacia la cancela poniendo un pie exactamente delante del otro, encaramada encima de sus tacones de 12 cm. Después se habría dado de nuevo la vuelta y, como en una barca ondulando en un mar invisible, me habría ofrecido la contemplación de su cuerpo casi desnudo, mientras se acercaba de nuevo a mi.

– ¿Me podría  prestar su abrigo?- preguntó con acento indefinible.

– Con esta lluvia no puedo volver así a mi apartamento.

Me quité el abrigo y se lo di. Ella me dio su tarjeta de visita, se puso el abrigo por encima de la cabeza para proteger su pelo y se precipitó corriendo bajo la lluvia. Permanecí un momento aturdido, pero en seguida, mirando hacia arriba, vi que asomaba un pedazo de cielo azul.


Jean Claude Fonder

L’Ortica: un museo de la memoria al aire libre

“…faceva il palo nella banda dell’Ortiga, faceva il palo perchè l’era el sò mestee.”   Walter Valdi


A pocos pasos de mi casa se encuentra el barrio llamado La Ortica. Es un viejo barrio obrero situado en la zona este de Milán, incrustado en las geometrías de una intensa red ferroviaria que desde mediados del siglo XIX lo ha ido modelando a nivel urbanístico y humano. En su plaza central funcionó hasta 1931 la estación de Lambrate, trasladada a su ubicación actual con la inauguración de la Stazione Centrale. Aún se puede apreciar el trazado cuadrado de la plaza, con la pequeña iglesia dedicada a los santos Faustino y Giovita (en su interior, entre otros, un fresco del XII siglo que representa la Madonna col bambino) y parte de la antigua estación utilizada hoy por el círculo recreativo ferroviario.
Antiguo barrio de ferroviarios, obreros, lavanderas, campesinos y verduleros,  l’Ortica o l’Ortiga en dialecto milanés, toma su nombre  (documentado ya en 1696) justamente de las fértiles huertas que aparecen en la zona, conocida desde el VII siglo d.c. como zona agrícola Cavriano, graciasa la irrigación del río Lambro.  L’Ortiga, arrabal de una célebre banda criminal que  aparece en  la  divertida canción escrita en milanés por W. Valdi y cantada magistralmente por Enzo Jannacci, donde el “palo”, el campana (como diríamos en Argentina) o monta guardia,  es una figura cómica, casi demencial.
Bueno, este barrio ha decidido transformarse en un museo de la memoria al aire libre a través de distintos Murales que cuentan su historia y la del Novecientos.
El proyecto OrMe (que significaOrtica Memoria pero tambiénPasos, Huellas),es un relato coral que nace gracias a la participación activade la vecindad, las escuelas, las asociaciones, las cooperativas, orgullosas de una identidad que ha sabido resistir al proceso de gentrificación en acto en las grandes ciudades. Y gracias al colectivo artísticoOrticanodlessque, sin proponérmelo, tuve la suerte de encontrar en acción mientras fotografiaba los murales.
El proyecto, único en Italia, prevé veinte Murales para fines del 2019. Cuatro han sido ya terminados. El primero, patrocinado por la Municipalidad, fue inaugurado en 2015. Es un mural dedicado al 70° aniversario de la Resistenciaque cubre los 300 metros  del Cavalcavia Buccari.
Le siguieron otros dos entre lascalles San Faustino y Rosso di San Secondo, uno  dedicado a la música popular  y otro a la legalidad. El cuarto fue inaugurado a fines de 2017, cubre la fachada de la Cooperativa edificatrice Orticade via San Faustino y está dedicado al 130° aniversario de la Cooperación.
Siempre en el marco de este proyecto el colectivo de street-art,de acuerdo con el consorcio de via Ortica 12 y con la Municipalidad, han renovado la deteriorada fachada del edificio con una gran pintada.Mille papaveri rossi, estilizadas amapolas rojas dan ahora un toque de alegría al lugar evocando los versos de la famosa canción La guerra di Piero de Fabrizio De André.
Demás está decir que cada tanto estos murales vienen deshonradoscon inscripciones extremistas. Pero como me cuenta Wally, el artista encontrado por casualidad en via Amadeo: preferimos no denunciarlos, buscan publicidad, la respuesta es restaurar cuanto antes la parte daňada.
Por otro lado se sabe que ninguna conquista es duradera, que el secreto quizás está en seguir adelante, en no bajar la guardia, en transmitir como uno puede la memoria, quizás llenando de colores los muros del mundo, una forma también de  resistir.


fotos©alangtry
colectivo de street-art: www.orticanoodles.com/
OrMeortica memoria:www.facebook.com/orticamemoria/

Adriana Langtry

La Bella Durmiente

LOphelia
 
John Everett Millais

El barco está volviendo a Brujas. Progresa con una majestuosa lentitud entre la doble hilera de álamos que protegen sus orillas y que luchan contra el poderoso viento que llega del mar.

Ofelia ha desaparecido.

Ayer tomamos un barco con rueda de palas que hacía una excursión a Damme, un pequeño pueblo medieval cercano. Pasamos la noche en un hotel. La estoy buscando desesperadamente desde esta mañana, no hay huella de ella por ninguna parte, por lo que he decidido regresar a Brujas. Anoche me equivoqué, reaccioné de mala manera, y ahora no está, estoy preocupado y este estúpido barco no se mueve, tenía que haber cogido un taxi.

—Fueron presos españoles de Napoleón los que cavaron este canal, que va de Brujas a Damme, dese el año 1810 … —recitaba el altavoz, como para justificar la baja velocidad del barco con rueda de palas con sus dos chimeneas a imitación de los del Misisipí pero en versión reducida.

Ofelia es mi novia, íbamos a casarnos en Mayo. Estábamos de vacaciones en Brujas, como ella quería. Había leído Brujas la Muerta de Georges Rodenbach, el mito de Ofelia la fascinaba. Esta ciudad de agua, como adormentada en su pasado celosamente conservado, esta ciudad hermosa, tranquila y triste que te transporta a un sueño nostálgico, personifica este mito, el mito simbolista, el que había pintado John Everett Millais.

En este periodo invernal había pocos turistas, la ciudad antigua parecía descansar, el agua de sus canales permanecía lisa y reflejaba perfectamente las casas de estilo tradicional flamenco con sus techos de agudo ángulo, sus fachadas laterales cortadas en escalones y perforadas por numerosas ventanas. Es lo que le gustaba a Ofelia, pasear por las calles medievales semi desiertas, a lo largo de las orillas de los canales silenciosos, en los parques blanqueados por la escarcha mañanera, y soñar con el beguinaje ante las fachadas blancas de pequeñas casas vacías que los troncos de los arboles desnudos tachaban inexorablemente. El lago de los Enamorados le gustaba especialmente, los cisnes que se deslizan dignos y magníficos sobre el agua gélida como si arrastraran el bote de Lonhengrin bajo los árboles plateados.

—El lago, por supuesto —digo con voz alta, mientras me cuelo para desembarcar más rápidamente.

Cojo un taxi y le pido que me lleve al lago de los Enamorados. Corro como un loco por el parque, busco en cada rincón, está aquí, lo siento, y finalmente la veo sentada en un banco.

Parece meditar, su mirada fija está perdida en el lago, un ramo de crisantemos de todos los colores apretado en su pecho.



Jean Claude Fonder

Amor (hechos de tiempo)

«Estamos hechos de tiempo
y, cuando verdaderamente lo advertimos,
ya no nos resta más que la mitad de la mitad de lo que desearíamos vivir»

Saéz de Ibarra, «de tal palo»

AMOR

Ayer fue el día del padre. Hoy es mi cumpleaños.
Demasiadas cosas. Demasiados cumpleaños.

El día del padre decidí borrarlo de mis calendarios a los once años, la mañana en la que mi padre se levantó para ir al trabajo como todos los días, salió de casa como todos los días, pero nunca volvió. Algo se había quebrado dentro de él y en pocas horas todo se había despedazado.
El padre instruido y paciente, que me hablaba de ciencia y de Dios sentándome en sus rodillas, ya no estaba. Estaban sus trajes en el armario, sus libros en las estanterías, sus pantuflas y el pijama que acababa de quitarse en el dormitorio, su taza y su cuchara en el fregadero.
Pero él no estaba.
Y nunca volvería.

Pasaron largos años sin los paseos del domingo bajo los chopos, sin las corbatas o las botellas de licor que se regalaban en esas efemérides, largos años sin su guía en el momento de tomar una decisión, sin verlo envejecer y agarrarse a mi mano como yo de niña me agarraba a la suya.

Pasaron años cortando con tijeras de jardinero las ramas secas del corazón, intentando abolir una fecha que los anuncios en la televisión habían vuelto imposible de olvidar.
Y además, tan cerca de mi cumpleaños…

Anoche borré de mis datos en Facebook el año de nacimiento.
Hoy todos pueden ver que es mi cumpleaños, ya algunos amigos han empezado a felicitarme, pero el número de los años ya no aparece.

Porque estoy en el lado equivocado de los cincuenta.

Y si es verdad que estamos hechos de tiempo, creo que el mío se ha deslizado de entre los dedos como arena sutil.

He intentado construir un castillo, pero siempre se me desmorona. Porque la arena es así. Y mis huellas en la orilla se las han llevado las olas.
Mis hijos sin nacer se los ha llevado el hospital. Perdidos en una mañana de sangre inesperada que chorreaba por las piernas, esfumados en una ecografía que borró dudas y tercas esperanzas.
Y otra vez las tijeras del jardinero truncaron las ramas muertas del corazón.

Porque, en fin, vivir hay que vivir.

Pasear por el parque, mirando las flores de esta tozuda primavera que reaparece cada año, reanudando los hilos de la vida arbórea que reflorece.
Olvidar las hojas muertas en el césped, porque la naturaleza las volverá alimento para las nuevas vidas.
Estoy en lado equivocado de los cincuenta, eso sí. Pero aún queda tiempo para sembrar flores, arrancar ortigas, intentar construir un castillo de ladrillos.

Ya el día del padre ha pasado.

Mañana, habrá pasado también mi cumpleaños.


Silvia Zanetto

Bernard Pivot

Hace unos días, leí en Facebook una maravillosa reflexión de Bernard Pivot sobre la vejez que me conmovió. Comparto completamente su pensamiento, él tiene 82 años y yo 74. Espero que pueda ser una ayuda para entender mejor este periodo difícil y conclusivo de nuestras vidas. 

 
Bernard Pivot es un personaje extraordinario, hoy presidente de la academia Goncourt que otorga el más famoso premio de la literatura francesa. Periodista literario, ha presentado diversas transmisiones literarias entre las cuales una, la más famosa, llamada Apostrophes, que ha tenido una influencia fundamental para la difusión de la literatura y de la cultura en Francia. Cada viernes, durante muchísimos años, ha ocupado las horas principales de la noche televisiva.
Era apreciado sobre todo por sus cualidades de entrevistador. Su tono cordial y espontáneo y su manera simple y directa de plantear las cuestiones permitían a todos los públicos entrar en el debate. En ningún momento, el espectador se sentía excluido.
He traducido su texto al español y he añadido un extracto de sus entrevistas con algunos escritores.


Bonjour vieillesse

J’aurais pu dire:
Vieillir, c’est désolant, c’est insupportable,
C’est douloureux, c’est horrible.
C’est déprimant, c’est mortel.
Mais j’ai préféré «chiant».
Parce que c’est un adjectif vigoureux
 qui ne fait pas triste.
Vieillir, c’est chiant parce qu’on ne sait pas quand ça a commencé et l’on sait encore moins quand ça finira.
Non, ce n’est pas vrai qu’on vieillit dès notre naissance.
On a été longtemps si frais, si jeune, si appétissant.
On était bien dans sa peau.
On se sentait conquérant. Invulnérable.
La vie devant soi. Même à cinquante ans, c’était encore très bien…
Même à soixante.
Si, si, je vous assure, j’étais encore plein de muscles, de projets, de désirs, de flamme.
Je le suis toujours, mais voilà, entre-temps j’ai vu le regard des jeunes…
Des hommes et des femmes dans la force de l’âge qui ne me considéraient plus comme un des leurs, même apparenté, même à la marge.
J’ai lu dans leurs yeux qu’ils n’auraient plus jamais d’indulgence à mon égard.
Qu’ils seraient polis, déférents, louangeurs, mais impitoyables.
Sans m’en rendre compte, j’étais entré dans l’apartheid de l’âge.
Le plus terrible est venu des dédicaces des écrivains, surtout des débutants.
«Avec respect», «En hommage respectueux», «Avec mes sentiments très respectueux».
Les salauds! Ils croyaient probablement me faire plaisir en décapuchonnant leur stylo plein de respect? Les cons!
Et du « cher Monsieur Pivot » long et solennel comme une citation à l’ordre des Arts et Lettres qui vous fiche dix ans de plus!
Un jour, dans le métro, c’était la première fois, une jeune fille s’est levée pour me donner Sto arrivando! place…
J’ai failli la gifler. Puis la priant de se rassoir, je lui ai demandé si je faisais vraiment vieux, si je lui étais apparu fatigué. !!!… ?
—Non, non, pas du tout, a-t-elle répondu, embarrassée. J’ai pensé que.
Moi aussitôt :
—Vous pensiez que?
—Je pensais, je ne sais pas, je ne sais plus, que ça vous ferait plaisir de vous asseoir.
—Parce que j’ai les cheveux blancs?
—Non, c’est pas ça, je vous ai vu debout et comme vous êtes plus âgé que moi, çà été un réflexe, je me suis levée.
—Je parais beaucoup… beaucoup plus âgé que vous?
—Non, oui, enfin un peu, mais ce n’est pas une question d’âge.
—Une question de quoi, alors?
—Je ne sais pas, une question de politesse, enfin je crois.
J’ai arrêté de la taquiner, je l’ai remerciée de son geste généreux et l’ai accompagnée à la station où elle descendait pour lui offrir un verre.
Lutter contre le vieillissement c’est, dans la mesure du possible, ne renoncer à rien.
Ni au travail, ni aux voyages, ni aux spectacles, ni aux livres, ni à la gourmandise, ni à l’amour, ni au rêve.
Rêver, c’est se souvenir tant qu’à faire, des heures exquises.
C’est penser aux jolis rendez-vous qui nous attendent.
C’est laisser son esprit vagabonder entre le désir et l’utopie.
La musique est un puissant excitant du rêve. La musique est une drogue douce.
J’aimerais mourir, rêveur, dans un fauteuil en écoutant soit l’adagio du Concerto no 23 en la majeur de Mozart,
soit, du même, l’andante de son Concerto no 21 en ut majeur,
musiques au bout desquelles se révèleront à mes yeux pas même étonnés les paysages sublimes de l’au-delà.
Mais Mozart et moi ne sommes pas pressés.
Nous allons prendre notre temps.
Avec l’âge le temps passe, soit trop vite, soit trop lentement.
Nous ignorons à combien se monte encore notre capital. En années? En mois? En jours?
Non, il ne faut pas considérer le temps qui nous reste comme un capital.
Mais comme un usufruit dont, tant que nous en sommes capables, il faut jouir sans modération.
Après nous, le déluge?….Non, Mozart.
Voilà, ceci est bien écrit, mais cela est le lot de tous, nous vieillissons!…
Bien ou mal, mais le poids des ans donne de son joug au quotidien.

Bernard Pivot


Habría podido decir:
Envejecer es lamentable, insoportable,
Es doloroso, es horrible.
Es deprimente, es mortal.
Pero he preferido decir «¡qué rollo!»
Porque es un dicho vigoroso que no parece triste.
 Envejecer, ¡qué rollo! porque no se sabe cuándo empieza y tampoco se sabe cuándo acabará.
No, no es verdad que se envejece desde el nacimiento.
Durante mucho tiempo éramos tan frescos, jóvenes, apetitosos.
Nos sentíamos bien.
Nos sentíamos conquistadores. Invulnerables.
Toda la vida por delante. También a los cincuenta años, se estaba todavía muy bien… También a los sesenta.
Sí, sí, se lo aseguro, estaba aun entonces lleno de músculos, de proyectos, de deseos, de llama.
Todavía hoy, pero mientras tanto he visto la mirada de los jóvenes…
Hombres y mujeres en la flor de la vida que ya no me consideraban uno de ellos, ni parecido, más bien al margen.
Leí en sus ojos que ya no serían indulgentes conmigo.
Que serían educados, deferentes, lisonjeros, pero despiadados.
Sin darme cuenta, había entrado en el apartheid de la edad.
Lo más terrible fueron las dedicatorias de los escritores, sobre todo los principiantes.
«Con respeto», «En  respetuoso homenaje«, «Con mis más respetuosos sentimientos”. ¡Cabrones! Creían probablemente que me agradaban destapando su bolígrafo lleno de respeto ¡Los muy gilipollas!
¡Y qué decir del « querido señor Pivot », largo y solemne, como si fuera una cita a la orden de las Artes y las Letras que concediera diez años más!
Un día, en el metro, era la primera vez, una muchacha se levantó para dejarme su asiento…
Casi la abofeteé. Una vez que logré que se sentara, le pregunté si le parecía tan viejo, si le había parecido que estaba cansado.
—No, no, en absoluto, —respondió, avergonzada. —He pensado que…
Yo inmediatamente:
—¿Ha pensado qué?
—Pensaba, no sé, ya no lo sé, que le agradaría sentarse.
—¿Porque tengo el pelo blanco?
—No, no es eso, le he visto de pie y como usted tiene más edad que yo, ha sido un reflejo, me he levantado.
—¿Parezco tener muchos…muchos más años que usted?
—No, sí, en fin un poco, pero no es una cuestión de edad.
—¿Una cuestión de qué, entonces?
—No lo se, una cuestión de cortesía, en fin, creo.
Dejé de provocarla, le agradecí su gesto generoso y la acompañé a la parada en la que se bajó para ofrecerle una copa.
Luchar contra el envejecimiento es, en la medida de lo posible, no renunciar a nada.
Ni al trabajo, ni a los viajes, ni a los espectáculos, ni a los libros, ni a la gula, ni al amor, ni al sueño.
Soñar, es acordarse de todo lo que hay que hacer, de las horas exquisitas.
Es pensar en las hermosas citas que nos esperan.
Es dejar el espíritu vagabundear entre el deseo y la utopía.
La música es un excitante poderoso del sueño. La música es una droga dulce.
Me gustaría morir, soñando en una butaca, escuchando ya sea el adagio del Concierto no 23 en la mayor de Mozart, ya sea, del mismo modo, el andante de su Concierto no 21 en do mayor,
músicas al final de las cuales mis ojos no se asombrarán contemplando los paisajes sublimes del más allá.
Pero Mozart y yo no tenemos prisa.
Nos tomaremos nuestro tiempo.
Con la edad el tiempo pasa, o bien demasiado rápido, o bien demasiado lentamente.
Ignoramos todavía de cuánto capital disponemos. ¿Años? ¿ Meses? ¿ Días?
No, no hay que considerar el tiempo que nos queda como un capital.
Más bien como un usufructo del que, mientras seamos capaces, hay que gozar sin moderación.
¿Después de nosotros, el diluvio?…. No, Mozart.
Bueno, esto está bien escrito, pero es el destino de todos, ¡estamos envejeciendo!…
Bien o mal, pero los años, cada día, nos subyugan un poco más.

Traducción Jean Claude Fonder


Bernard Pivot recibe algunos escritores en la  transmisión «Apostrophes»:

Jean-Marie Gustave Le Clézio
Jorge Luis Borges
Marguerite Yourcenar
Umberto Eco
Georges Simenon
Alexandre Soljenitsyne
Claude Lévi-Strauss
Régine Deforges

Images d’archive INA Institut National de l’Audiovisuel
http://www.ina.fr


Jean Claude Fonder

Carta ad Arte

El Papel como forma privilegiada de expresión.

“El papel, instrumento creativo, soporte del trazo, de la impresión y del color pero también volumen gracias a sus pliegues, sus cortes y superposiciones.
Materia prima de técnicas que amplían las posibilidades expresivas y que permiten lenguajes simultáneos y variados.
La exposición Carta ad Arte tendrá nuevamente como protagonistas las experiencias y las producciones artísticas de grupos o conductores que han participado a talleres expresivos de Arteterapia en centros de rehabilitación, sociales o educativos; y de artistas que utilizan el papel como forma privilegiada de expresión.” (LeArtiPossibili)

Carta ad Arte es la segunda edición de la bienal organizada por LeArtiPossibili, que se inaugura el próximo jueves 15 de Marzo a las 10:00 hr. en la Stecca 3.0, renovado punto de encuentro artístico del “quartiere Isola” en Milán, situado en Via G. De Castillia 26 y que podrá visitarse hasta el domingo 18 de marzo en el  horario 10:00-19:00.

El proyecto ha sido creado y dirigido por las arteterapeutas Francesca Bagnoli y Cristina Ghiglia, fundadoras de LeArtiPossibili, con el  sostén de la Associazione Volontaria Arcobaleno – centro salesiano Onlus, que  desde hace aňos se dedica al problema de la discapacidad psíquica.

Francesca Bagnoli es licenciada en Psicología de las Artes por el  D.A.M.S. de Bolonia.  Cristina Ghiglia, diplomada en ámbito artístico es también pintora y escultora.

Ambas han seguido la formación en Arteterapia Clínica en el instituto milanés Lyceum. A lo largo de sus carreras individuales ambas han colaborado como docentes, proyectando y conduciendo talleres expresivos para niňos, adultos y ancianos, en asociaciones, escuelas primarias y entidades estatales y privadas.

Pero mejor escuchemos  lo que tienen para contarnos estas sonrientes profesionales.

Francesca, Cristina, ¿Qué es y cómo nace el proyecto LeArtiPossibili?

LeArtiPossibili nace a partir de nuestra experiencia profesional pero también gracias a un fuerte objetivo común: las dos creemos firmemente en el intercambio de conocimientos y en el diálogo multidisciplinar. Nuestro esfuerzo está puesto en crear  ocasiones y posibilidades de encuentro, en dar valor a ciertas expresiones artísticas menos visibles. Estamos convencidas que la creación de redes no es sólo un concepto sino una oportunidad concreta.

LeArtiPossibili se concretiza en una exposición bienal en la que viene propuesto como tema un  material artístico y las técnicas a él vinculadas. Entre una edición y la sucesiva se organizan eventos colaterales con el objetivo de suscitar nuevas y significativas experiencias en torno al tema de la muestra.

Por ejemplo, luego de la primera bienal del 2016 dedicada al material textil (Fiber Art) fue lanzado el proyecto “Una grande Coperta” (Una gran Manta), instalación colectiva que ha circulado en diferentes contextos despertando gran interés.

Somos una pequeňa realidad con la ambición de continuar creciendo e involucrando cada vez más personas y realidades sociales interesadas en la mutua colaboración.

Hoy en día la idea que el hacer artístico sea en sí terapéutico para quien lo hace resulta bastante difusa. ¿Qué diferencia hay, según ustedes, entre el artista que crea en su atelier y la persona que lo hace en un taller de Arteterapia?

El hacer artístico es siempre un instrumento de autoconocimiento y de expresión personal,  es terapéutico porque ayuda a dar forma a emociones e ideas.  Las obras de un artista son fruto de una búsqueda personal, de una investigación a través de modelos culturales interiorizados ya sea a través de una formación académica o simplemente por su estrecha relación  con la época en que vive, con su entorno, aun cuando su trabajo lo lleva a aislarse.

En un taller de Arteterapia, al contrario, la persona no necesita tener conocimientos artísticos ni llevar adelante una búsqueda estética. Las obras que produce se convierten en mapas de su mundo interior y constituyen los instrumentos de mediación en el triángulo usuario/paciente-producto artístico-arteterapeuta.

En sesiones individuales o grupales el arteterapeuta acompaña a los usuarios en el descubrimiento de los materiales y los lenguajes artísticos más adecuados para expresarse. No es su función emitir juicios de valor estético, sino asumir una actitud flexible y de escucha en modo que las instancias expresivas de cada uno puedan ser acogidas y fomentadas en una relación de confianza y respeto recíproco. Para esto es fundamental la creación de un espacio cálido y protegido, una zona circunscripta y con reglas propias donde poder expresarse libremente.

En resumen, podemos decir que esta disciplina, que a partir del psicoanálisis y gracias al  desarrollo de las teorías psicodinámicas, dell’Infant Research y de las neurociencias ha sido cada vez más reconocida como instrumento terapéutico, no pone su atención en la obra artística en sí sino en el proceso creativo puesto en marcha a partir de las distintas técnicas y materiales artísticos.

Y entre los materiales artísticos no podemos dejar de lado “la carta”, es decir el papel. A este material está dedicada la bienal Carta ad Arte. 

Así es. Carta ad Arte es la segunda edición del proyecto LeArtiPossibili. Para mantener un hilo conductor con la precedente bienal hemos elegido el vasto y poliédrico mundo del papel.

Estamos muy contentas pues esta bienal ha casi doblado el número de participantes. Presentan sus trabajos 31 asociaciones y 42 artistas, todos con obras muy interesantes.

Además, el sábado 17 de marzo a las 15.30 hrs. habrá una mesa redonda sobre el tema “El papel instrumento de expresión.”

Esta muestra será una ocasión donde encontrarse, intercambiar experiencias y hacer dialogar diferentes lenguajes expresivos. Una ocasión donde entusiasmarse, reflexionar y emocionarse gracias al arte en sus innumerables matices.

.

Gracias a Francesca y Cristina por esta charla. Y desde ya,  amigos en Milán, los esperamos a todos desde el 15 al 18 de marzo, 10:00-19:00 hrs., en Stecca 3.0 via G. De Castillia 26entrada libre. Y hablo al plural pues yo también participo con dos collages. Pero de esta técnica, otra de mis pasiones, les hablaré en uno de los próximos espejismos.

      www.leartipossibili.it


Adriana Langtry

Niña en el Museo

Las Musas Inquietantes
Giorgio de Chirico

—Niña, vamos a entrar en la sala de exposiciones. Acuérdate, ponte en el centro de la sala, echa un vistazo panorámico y acércate a la obra que te atraiga más.

Es mi nieta, tiene 16 años pero la llamo niña desde siempre. Le gusta el arte, dibuja muy bien, quizás sea ese su futuro. Le estoy enseñando cómo entrar en relación con una obra, es más, le enseño mi método. Seguro que no todos estarán de acuerdo. Veo en los museos mucha gente armada de una guía, un libro, auriculares o también sus móviles, que se ponen en fila para ver todas las obras una por una. Aún peor, se agregan a un grupo para escuchar a un guía que le cuenta la vida del autor y lo que él hubiera querido decir, según un eminente crítico. La obra, apenas alcanzan a verla. No sé si lo habéis notado, pero a los autores no les gusta mucho hablar de sus obras, en particular los que practican las bellas artes. La verdad es que ya se han expresado con sus obras, con las técnicas que utilizan, y obviamente con el título de la obra. Para la música, el compositor necesita un intérprete, por eso cada interpretación puede convertirla en una obra muy diferente. Para las otras artes, la emoción puede nacer de nuestra relación directa con la obra, añadir la interpretación de otras personas puede enriquecerla o empobrecerla.

—Me gusta ese cuadro con los juegos de las luces y de las sombras, —dice Niña, y se acerca a un cuadro de Giorgio de Chirico, lee la etiqueta y añade: — Las musas inquietantes, 1916, Giorgio de Chirico, Milán, Colección privada.

El cuadro no es muy grande (aceite, 97 cm x 66 cm)

—¿Por qué te gusta, Niña?

—Me gustan las sombras, los maniquíes sin caras que transmiten expresiones mediante la postura en la que se ponen. Por ejemplo, el que representa una mujer sentada está tranquilo, apaciguado, y el que está de espaldas me parece triste. Este cuadro me hace pensar en maniquíes que retoman vida. Como si fueran objetos perdidos y abandonados. Si me inspirase en esta obra para dibujar algo, creo que daría también vida a los objetos, como si fueran piezas de un juego de ajedrez.

—Interesante, yo no habría pensado en eso. ¿Conoces a de Chirico?

—No, no conocía a este artista. Me gusta mucho, voy a buscar otras obras.

—Es un surrealista, como Magritte o Dalí. Es italiano pero trabajó sobre todo en Francia. Para mí el cuadro representa un escenario de teatro, a lo mejor uno como los que se utilizaban para “La commedia dell’arte”. En el fondo hay una fábrica y el castillo de los Este en Ferrara. De hecho hay tres maniquíes, dos con alfileteros y un sin, pero con uno apoyado a su lado, una vara y otros accesorios de teatro. También a mí me encanta el ambiente, raro, vacío, como abandonado, pero con una luz caliente y las sombras largas del atardecer. Tu notarás que hay errores de perspectiva… ¿Un hermoso misterio, no? Ideal para inventar una historia.



Jean Claude Fonder

Hacia el mundo de los vivientes

– ¡Es tarde! ¡Vete a tu casa y prepárale la comida a tu marido! -me dice.
– Pero, mamá, ¡Si solo son las cinco y media! -contesto.
Y en realidad sí, tendría que irme. Mi mirada se balancea desde el reloj blanco con agujas negras en la pared de su cocina hacia la ventana, desde la que puedo ver las copas de los plátanos que se mecen al viento, oír voces de chicos y ruido de motores. Gente que vive, habla, se desplaza.
Y yo tendría que volver a casa para preparar las clases para mis alumnos, terminar -¡Por fin! – de escribir ese cuento, hacer unas cuantas fotocopias.
Las agujas negras indican las 5,35. Solo han pasado 5 minutos y me he prometido a mi misma y a ella – que no lo sabe- quedarme al menos hasta las seis.
Haré las fotocopias después de cenar.
Ella malinterpreta mi mirada hacia el reloj:
– Es tarde -repite- Vete a tu casa. Tienes que prepararle la cena a tu marido. O ¿es que ya la tienes lista? A los hombres hay que hacerles la comida.
– No te preocupes, todavía es muy pronto para la cena.
– Bueno, entonces quédate un rato conmigo. Hablemos.
Las agujas negras indican las 5,37. Solo han pasado 2 minutos desde que las controlé la última vez. Y ¿qué le voy a decir yo ahora? 23 minutos para llenar de palabras el vacío de ese silencio.
– Pero has venido tarde hoy… -me dice. Por fin, algo a lo que agarrarme.
– Sì, el profesor terminó la conferencia media hora después.
– Pero… ¿ Es un hombre , verdad? Es que ellos no se dan cuenta de que las mujeres tenemos cosas que hacer: limpiar la casa, cocinar… Por cierto, ¿qué le preparas de cena a tu marido?
– No sé, todavía no me lo he pensado -contesto, pensando en las clases de mañana- pero tengo que planchar -se me ocurre decirle, aunque no es verdad. Sé que es lo que ella se espera de mi.
Y hablamos de la plancha, de la cena, de su vecina, de la plancha, de la compra, de la comida, de su vecina, de la plancha, de la compra y de la cena.
A las seis en punto me levanto.
-¡Vete a tu casa y prepárale la comida a tu marido! -me dice- A los hombres hay que hacerles la comida!
Me callo, porque para ella yo no tengo nada más que hacer que ocuparme de la casa y cocinar. Para mi marido, por supuesto, porque ya se sabe que las mujeres no comemos.
Me callo, porque ya he hablado bastante, sin decir nada equivocado que pudiera hacerla enfadar, o ponerse triste. Y eso ya es mucho.
Me callo, porque el neurólogo me dijo que no hay que contradecirla.
Me callo.
Y el remordimiento ya está allí, justo detrás de su puerta, sofocando el suspiro de alivio que se me escapa al cerrarse.
Soy culpable, porque me da gusto huir hacia los plátanos que se mecen al aire, hacia los chicos que charlan riéndose por tonterías y los ruidos de los motores. Hacia el mundo de los vivos.
Soy culpable y me callo.


Silvia Zanetto

Le Cirque Invisible o la imaginación al poder

Le Cirque Invisible es el espectáculo al que asistí el pasado sábado 10 de febrero en el Teatro Sociale de Bérgamo Alta, hermosa ciudad a sesenta kilómetros de Milán. En realidad, este es el nombre del espectáculo y también del duo formado por Jean-Baptiste Thiérrée y Victoria Chaplin, pareja en la escena como en la vida.

Ella es una de las hijas menores de Charlie y de Oona O’Neill, bailarina, acróbata, contorsionista, diseñadora de vestuario, transformista.  Él, nacido en París en 1937 en un ambiente obrero, es entre otras cosas actor, pintor, escultor, escritor, artista de variedades. Se conocen en 1968, ella tiene 18 aňos, vive en Suiza y sueňa con ser clown. Él, que ha abandonado el mundo “burgués” del teatro, según sus palabras, para dedicarse a un arte “realmente popular” como el circo, le escribe apenas lee una entrevista suya. Ella le contesta. Meses después la pareja se encuentra en Lausana, es para toda la vida.

Esta historia de amor nace enmarcada por la pasión de ambos por el circo. Son ellos los primeros en proponer a partir de los aňos ’70 un nuevo tipo de espectáculo que revolucionará los números clásicos circenses, evitando también “el horror” de los animales amaestrados. Una idea que ejercerá su influencia en el desarrollo del género Teatro Circo, del cual es un extraordinario ejemplo el Cirque du Soleil (1984).

Inician así una larga carrera. Fundan junto a unos amigos Le Cirque Bonjour que en 1971 se presenta al Festival de AvignonEn un segundo momento, y también por falta de subvenciones públicas, crean el reducido Cirque Imaginaire del que formarán parte la pareja y sus hijos Aurelia (1971) y James (1974), hoy renombrados artistas. A partir de los aňos ’90 prosiguen en duo con Le Cirque Invisible.

¿Pero qué tendrá de original este Circo?

Ante todo, está formado por sólo dos personas que se alternan en números breves, estética y emotivamente complementarios.

Jean-Baptiste, es tierno y jocoso, un joven de ochenta aňos, melena blanca enrulada, sonrisa pícara y a la vez inocente, vestidura extravagante. Divierte en su rol de clown descabellado, fingido malabarista, mago que en complicidad con el público revela sus trucos. Ducho en la comicidad ingenua, irracional, en el manejo de la ironía y del absurdo, divierte con gestos simples, livianos, que no pueden ser otra cosa que el fruto de una larga y meticulosa labor. De sus valijas forradas de flores, gobelinos, rayas de zebra, al igual que sus atuendos, surgen objetos cotidianos, ya de por sí sorprendentes por su sencillez: un sol de cartón para observar en una de sus caras el alba, en la otra un eclipse; una horquilla para crear pompas de jabón que deshechas con un martillo suenan a cascabeles; una vela que una vez encendida y deglutida por el clown ilumina su vientre.

Victoria, al contrario, es un duende sofisticado y en apariencia frágil. Un elfo silencioso, la mirada atónita, colma de inquietud mientras concentrada se entrega a las metamorfosis que cumple su elástico cuerpo envuelto en suntuosas telas o asumiendo posiciones imposibles. Transformista rigurosa despliega un bestiario fantástico y colorido: dama aristocrática que deviene caballo, paje engalanado que se convierte en avestruz, pájaro imaginario, medusa, insecto con alas de rayos de bicicleta. Pura y simple maravilla, como cuando su figura lunar entra en escena recubierta de pequeños utensilios de cocina -vasos, recipientes de vidrio, cacerolas- que al tocarlos, como un hada con sus varitas mágicas, la transforman en un instrumento musical.

Y en este mundo fantástico donde no sirven los efectos especiales ni alta tecnología, y donde los animales -conejos que comen zanahorias, patos y gansos que gaznan- atraviesan el escenario no sabiendo hacer otra cosa que ser ellos mismos, no faltan -como en los cuentos infantiles, como en la vida- los aspectos oscuros. La lucha de una mujer engullida por un dragón, los metros de seda roja que se derraman de una herida, un vestido que deviene un rostro fantasmagórico o el paseo en bicicleta del clown en tándem con un esqueleto que hace tintinar la campanilla.

Le Cirque Invisible es todo esto:  un lugar donde la utopía es paradójicamente posible, donde nos podemos reencontrar con las emociones perdidas de la infancia -maravilla y terror, temores y alegrías- condimentadas con la ironía del adulto que ha aprendido a reírse de sí mismo.

“¡Un milagro!…¡otro milagro!…¡qué  noche!” exclama jocoso el iconoclasta Thiérrée mientras, ante nuestro renovado asombro, el conejo “invisible” Jean-Louis desaparece en una nube blanca y polvorienta.

¿Recuerdan aquel lema del Mayo francés del que, en passant, este aňo se cumple el quincuagésimo aniversario? Decía: la imaginación al poder. Bueno, en mi opinión, Le Cirque Invisible es la imaginación al poder hecha realidad. ¡Chapeau!


P.D. Me gustaría también contarles algo sobre el Teatro Sociale de Bérgamo, teatro all’italiana inaugurado en 1808 en la Ciudad Alta y condenado por ochenta aňos al abandono hasta su excelente restauración en 2009. Pero de esto, en todo caso, hablaremos en uno de los próximos “espejismos.”


Le Cirque Invisible
tema, dirección e interpretación Jean-Baptiste Thiérré y Victoria Chaplin
diseňo de luces Nasser Hammadi
con Jean-Baptiste Thiérrée y Victoria Chaplin
producción Live Arts Management
duración 1hr. 50’ incluido el intervalo

Bibliografía:

en francés e inglés, on line: Le-Cirque-Invisible-Fr.pdf

Adriana Langtry