Carta ad Arte

El Papel como forma privilegiada de expresión.

“El papel, instrumento creativo, soporte del trazo, de la impresión y del color pero también volumen gracias a sus pliegues, sus cortes y superposiciones.
Materia prima de técnicas que amplían las posibilidades expresivas y que permiten lenguajes simultáneos y variados.
La exposición Carta ad Arte tendrá nuevamente como protagonistas las experiencias y las producciones artísticas de grupos o conductores que han participado a talleres expresivos de Arteterapia en centros de rehabilitación, sociales o educativos; y de artistas que utilizan el papel como forma privilegiada de expresión.” (LeArtiPossibili)

Carta ad Arte es la segunda edición de la bienal organizada por LeArtiPossibili, que se inaugura el próximo jueves 15 de Marzo a las 10:00 hr. en la Stecca 3.0, renovado punto de encuentro artístico del “quartiere Isola” en Milán, situado en Via G. De Castillia 26 y que podrá visitarse hasta el domingo 18 de marzo en el  horario 10:00-19:00.

El proyecto ha sido creado y dirigido por las arteterapeutas Francesca Bagnoli y Cristina Ghiglia, fundadoras de LeArtiPossibili, con el  sostén de la Associazione Volontaria Arcobaleno – centro salesiano Onlus, que  desde hace aňos se dedica al problema de la discapacidad psíquica.

Francesca Bagnoli es licenciada en Psicología de las Artes por el  D.A.M.S. de Bolonia.  Cristina Ghiglia, diplomada en ámbito artístico es también pintora y escultora.

Ambas han seguido la formación en Arteterapia Clínica en el instituto milanés Lyceum. A lo largo de sus carreras individuales ambas han colaborado como docentes, proyectando y conduciendo talleres expresivos para niňos, adultos y ancianos, en asociaciones, escuelas primarias y entidades estatales y privadas.

Pero mejor escuchemos  lo que tienen para contarnos estas sonrientes profesionales.

Francesca, Cristina, ¿Qué es y cómo nace el proyecto LeArtiPossibili?

LeArtiPossibili nace a partir de nuestra experiencia profesional pero también gracias a un fuerte objetivo común: las dos creemos firmemente en el intercambio de conocimientos y en el diálogo multidisciplinar. Nuestro esfuerzo está puesto en crear  ocasiones y posibilidades de encuentro, en dar valor a ciertas expresiones artísticas menos visibles. Estamos convencidas que la creación de redes no es sólo un concepto sino una oportunidad concreta.

LeArtiPossibili se concretiza en una exposición bienal en la que viene propuesto como tema un  material artístico y las técnicas a él vinculadas. Entre una edición y la sucesiva se organizan eventos colaterales con el objetivo de suscitar nuevas y significativas experiencias en torno al tema de la muestra.

Por ejemplo, luego de la primera bienal del 2016 dedicada al material textil (Fiber Art) fue lanzado el proyecto “Una grande Coperta” (Una gran Manta), instalación colectiva que ha circulado en diferentes contextos despertando gran interés.

Somos una pequeňa realidad con la ambición de continuar creciendo e involucrando cada vez más personas y realidades sociales interesadas en la mutua colaboración.

Hoy en día la idea que el hacer artístico sea en sí terapéutico para quien lo hace resulta bastante difusa. ¿Qué diferencia hay, según ustedes, entre el artista que crea en su atelier y la persona que lo hace en un taller de Arteterapia?

El hacer artístico es siempre un instrumento de autoconocimiento y de expresión personal,  es terapéutico porque ayuda a dar forma a emociones e ideas.  Las obras de un artista son fruto de una búsqueda personal, de una investigación a través de modelos culturales interiorizados ya sea a través de una formación académica o simplemente por su estrecha relación  con la época en que vive, con su entorno, aun cuando su trabajo lo lleva a aislarse.

En un taller de Arteterapia, al contrario, la persona no necesita tener conocimientos artísticos ni llevar adelante una búsqueda estética. Las obras que produce se convierten en mapas de su mundo interior y constituyen los instrumentos de mediación en el triángulo usuario/paciente-producto artístico-arteterapeuta.

En sesiones individuales o grupales el arteterapeuta acompaña a los usuarios en el descubrimiento de los materiales y los lenguajes artísticos más adecuados para expresarse. No es su función emitir juicios de valor estético, sino asumir una actitud flexible y de escucha en modo que las instancias expresivas de cada uno puedan ser acogidas y fomentadas en una relación de confianza y respeto recíproco. Para esto es fundamental la creación de un espacio cálido y protegido, una zona circunscripta y con reglas propias donde poder expresarse libremente.

En resumen, podemos decir que esta disciplina, que a partir del psicoanálisis y gracias al  desarrollo de las teorías psicodinámicas, dell’Infant Research y de las neurociencias ha sido cada vez más reconocida como instrumento terapéutico, no pone su atención en la obra artística en sí sino en el proceso creativo puesto en marcha a partir de las distintas técnicas y materiales artísticos.

Y entre los materiales artísticos no podemos dejar de lado “la carta”, es decir el papel. A este material está dedicada la bienal Carta ad Arte. 

Así es. Carta ad Arte es la segunda edición del proyecto LeArtiPossibili. Para mantener un hilo conductor con la precedente bienal hemos elegido el vasto y poliédrico mundo del papel.

Estamos muy contentas pues esta bienal ha casi doblado el número de participantes. Presentan sus trabajos 31 asociaciones y 42 artistas, todos con obras muy interesantes.

Además, el sábado 17 de marzo a las 15.30 hrs. habrá una mesa redonda sobre el tema “El papel instrumento de expresión.”

Esta muestra será una ocasión donde encontrarse, intercambiar experiencias y hacer dialogar diferentes lenguajes expresivos. Una ocasión donde entusiasmarse, reflexionar y emocionarse gracias al arte en sus innumerables matices.

.

Gracias a Francesca y Cristina por esta charla. Y desde ya,  amigos en Milán, los esperamos a todos desde el 15 al 18 de marzo, 10:00-19:00 hrs., en Stecca 3.0 via G. De Castillia 26entrada libre. Y hablo al plural pues yo también participo con dos collages. Pero de esta técnica, otra de mis pasiones, les hablaré en uno de los próximos espejismos.

      www.leartipossibili.it


Adriana Langtry

Le Cirque Invisible o la imaginación al poder

Le Cirque Invisible es el espectáculo al que asistí el pasado sábado 10 de febrero en el Teatro Sociale de Bérgamo Alta, hermosa ciudad a sesenta kilómetros de Milán. En realidad, este es el nombre del espectáculo y también del duo formado por Jean-Baptiste Thiérrée y Victoria Chaplin, pareja en la escena como en la vida.

Ella es una de las hijas menores de Charlie y de Oona O’Neill, bailarina, acróbata, contorsionista, diseñadora de vestuario, transformista.  Él, nacido en París en 1937 en un ambiente obrero, es entre otras cosas actor, pintor, escultor, escritor, artista de variedades. Se conocen en 1968, ella tiene 18 aňos, vive en Suiza y sueňa con ser clown. Él, que ha abandonado el mundo “burgués” del teatro, según sus palabras, para dedicarse a un arte “realmente popular” como el circo, le escribe apenas lee una entrevista suya. Ella le contesta. Meses después la pareja se encuentra en Lausana, es para toda la vida.

Esta historia de amor nace enmarcada por la pasión de ambos por el circo. Son ellos los primeros en proponer a partir de los aňos ’70 un nuevo tipo de espectáculo que revolucionará los números clásicos circenses, evitando también “el horror” de los animales amaestrados. Una idea que ejercerá su influencia en el desarrollo del género Teatro Circo, del cual es un extraordinario ejemplo el Cirque du Soleil (1984).

Inician así una larga carrera. Fundan junto a unos amigos Le Cirque Bonjour que en 1971 se presenta al Festival de AvignonEn un segundo momento, y también por falta de subvenciones públicas, crean el reducido Cirque Imaginaire del que formarán parte la pareja y sus hijos Aurelia (1971) y James (1974), hoy renombrados artistas. A partir de los aňos ’90 prosiguen en duo con Le Cirque Invisible.

¿Pero qué tendrá de original este Circo?

Ante todo, está formado por sólo dos personas que se alternan en números breves, estética y emotivamente complementarios.

Jean-Baptiste, es tierno y jocoso, un joven de ochenta aňos, melena blanca enrulada, sonrisa pícara y a la vez inocente, vestidura extravagante. Divierte en su rol de clown descabellado, fingido malabarista, mago que en complicidad con el público revela sus trucos. Ducho en la comicidad ingenua, irracional, en el manejo de la ironía y del absurdo, divierte con gestos simples, livianos, que no pueden ser otra cosa que el fruto de una larga y meticulosa labor. De sus valijas forradas de flores, gobelinos, rayas de zebra, al igual que sus atuendos, surgen objetos cotidianos, ya de por sí sorprendentes por su sencillez: un sol de cartón para observar en una de sus caras el alba, en la otra un eclipse; una horquilla para crear pompas de jabón que deshechas con un martillo suenan a cascabeles; una vela que una vez encendida y deglutida por el clown ilumina su vientre.

Victoria, al contrario, es un duende sofisticado y en apariencia frágil. Un elfo silencioso, la mirada atónita, colma de inquietud mientras concentrada se entrega a las metamorfosis que cumple su elástico cuerpo envuelto en suntuosas telas o asumiendo posiciones imposibles. Transformista rigurosa despliega un bestiario fantástico y colorido: dama aristocrática que deviene caballo, paje engalanado que se convierte en avestruz, pájaro imaginario, medusa, insecto con alas de rayos de bicicleta. Pura y simple maravilla, como cuando su figura lunar entra en escena recubierta de pequeños utensilios de cocina -vasos, recipientes de vidrio, cacerolas- que al tocarlos, como un hada con sus varitas mágicas, la transforman en un instrumento musical.

Y en este mundo fantástico donde no sirven los efectos especiales ni alta tecnología, y donde los animales -conejos que comen zanahorias, patos y gansos que gaznan- atraviesan el escenario no sabiendo hacer otra cosa que ser ellos mismos, no faltan -como en los cuentos infantiles, como en la vida- los aspectos oscuros. La lucha de una mujer engullida por un dragón, los metros de seda roja que se derraman de una herida, un vestido que deviene un rostro fantasmagórico o el paseo en bicicleta del clown en tándem con un esqueleto que hace tintinar la campanilla.

Le Cirque Invisible es todo esto:  un lugar donde la utopía es paradójicamente posible, donde nos podemos reencontrar con las emociones perdidas de la infancia -maravilla y terror, temores y alegrías- condimentadas con la ironía del adulto que ha aprendido a reírse de sí mismo.

“¡Un milagro!…¡otro milagro!…¡qué  noche!” exclama jocoso el iconoclasta Thiérrée mientras, ante nuestro renovado asombro, el conejo “invisible” Jean-Louis desaparece en una nube blanca y polvorienta.

¿Recuerdan aquel lema del Mayo francés del que, en passant, este aňo se cumple el quincuagésimo aniversario? Decía: la imaginación al poder. Bueno, en mi opinión, Le Cirque Invisible es la imaginación al poder hecha realidad. ¡Chapeau!


P.D. Me gustaría también contarles algo sobre el Teatro Sociale de Bérgamo, teatro all’italiana inaugurado en 1808 en la Ciudad Alta y condenado por ochenta aňos al abandono hasta su excelente restauración en 2009. Pero de esto, en todo caso, hablaremos en uno de los próximos “espejismos.”


Le Cirque Invisible
tema, dirección e interpretación Jean-Baptiste Thiérré y Victoria Chaplin
diseňo de luces Nasser Hammadi
con Jean-Baptiste Thiérrée y Victoria Chaplin
producción Live Arts Management
duración 1hr. 50’ incluido el intervalo

Bibliografía:

en francés e inglés, on line: Le-Cirque-Invisible-Fr.pdf

Adriana Langtry

Florida y Boedo

“Ya alumbraremos la vida
si nos da fósforo el genio.
vos poeta de Florida, yo
del arrabal porteño.”

Álvaro Yunque

Semanas atrás, mientras entraba en el elegante bar Peck, a pocos pasos del Duomo de Mi­lán, para concurrir a un encuentro literario con los amigos del Tapañol, me vino a la memo­ria aquella legendaria disputa literaria que en la Argentina de los años veinte del siglo pasa­do veía en campos opuestos los grupos vanguardistas conocidos bajo la divisa “Florida y Boedo.”

Eran aquellos años de gran efervescencia en Argentina. La sociedad porteña y con ella la ciudad habían cambiado drásticamente en menos de dos décadas. El gran aflujo de inmi­grantes en su mayor parte europeos, en su mayoría italianos, había aportado grandes inno­vaciones a un país que estaba entrando en la modernidad. Innovaciones en el proceso pro­ductivo (atisbo de industrialización y formación del movimiento obrero), renovación cultu­ral (nuevas costumbres y aportes lingüísticos), además de transformaciones socio-políticas (ideas anarquistas y socialistas) que conllevaban inevitables tensiones, conflictos y fermen­tos. De hecho, concluida la primera guerra mundial y bajo el influjo del primer radicalismo yrigoyenista, dos grupos de jóvenes artistas e intelectuales -muchos de ellos hijos de inmi­grantes-, influenciados en mayor o menor grado por las vanguardias europeas, se enfrentan cuestionando las estéticas tradicionales (modernismo, nacionalismo) y colocándose como punta de diamante de la renovación del arte nacional.

Uno de ellos es el Grupo de Florida que toma su nombre de la homónima calle porteña, céntrica y cosmopolita. En la esquina de Florida y Tucumán estaba ubicada la sede de la revista Martín Fierro fundada por Evar Mendez, publicación que hereda su nombre del hé­roe gauchesco protagonista del poema de José Hernández (1872) y que entre los años 1924­27 fue espacio de debate y experimentación artística. El grupo de Florida, llamado también martinfierrista, estaba compuesto, entre otros, por escritores y poetas como J.L. Borges, C.N.Roxlo, Oliviero Girondo, Leopoldo Marechal, Norah Lange, Ricardo Güiraldes, Macedonio Fernández y por plásticos como Xul Solar, Emilio Pettoruti, Nora Borges. Gente vin­culada con las vanguardias europeas que se reunía en tertulias literarias en la elegante sala de estilo inglés de la confitería Richmond ubicada en Florida y Corrientes, a dos cuadras de la revista, y frecuentada por la élite.

En el polo opuesto se mueve el Grupo de Boedo nucleado en esos mismos años alrededor de la editorial Claridad (1922), fundada por Antonio Zamora y ubicada en la calle Boedo del homónimo barrio obrero, en la periferia sur de la ciudad. Grupo formado por escritores, poetas y dramaturgos de extracción proletaria, entre ellos Leónidas Barletta (fundador del Teatro del Pueblo), Álvaro Yunque, Elías Castelnuovo, Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón, César Tiempo, Roberto Arlt, y por plásticos como Guillermo F. Hebequer pertene­ciente a un movimiento artístico muy cercano al de Boedo, el de los Artistas del Pueblo.

Lo que diferencia a los dos grupos es su manera de abordar lo nuevo. Los martinfierristas inclines al arte autónomo, apolítico, al “arte por el arte” persiguen la innovación formal en el campo poético a través de la liberación del verso (forma, métrica, rima) y el uso audaz de la metáfora. Además de la experimentación formal no pierden de vista la renovación de la lengua rioplatense, reivindicando un cierto “purismo” idiomático amenazado por jergas e italianismos.

Los boedistas en cambio, juventud de la izquierda militante, ponen el acento en el arte comprometido prefiriendo las temáticas del realismo social (la lucha de clase, la vida de los marginados) y elaborando un lenguaje que incorpora elementos lingüísticos de los sectores populares. El objetivo de estos escritores es la integración social a través de la cultura. De hecho, la editorial se dedicará también a la traducción y divulgación de las grandes obras del pensamiento y de la literatura universal en publicaciones a precios accesibles. El Grupo jun­to al movimiento de los Artistas del Pueblo fundará en 1927 el primer teatro independiente argentino.

Florida y Boedo, dos estéticas en torno a símbolos urbanísticos concretos: el centro aristo­crático y europeizado de la ciudad, el arrabal proletario, representan quizás los polos de una compleja identidad nacional que, a mi parecer, aún hoy continuan a enfrentarse y a comple­tarse. Lo demás, es leyenda. Entre los dos grupos hubo sí un cierto antagonismo pero tam­bién confrontaciones y colaboraciones. Algunos artistas, como Nicolás Olivari o Raúl Gon­zález Tuñón confluyeron en ambos grupos sin pertenecer definitivamente a ninguno, otros como Arlt lo hicieron esporádicamente y aristocráticos como Borges dedicaron extensas pá­ginas al arrabal porteño, si bien en forma más idealizada. Pocos años después, luego del primer golpe de estado militar de 1930, muchos martinfierristas confluyeron en la mitica revista Sur, fundada por Victoria Ocampo, mientras Claridad continuará su labor como re­vista hasta 1941.

Quisiera concluir con una anécdota que en cierto modo ratifica aquella intuición que tuve entrando semanas atrás al bar Peck. Mientras recuperaba datos para escribir este artículo descubrí que en los mismos años en que los intelectuales argentinos participaban a las tertu­lias en la Richmond, en el Peck de via Spadari se reunía la élite cultural milanesa, entre el­los Gabrielle D’Annunzio. Al final, pensé, algo en común tenían estos lugares geográfica­mente tan lejanos que mi memoria sin querer acercó.

La diferencia, el Peck sigue en su sitio mientras la Richmond, monumento histórico de la cultura argentina, fue vendida en 2011 y transformada en un negocio de deportes.



Bibliografía:

David Viñas, “Literatura argentina y política. Tomo II, de Lugones a Walsh”, ed.Sudamericana, Buenos Aires, 1996

Mariano Javier Oliveto“El problema de la lengua literaria: disputas y condiciones de transfor­mación en la Argentina de 1920”, tesis de doctorado on line

literatura argentina: www.todo-argentina.net/Literatura

la historia del bar Peck: www.peck.it/it/la-storia

la historia de la confitería Richmond: serdebuenosayres.blogspot.com


Adriana Langtry