El precioso recuerdo

– Fabiana querida, ¿cuál es tu recuerdo favorito?

– El de mi nacimiento, papá.

– Pero cariño, ¡no vas a pretender que recuerdas tu nacimiento! Yo estaba allí, lo recuerdo bien y es un recuerdo inolvidable. También para tu madre, que sufría el martirio para ayudarte a salir de su cuerpo descuartizado y desgarrado por los cortes que el médico había practicado. Para ti, el bebé, debía ser traumático este viaje imposible para pasar entre la carne y los huesos ensangrentados de tu pobre madre. Y cuando, finalmente, pudiste gritar para liberar tus pulmones y respirar el aire libre, te aseguro que no estabas sonriendo.

Mi hija me escuchaba describir este momento difícil, pero también recuerdo imperecedero. La memoria es engañosa, tendemos a construirla como nos conviene. Mi pregunta anodina había roto la barrera del hábito que se formaba alrededor de nuestra familia y de su historia cotidiana. De repente las lágrimas brotaron:

– Papá, estaba hablando de la joya que le diste a mamá para darle las gracias, pero también para celebrar nuestro triple amor. Los tres anillos de Cartier, el oro amarillo, gris y rosa que nos lo había recordado.

Jean Claude Fonder