Una fabula verdadera

Soir Bleu de Edward Hopper, 1914

Cuando Elsa lo parió, pronto se dio cuenta que el cachorro era raro. En toda su larga vida nunca había visto un cachorro de gorila enteramente blanco.

Mientras lo acunaba susurrando una vieja nana, mirando su carita rosada y su pelo tan suave dijo. 

—¡Que hermoso eres mi amor! Nadie en el mundo se parece a ti. ¡Tú eres único! -. El sonido de sus palabras le produjeron un raro escalofrío.

¡Ya! Tú eres diferente. Demasiado diferente de todos los de tu raza. La manada nunca te aceptará. Tenemos que huir de aquí lo más lejos posible.

Aprestándolo a su corazón se puso a correr volando de árbol en árbol hasta que alcanzaron al borde extremo de la selva. Muy lejos de la manada, pero demasiado cerca de la cabaña de Zomu. Un viejo cazador sin escrúpulos que robaba y vendía animales selváticos a los zoológicos.

Elsa y Luna (así lo llamó) vivían felices. Elsa tenía abundante leche y Luna crecía gordito y alegre. Pasaron algunos meses. Luna como todos los chicos de su edad se volvían más vivaz y juguetón.

Zomu, que siempre iba explorando la zona cerca de su cabaña, se dio cuenta de aquella energía. Les sorprendió abrazados bajo un viejo árbol. Mató a Elsa. Tomó a Luna. Lo vendió a un tipo, que lo vendió a otro tipo, que lo vendió al zoológico de Barcelona.

Luna se convirtió en copito de nieve. Fue la estrella del zoológico de Barcelona. Se hizo muy viejo.

Detrás de las rejas de su jaula, copito de nieve, a pesar de su gran notoriedad, siempre fue un gorila triste. Quizás nunca pudo olvidar los abrazos de Elsa, su olor, la tibia dulzura de su leche, el perfume y la música de la selva.

Iris Menegoz