Bajo sol y bajo lluvia

Para Elisa,
in memoriam

Llovía a cántaros. Hacía frío. Sobre todo en el alma. Sin embargo había mucha gente a tu entierro. Me hubiera gustado participar, pero yo no estaba allí en aquel tiempo. Vivía lejos. Lo que sé me lo contaron. Con pelos y señales. Bueno, la verdad es que para mi, no hizo falta. Lo podía imaginar sin esfuerzo. El dolor de tus padres y de todos los que te quisieron en vida. Entre ellos también el mío. 

Dicen que no existe nada peor que la muerte. En lo personal creo que el silencio es mucho más aterrador y ruidoso. Para acabar de una vez con ese silencio que siempre acompañó tu desaparición, quiero dedicarte esas líneas. Quisiera contarte  lo que fue después. Como si tú pudieras oírme, allá donde estés. 

Porque el día que te fuiste para siempre tú no lo sabías.

Llevabas solo unos vaqueros, una camiseta de colores y tus zapatillas de deporte preferidas. Y la sonrisa con la que acogías a todos y con la que esperabas vivir tu futuro que alguien te robó. Esa también te llevaste para siempre. 

Aquel domingo de septiembre hacía calor. Todavía lo recuerdo. Parecía que el verano no quisiera ceder el paso al otoño, con sus lluvias y sus cielos grises. Saliste de casa despidiéndote de tu madre. Ninguna de las dos hubiera podido imaginar. Nadie hubiera podido predecir la tormenta que vino luego. 

No es fácil encontrar las palabras, porque casi siempre cuando las buscas ellas rehuyen, no están hechas para ser atrapadas en una hoja de papel. Solo quiero que sepas que te buscamos por todas partes, bajo sol y bajo lluvia… y nunca tuvimos la suerte de dar contigo. 

Eso ocurrió muchos años después, cuando la ciudad ya te había olvidado.

Manila Claps………..