Prensa

Sus cuatro hijos le decían que era una mujer aprensiva.

Dolores conocía bien la etimología de la palabra “aprensivo” que, como todos saben, procede de “prensa”. Es decir: cuantos más periódicos uno lee, más se angustia por las noticias alarmantes que se publican y confronta versiones, busca informaciones, hasta quedar completamente confundido.

Todavía más tendría que preocuparse ahora, con eso de la epidemia y todo.

Sin embargo, Dolores estaba tranquila, en su casita en la costa norte de la isla, con sus cuatro perros. Tenían el nombre de sus hijos: Carlos, Manuela, Javier y Clara, porque cada vez que uno de ellos se había ido para siempre de su casa, Dolores había adoptado un nuevo cachorro y le había dado su nombre.

Recibía “El País” cada mañana y lo leía de arriba abajo, sentada entre las flores azules y amarillas de su pequeño jardín que se asomaba al mar. Sabía que en el sur de la isla mil personas estaban en cuarentena en un hotel, por culpa de unos malditos turistas italianos que habían contagiado a los habitantes de ese pequeño paraíso terrenal. Pero ella, ¿por qué tendría que preocuparse? Hacía años que no salía de su pueblo, Buenavista del Norte y, a fin de cuentas, ya había vivido lo suficiente. Sus cuatro hijos de cuatro patas, en la prensa decían que no se podían enfermar, y los demás cuatro… Pues, no era su problema.

Pero hoy Dolores ha leído en la prensa un título agobiante: “Los animales domésticos no pueden transmitir el virus, pero sí pueden enfermar”. Mira a los ojos a sus cuatro amores: “No os preocupéis” les dice con voz tierna y temblorosa. Lee atentamente el artículo hasta el final y entiende que es una falsa alarma.

Y finalmente tira el periódico a la basura.

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Silvia Zanetto