Carta a una desconocida

Henri Lebasque – Mujer en vestido blanco

Querida Claudine, (este nombre imaginario te queda perfecto)

¡Qué hermosa estás en la pintura!

¡Qué bonito tu vestido de seda blanco!

¡Tu sombrerito y tus zapatos me encantan!

Te imagino sentada frente a tu casa en Provenza. Puedo husmear el perfume de las flores del jardín que te rodea, mezclado con un lejano olor a mar.

Tu carita somnolienta bajo la luz amarilla me hace pensar que estás un poco aburrida a pesar de la presencia rara e inquietante del pajarito.

Aquí, en Milán, el escenario es muy diferente. Estamos viviendo un tipo de pesadilla. Escuelas, cines, teatros, museos, cerrados. Supermercados asaltados con estantes sin mercancías. Un virus, que es un bicho, pero más pequeño y muy malo, está saqueando nuestro bienestar.

Perdona, pero por eso cuando miro tu figura sumergida en esa luz tibia y amarilla un poco me pongo de los nervios. Lo siento, sé que no es culpa tuya, pero mejor será que nos contactemos cuando estos días surrealistas se acaben.

Te mando un beso virtual, los únicos que nos permiten.

Iris.

P.S. Lo de el pajarito inquietante te lo aclaro la próxima vez. Tiene algo que ver con algunas tesis del señor Freud.

Iris Menegoz