La igualdad

Not to be reproduced – René Magritte (1937)

Éramos gemelos de un embrión único nacidos a partir de un solo óvulo, éramos iguales, dos varones. De niños solíamos bromear e intercambiar cualquier cosa, por ejemplo, novias que no se daban cuenta del reemplazo. Pero lo hacíamos, a pesar de que el juego era pesado. Era una forma perversa de contarnos experiencias y desventuras.

Llevábamos ropa idéntica y aprovechábamos nuestra igualdad para burlarnos de amigos y conocidos. Los dos por igual. Nos reemplazábamos cuando estábamos en la fila para pedir documentos, era una ventaja, era un efecto de fotocopia, uno idéntico al otro.

La igualdad era nuestra fuerza. Mientras sopesaban nuestro parecido, me decían: – ¿Tú eres…? No soy el otro. A veces le preguntaba a mi hermano: – ¿Te gustaría ser yo? Me respondía: – Estaría bien, pero me da igual. – Nos miraban como si fuéramos dos fantasmas, con una curiosidad “peluda”, sexualmente perversa, un misterio sin solución. Hemos compartido todo en la vida, amores, calzoncillos, comida, dinero, emociones…desde siempre.

Mi hermano murió hace un año, ahora que estoy solo, he comprado un espejo que refleja el doble de mi imagen, pero no me parece que la una sea idéntica a la otra. Me falta algo. Un castigo imposible de aceptar; una terrible venganza de la naturaleza. Es difícil de decir, pensaba que ambos moriríamos al mismo tiempo, o uno tras otro a corta distancia. El huevo cortado se ha convertido en uno. Uno sólo no puede seguir viviendo, no tiene sentido.

Mi verdadera identidad murió con él. El igual.

Luigi Chiesa