Igual

La noche estrellada de Vincent Van Gogh (1889)

El momento había llegado. Tenía que dar su discurso sobre los detalles. Así que pasó por alto su indecisión y empezó. <Amigos aquí reunidos, vengo en representación de nuestra comunidad y quisiera destacar que el camino va ser largo y duro. Hay muchos kilómetros por recorrer, nunca hemos marchado y nadado tan lejos. La cita está fijada para el lunes 21 de junio, a las 3 de la madrugada, pero supongo que eso ya lo sabéis. Lo que aún tengo que comunicaros es la ubicación del sitio. Sólo os informo de que vamos a otro círculo. Entonces cuanto antes nos pongamos en camino, mejor.> En fila india, ordenadamente empezaron el recorrido que los llevaría a destino. Marcharon siguiendo el Círculo Ártico, cruzando el océano Glacial donde encontraron pocos bloques de hielo en los que descansar. Llegaron a la llanura de Salisbury, al círculo de piedra de Stonehenge construido hace miles de años. Los grupos procedentes de los otros 4 círculos terrestres ya estaban presentes, sentados en el suelo, en círculo, en silencio. También el grupo del Ártico tomó asiento. Esperaban el amanecer, con el sol atravesando el círculo megalítico e incidiendo perfectamente sobre la piedra talón. El aire estaba cargado de energía. Al llegar la luz los presentes se asombraron con la maravilla del rayo de sol entrando a través de los monolitos y advirtiendo de la llegada del verano. Cada círculo terrestre tenía varios representantes de su comunidad. Al terminar el momento mágico los jefes, los únicos que llevaban una larga capa blanca con capucha, se levantaron. El Jefe Mayor explicó que aquel lugar era simbólico, que allí se saludaba el invierno y se recibía una nueva temporada. Explicó también que el espectáculo que acababa de aparecer volvería a presentarse el 21 de junio del próximo año y que el rayo de sol podía entenderse como un mensajero de una vida que se reitera, en círculos que se arrastran, que se abren y se cierran. Terminó así su discurso <Gracias a todos por participar, regresemos a nuestros Círculos Terrestres, que ahora nos distancian y que podrían desaparecer al derretirse los glaciares, todo reduciéndose en un único círculo mayor sin diferencias atmosféricas. Pensémoslo bien y actuemos en consecuencia>. Los participantes se miraron unos a otros sin hacer comentarios y lentamente se fueron.Tenía un hermano gemelo, todos decían que era imposible diferenciarnos. Físicamente idénticos, no fueron pocos los que nos confundían. Igual que él yo tenía el pelo rubio, los ojos azules, una sonrisa cautivadora, y la misma voz. Compartimos la casa familiar, recibimos la misma crianza, sin diferencias. Pero él siempre fue el más travieso. Incluso, años atrás se hacía pasar por mí con las chicas. Al final se convirtió en un criminal. Y por ser el principal sospechoso de varios delitos fue escondiéndose Dios sabe dónde. Al inculparme a mí por sus crímenes acabaron con mi vida. Tener igual cara y apellido fue una maldición. Ahora estoy aquí, atrapado en este lugar, en otro mundo. En mi anterior vida estaba convencido de que cada noche era igual a la otra por su oscuridad, o porque las estrellas, siempre iguales, seguían allí. Ahora que tengo que mirar al cielo a través de los barrotes de una pequeña ventana he descubierto el misterio y la belleza que encierra una noche. Nunca hay una sola noche igual a la otra. Miro al cielo para aguardar la calma a la espera de que amaine la tormenta que llevo dentro. Y cuando en el horizonte aparece la luz del sol yo sé que todo va a seguir igual que ayer, igual que mañana, igual que siempre. Todo, excepto las noches. 

Raffaella Bolletti