Carta a las buenas personas

¡Queridos ricos de la tierra!

¡Qué alegría me ha provocado vuestra competición!

¡Vuestra generosidad a corto plazo me ha emocionado muchísimo!

He pensado que si en el mundo, tan árido y egoísta, alguien quien tiene un corazón tan grande y altruista significa que aún hay esperanza.

No conozco vuestros negocios, ni donde se desarrollan vuestras actividades. Pero estoy convencida de que sabéis tratar con justicia a todos vuestros trabajadores y que vuestras ganancias no tienen relación con ningún tipo de explotación, ni ambiental, ni de la tierra, ni tampoco de seres humanos de los rincones más pobres de este planeta.

Pido perdón por mis palabras un poco desconfiadas, soy sólo una vieja iglesia. Para los ateos soy un estupendo monumento gótico, para los que creen, soy algo más, soy la casa de Dios. ¡Me apenaría descubrir que todo este montón de dinero apestase!

Otra vez os agradezco todo lo que hicisteis y por todo lo que haréis.

                                                            Notre-Dame de Paris 

                                                                      (una vieja iglesia en un enorme lío)


Iris Menegoz