El amante

—Me gusta verte caminar con las nalgas al aire— me dijo cuando me alcé para ir al baño.
En esta época me sorprendía que una mujer pudiera apreciar una parte de mi cuerpo y, sobre todo, decirlo. Era estudiante en la universidad libre de Bruselas, por las tardes solía jugar a las cartas, al whist por dinero, un juego parecido al bridge. Había siempre espectadores a nuestro alrededor. Un día se me acercó una chica por detrás. Observó mi juego durante un momento y luego me preguntó:
—¿Cuándo estás libre?
La miré un momento. Era guapa, pelo negro, labios pintados de rojo sangre.
—Cuando quieras, vendo mi lugar en la mesa a un compañero.
—Nos vemos en el bar La Esquina en un cuarto de hora— dijo, se alzó y salió. Llevaba una minifalda muy corta, una blusa blanca y sus zapatos de tacones marcaban sus pasos decididos.

Era el mejor jugador de nuestra mesa, no tuve problemas para encontrar un sustituto, así que salí y me fui a La Esquina, un bar vecino. Rosita estaba sentada con la piernas agresivamente cruzadas en una mesa un poco apartada. Se presentó y me invitó a sentarme a su izquierda en el banco. Estábamos muy apretados. Me preguntó qué quería beber, le dije: lo mismo que tú. Era un cóctel bastante fuerte. Sin preámbulos puso su mano sobre mi pierna y me besó en la boca como lo hacen los jóvenes adolescentes. Me dijo que le gustaba y que conocía un hotel cercano donde no preguntaban nada. Ya me estaba acariciando. Todo su cuerpo estaba tenso, invitándome.
Poco tiempo después entramos en la habitación. Apenas se cerró la puerta, me desabrochó el cinturón, me bajó los pantalones, los calzoncillos, me empujó hacia la cama, me cabalgó con la falda arremangada. No llevaba bragas.
El día después me dolía todo el cuerpo, habíamos follado hasta medianoche. Me había dicho poco sobre ella, solo que trabajaba en un bar para soldados y que hoy era su día libre, por lo que salía con quien quería. Durante algunos días no la vi, seguía jugando al Whist, ganando cada vez más. Un día me llamó el dueño del bar, me pasó el teléfono y dijo que una chica preguntaba por mí. Era Rosita, quería saber si podíamos vernos en el bar La Esquina. Respondí que sí.
La acompañaba una amiga, también ella vestida para salir, con un vestido super corto y pechos en bella vista. Rosita me besó en la boca y me la presentó:
—Se llama Juana, es una compañera, quería conocerte. ¿Vamos?
Juanita, también me besó en la boca y me tocó sin el más mínimo pudor.
—¡Que sí!— respondió ella, antes que pudiera reaccionar.
Encuentros así se sucedieron durante todo el año. A veces, Rosita venía sola, pero normalmente se traía una «compañera». Es más, una tarde se presentó una chica sola, Pilar. Guapa y vestida sexy, como siempre. También con ella, pocos preámbulos y estábamos en la cama del hotel, cuando entró Rosita histérica:
—Pili ¿cómo has podido?— y le pegó una cachetada.
Al final todo terminó con los inacabables revolcones juntos en la cama. Eran insaciables.
Al final del año académico, volví a Lieja. encontré al amor de mi vida y me casé. Durante la ceremonia en la catedral, la vi escondida detrás de una columna. Estaba llorando.


Jean Claude Fonder

La Valse de Camille Claudel

Conocí a Camille con la película de Bruno Nuytten: La pasión de Camille Claudel (1988) con Isabel Adjani y Gérard Depardieu. Isabel es una de mis actrices preferidas. La encarnación que hace de Camille es magnífica. Te transmite la pasión y la locura de esta mujer, moderna e incomprendida, por su arte y por el escultor genial que fue Rodin. Entre ambos surgió una tormentosa relación amorosa plagada de crisis y rupturas, similar a  la que mantuvieron Frida Kahlo y Diego Rivera.

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Apenas volví a Paris, fui a visitar el precioso Museo Rodin, una verdadera joya escondida en el VII distrito de Paris. El Hôtel Biron en el que residió Rodin, aloja hoy un pequeño y maravilloso museo. Aconsejo a todos que vayan a visitarlo. Están allí las principales obras de Rodin pero, sobre todo, nos impresionaron las obras de Camille, que eran numerosas. Expresaban mucho más que la pura belleza académica; eran pasión intensa y sufrimiento extremo. Una maravilla absoluta era “La Valse” que deseo presentar aquí.

En 1883, la joven y talentosa escultora Camille Claudel, que tenía 19 años, pasa a ser la alumna y la musa del escultor Auguste Rodin. Comparte su taller, participa activamente en  numerosas obras del maestro y mantiene con él una relación artística y amorosa apasionada y tumultuosa durante una quincena de años.

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En 1889, Rodin quiere dejarla (pero será ella la que lo deja finalmente en 1898). Se acerca al Art Nouveau, entonces en boga, realizando La Valse en varias versiones en el taller que comparte con él.

La obra original en yeso representa una pareja de bailarines de vals desnudos, amorosa y eróticamente abrazados en su pasión, llevados por su impulso en un núcleo representado por el movimiento del drapeado; la bailarina está colgada de su caballero, al borde de la ruptura de su equilibrio.

En 1892, el critico de arte Armand Dayot condena la obra en un informe a la dirección de las Bellas artes : «No se puede aceptar esta obra(…). El violento acento de realidad que surge de ella le prohíbe, a pesar de su incontestable valor, un lugar en una galería abierta al publico. El acercamiento de los sexos está representado con una sorprendente sensualidad en la expresión que exagera considerablemente la desnudez absoluta de todos los detalles humanos».  Jules Renard escribe a propósito de la obra « y este grupo de la Valse donde la pareja parece querer acostarse y terminar el baile  haciendo el amor». Camille rectifica entonces su creación vistiendo la bailarina hasta la cintura, para una versión más sensual que erótica. En 1893, Camille expone una nueva versión en yeso en el salón de pintura y de escultura de la sociedad nacional de Bellas artes.

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En 1905, una versión otra vez modificada en 1901, fueron realizados numerosos ejemplares en bronce por el fundidor y mercante de arte Eugène Blot.

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Después de su ruptura amorosa con Rodin, Camille Claudel pierde el equilibrio mental como se presagiaba, y se hunde rápidamente en la miseria y la paranoia (síndrome de Korsakoff). Después del fallecimiento de su padre, su hermano Paul Claudel la interna el 10 de marzo 1913, en el hospital de Ville-Évrard, luego en el centro hospitalario de Montfavet, donde muere 30 años más tarde en el olvido y la desocupación total.

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Hoy la genialidad y la grandeza de la obra de Camille Claudel está reconocida mundialmente. Un museo dedicado a ella será abierto el 26 de marzo 2017 en Nogent sur Marne en Francia:

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http://www.museecamilleclaudel.fr


Jean Claude Fonder

Paris-Austerlitz de Rafael Chirbes

He leído con mucho gusto esta novela póstuma, publicada por Anagrama, de Rafael Chirbes, también autor de “En la orilla”, novela que ya había apreciado.

A priori el tema introducido por el autor en las primeras paginas no es de los que me puedan interesar. Se trata de hacer la autopsia de una relación sentimental entre dos homosexuales de niveles sociales bastante dispares. Además uno después de la ruptura está infectado por el virus del sida.

Se empieza por el final de la relación, en un ambiente muy pesimista. Se necesita mucho ánimo para seguir leyendo, pero tengo que decir que el estilo intenso y directo de Chirbes te ayuda. Él reconstruye a pinceladas la historia de la relación, llevándonos progresivamente al entusiasmo del amor naciente y regalándonos un París que sabe mostrarse muy atractivo:

«El aire, la piedra, el cauce del Sena, nebuloso pastis disuelto en agua, el color de la ciudad de París durante semanas enteras, las fachadas gris perla, el gris de la neblina que se prolonga y envuelve el de muelles y puentes, monocromo, húmedo y obsesivo, hasta que, de pronto, el aire se fragmenta en infinidad de partículas, y los copos de nieve componen un cuadro puntillista

Rafael Chirbes mismo nos describe este proceso de reconstrucción positiva en algunas lineas:

«… eso que los psicólogos –no sé si también en el caso del fin de una relación sentimental– llaman el duelo, y que es la fase que precede al olvido, o a la fabricación de un recuerdo con sabor a caramelo, dulce melancolía del tiempo perdido.»

El grande realismo de esta historia, su aspecto claramente autobiográfico y su brevedad, casi la de un cuento, hace que para mi el balance sea muy positivo aunque el mundo de los gays, que acepto por supuesto completamente, no me inspira mucho, prefiero las relaciones heterosexuales.

Os dejo para concluir cambiando registro una sabrosa reflexión sobre la mujer que Chirbes pone en boca de sus protagonistas:

«–Una mujer necesita tener a alguien para quien arreglarse, ir a la peluquería, maquillarse, perfumarse. La compañía del hombre la vuelve femenina, la hace mujer: ella se entrega a alguien a quien cuidar: su hombre; alguien a quien lleva impecablemente vestido; para quien cocina y lava; cuyo vestuario mima: un hombre que lleve perfecta la ropa, bien planchada; y para quien elige el perfume que se mezcla con el olor de su piel viril. Por supuesto, va con él los domingos de paseo, a misa, a merendar en “un café. En Francia es así. Si no, ¿qué sentido tiene la vida de una mujer que se siente mujer? Y cuando el hombre la acaricia, la folla, la está llevando a la plenitud, porque ella confirma que lo ha seducido, que sus perfumes, sus maquillajes, pero también su cocina y su cuidado de la casa, y las atenciones hacia la persona, y el encanto de cuanto hace, han conseguido que el hombre caiga en la trampa femenina: la planta carnívora de la que tan difícil resulta escapar. Los españoles no entendéis estas cosas. Las mujeres de tu país, sobre todo las de la edad de mi madre, son de otra pasta. Las estrategias de seducción, la higiene y la cosmética les parecen cosas de puta. No son ellas las que retienen a los maridos a su lado, sino la costumbre, la vigilancia de los vecinos, los curas. Me lo han contado los compañeros españoles de la fábrica, me lo cuenta Jaime, aunque él salió de España muy pequeño. La pena es que mi madre ha elegido mal al hombre. Y por eso sufre.

–Michel, coño. Discúlpame –aquel día se lo podía decir, estábamos de buen humor–, pero es que tú hablas más bien de una puta retirada con su chulo. Veo en las películas, leo en las novelas o en la sección de sucesos del periódico las historias de esas mujeres saqueadas, golpeadas y despreciadas por tipos que, a continuación, les pellizcan las mejillas como si fueran sobrinitas, les tocan las tetas, las palmean en el culo, se tumban a su lado en la cama y se meten entre sus piernas, y sollozan y dicen no sé qué sería de mí sin ti, pichoncita mía, y ese ritual me parece asqueroso. Es la peor esclavitud: acudes a suplicar a la puerta de la habitación del maquereau que, después de que te da una paliza, hace como que se ha cansado de ti, y hace como que te abandona para subirte la tarifa (más exigencias económicas: mejor perfume, más camisas de seda bien planchadas, tabaco más caro y mejor loción de afeitar). Uno prefiere no pensar qué es lo que solicitan esas desgraciadas. Con qué las engancha el tipo, aparte de con el miedo. Ahí se cuece algo sin duda muy sucio. No pasa nada si uno vive solo. No se puede vivir sin agua, o sin aire, pero se puede vivir sin compañía. Una mujer puede vestirse y maquillarse sin necesidad de tener un espectador en exclusiva: la calle, el baile, el cine, el café y la iglesia son estupendos teatros repletos de espectadores, y más aquí en Francia, donde la mujer goza de libertad; y desde luego sigue siendo muy mujer aunque no soporte a un marido ni le planche la ropa interior ni le compre el perfume que combina con su sudor.»

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Rafael Chirbes (Tavernes de la Valldigna, 1949 –   2015). Es autor de las novelas Mimoun, En la lucha final, La buena letra, Los disparos del cazador, La larga marcha, La caída de Madrid (Premio de la Crítica Valenciana), Los viejos amigos (Premio Cálamo), Crematorio (Premio de la Crítica, Premio de la Crítica Valenciana, Premio Cálamo, Premio Dulce Chacón y con una adaptación televisiva de gran éxito), y En la orilla (Premio Nacional de Narrativa, Premio de la Crítica, Premio de la Crítica Valenciana, Premio Francisco Umbral, Premio ICON al Pensamiento), que fue seleccionada como mejor novela española del año por los suplementos culturales de El Mundo, El País y ABC, entre otros. También es autor de El novelista perplejo, El viajero sedentario, Mediterráneos y Por cuenta propia.

Foto © Philippe Matsas-OPALE


Jean Claude Fonder

El paraíso de las damas

En el periodo navideño todos consumimos, tanto los que pueden como los que no pueden. Celebramos, regalamos, consumimos mucho más de lo sostenible, una nueva religión de la que resulta tan difícil apostatar. No fue siempre así.

Una de mis lecturas preferidas (siempre me gustaron las obras gigantescas) es el ciclo de los “Rougon-Macquart” de Émile Zola. Se trata de 20 novelas que, a través de la historia de dos familias durante cinco generaciones, describen con la minucia y el talento de Zola la sociedad moderna que se desarrolla durante el Segundo Imperio en Francia. Cada novela nos presenta aspectos del sufrimiento de la clase obrera y de los excesos de la burguesía. Algunas son muy famosas, como La Curée/La jauría, Le Ventre de Paris/El vientre de París, L’Assommoir/La taberna, Nana / Nana, Pot-Bouille/Miseria humana, Germinal  y La Bête humaine/La bestia humana.  

El Para’so de las Damas

Au Bonheur des dames/El paraíso de las damas, también muy famosa, nos hace asistir al nacimiento de la sociedad de consumo, del gran comercio y de los grandes almacenes. Zola nos describe las novedades de este nuevo mundo: los precios baratos, las rebajas, las ventas por comisión, la publicidad y el fin de la especialización en favor de una aturdidora mezcla y acumulación de mercancías.

El paraíso de las damas es también una historia de amor, la de Denise Baudu, una joven huérfana que llega a París desde provincias y empieza a trabajar en este gran almacén. Los principios son muy difíciles para la muchacha, pero su carácter sereno, su bondad y su honestidad van consiguiendo que, poco a poco, vaya ascendiendo en el complicado organigrama de la empresa. Paralelamente a la historia de Denise y de su familia, la novela nos narra el ascenso y el triunfo de Octavio Mouret, el propietario de los grandes almacenes y antagonista de la pobre muchacha. A diferencia de la mayoría de las novelas del ciclo de los Rougon-Macquart, el desenlace de la historia no acaba con la derrota de los humildes y de los bondadosos a manos de los egoístas y de los poderosos.

Os adjunto un extracto del capitulo II de la obra en castellano y en francés. Podéis admirar como portada un cuadro de James Tissot – La demoiselle de magasin, 1885 y para quedarnos en el atmósfera de fiesta de este periodo un extracto de la “Vie Parisienne de Jacques Offenbach ilustrado con imágenes de la época.

 Jean Claude Fonder

James Tissot – La demoiselle de magasin, 1885


Émile Zola. “Au Bonheur des Dames”.  Extrait du chapitre II

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«…
Presque tous les mois, Bouthemont allait ainsi en fabrique, vivant des journées à Lyon, descendant dans les premiers hôtels, ayant l’ordre de traiter les fabricants à bourse ouverte. Il jouissait d’ailleurs d’une liberté absolue, il achetait comme bon lui semblait, pourvu que, chaque année, il augmentât dans une proportion fixée d’avance le chiffre d’affaires de son comptoir ; et c’était même sur cette augmentation qu’il touchait son tant pour cent d’intérêt. En somme, sa situation, au Bonheur des Dames, comme celle de tous les chefs, ses collègues, se trouvait être celle d’un commerçant spécial, dans un ensemble de commerces divers, une sorte de vaste cité du négoce.
– Alors, c’est décidé, reprit-il, nous la marquons cinq francs soixante… Vous savez que c’est à peine le prix d’achat.
– Oui ! oui, cinq francs soixante, dit vivement Mouret, et si j’étais seul, je la donnerais à perte.
Le chef de rayon eut un bon rire.
– Oh ! moi, je ne demande pas mieux… Ça va tripler la vente, et comme mon seul intérêt est d’arriver à de grosses recettes…
Mais Bourdoncle restait grave, les lèvres pincées. Lui, touchait son tant pour cent sur le bénéfice total, et son affaire n’était pas de baisser les prix. Justement, le contrôle qu’il exerçait consistait à surveiller la marque, pour que Bouthemont, cédant au seul désir d’accroître le chiffre de vente, ne vendît pas à trop petit gain. Du reste, il était repris par ses inquiétudes anciennes, devant des combinaisons de réclame qui lui échappaient. Il osa montrer sa répugnance, en disant :
– Si nous la donnons à cinq francs soixante, c’est comme si nous la donnions à perte, puisqu’il faudra prélever nos frais qui sont considérables… On la vendrait partout à sept francs.
Du coup, Mouret se fâcha. Il tapa de sa main ouverte sur la soie, il cria nerveusement:
– Mais je le sais, et c’est pourquoi je désire en faire cadeau à nos clientes… En vérité, mon cher, vous n’aurez jamais le sens de la femme. Comprenez donc qu’elles vont se l’arracher, cette soie !
– Sans doute, interrompit l’intéressé, qui s’entêtait, et plus elles se l’arracheront, plus nous perdrons.
– Nous perdrons quelques centimes sur l’article, je le veux bien. Après ? le beau malheur, si nous attirons toutes les femmes et si nous les tenons à notre merci, séduites, affolées devant l’entassement de nos marchandises, vidant leur porte-monnaie sans compter ! Le tout, mon cher, est de les allumer, et il faut pour cela un article qui flatte, qui fasse époque. Ensuite, vous pouvez vendre les autres articles aussi cher qu’ailleurs, elles croiront les payer chez vous meilleur marché. Par exemple, notre Cuir-d’Or, ce taffetas à sept francs cinquante, qui se vend partout ce prix, va passer également pour une occasion extraordinaire, et suffira à combler la perte du Paris-Bonheur… Vous verrez, vous verrez !
Il devenait éloquent.
– Comprenez-vous ! je veux que dans huit jours le Paris-Bonheur révolutionne la place. Il est notre coup de fortune, c’est lui qui va nous sauver et qui nous lancera. On ne parlera que de lui, la lisière bleu et argent sera connue d’un bout de la France à l’autre… Et vous entendrez la plainte furieuse de nos concurrents. Le petit commerce y laissera encore une aile. Enterrés, tous ces brocanteurs qui crèvent de rhumatismes, dans leurs caves !
…»


Émile Zola. “El paraíso de las damas”. Extracto del capitulo II

« …
Casi todos los meses, Bouthemont visitaba las fábricas, pasaba días enteros en Lyón, se alojaba en los mejores hoteles y llevaba orden de tratar con los fabricantes sin andarse con cicaterías. Gozaba, por otra parte, de total libertad y podía comprar lo que le pareciera bien siempre y cuando incrementase en determinada proporción, establecida de antemano, la cifra de ventas de su departamento. E incluso era de ese incremento del que salía su porcentaje de participación en los beneficios. En resumidas cuentas, su posición en El Paraíso de las Damas, igual que la de los demás encargados, sus colegas, era la de un comerciante especializado dentro de un conjunto de comercios diversos, algo semejante a una dilatada ciudad de los negocios.
–Así que seguimos en lo dicho –añadió–. La marcamos a cinco sesenta… Ya sabe usted que es poco más del precio de compra.
–¡Sí, sí! ¡A cinco sesenta! –dijo vehementemente Mouret–. Y, si nadie dependiera de mí, la vendería perdiendo dinero.
El jefe de departamento se rió sin malicia.
–¡Por mí que no quede! Vamos a triplicar las ventas; y como lo que a mí me interesa es conseguir buenas recaudaciones…
Pero Bourdoncle seguía serio, con los labios fruncidos. El porcentaje que cobraba él se calculaba sobre los beneficios totales y no le convenían las rebajas. Era, precisamente, misión suya controlar qué precios se marcaban para que Bouthemont no se dejase llevar por el exclusivo deseo de incrementar las cifras de ventas y los fijase con un margen de ganancia excesivamente bajo. Por lo demás, al presenciar aquellos tejemanejes publicitarios, a cuya altura no se sentía, habían vuelto a apoderarse de él las anteriores preocupaciones. Atreviéndose a manifestar sus recelos, dijo:
–Si la ponemos a cinco sesenta, es como si perdiéramos dinero, porque tendremos que descontar los gastos, que son muy elevados… En cualquier otro sitio la marcarían a siete francos.
Tales palabras molestaron a Mouret. Dio una palmada a la seda y exclamó, nervioso:
–Ya lo sé, y por eso quiero hacerles ese regalo a nuestras clientes… Desde luego, amigo mío, que no tendrá usted nunca mano con las mujeres. ¿No se da cuenta de que se van a tirar de los pelos por esta seda?
–¡Por supuesto! –lo interrumpió el partícipe, obstinado–. Y cuanto más se tiren de los pelos más dinero perderemos nosotros.
–Perderemos unos pocos céntimos en este artículo, lo reconozco. ¿Y qué? ¿Dónde está el daño si atraemos a todas las mujeres, si las tenemos así a nuestra merced y conseguimos que pierdan el seso ante nuestras montañas de mercancías y vacíen los monederos sin llevar cuenta? Lo que hace falta, querido amigo, es encandilarlas; y para eso necesitamos un artículo que encuentre su punto flaco, que haga época. Luego ya podemos vender los demás artículos tan caros como en cualquier otra parte, porque estarán convencidas de que nosotros se los damos más baratos. Por ejemplo, nuestra Piel de Oro, ese tafetán de siete cincuenta que cuesta lo mismo en todas las tiendas, les parecerá también una ocasión extraordinaria y bastará para resarcirnos de las pérdidas de la París-Paraíso… ¡Ya verá, ya verá!
Se iba poniendo elocuente:
–¿No lo comprende? Quiero que dentro de ocho días la París-Paraíso revolucione el ramo. Es nuestra jugada de la suerte; va a ser nuestra salvación y nuestro lanzamiento. Todo el mundo hablará de lo mismo; el orillo azul y plata lo van a conocer de punta a punta de Francia… Y ya oirá usted cómo rabian y se quejan nuestros competidores. El pequeño comercio se dejará en esta empresa la poca salud que le queda. ¡Enterraremos a todos esos chamarileros que andan reventando de reuma en sus sótanos!
…»


Música «FRENCH CANCAN de La Vie Parisienne» de Jacques Offenbach 

Concepción video «Christine Glassant»


Jean Claude Fonder

C’était au temps où Bruxelles brusselait …

Il s’agit d’une phrase fameuse de la chanson de Jacques Brel: «Bruxelles».

J’étais de retour dans cette ville en des circonstances très tristes, et, je ne sais pourquoi  cette chanson me trottait constamment dans la tête.

Ceux qui la connaissent associent en général à la Belgique, et à Bruxelles en particulier, l’adjectif de joyeuse. Déjà Breughel représentait fréquemment les belges au cours de manifestations qui certes n’étaient pas tristes. En général les pays voisins, France, Hollande, Angleterre, … considèrent la Belgique comme une terre pour prendre du bon temps.

Bruxelles était également une terre de refuge, proche de Paris pour les français, mais aussi une ville bien agréable à vivre. On trouvera ci-après, deux textes de Rimbaud et Hugo qui ne tarissent pas d’éloges sur les charmes de cette ville malgré les circonstances pénibles qui motivaient leurs présences dans la capitale belge.

Bruxelles, aujourd’hui est une ville internationale, capitale de l’Europe et de tant d’autres organisations. Je notai lors de mon séjour la présence massive de tous les peuples du monde, souvent à la seconde ou troisième génération. Étrangement tous d’une certaine manière brusselaient, come le voulait Jacques Brel. Jamais quelques terroristes isolés ne pourront modifier cela.

Bruxelles toujours brusselera.


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Theo van Rysselberghe (Belga, 1862-1926) – Un après midi d’été (una tarde de verano)

«En la época en que Bruselas bruselaba…»

Se trata de una frase famosa de la canción de Jacques Brel: «Bruxelles».

De vuelta en esta ciudad en circunstancias muy tristes, no sé por qué esta canción me rondaba constantemente la cabeza.

Los que la conocen asocian Bélgica en general, y Bruselas en particular, al adjetivo “alegre”. Breughel ya representaba a menudo a los belgas durante eventos en los que claramente no estaban tristes. En general, los países vecinos como Francia, Holanda, Inglaterra,… consideran Bélgica como una tierra donde pasar un buen rato.

Bruselas fue también una tierra de refugio, próxima a Paris para los franceses; además era una ciudad muy agradable para vivir. He copiado más abajo dos textos de Rimbaud y de Hugo en los que no dejan de elogiar los encantos de esta ciudad, a pesar de las circunstancias penosas que motivaron su presencia en la capital belga.

Bruxelles es actualmente una ciudad internacional, capital de Europa y de tantas otras organizaciones. Noté durante mi permanecía allí la presencia masiva de todos los pueblos del mundo, a menudo de segunda o tercera generación. Extrañamente, todos en un cierto modo, bruselaban, como lo quería Jacques Brel. Jamás ningún terrorista aislado podrá modificar eso.

Bruselas siempre bruselerá.


En resumen aquí tienen:

  • Bruxelles de Jacques Brel (subtitulada en español)
  • Un après midi d’été (una tarde de verano) de Theo van Rysselberghe (1862-1926)
  • Bruxelles de Arthur Rimbaud (1854-1891) (bilingue)
  • Une nuit à Bruxelles de Victor Hugo (1802 – 1885) (bilingue)

 Jean Claude Fonder


Bruxelles de Arthur Rimbaud (1854-1891)

Plates-bandes d’amarantes jusqu’à
L’agréable palais de Jupiter.
– Je sais que c’est Toi qui, dans ces lieux,
Mêles ton bleu presque de Sahara !

Puis, comme rose et sapin du soleil
Et liane ont ici leurs jeux enclos,
Cage de la petite veuve !…
Quelles
Troupes d’oiseaux, ô ia io, ia io !…

– Calmes maisons, anciennes passions !
Kiosque de la Folle par affection.
Après les fesses des rosiers, balcon
Ombreux et très bas de la Juliette.

– La Juliette, ça rappelle l’Henriette,
Charmante station du chemin de fer,
Au coeur d’un mont, comme au fond d’un verger
Où mille diables bleus dansent dans l’air !

Banc vert où chante au paradis d’orage,
Sur la guitare, la blanche Irlandaise.
Puis, de la salle à manger guyanaise,
Bavardage des enfants et des cages.

Fenêtre du duc qui fais que je pense
Au poison des escargots et du buis
Qui dort ici-bas au soleil.
Et puis
C’est trop beau ! trop ! Gardons notre silence.

– Boulevard sans mouvement ni commerce,
Muet, tout drame et toute comédie,
Réunion des scènes infinie
Je te connais et t’admire en silence.

Bruselas

Arriates de amarantos hasta
el palacio encantador de Júpiter.
––Ya sé que eres Tú quien, aquí, mezcla
tu Azul que es casi un azul Sáhara.

Y, como abeto y rosa del sol
––y liana–– aquí encierran sus juegos,
¡jaula de la viudita….!
¡Qué vuelos
de pájaros, oh, la io, la io!…

––¡Mansas mansiones, pasas pasiones!
Kiosco de la Loca de afecciones.
Tras las vergas del rosal, balcones
umbríos y bajos de Julieta.

––La Julieta evoca la Enriqueta,
en el monte, una estación preciosa,
como en medio de una huerta umbrosa,
do un vuelo azul de duendes se posa.

Banco en el que la blanca Irlandesa
hoscos cielos canta en su guitarra.
Después, en la sala guayanesa
parloteo de niños y jaulas.

Ventana ducal; con ella pienso
en venenos de boj y babosas
dormidos aquí, en el sol.
Silencio:
¡no puedo con tanta cosa hermosa!

––Bulevar sin comercio y sin pasos,
mudo, lleno de drama y comedia,
teatro de multitud de escenas,
en silencio te conozco y te amo.


Une nuit à Bruxelles de Victor Hugo (1802 – 1885)

Aux petits incidents il faut s’habituer.
Hier on est venu chez moi pour me tuer.
Mon tort dans ce pays c’est de croire aux asiles.
On ne sait quel ramas de pauvres imbéciles
S’est rué tout à coup la nuit sur ma maison.
Les arbres de la place en eurent le frisson,
Mais pas un habitant ne bougea. L’escalade
Fut longue, ardente, horrible, et Jeanne était malade.
Je conviens que j’avais pour elle un peu d’effroi.
Mes deux petits-enfants, quatre femmes et moi,
C’était la garnison de cette forteresse.
Rien ne vint secourir la maison en détresse.
La police fut sourde ayant affaire ailleurs.
Un dur caillou tranchant effleura Jeanne en pleurs.
Attaque de chauffeurs en pleine Forêt-Noire.
Ils criaient : Une échelle ! une poutre ! victoire !
Fracas où se perdaient nos appels sans écho.
Deux hommes apportaient du quartier Pachéco
Une poutre enlevée à quelque échafaudage.
Le jour naissant gênait la bande. L’abordage
Cessait, puis reprenait. Ils hurlaient haletants.
La poutre par bonheur n’arriva pas à temps.
» Assassin ! – C’était moi. – Nous voulons que tu meures !
Brigand ! Bandit ! » Ceci dura deux bonnes heures.
George avait calmé Jeanne en lui prenant la main.
Noir tumulte. Les voix n’avaient plus rien d’humain ;
Pensif, je rassurais les femmes en prières,
Et ma fenêtre était trouée à coups de pierres.
Il manquait là des cris de vive l’empereur !
La porte résista battue avec fureur.
Cinquante hommes armés montrèrent ce courage.
Et mon nom revenait dans des clameurs de rage :
A la lanterne ! à mort ! qu’il meure ! il nous le faut !
Par moments, méditant quelque nouvel assaut,
Tout ce tas furieux semblait reprendre haleine ;
Court répit ; un silence obscur et plein de haine
Se faisait au milieu de ce sombre viol ;
Et j’entendais au loin chanter un rossignol.

Una noche en Bruselas 

A los pequeños incidentes necesitamos acostumbrarnos.
Ayer llegaron a mi casa para matarme.
En este país tendría que no creer en los refugios.
No sabemos a qué pandilla de pobres imbéciles
De repente en la noche se lanzó contra mi casa.
Los arboles de la plaza tuvieron escalofríos,
Pero ni un habitante se movió. La escalada
fue larga, ardiente, horrorosa, y Jeanne estaba enferma.
Reconozco que tenia por ella un poco de miedo.
Mis dos nietos, cuatro mujeres y yo,
Eran la guarnición de esta fortaleza.
Nadie llegó para socorrer la casa en peligro.
La policía estuvo sorda estando ocupada en otra parte.
Una piedra cortante rozó Jeanne en lagrimas.
Ataque de carboneros en medio de la Forêt-Noire.
Gritaban: Una escala ! una viga ! Victoria !
Alboroto en el que se perdían nuestros gritos sin eco.
Dos hombres traían del barrio Pachéco
Una viga sacada de algún andamiaje.
El amanecer molestaba la pandilla. El asalto
Se paraba, después retomaba. Gritaban jadeando.
La viga por suerte no llegó a tiempo.
» ¡Asesino! – Era yo. – ¡Te queremos muerto!
¡Ladrón ! ¡Bandido! » Esto duró dos horas largas.
George había tranquilizado Jeanne tomándole la mano.
Negro tumulto. Las voces ya no tenía nada de humano;
Pensativo, tranquilizaba las mujeres en oración,
Y mi ventana estaba agujereada con piedras.
Faltaban allá gritos de ¡viva el emperador!
La puerta resistió golpeada con furor.
Cincuenta hombres armados demostraron esta valentía.
Y mi nombre surgía en los clamores de rabia:
¡A la farola! ¡Muerte! ¡Que muera! ¡Lo queremos!
A veces, meditando algún nuevo asalto,
Este montón de furiosos parecía recobrar aliento;
Breve tregua; un silencio oscuro y lleno de odio
Ocurría en medio de esta siniestra invasión;
Y oía en la lejanía cantar un ruiseñor.


Jean Claude Fonder

El viejo y la muerte

La Muerte siempre me ronda.
Pienso en ella.
La imagino como un esqueleto que hace ruido de castañuelas cuando se mueve.
La música es de Saint-Saëns.
Está vestida con una larga capa blanca, lleva capucha y una guadaña.
Un día la encontré en México y bailamos.
Ahora la espero y no es una pesadilla.

Cuando escribí este relato corto pensaba en Jacques Brel y su preciosa canción «Les vieux». Si existiera un Nobel de la canción, Brel sería uno de mis candidatos imprescindibles, un autor poeta y un actor cantante: un verdadero bardo de los de antaño.

Pero no me veo en la piel de uno de sus personajes. Su visión es la de un joven que describe con una tierna crueldad a los viejos de su época. Los jóvenes, hasta que no se acercan a la vejez, temen la Muerte aunque no lo reconozcan. Para eso nacieron las religiones que prometen un después.

Prefiero con mucho el maravilloso personaje de Hemingway en su novela: «El viejo y el mar». Él no se rinde; sigue luchando, aunque, y no lo niega, su cuerpo ya no está a la altura y necesita la ayuda de un joven. Lucha con la mar y la llama en este modo porque la quiere. La mar que también representa la Muerte posible.

Como foto de portada he elegido un cuadro de Bernardo Strozzi, que se llama, en mi opinión erróneamente «Vanitas». Admiro la mujer representada que, sin temer a su edad, pone en relieve una belleza que desafía con osadía a las más jóvenes.

En resumen aquí tienen:

  • El viejo y el mar de Ernest Hemingway
  • Vanitas de Bernardo Strozzi
  • «Les vieux» de Jacques Brel con las letras en francés y en español
  • Saint-SaënsLe carnaval des animauxFossiles, interpretado por la Orquesta filarmónica de México & Fernando Lozano

 Jean Claude Fonder

Vanitas de Bernardo Strozzi


EL VIEJO Y EL MAR de Ernest Hemingway – extracto

Decía siempre la mar. Así es como le dicen en español cuando la quieren. A veces los que la quieren hablan mal de ella, pero lo hacen siempre como si fuera una mujer. Algunos de los pescadores más jóvenes, los que usaban boyas y flotadores para sus sedales y tenían botes de motor comprados cuando los hígados de tiburón se cotizaban altos, empleaban el articulo masculino, le llamaban el mar. Hablaban del mar como un contendiente o un lugar, o aun un enemigo. Pero el viejo lo concebía siempre como perteneciente al genero femenino y como algo que concedía o negaba grandes favores, y si hacía cosas perversas y terribles era porque no podía remediarlo. La luna, pensaba, le afectaba lo mismo que a una mujer.

Remaba firme y seguidamente y no le costaba un esfuerzo excesivo porque se mantenía en su límite de velocidad y la superficie del océano era plana, salvo por los ocasionales remolinos de la corriente. Dejaba que la corriente hiciera un tercio de su trabajo y cuando empezó a clarear vio que se hallaba ya más lejos de lo que había esperado estar a esa hora.
“Durante una semana, –pensó–, he trabajado en las profundas hondonadas, y no hice nada. Hoy trabajaré allá donde están las manchas de bonitos y albacras y acaso haya un pez grande con ellos.”

Antes de que se hiciera realmente de día había sacado sus carnadas y estaba derivando con la corriente. Un cebo llegaba a una profundidad de cuarenta brazas. El segundo a sesenta y cinco y el tercero y el cuarto descendían allá hasta el agua azul a cien y ciento veinticinco brazas.

Cada cebo pendía cabeza abajo con el asta o tallo del anzuelo dentro del pescado que servía de carnada, sólidamente cosido y amarrado; toda la parte saliente del anzuelo, la curva y el garfio, estaba recubierta de sardinas frescas. Cada sardina había sido empalada por los ojos, de modo que hacían una semiguirnalda en el acero saliente: No había ninguna parte del anzuelo que pudiera dar a un gran pez la impresión de que no era algo sabroso y de olor apetecible.

El muchacho le había dado dos pequeños bonitos frescos, que colgaban de los sedales más profundos como plomadas, y en los otros tenía una abultada cojinúa y un cibele que habían sido usados antes, pero estaban en buen estado y las excelentes sardinas les prestaban aroma y atracción. Cada sedal, del espesor de un lápiz grande, iba enroscado a una varilla verdosa, de modo que cualquier tirón o picada al cebo haría sumergir la varilla; y cada sedal tenía dos adujas o rollos de cuarenta brazas que podían empatarse a los rollos de repuesto, de modo que, si era necesario, un pez podía llevarse más de trescientas brazas.

El hombre vio ahora descender las tres varillas sobre la borda del bote y remó suavemente para mantener los sedales estirados y a su debida profundidad. Era día pleno y el sol podía salir en cualquier momento.

El sol se levantó tenuemente del mar y el viejo pudo ver los otros botes, bajitos en el agua, y bien hacia la costa, desplegados a través de la corriente. El sol se tornó más brillante y su resplandor cayó sobre el agua; luego, al levantarse más en el cielo, el plano mar lo hizo rebotar contra los ojos del viejo, hasta causarle daño; y siguió remando sin mirarlo. Miraba al agua y vigilaba los sedales que se sumergían verticalmente en la tiniebla del agua. Los mantenía más rectos que nadie, de manera que a cada nivel en la tiniebla de la corriente hubiera un cebo esperando exactamente donde él quería que estuviera por cualquier pez que pasara por allí. Otros los dejaban correr a la deriva con la corriente y a veces estaban a sesenta brazas cuando los pescadores creían que estaban a cien.

“Pero –pensó el viejo– yo los mantengo con precisión. Lo que pasa es que ya no tengo suerte. Pero ¿quien sabe? Acaso hoy. Cada día es un nuevo día. Es mejor tener suerte. Pero yo prefiero ser exacto. Luego, cuando venga la suerte, estaré dispuesto.”

El sol estaba ahora a dos horas de altura y no le hacía tanto daño a los ojos mirar al este. Ahora sólo había tres botes a la vista y lucían muy bajo y muy lejos hacia la orilla.

“Toda mi vida me ha hecho daño en los ojos el sol naciente –pensó–. Sin embargo, todavía están fuertes. Al atardecer puedo mirarlo de frente sin deslumbrarme. Y por la tarde tiene más fuerza. Pero por la mañana es doloroso.”

Justamente entonces vio una de esas aves marinas llamadas fragatas con sus largas alas negras girando en el cielo sobre él. Hizo una rápida picada, ladeándose hacia abajo, con sus alas tendidas hacia atrás, y luego siguió girando nuevamente.

–Ha cogido algo –dijo en voz alta el viejo–. No sólo está mirando.

Remó lentamente y con firmeza hacia donde estaba el ave trazando círculos. No se apuro y mantuvo los sedales verticalmente. Pero había forzado un poco la marcha a favor de la corriente, de modo que todavía estaba pescando con corrección, pero más lejos de lo que hubiera pescado si no tratara de guiarse por el ave.

El ave se elevó más en el aire y volvió a girar sus alas inmóviles. Luego picó de súbito y el viejo vio una partida de peces voladores que brotaban del agua y navegaban desesperadamente sobre la superficie.

–Dorados –dijo en voz alta el viejo–. Dorados grandes.

Montó los remos y saco un pequeño sedal de debajo de la proa. Tenía un alambre y un anzuelo de tamaño mediano y lo cebo con una de las sardinas. Lo soltó por sobre la borda y luego lo amarró a una argolla a popa. Luego cebó el otro sedal y lo dejó enrollado a la sombra de la proa. Volvió a remar y a mirar al ave negra de largas alas que ahora trabajaba a poca altura sobre el agua,

Mientras él miraba, el ave picó de nuevo ladeando sus alas para el buceo y luego salió agitándolas fiera y fútilmente siguiendo a los peces voladores. El viejo podía ver la leve comba que formaba en el agua el dorado grande siguiendo a los peces fugitivos. Los dorados corrían, disparados, bajo el vuelo de los peces y estarían, corriendo velozmente, en el lugar donde cayeran los peces voladores. Es un gran bando de dorados, pensó. Están desplegados ampliamente: pocas probabilidades de escapar tienen los peces voladores. El ave no tiene chance. Los peces voladores son demasiado grandes para ella, y van demasiado velozmente.

El hombre observó cómo los peces voladores irrumpían una y otra vez y los inútiles movimientos del ave. “Esa mancha de peces se me ha escapado –pensó–. Se están alejando demasiado rápidamente, y van demasiado lejos. Pero acaso coja alguno extraviado, y es posible que mi pez grande esté en sus alrededores. Mi pescado grande tiene que estar en alguna parte.”

Les Vieux -Jacques Brel- Subtitulada

Les vieux ne parlent plus
ou alors seulement parfois
du bout des yeux
Même riches ils sont pauvres,
ils n’ont plus d’illusions
et n’ont qu’un cœur pour deux
Chez eux ça sent le thym,
le propre, la lavande
et le verbe d’antan
Que l’on vive à Paris
on vit tous en province
quand on vit trop longtemps
Est-ce d’avoir trop ri
que leur voix se lézarde
quand ils parlent d’hier
Et d’avoir trop pleuré
que des larmes encore
leur perlent aux paupières
Et s’ils tremblent un peu
est-ce de voir vieillir
la pendule d’argent
Qui ronronne au salon,
qui dit oui qui dit non,
qui dit : je vous attends
.
Les vieux ne rêvent plus,
leurs livres s’ensommeillent,
leurs pianos sont fermés
Le petit chat est mort,
le muscat du dimanche
ne les fait plus chanter
Les vieux ne bougent plus
leurs gestes ont trop de rides
leur monde est trop petit
Du lit à la fenêtre,
puis du lit au fauteuil
et puis du lit au lit
Et s’ils sortent encore
bras dessus bras dessous
tout habillés de raide
C’est pour suivre au soleil
l’enterrement d’un plus vieux,
l’enterrement d’une plus laide
Et le temps d’un sanglot,
oublier toute une heure
la pendule d’argent
Qui ronronne au salon,
qui dit oui qui dit non,
et puis qui les attend
.
Les vieux ne meurent pas,
ils s’endorment un jour
et dorment trop longtemps
Ils se tiennent par la main,
ils ont peur de se perdre
et se perdent pourtant
Et l’autre reste là,
le meilleur ou le pire,
le doux ou le sévère
Cela n’importe pas,
celui des deux qui reste
se retrouve en enfer
Vous le verrez peut-être,
vous la verrez parfois
en pluie et en chagrin
Traverser le présent
en s’excusant déjà
de n’être pas plus loin
Et fuir devant vous
une dernière fois
la pendule d’argent
Qui ronronne au salon,
qui dit oui qui dit non,
qui leur dit : je t’attends
Qui ronronne au salon,
qui dit oui qui dit non
et puis qui nous attend.
Los viejos ya no hablan
o en todo caso sólo a veces
con el rabillo del ojo.
Aunque sean ricos son pobres,
.
ya no tienen ilusiones
y sólo tienen un corazón para dos.
.
En su casa huele a tomillo,
a limpio, a lavanda
y a verbo de antes.
Aún viviendo en París
vivimos todos en provincias
cuando vivimos demasiado tiempo.
¿Es por haber reído demasiado
que su voz se agrieta
cuando hablan del ayer?
¿Y por haber llorado demasiado
que hay lágrimas todavía
que perlan sus mejillas?
Y si tiemblan un poco
¿es por ver envejecer
el péndulo de plata
que ronronea en el salón,
que dice sí, que dice no,
que dice: os espero?
.
Los viejos ya no sueñan,
sus libros se adormecen,
sus pianos están cerrados
El gatito está muerto,
el moscatel del domingo
ya no les hace cantar.
Los viejos ya no se mueven,
sus gestos tienen demasiadas arrugas,
su mundo es demasiado pequeño.
De la cama a la ventana,
luego de la cama al sofá
y luego de la cama a la cama.
Y si salen aún
cogidos del brazo,
vestidos de arrugas,
es para seguir bajo el sol
el entierro de uno más viejo,
.
el entierro de una más fea.
.
Y el tiempo de un sollozo
olvidar por una hora
el péndulo de plata
que ronronea en el salón,
que dice sí, que dice no,
y que les espera.
.
Los viejos no mueren,
se duermen un día
y duermen mucho tiempo.
Se cogen de la mano,
temen perderse
y se pierden no obstante.
Y el otro se queda ahí,
el mejor o el peor,
el dulce o el severo.
Eso no importa,
el que queda de los dos
se halla en el infierno.
Lo verás tal vez,
la verás a veces
lleno de lluvia y tristeza
atravesando el presente
excusándose ya
de no estar más lejos.
Y huir frente a ti
una última vez
del péndulo de plata
que ronronea en el salón,
que dice sí, que dice no,
que les dice: te espero.
Que ronronea en el salón,
que dice sí, que dice no,
y que nos espera.

Saint-Saëns – Le carnaval des animaux – Fossiles


Jean Claude Fonder

Une vie de Guy de Maupassant

«Era como un retrato del Veronese, con aquella cabellera de un rubio resplandor que parecía haberle desteñido en la piel, una piel de aristócrata, tintada apenas de rosa, que sombreaba un sutil vello semejante a un pálido terciopelo que la caricia del sol permitía vislumbrar. Los ojos eran azules, de ese azul opaco de los muñecos de porcelana holandeses.
En la aleta izquierda de la nariz tenía un lunar pequeño; y otro a la derecha, en la barbilla, del que nacían unos rizosos pelillos tan semejantes a la piel que apenas si se notaban. Era alta, de pechos maduros y flexible talle. La voz, clara, parecía a veces aguda en exceso; pero su franca risa alegraba cuanto tenía alrededor. Solía, con un ademán que le era habitual, llevarse ambas manos a las sienes como si quisiera atusarse el pelo.» 

Guy de Maupassant. “Una vida”, traducción de María Teresa Gallego Urrutia

une-vie-de-stefane-brise-trailer

.

UNE VIE de STÉFANE BRIZÉ

adaptación

de la novela de

Guy de Maupassant

.

Se trata de la vida de Jeanne, la protagonista de esta cinta basada en la primera novela de Guy de Maupassant, escrita en 1883, cuando era ya un escritor de renombre por sus cuentos. Tolstoi decía de ella que era no sólo, y sin comparación, la mejor novela de Maupassant, sino  también la mejor novela francesa después de Los miserables. En ella se describe la vida de una mujer atrapada en un mundo de arcaicas convenciones -regidas por el dinero, los títulos y los hombres- y destinada a sufrir con pasividad los embates de la familia, la religión, el matrimonio, la maternidad, e incluso los provenientes de «instituciones» más amorales como las amantes de los maridos. Una vida que podría ser la de cualquier mujer de su época o quizás también de la nuestra con pocas adaptaciones a la realidad que vivimos. Filosóficamente Rosalie,  hermana de leche de Jeanne y también su criada, pronuncia la última frase del libro, un homenaje al gran Flaubert: «La vida nunca es ni tan buena ni tan mala como creemos».

Esta es también la última frase de la película de Stéfane Brizé. Una de las tantas que vi entre las del festival de Venecia. Una película extraordinaria que este director elaboró a lo largo de 20 años. No conocía esta novela a pesar de haber leído muchos cuentos de Maupassant, que reconozco es uno de mis autores preferidos.
Así que he decidido leerla, y una vez más se cumple la regla general: la novela es mejor. Aun así tengo que decir que Brizé ha realizado una de las mejores adaptaciones al cine que haya visto. Manipula con maestría flashback, elipsis, y sobre todo un encuadre muy cercano en un formato casi cuadrado para traducir al lenguaje cinematográfico lo que describe el autor con sus recursos literarios.

Os propongo aquí el principio de la novela en francés y en español, y para completar el cuadro, dos pinturas y una interpretación musical:

  • Une vie de Guy de Maupassant
  • Una vida de Guy de Maupassant (traducción de María Teresa Gallego Urrutia)
  • La Belle Nani de Paolo Veronese
  • Mujeres en el jardín de Claude Monet
  • La mer de Claude Debussy interpretado por Claudio Abbado y el orquesta del Festival de Lucerne

 Jean Claude Fonder

La Belle Nani. Paolo Veronese. Paris 1560

La Belle Nani. Paolo Veronese Paris 1560.


UNE VIE de Guy de Maupassant –  Début du premier chapitre.

«Jeanne, ayant fini ses malles, s’approcha de la fenêtre, mais la pluie ne cessait pas.
L’averse, toute la nuit, avait sonné contre les carreaux et les toits. Le ciel bas et chargé d’eau semblait crevé, se vidant sur la terre, la délayant en bouillie, la fondant comme du sucre. Des rafales passaient pleines d’une chaleur lourde. Le ronflement des ruisseaux débordés emplissait les rues désertes où les maisons, comme des éponges, buvaient l’humidité qui pénétrait au-dedans et faisait suer les murs de la cave au grenier.
Jeanne, sortie la veille du couvent, libre enfin pour toujours, prête à saisir tous les bonheurs de la vie dont elle rêvait depuis si longtemps, craignait que son père hésitât à partir si le temps ne s’éclaircissait pas, et pour la centième fois depuis le matin elle interrogeait l’horizon.
Puis elle s’aperçut qu’elle avait oublié de mettre son calendrier dans son sac de voyage. Elle cueillit sur le mur le petit carton divisé par mois, et portant au milieu d’un dessin la date de l’année courante 1819 en chiffres d’or. Puis elle biffa à coups de crayon les quatre premières colonnes, rayant chaque nom de saint jusqu’au 2 mai, jour de sa sortie du couvent.
Une voix, derrière la porte, appela: «Jeannette!»
Jeanne répondit: «Entre, papa.» Et son père parut.
Le baron Simon-Jacques Le Perthuis des Vauds était un gentilhomme de l’autre siècle, maniaque et bon. Disciple enthousiaste de J.-J. Rousseau, il avait des tendresses d’amant pour la nature, les champs, les bois, les bêtes.
Aristocrate de naissance, il haïssait par instinct quatre-vingt-treize; mais philosophe par tempérament, et libéral par éducation, il exécrait la tyrannie d’une haine inoffensive et déclamatoire.
Sa grande force et sa grande faiblesse, c’était la bonté, une bonté qui n’avait pas assez de bras pour caresser, pour donner, pour étreindre, une bonté de créateur, éparse, sans résistance, comme l’engourdissement d’un nerf de la volonté, une lacune dans l’énergie, presque un vice.
Homme de théorie, il méditait tout un plan d’éducation pour sa fille, voulant la faire heureuse, bonne, droite et tendre.
Elle était demeurée jusqu’à douze ans dans la maison, puis, malgré les pleurs de la mère, elle fut mise au Sacré-Coeur.
Il l’avait tenue là sévèrement enfermée, cloîtrée, ignorée et ignorante des choses humaines. Il voulait qu’on la lui rendît chaste à dix-sept ans pour la tremper lui-même dans une sorte de bain de poésie raisonnable; et, par les champs, au milieu de la terre fécondée, ouvrir son âme,
dégourdir son ignorance à l’aspect de l’amour naïf, des tendresses simples des animaux, des lois sereines de la vie.
Elle sortait maintenant du couvent, radieuse, pleine de sèves et d’appétits de bonheur, prête à toutes les joies, à tous les hasards charmants que dans le désœuvrement des jours, la longueur des nuits, la solitude des espérances, son esprit avait déjà parcourus.
Elle semblait un portrait de Véronèse avec ses cheveux d’un blond luisant qu’on aurait dit avoir déteint sur sa chair, une chair d’aristocrate à peine nuancée de rose, ombrée d’un léger duvet, d’une sorte de velours pâle qu’on apercevait un peu quand le soleil la caressait. Ses yeux étaient bleus, de ce bleu opaque qu’ont ceux des bonshommes en faïence de Hollande.
Elle avait, sur l’aile gauche de la narine, un petit grain de beauté, un autre à droite, sur le menton, où frisaient quelques poils si semblables à sa peau qu’on les distinguait à peine. Elle était grande, mûre de poitrine, ondoyante de la taille. Sa voix nette semblait parfois trop aiguë; mais son rire franc jetait de la joie autour d’elle. Souvent, d’un geste familier, elle portait ses deux mains à ses tempes comme pour lisser sa chevelure,
Elle courut à son père et l’embrassa, en l’étreignant: “Eh bien, partons-nous?» dit-elle.
… »

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Claude Monet. Mujeres en el jardín. 1866.


UNA VIDA de Guy de Maupassant –  Inicio del primero capitulo.

«Jeanne, que ya había acabado de hacer los baúles, fue a mirar por la ventana, pero la lluvia seguía cayendo.
Toda la noche había estado sonando el aguacero contra los cristales y los tejados. Era como si hubiera reventado el cielo, bajo y grávido de agua, y se estuviese vaciando sobre la tierra, diluyéndola hasta convertirla en papilla, deshaciéndola igual que si fuera azúcar. Pasaban ráfagas cargadas de bochorno. El retumbar de los arroyos desbordados llenaba las calles desiertas; las casas chupaban como esponjas aquella humedad que se les metía dentro y, del sótano al desván, hacía rezumar las paredes.
Con aquélla, eran cien las veces que, desde por la mañana, temerosa de que su padre no se decidiese a emprender la marcha si el tiempo seguía metido en agua, había examinado el horizonte Jeanne, que había salido del convento la víspera, libre al fin para siempre, dispuesta a hacer suyas todas las dichas de la vida con las que llevaba tanto tiempo soñando.
Se dio cuenta, luego, de que se le había olvidado guardar el calendario en el bolso de viaje. Quitó de la pared la cartulina dividida en meses, que mostraba, en el centro de un dibujo, los dorados números del año en curso: 1819. Tachó luego con un lapicero las cuatro primeras columnas, tapando con una raya los nombres del santoral hasta llegar al 2 de mayo, día en el que había dejado el convento.
Una voz dijo detrás la puerta:
–¡Jeannette!
Jeanne respondió:
–¡Pasa, papá!
Y su padre entró.
El barón Simon-Jacques Le Perthuis des Vauds era un hidalgo del siglo anterior, maniático y bondadoso. Como discípulo entusiasta de Jean-Jacques Rousseau, profesaba una ternura de amante a la naturaleza, los campos, los bosques, los animales.
Por su raigambre aristocrática, le inspiraban instintivo odio las ideas de 1793; mas, de temperamento filosófico y formación liberal, aborrecía la tiranía con inofensiva y declamatoria abominación.
La bondad era su gran fuerza y su gran debilidad: una bondad cuyos brazos no daban abasto para acariciar, dar y abarcar; una bondad de creador, dispersa, sin firmeza, como si tuviera embotado uno de los nervios de la voluntad, semejante a un fallo de la energía, casi un vicio.
Siendo hombre dado a las teorías, tenía pensado todo un programa de educación para su hija, a la que quería ver dichosa, buena, recta y tierna.
Había crecido ésta hasta los doce años en el hogar; la habían metido, luego, interna en el Sagrado Corazón pese a las lágrimas de su madre.
El padre la había mantenido en tan severo encierro conventual, enclaustrada, ignorada e ignorante de los hechos de los hombres. Quería que se la devolviesen casta a los diecisiete años para templarla luego personalmente sumergiéndola en una suerte de baño de sensata poesía; llevarla al campo para abrirle el alma junto a la tierra fecundada y desembotar su ignorancia mostrándole el amor ingenuo, los sencillos afectos de los animales, las serenas leyes de la vida.
Salía Jeanne ahora del convento radiante y pletórica de savias y apetitos de dicha, lista  para todas las alegrías, para todos los adorables azares que ya había recorrido con el pensamiento durante ociosos días, prolongadas noches, aisladas esperanzas.
Era como un retrato del Veronese, con aquella cabellera de un rubio resplandor que parecía haberle desteñido en la piel, una piel de aristócrata, tintada apenas de rosa, que sombreaba un sutil vello semejante a un pálido terciopelo que la caricia del sol permitía vislumbrar. Los ojos eran azules, de ese azul opaco de los muñecos de porcelana holandeses.
En la aleta izquierda de la nariz tenía un lunar pequeño; y otro a la derecha, en la barbilla, del que nacían unos rizosos pelillos tan semejantes a la piel que apenas si se notaban. Era alta, de pechos maduros y flexible talle. La voz, clara, parecía a veces aguda en exceso; pero su franca risa alegraba cuanto tenía alrededor. Solía, con un ademán que le era habitual, llevarse ambas manos a las sienes como si quisiera atusarse el pelo.
Corrió hacia su padre, lo besó y lo abrazó:
–¿Qué? ¿Nos vamos? –preguntó.
…»


Claude Debussy: La Mer (Lucerne Festival Orchestra, Claudio Abbado)

La Mer – Trois esquisses symphoniques

I. De l’aube à midi sur la mer. Très lent
II. Jeux de vagues. Allegro
III. Dialogue du vent et de la mer. Animé et tumultueux

.


Jean Claude Fonder

Valeria Correa Fiz

Pensaba que conocía a Valeria. Colabora desde hace años con nuestras publicaciones. He frecuentado y frecuento todavía sus clases, los clubes de lectura que anima y, sobre todo, su taller de escritura.

La conocí en un club de poesía en el Instituto Cervantes de Milán en el que participaba ella también. El autor estaba presente, no me acuerdo quién era, y tengo que decir que Valeria me impresionó más que él. Sus preguntas demostraban un conocimiento profundo de las obras presentadas y de la poesía en general.

Valeria posee una cultura literaria inconmensurable pero no sólo, es una amante del arte en todas sus formas, y sobre todo sabe comunicar su pasión con un talento y una empatía poco común. Claramente la literatura es su punto fuerte y el ámbito en el que trabaja desde hace muchos años. Pueden leer aquí su biografía.

Su taller de escritura creativa es único, habrá muchos otros pero participo en el suyo. Tengo que decir que me está ayudando mucho, no sólo para mejorar mi castellano, sino, sobre todo para escribir, también en francés, aunque sea mi lengua materna. He visto nacer verdaderos talentos entre los participantes. Se liberan de sus miedos al sentir el aprecio de sus compañeros. Valeria es la directora de orquesta, sensible, paciente y a la vez rigurosa. Verdaderamente, si les gusta leer tienen que probar sus talleres.

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Decía que creía conocer a Valeria; había leído algunos de los textos que me había pasado. Me gustaban mucho; es evidente que su talento no se limita a la lectura y a la enseñanza. La lectura de su primer libro «La condición animal« me cayó como puñetazo en el estómago, no me lo esperaba este efecto tan fuerte; Valeria es una escritora excepcional, además de su sensibilidad y de su sentido de la poesía, es a la vez una guionista literaria y una novelista natural, además tiene una imaginación que te asombra y te da miedo: te hiere literalmente, citando a Juan Casamayor su editor. Valeria es una realista, es más una surrealista, una surrealista anclada en la realidad de nuestro mundo actual. Quizás para redimirlo necesitemos conocerlo en toda su crueldad, su belleza decadente y su poesía escondida que ella nos ayuda a descubrir. No se demoren en leerlo, si no lo encuentran en las librerías de su país, con su preciosa portada de Daria Petrilli, pueden comprarlo inmediatamente en las principales tiendas de eBooks.

Como cada vez en esta columna les adjunto un extracto del cuento que más me gusta: «Nostalgia de la morgue«. Podrán apreciar la fantástica capacidad de Valeria de crear el ambiente, es más, enseñárselo como si fuera una película, hacérselo percibir, oler, en suma  vivirlo. Un Magritte, pintor que adora Valeria: «Le Regard Intérieur» y un extracto de «Morte a Venezia» en la que se encuentran tres enormes talentos Visconti, Mann y Malher. Creo que «La condición animal” no desentona  al lado de esta obra maestra.

 Jean Claude Fonder

René Magritte – Le Regard Intérieur, 1942.


LA CONDICIÓN ANIMAL –  Nostalgia de la morgue (extracto)

[…]

Ver todos esos trozos de vida en ese líquido verde ambarino, me hizo comprender de una vez y para siempre que lo malo de la vida no es lo que la vida nunca te da, sino perder lo que te ha concedido.
Nos pusimos a buscar las manos de Esteban, frasco a frasco, etiqueta por etiqueta. Yo creo que no miraba, de refilón y con disimulo, otra cosa que no fueran sus ojos. Parecerá imposible pero juro que le brillaban con mayor intensidad; eran más azules en esa luz como de heladera de la morgue.
Pronto dimos con sus manos. Qué lindas manos tenías, Esteban. Ahora que lo pienso, no había nada en él que no fuera dolorosamente hermoso: su boca, el hoyuelo del mentón, su culo chiquito y apretado. Seguro que me demoré un rato mirando las manos porque su voz me sacó de mis cavilaciones.
–Sí, son esas –dijo con una voz de espanto que no le conocía.
Me temblaba todo el cuerpo cuando bajé el frasco. Lo abrí. Puse los dedos en forma de pinza y con delicadeza rescaté una de las manos. La suavidad de la piel untada por el líquido me hizo pensar en un niño con frío. Los vellos rubios en el dorso de la mano de Esteban contrastaban con mi piel adulta curtida por el sol y los años. Cerré los ojos y apreté la mano entre las mías.

[…]


Muerta a Venecia (escena finale)

Película de Luchino Visconti basada en la novela homónima de Thomas Mann
Acompañamente musical: Adagietto de la quinta sinfonía de Gustav Mahler.


Jean Claude Fonder

Marcel Pagnol

Para nosotros de cultura francesa, el apellido Pagnol huele a Provenza, y utilizo a propósito la palabra oler, porque creo que, cuando pensamos en esta región del sur de Francia, las primeras sensaciones que nos llegan son olfativas: lavanda, timo, ajo, … Cuando se pronuncia la palabra Pagnol surge una determinada idea de Provenza, el acento típico, la presencia casi obsesiva del calor, los olivos, su sombra protectora y, sobre todo, una manera lasciva de vivir en compañía de una poesía que parece omnipresente. Todo eso lo sentimos porque conocemos la obra de Pagnol, sus libros, sus películas y sus actores Raimu, Fernandel, Chapin…

Recientemente me di cuenta de que en el mundo español era poco conocido. De hecho encontré pocos libros traducidos y películas subtituladas aunque, y es el mismo Pagnol que nos lo dice en el inicio de “La Gloria de mi padre”, primera parte de sus memorias, sea probablemente de origen español:

«Mi padre era el quinto hijo de un cantero de Valréas, población cercana al Orange. Hacía varios siglos que la familia se había establecido allí. ¿De dónde procedían? Sin duda, de España, pues encontré en los archivos municipales los apellidos Lespagnol y Spagnol. 

Además, fueron armeros durante varias generaciones, y templaban el acero de sus espadas en las aguas del Ouvèze, ocupación ésta, como todos saben, noble y española.»

Por todo ello, les propongo un extracto de “La Gloria de mi padre”, el trailer de la película “La hija del pocero” en la nueva versión dirigida por Daniel Auteuil, l’Arlesienne  de Bizet y este cuadro de Van Gogh.

El jardín del hospital de Saint Paul en Saint-Remy

Pour nous autres de culture française, le nom de Pagnol sent la Provence, et c’est exprès que j’utilise le mot sentir, car je crois que, quand nous pensons à cette région du sud de la France, les premières sensations que nous ressentons sont olfactives: lavande, ail, thym, …

Quand on prononce le mot Pagnol surgit une certaine idée de la Provence, l’accent typique, la présence quasi obsessive de la chaleur, des oliviers, de leur ombre protectrice et surtout d’une façon lascive de vivre en compagnie d’une poésie qui semble omniprésente. Tout cela nous le ressentons parce que nous connaissons l’oeuvre de Pagnol, ses livres, ses films et ses acteurs Raimu, Fernandel, Chapin…

Récemment je me suis rendu compte que dans le mondo espagnol il était peu connu. En fait je n’ai rencontré que peu de livres traduits et de films sous-titrés malgré que, et c’est Pagnol lui-même qui nous le raconte au début de “La Gloire de mon père”, première partie de ses mémoires, il soit probablement d’origine espagnole:

«Mon père était le cinquième enfant d’un tailleur de pierres de Valréas, près d’Orange.

La famille y était établie depuis plusieurs siècles. D’où venaient-ils ? Sans doute d’Espagne, car j’ai retrouvé, dans les archives de la mairie, des Lespagnol, puis des Spagnol.

De plus, ils étaient armuriers de père en fils, et dans les eaux fumantes de l’Ouvèze, ils trempaient des lames d’épées : occupation, comme chacun sait, noblement espagnole.»

Je vous propose donc un extrait de “La Gloire de mon père”, le film original complet “La fille du puisatier” de Marcel Pagnol avec Raimu et Fernandel, l’Arlésienne  de Bizet y un tableau de Van Gogh.

 Jean Claude Fonder


LA GLOIRE DE MON PÈRE (extrait)

La Gloire de mon père

[…]
Dans les mois qui précédèrent ma naissance, comme elle n’avait que dix-neuf ans – et elle les eut toute sa vie – elle conçut de graves inquiétudes, et déclara en sanglotant que son bébé ne naîtrait jamais, parce qu’elle « sentait bien qu’elle ne savait pas le faire ».
Mon père essaya de la raisonner. Mais alors, elle disait, furieuse : « Quand je pense que c’est toi qui m’as fait ça ! »
Et elle fondait en larmes.
Quand le survenant se mit à bouger, elle eut des accès de fou rire, entre deux crises de sanglots.
Effrayé par ce comportement déraisonnable, mon père appela au secours sa sœur aînée. C’était elle qui l’avait élevé. Elle était (naturellement) directrice d’école à La Ciotat, et célibataire.
La grande sœur fut tout à fait ravie, et décida qu’il fallait sur-le-champ installer ma mère chez elle, sur le bord de la mer latine : ce qui fut fait le soir même.
On m’a dit que Joseph en fut charmé, et qu’il profita de sa liberté pour conter fleurette à la boulangère, dont il mit en ordre la comptabilité : voilà une idée déplaisante, et que je n’ai jamais acceptée.
Pendant ce temps, la future maman se promenait le long des plages, sous le tendre soleil de janvier, en regardant au loin les voiles des pêcheurs, qui partaient à trois heures vers le soleil couchant. Puis, près du feu où sifflotait la flamme bleue des souches d’olivier, elle tricotait le trousseau de sa bondissante progéniture, tandis que la tante Marie ourlait des langes, en chantant d’une jolie voix claire :

Sur le brick léger que le flot“balance,
Quand la nuit étend son grand voile 
noir…

Elle était maintenant rassurée, d’autant que son cher Joseph venait tous les samedis, sur la bicyclette du boulanger. Il apportait des croquants aux amandes, des tartes à la frangipane, et un sachet de farine blanche pour faire des crêpes ou des beignets, ce qui prouve bien que la boulangère n’avait pas à se plaindre de lui.
Ces gâteries, ce long repos, et l’air salubre de la douce Méditerranée transformèrent la jeune Augustine : elle avait pris de belles couleurs, et il paraît qu’elle chantait tous les matins, dès son réveil.
Tout s’annonçait donc le mieux du monde, lorsqu’au petit matin du 28 février, elle fut réveillée par quelques douleurs.
Elle appela aussitôt la tante Marie, qui décréta que ce n’était rien, puisque le docteur avait annoncé la naissance d’une fille pour la fin du mois de mars ; puis, elle ralluma le feu, pour mettre en route une tisane. Mais la patiente affirma que les docteurs n’y comprenaient rien, et qu’elle voulait retourner tout de suite à Aubagne.
« Il faut que l’enfant naisse à la maison ! Il faut que Joseph me tienne la main ! Marie, Marie, partons vite ! Je suis sûre qu’il veut sortir ! »
La douce Marie essaya de la calmer, avec du tilleul et des paroles. La passoire à la main, elle déclara que si l’événement se confirmait, elle irait en informer le poissonnier, qui descendait chaque jour à Aubagne vers les huit heures, et que Joseph viendrait, aussi vite que le vent, sur la machine à pédales.
Mais Augustine repoussa la tasse à fleurs, et se tordit les mains en pleurant à grosses larmes.
Alors, la tante Marie alla frapper aux volets d’un voisin, qui possédait un boghey et un petit cheval. C’était une époque bénie, où les gens se rendaient service : il n’y avait qu’à demander.
Le voisin attela son cheval, la tante enveloppa Augustine dans des châles, et nous voilà partis au petit trot, tandis que sur la crête des collines la moitié d’un grand soleil rouge nous regardait à travers les pins.
Mais en arrivant à la Bédoule, qui est tout juste à mi-chemin, les douleurs recommencèrent, et la tante, à son tour, s’affola. Elle serrait dans ses bras ma mère emmitouflée, et lui donnait des conseils :
« Augustine », disait-elle, « retiens-toi », car elle était vierge.
Mais Augustine, toute pâle, ouvrait des yeux noirs énormes, et transpirait en gémissant.
Heureusement, nous avions franchi le col et la route descendait sur Aubagne. Le voisin desserra son frein, qu’on appelait la mécanique, et fouetta le petit cheval, qui n’eut qu’à se laisser emporter par le poids de l’équipage. Nous arrivâmes tout juste à temps, et Mme Négrel, la sage-femme, vint en hâte délivrer ma mère, qui avait enfin planté ses ongles dans le bras puissant de Joseph.
[…]


LA GLORIA DE MI PADRE (extracto)

La Gloria de mi Padre RIALP

[…]
En los meses que precedieron a mi nacimiento, como mi madre no tenía más que diecinueve años (que fue los que conservó toda su vida), experimentó grandes inquietudes y declaró, sollozando, que su niño no podría nacer, porque «presentía que ella no sabría hacerlo».
Mi padre intentó hacerla razonar, pero ella exclamó furiosa: «¡Cuando pienso que eres tú quien me ha hecho esto…!»
Y se deshacía en llanto.
Cuando el niño empezó a moverse, mi madre tuvo accesos de locas risas entre crisis de sollozos.
Profundamente inquieto ante tal estado de cosas, mi padre pidió socorro a su hermana mayor, que lo había educado y que era (cosa muy natural) soltera y directora de escuela de La Ciotat.
La hermana mayor quedó encantada y decidió que era preciso instalar inmediatamente a mi madre en su casa, que se hallaba a orillas del mar latino, cosa que hizo en el acto.
Me han dicho que Joseph se sintió feliz y que aprovechó su libertad para echarle flores a la panadera mientras ponía en orden su contabilidad. He aquí una idea que siempre me ha sido ingrata.
Entretanto, la futura mamá se paseaba por la playa bajo el débil sol de enero, contemplando las lejanas velas de los barcos pesqueros que partían a las tres hacia poniente. Después, cerca del fuego en que silbaban las anulosas llamas de los tocones de olivo, trabajaba en la canastilla del esperado niño, mientras tía Marie cantaba con su diáfana y bella voz:

Sobre el bergantín ligero que las olas mecen,
cuando la noche extiende su gran velo negro…

Ahora se sentía confortada, máxime cuando su querido Joseph acudía todos los sábados en la bicicleta del panadero, trayéndole guirlaches de almendra, tortas de mazapán y un saquito de harina para hacer buñuelos.
Mi madre tenía un color magnifico y ya se esperaba el alumbramiento más feliz del mundo, cuando al amanecer del día 28 de febrero despertó con algunos dolores.
Llamó en el acto a tía Marie, la cual afirmó que no podía ser nada de particular, puesto que el doctor había señalado el nacimiento de una niña para finales de marzo.
A continuación encendió el fuego para hacerle una tisana. Pero la paciente dijo que los doctores no sabían nada y que quería irse inmediatamente a Aubagne.
—¡El niño ha de nacer en casa! ¡Joseph tiene que sujetarme la mano! ¡Marie, Marie, vámonos ahora mismo! ¡Estoy segura de que quiere nacer!
La dulce Marie intentó calmarla con palabras y tila. Con la mano en el pestillo, manifestó que si se confirmaba el acontecimiento iría a informar al pescador que iba todos los días a Aubagne a eso de las ocho, para que avisara a Joseph y éste acudiese en la bicicleta raudo como el viento.
Pero Augustine rechazó la taza de tila, se retorcía las manos y lloraba desesperadamente. Entonces tia Marie fue a llamar a la puerta de un vecino que era propietario de un coche del que tiraba un caballito. Era aquélla una
bendita época en que las gentes se prestaban ayuda: no había más que solicitarla para recibirla.
El vecino enganchó su caballo, la tia envolvió a Augustine en su mantón, y el coche avanzó por el camino al trote corto de su caballejo, mientras desde la cresta de las colinas medio sol rojo nos contemplaba a través de los pinos.
Pero al llegar a Bédoule, que se encuentra justamente a la mitad del camino, los dolores comenzaron de nuevo y mi tía perdió la cabeza. Apretaba entre sus brazos a mi madre y le daba consejos.
—Augustine —le decía—, ¡aguanta! ella era virgen.
Pero Augustine, pálida como una muerta, abría sus enormes ojos negros, gemía y sudaba.
Afortunadamente habíamos franqueado el puerto y el camino descendía hacia Aubagne. El vecino aflojó el freno —el mecanismo, corno se le llamaba entonces— y dio un latigazo al animal, que no tuvo más que dejarse llevar del peso del coche. Llegamos con el tiempo justo para que la señora Negrel, la comadrona, asistiera al parto de mi madre, que al fin había clavado sus uñas en el poderoso brazo de Joseph.
[…]


La Joven ORQUESTA SINFÓNICA DE GRANADA, en el teatro municipal de Granada Isabel la Católica, interpreta bajo la dirección de MARIA DEL MAR MUÑOZ la suite «L’ARLESIENNE» de GEORGES BIZET.

Suite I

I. Prélude, Allegro deciso (the March of the Kings)
II. Minuet, Allegro giocoso
III. Adagietto
IV. Carillon, Allegro moderato (Expanded as indicated above.)

Suite II

I. Pastorale
II. Intermezzo
III. Minuet
IV. Farandolehttps://youtu.be/sdswiiaRGOk


Jean Claude Fonder

Roma

Era solamente para reanudar con esta ciudad maravillosa, guardiana eterna de un tesoro de cultura infinito, nuestra propia historia, que pasamos tres días en Roma en pleno mes de agosto. Antes de mi jubilación la frecuentaba tanto que no carecía un poco de nostalgia en las motivaciones de este viaje.

C’était seulement pour renouer avec cette ville merveilleuse, gardienne éternelle d’un trésor de culture infini, notre propre histoire, que nous passâmes trois jours á Rome en plein mois d’août. Avant ma mise en pension je la fréquentais tellement qu’un peu de nostalgie ne faisait pas défaut parmi les motivations de ce voyage.

Circus Maximus


Joven, una de mis primeras lecturas «serias» fue «Historia de Roma» de Indro Montanelli en una traducción en francés. No sabía absolutamente quién era este autor, un famoso periodista italiano, pero supo apasionarme completamente. ¿Quizás este libro influyó sobre toda mi vida?
Hice casi por pasión estudios que combinaban latín y matemáticas. Me convertí en informático cuando nadie sabía el sentido de esta palabra y atraído extrañamente por Italia después de algunos años entré a la Olivetti Bélgica. Mi carrera me llevó  naturalmente a Italia que pude en este modo conocer cómo si fuera una pareja tan deseada. Aunque elegí, por motivo profesional, Milán como residencia, Roma estuvo siempre en el centro de mi atención, hasta tener por allí una segunda residencia, en el Monte verde, via dei quattro venti, cerca de la preciosa Villa Doria Pamfiglj.

Jeune, une de mes premières lectures «sérieuses» fut «Histoire de Rome» de Indro Montanelli dans une traducción en français. Je ne savais absolument pas qui était cet auteur, un célèbre journaliste italien, mais il sut me passionner complètement. Peut-être ce livre influença-t-il toute ma vie?
Je fis quasi par passion des études qui combinait le latin et les mathématiques. Je devins informaticien quand personne ne savait le sens de ce mot et, attiré étrangement par l’Italie, après quelques années j’entrai à la Olivetti Belgique. Ma carrière me porta tout naturellement en Italie que je pus de cette manière connaitre comme si elle était une amante tant désirée. Bien que j’aie choisi, pour motif professionnel, Milan comme résidence, Rome fut toujours au centre de mon attention, au point d’y avoir une seconde résidence, au Monte verde, via dei quattro venti, près de l’admirable Villa Doria Pamfiglj.

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Bueno la verdad es que mi mujer tenia que renovar su pasaporte (¡Nosotros belgas no podemos hacerlo en Milán!), ya habíamos planeado ir de vacaciones en septiembre y octubre, y además Milán es famosa por vaciarse completamente en agosto así que utilizamos un regalo que recibimos por nuestras bodas de oro, tres días en Roma. Entre nuestras diferentes actividades, escojo una que nos encantó:  un caro amigo nos llevó a este lugar poco conocido pero hermoso, Piazza Mincio. Les recomiendo visitarla.

Á vrai dire c’est ma femme qui devait renouveler son passeport (Nous les belges nous ne pouvons pas le faire à Milan), nous avions déjà décidé de prendre nos vacances en septembre et en octubre et de plus Milán est fameuse pour se vider complètement en août, de telle sorte que nous utilisâmes un cadeau que nous reçûmes pour nos noces d’or, trois jours á Rome. Parmi nos diverses activités, j’en ai retenu une qui nous enchanta:  un ami très cher nous emmena voir cette place peu connue mais très belle, Piazza Mincio. Je vous la recommande.

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Mi pasión para Roma nunca no se va a apagar, por eso quiero compartirla con ustedes. Pues les propongo, un extracto de «Historia de Roma» de Indro Montanelli y, “Pini di Roma” de Ottorino Respighi interpretado por Herbert von Karajan y la orquesta filarmónica de Berlín.

Ma passion pour Rome jamais ne s’éteindra, je désire donc la partager avec vous. Je vous propose donc, un extrait de «Storia di Roma» d’Indro Montanelli et, « Pini di  Roma» d’Ottorino Respighi interprété par Herbert von Karajan et l’orchestre philharmonique de Berlin.
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 Jean Claude Fonder


CAPÍTULO I

AB URBE CONDITA

No sabemos con precisión cuándo fueron instituidas en Roma las primeras escuelas regulares, o sea «estatales». Plutarco dice que nacieron hacia 250 antes de Jesucristo, esto es, casi quinientos años después de la fundación de la ciudad. Hasta aquel momento los muchachos romanos habían sido educados en casa, los más pobres por sus padres y los más ricos, por magistri, o sea maestros o institutores, elegidos habitual» mente en la categoría de los libertos, los esclavos liberados, que, a su vez, eran elegidos entre los prisioneros de guerra, preferentemente entre los de origen griego, que eran los más cultos.

Sabemos, empero, con certeza, que tenían que fatigarse menos que los de hoy. El latín lo sabían ya. Si hubiesen tenido que estudiarlo, decía el poeta alemán Heine, no habrían encontrado jamás tiempo para conquistar el mundo. Y en cuanto a la historia de su patria, se la contaban más o menos así:

Cuando los griegos de Menelao, Ulises y Aquiles conquistaron Troya, en el Asia Menor, y la pasaron a sangre y fuego, uno de los pocos defensores que se salvó fue Eneas, fuertemente «recomendado» (ciertas cosas se usaban ya en aquellos tiempos) por su madre, que era nada menos que la diosa Venus —Afrodita—. Con una maleta a los hombros, llena de imágenes de sus celestes protectores, entre los cuales, naturalmente, el puesto de honor correspondía a su buena mamá, pero sin una lira en el bolsillo, el pobrecito se dio a recorrer mundo, al azar. Y después de no se sabe cuántos años de aventuras y desventuras, desembarcó, siempre con la maleta a cuestas, en Italia; se puso a remontarla hacia el Norte, llegó al Lacio, donde casó con la hija del rey Latino, que se llamaba Lavinia, fundó una ciudad a la que dio el nombre de la esposa, y al lado de ésta vivió feliz y contento el resto de sus días.

Su hijo Ascanio fundó Alba Longa, convirtiéndola en nueva capital. Y tras ocho generaciones, es decir, unos doscientos años después del arribo de Eneas, dos de sus descendientes, Numitor y Amulio, estaban aún en el trono del Lacio. Desgraciadamente, dos en un trono están muy apretados. Y así, un día, Amulio echó al hermano para reinar solo, y le mató todos los hijos, menos una: Rea Silvia. Mas, para que no pudiese poner al mundo algún hijo a quien, de mayor, se le pudiese antojar vengar al abuelo, la obligó a hacerse sacerdotisa de la diosa Vesta, o sea monja.

Un día, Rea, que probablemente tenía muchas ganas de marido y se resignaba mal a la idea de no poder casarse, tomaba el fresco a orillas del río porque era un verano tremendamente caluroso, y se quedó dormida. Por casualidad pasaba por aquellos parajes el dios Marte, pue bajaba a menudo a la Tierra, un poco para organizar una guerrita que otra, que era su oficio habitual, y otro poco en busca de chicas, que era su pasión favorita. Vio a Rea Silvia. Se enamoró de ella. Y sin despertarla siquiera, la dejó encinta.

Amulio se encolerizó muchísimo cuando lo supo. Más no la mató. Aguardó a que pariese, no uno, sino dos chiquillos gemelos. Después, ordenó meterlos en una pequeñísima almadía que confió al río para que se los llevase, al filo de la corriente, hasta el mar, y allí se ahogasen. Mas no había contado con el viento, que aquel día soplaba con bastante fuerza, y que condujo la frágil embarcación no lejos de allí, encallando en la arena de la orilla, en pleno campo. Ahí, los dos desamparados, que lloraban ruidosamente, llamaron la atención de una loba que acudió para amamantarlos. Y por eso este animal se ha convertido en el símbolo de Roma, que fue fundada después por los dos gemelos.

Los maliciosos dicen que aquella loba no era en modo alguno una bestia, sino una mujer de verdad, Acca Laurentia, llamada Loba a causa de su carácter selvático y por las muchas infidelidades que le hacía a su marido, un pobre pastor, yéndose a hacer el amor en el bosque con todos los jovenzuelos de los contornos. Mas acaso todo eso no son más que chismorreos.

Los dos gemelos mamaron la leche, luego pasaron a las papillas, después echaron los primeros dientes, recibieron uno el nombre de Rómulo, el otro, el de Remo, crecieron, y al final supieron su historia. Entonces, volvieron a Alba Longa, organizaron una revolución, mataron a Amulio y repusieron en el trono a Numitor. Después, impacientes, como todos los jóvenes, por hacer algo importante, en vez de esperar un buen reino edificado por el abuelo, que sin duda se lo hubiera dejado, se fueron a construir otro nuevo un poco más, lejos. Y eligieron el sitio donde su almadía había encallado, en medio de las colinas entre las que discurre el Tíber, cuando está a puntó de desembocar en el mar. En aquel lugar, como a menudo sucede entre hermanos, litigaron sobre el nombre que dar a la ciudad. Luego decidieron que ganaría el que hubiese visto más pájaros. Remo vio seis sobre el Aventino. Rómulo, sobre el Palatino, vio doce: la ciudad se llamaría, pues, Roma. Uncieron dos blancos bueyes, excavaron un surco y construyeron las murallas jurando matar a quienquiera las cruzase. Remo, malhumorado por la derrota, dijo que eran frágiles y rompió un trozo de un puntapié. Y Rómulo, fiel al juramento, le mató de un badilazo.

Todo esto, dícese, aconteció setecientos cincuenta y tres años antes de que Jesucristo naciese, exactamente el 21 de abril, que todavía se celebra como aniversario de la ciudad, nacida, como se ve, de un fratricidio. Sus habitantes hicieron de ella el comienzo de la historia del mundo, hasta que el advenimiento del Redentor impuso otra contabilidad.

Tal vez también los pueblos vecinos hacían otro tanto: Cada uno de ellos databa la Historia del Mundo por la fundación de la propia capital. Alba Longa, Rieti, Tarquinia o Arezzo. Mas no lograron que los otros lo reconocieran, porque cometieron el pequeño error de perder la guerra, más aún, las guerras. Roma, en cambio, las ganó. Todas. La finca de pocas hectáreas que Rómulo y Remo recortaron con el arado entre las colinas del Tíber convirtióse en el espacio de pocos siglos en el centro del Lacio, después de Italia, y más tarde del mundo conocido hasta entonces. Y en todo él se habló su lengua, se respetaron sus leyes, y se contaron los años ab urbe condita, o sea desde aquel famoso 21 de abril de 753 antes de Jesucristo, comienzo de la historia de Roma y de su civilización.

Naturalmente, las cosas no acontecieron precisamente asi. Pero así los papas romanos quisieron durante muchos siglos que les fuesen contadas a sus hijos: un poco, porque creían en ellas y otro poco, porque, grandes patriotas, les halagaba mucho el hecho de poder mezclar los dioses influyentes como Venus y Marte y personalidades de elevada posición como Eneas, al nacimiento de su Urbe. Sentían oscuramente que era muy importante educar a sus hijos en la convicción de que pertenecían a una patria edificada con el concurso de seres sobrenaturales, que seguramente no se hubiesen prestado a ello de no haberles propuesto asignarle un gran destino. Esto dio un fundamento religioso a toda la historia de Roma, que, en efecto, se derrumbó cuando se prescindió de él. La Urbe fue caput mundi, capital del Mundo, mientras sus habitantes supieron pocas cosas y fueron lo bastante ingenuos para creer en aquéllas, legendarias, que les habían enseñado papas y magistri; mientras estuvieron convencidos de ser descendientes de Eneas, de que corría por sus venas sangre divina y de ser «ungidos de Señor», aunque en aquellos tiempos se llamase Júpiter. Fue cuando comenzaron a dudar de ello cuando su imperio se hizo añicos y el caput mundi convirtióse en colonia. Más no nos precipitemos. […]


CAPITULO PRIMO

AB URBE CONDITA

Non sappiamo con precisione quando a Roma furono istituite le prime scuole regolari, cioè «statali». Plutarco dice che nacquero verso il 250 avanti Cristo, cioè circa cinquecent’anni dopo la fondazione della città. Fino a quel momento i ragazzi romani erano stati educati in casa, i più poveri dai genitori, i più ricchi da magistri, cioè da maestri, o istitutori, scelti di solito nella categoria dei liberti, gli schiavi liberati, che a loro volta erano scelti fra i prigionieri di guerra, e preferibilmente fra quelli di origine greca, che erano i più colti.
Sappiamo però con certezza che dovevano faticare meno di quelli di oggi. Il latino lo sapevano già. Se avessero dovuto studiarlo, diceva il poeta tedesco Heine, non avrebbero mai trovato il tempo di conquistare il mondo. E quanto alla storia della loro patria, gliela raccontavano press’a poco così:
Quando i greci di Agamennone, Ulisse e Achille conquistarono Troia, nell’Asia Minore, e la misero a ferro e a fuoco, uno dei pochi difensori che si salvò fu Enea, fortunatamente «raccomandato» (certe cose si usavano anche a quei tempi) da sua madre, ch’era nientepopodimeno che la dea Venere-Afrodite. Con una valigia suele spalle, piena delle immagini dei suoi celesti protettori, fra i quali naturalmente il posto d’onore toccava alla sua buona mamma, ma senza una lira in tasca, il poveretto si diede a girare il mondo, a casaccio. E dopo non si sa quanti anni di avventure e di disavventure, sbarcò, sempre con quella sua valigia sul groppone, in Italia, prese a risalirla verso nord, giunse nel Lazio, vi sposò la figlia del re Latino, che si chiamava Lavinia, fondò una città cui diede il nome della moglie, e insieme a costei visse felice e contento tutto il resto dei suoi giorni.
Suo figlio Ascanio fondò Alba Longa, facendone la nuova capitale. E dopo otto generazioni, cioè a dire qualche duecento anni dopo l’arrivo di Enea, due suoi discendenti, Numitore e Amulio, erano ancora sul trono del Lazio. Purtroppo sui troni in due ci si sta stretti. E così un giorno Amulio scacciò il fratello per regnare da solo, e gli uccise tutti i figli, meno una: Rea Silvia. Ma, perché non mettesse al mondo qualche figliolo cui potesse, da grande, saltare il ticchio di vendicare il nonno, la obbligò a diventare sacerdotessa della dea Vesta, vale a dire monaca.
Un giorno Rea, che probabilmente aveva una gran voglia di marito e si rassegnava male all’idea di non potersi sposare, prendeva il fresco in riva al fiume perché era un’estate maledettamente calda, e si addormentò. Per caso in quei paraggi passava il dio Marte che scendeva sovente sulla terra, un po’ per farvi qualche guerricciola, ch’era il suo mestiere abituale, un po’ per cercare delle ragazze, ch’era la sua passione favorita. Vide Rea Silvia. Se ne innamorò. E senza nemmeno svegliarla, la rese incinta.
Amulio, quando lo seppe, si arrabbiò moltissimo. Ma non la uccise. Aspettò ch’essa partorisse non uno, ma due ragazzini gemelli. Poi li fece caricare su una microscopica zattera che affidò al fiume perché se li portasse, sul filo della corrente, fino al mare, e lì li lasciasse affogare. Ma non aveva fatto i conti col vento, che quel giorno spirava abbastanza forte, e che condusse la fragile imbarcazione a insabbiarsi poco lontano, in aperta campagna. Qui i due derelitti, che piangevano rumorosamente, richiamarono l’attenzione di una lupa che corse ad allattarli. Ed è perciò che quella bestia è diventata il simbolo di Roma, che dai due gemelli poi fu fondata.
I maligni dicono che quella lupa non era affatto una bestia, ma una donna vera, Acca Larentia, chiamata Lupa per via del suo carattere selvatico e delle molte infedeltà che faceva a suo marito, un povero pastore, andandosene a far l’amore nel bosco con tutti i giovanotti dei dintorni. Ma forse non sono che pettegolezzi.
I due gemelli succhiarono il latte, poi passarono alle pappine, poi misero i primi denti, ricevettero il nome l’uno di Romolo, l’altro di Remo, crebbero, e alla fine seppero la loro storia. Allora tornarono ad Alba Longa, organizzarono una rivoluzione, uccisero Amulio, rimisero sul trono Numitore. Eppoi, impazienti di far qualcosa di nuovo come tutti i giovani, invece di aspettare un regno bell’è fatto dal nonno, che certamente gliel’avrebbe lasciato, andarono a costruirsene uno nuovo un po’ più in là. E scelsero il punto in cui la loro zattera si era arenata, in mezzo alle colline fra cui scorre il Tevere, quando sta per sfociare in mare. Qui, come spesso succede tra fratelli, litigarono sul nome da dare alla città. Poi decisero che avrebbe vinto chi avesse visto più uccelli. Remo, sull’Aventino, ne vide sei. Romolo, sul Palatino, ne vide dodici: la città si sarebbe dunque chiamata Roma. Aggiogarono due bianchi buoi, scavarono un solco, e costruirono le mura giurando di uccidere chiunque le oltrepassasse. Remo di malumore per la sconfitta, disse che erano fragili e ne ruppe un pezzo con un calcio. E Romolo, fedele al giuramento, lo accoppò con un colpo di badile.
Tutto ciò, dicono, avvenne settecentocinquantatré anni prima che Cristo nascesse, esattamente il 21 aprile, che tuttora si festeggia come il compleanno della città, nata, come si vede, da un fratricidio. I suoi abitanti ne fecero l’inizio della storia del mondo, fin quando l’avvento del Redentore non ebbe imposto un’altra contabilità.
Forse anche i popoli vicini facevano altrettanto: ognuno di essi datava la storia del mondo dalla fondazione della propria capitale, Alba Longa, Rieti, Tarquinia, o Arezzo che fosse. Ma non riuscirono a farselo riconoscere dagli altri, perché commisero il piccolo errore di perdere la guerra, anzi le guerre. Roma invece le vinse tutte. Il podere di pochi ettari che Romolo e Remo si tagliarono con l’aratro fra le colline del Tevere diventò nello spazio di pochi secoli il centro del Lazio, poi dell’Italia, poi di tutta la terra allora conosciuta. E in tutta la terra allora conosciuta si parlò la sua lingua, si rispettarono le sue leggi, e si contarono gli anni ab urbe condita, cioè da quel famoso 21 aprile del 753 avanti Cristo, inizio della storia di Roma e della sua civiltà.
Naturalmente le cose non erano andate precisamente così. Ma così i babbi romani per molti secoli vollero che venissero raccontate ai loro figli: un po’ perché ci credevano essi stessi, un po’ perché, gran patrioti, li lusingava molto il fatto di poter mescolare degli dèi influenti come Venere e Marte, e delle personalità altolocate come Enea, alla nascita della loro Urbe. Essi sentivano oscuramente ch’era molto importante allevare i loro ragazzi nella convinzione di appartenere a una patria costruita col concorso di esseri soprannaturali, che certamente non vi si sarebbero prestati se non avessero inteso assegnarle un grande destino. Ciò diede un fondamento religioso a tutta la vita di Roma, che infatti crollò quando esso venne meno. L’Urbe fu caput mundi, capitale del mondo, finché i suoi abitanti seppero poche cose e furono abbastanza ingenui da credere in quelle, leggendarie, che avevano loro insegnato i babbi e i magistri; finché furono convinti di essere i discendenti di Enea, di avere nelle loro vene sangue divino e di essere «unti del Signore» anche se a quei tempi si chiamava Giove. Fu quando cominciarono a dubitarne che il loro Impero andò in frantumi e il caput mundi diventò una colonia. Ma non precipitiamo. […]



Jean Claude Fonder

La habitación azul

¿Les gusta a Simenon?

¿Lo sabían que sus famosas novelas con el comisario «Maigret» sólo representan una parte, ciertamente no insignificante de su producción literaria pero seguramente no la que es la más importante? ¿Lo sabían que es uno de los escritores más leídos en el mundo, más adaptados a la gran pantalla, y que su obra es gigantesca, la tercera de lengua francés más traducida después de las de Jules Verne y de Alexandre Dumas?

George Simenon nació el 12 de febrero de 1904 en Lieja, pequeña ciudad del sur de la Bélgica, que es también mi ciudad natal. Sin embargo creo que soy totalmente objetivo cuando califico Simenon de novelista excepcional, al menos uno de los mejores del siglo XX. Su escritura es simple, habla de gente simple que viven en general en pequeñas ciudades, simples también ellas. Basándose en estos elementos, que conoce siempre muy bien, a menudo por haber vivido en el mismo lugar y frecuentado el medio descrito, Simenon nos lleva a las profundidades de la naturaleza humana, no siempre muy buenas y muy agradables a conocer pero en las cuales, a menudo, nos reconocemos, al menos en parte.

He elegido «La habitación azul», una de sus novelas «duras», como le gustaba llamar las que consideraba más importantes en su recorrido literario, quizás una de las mejores. De todos modos no se sale indemne de esta historia de adulterio que deja también un gran espacio al misterio, una novela  seguramente muy superior a la reciente adaptación cinematográfica de Mathieu Amalric.

Alrededor del inicio genial de esta novela, les propongo dos obras magistrales: “El beso” de Edvard Munch y “Blue in green” de Miles Davis.

Edvard Munch, Beso en la ventana,

Vous aimez Simenon?

Saviez-vous que les fameux Maigrets ne représentent qu’une partie, certes non la plus infime, de sa production littéraire mais certainement pas la plus importante? Saviez-vous u’il est un des écrivains les plus lus au monde, les plus adaptés au grand écran, et que son œuvre est gigantesque, la troisième de langue française la plus traduite après celles de Jules Verne et Alexandre Dumas?

George Simenon est né le 12 février 1903 à Liège, petite ville du sud de la Belgique, qui est également ma ville natale. Je crois pourtant être totalement objectif quand je qualifierais Simenon de romancier exceptionnel, un des meilleurs du vingtième siècle pour le moins. Son écriture est simple, il parle de gens simple qui vivent en général dans de petites villes, simples elles aussi. À partir de cette base qu’il connaît toujours fort bien, souvent pour avoir vécu sur place et fréquenté le milieu décrit, Simenon nous emmène dans les profondeurs de la nature humaine, pas toujours fort reluisantes et dans lesquelles souvent nous nous reconnaissons, pour le moins en partie.

J’ai choisi «La chambre bleu», un de ses romans «durs», comme il aimait appeler les romans qu’il jugeaient les plus importants dans son parcours littéraire, peut-être un des meilleurs. En tout cas on ne sort pas indemne de cette histoire d’adultère qui laisse aussi une grande place au mystère, un roman très certainement supérieur à la récente adaptation cinématographique de Mathieu Amalric.

Autour du début génial de ce roman, je vous propose deux oeuvres magistrales: “Le baiser” de Edvard Munch et “Blue in green” de Miles Davis.

 Jean Claude Fonder


LA CHAMBRE BLEU de George Simenon

Chapitre 1

— Je t’ai fait mal ?
— Non.
— Tu m’en veux ?
— Non.
C’était vrai. A ce moment-là, tout était vrai, puisqu’il vivait la scène à l’état brut, sans se poser de questions, sans essayer de comprendre, sans soupçonner qu’il y aurait un jour quelque chose à comprendre. Non seulement tout était vrai, mais tout était réel : lui, la chambre, Andrée qui restait étendue sur le lit dévasté, nue, les cuisses écartées, avec la tache sombre du sexe d’où sourdait un filet de sperme.
Etait-il heureux ? Si on le lui avait demandé, il aurait répondu oui sans hésiter.
L’idée ne lui venait pas d’en vouloir à Andrée de lui avoir mordu la lèvre. Cela faisait partie d’un tout, comme le reste, et, debout, nu lui aussi, devant le miroir du lavabo, il tapotait sa lèvre avec la serviette imbibée d’eau fraîche.
— Ta femme va te poser des questions ?
— Je ne crois pas.
— Elle t’en pose parfois ?
Les mots n’avaient guère d’importance. Ils parlaient pour le plaisir, comme on parle après l’amour, le corps encore sensible, la tête un peu vide.
— Tu as un beau dos.
Quelques taches roses étoilaient la serviette et, dans la rue, un camion vide rebondissait sur les pavés. Des gens parlaient, à la terrasse. On distinguait des mots par-ci par-là, qui ne formaient pas des phrases et ne voulaient rien dire.
— Tu m’aimes, Tony ?
— Je crois…
Il plaisantait, mais sans sourire, à cause de sa lèvre inférieure qu’il tamponnait toujours avec le linge mouillé.
— Tu n’en es pas sûr ?
Il se retourna pour la regarder et cela lui fit plaisir d’apercevoir cette semence, qui était la sienne, si intimement mêlée au corps de sa compagne.
La chambre était bleue, d’un bleu de lessive, avait-il pensé un jour, un bleu qui lui rappelait son enfance, les petits sachets d’étamine emplis de poudre bleue que sa mère diluait dans le baquet à lessive avant le dernier rinçage du linge, juste avant d’aller l’étendre sur l’herbe luisante du pré. Il devait avoir cinq ou six ans et il se demandait par quel miracle la couleur bleue pouvait rendre le linge blanc.
Plus tard, bien après la mort de sa mère dont le visaje devenait déjà flou dans sa mémoire, il s’était demandé aussi pourquoi des gens aussi pauvres qu’eux, vêtus d’habits rapiécés, attachaient tant d’importance à la blancheur du linge.
Y pensait-il en ce moment ? Il ne le saurait que plus tard. Le bleu de la chambre n’était pas seulement le bleu de lessive, mais aussi le bleu du ciel par certains chauds après-midi d’août, un peu avant que le soleil déclinant le teinte de rose, puis de rouge.
On était en août. Le 2 août. L’après-midi était avancé. A cinq heures, des nuages dorés, d’une légèreté de crème fouettée, commençaient à monter au-dessus de la gare dont la façade blanche restait dans l’ombre.
— Tu pourrais passer toute ta vie avec moi ?
Il n’avait pas conscience d’enregistrer les mots. Pas plus que les images ou les odeurs. Comment aurait-il deviné que cette scène, il la revivrait dix fois, vingt fois, davantage encore, chaque fois dans un état d’esprit différent, chaque fois vue d’un autre angle ?
Pendant des mois, il s’efforcerait de retrouver le moindre détail, pas toujours de son plein gré, mais parce que d’autres l’y obligeraient.



LA HABITACIÓN AZUL de George Simenon

Capitulo 1

—¿Te he hecho daño?
—No.
—¿Te has enfadado?
—No
Era verdad. En aquel momento todo era verdad, porque vivía la situación en estado bruto, sin preguntarse nada, sin intentar comprender, sin imaginarse que llegaría un día en que habría que intentar comprender. No sólo todo era verdad, sino que además todo era real: él, la habitación y, sobre la cama deshecha, Andrée desnuda, con las piernas abiertas, con la mancha oscura del sexo de la que salía un hilillo de esperma.
¿Se sentía feliz? Si se lo hubieran preguntado, hubiera respondido sin vacilar que sí. No se le ocurría enfadarse con Andrée porque le hubiese mordido el labio. Aquello formaba parte de un todo, y él, también desnudo, de pie ante el espejo del lavabo, se daba golpecitos en el labio con una toalla empapada de agua fresca.
—¿Te va a preguntar tu mujer qué te ha pasado?
—No creo.
—¿Nunca te pregunta nada?
Las palabras apenas importaban. Hablaban por el placer de hablar, como se habla después de hacer el amor, con el cuerpo todavía sensible, la cabeza un poco vacía.
—Qué espalda más bonita tienes.
La toalla estaba salpicada de manchas rosáceas y en la calle un camión vacío se bamboleaba sobre los adoquines. En la terraza, la gente hablaba. Se oían algunas palabras sueltas, que no formaban frases y no querían decir nada.
—¿Me quieres, Tony?
—Eso creo…
Bromeaba, pero sin sonreír, a causa del labio inferior, que se seguía curando con la toalla mojada.
—¿No estás seguro?
Se volvió para mirarla y le gustó ver el semen, que era suyo, tan íntimamente ligado al cuerpo de su compañera.
La habitación era azul, del azul de la colada, pensó un día, un azul que le recordaba su infancia, los saquitos llenos de polvo azul que su madre diluía en el agua justo antes del último aclarado y de extender la ropa sobre la brillante hierba del prado. Él debía de tener cinco o seis años y se preguntaba por qué milagro el color azul dejaba la ropa blanca.
Más tarde, mucho después de la muerte de su madre, cuyo rostro ya se desvanecía en su memoria, también se preguntaba por qué siendo tan pobres como eran, que se vestían con ropa remendada, daban tanta importancia a la blancura de la ropa.
¿Pensaba en eso en este momento? Sólo más tarde lo sabría. El azul de la habitación no era sólo el azul de la colada, sino también el el azul del cielo en ciertas tardes calurosas de agosto, poco antes de que el sol poniente lo tiñera de rosa y luego de rojo.
Era agosto. El 2 de agosto. La tarde estaba avanzada. A las cinco, unas nubes doradas, ligeras como la nata, se alzaban sobre la estación de sombreada fachada blanca.
—¿Te pasarías la vida entera conmigo?
Él no tenía conciencia de registrar las palabras. No más que las imágenes o los olores. ¿Cómo hubiera podido adivinar que volvería a vivir esta escena diez, veinte veces, y más aún, y cada vez con un estado de ánimo diferente, cada vez viéndola desde otro ángulo?
Durante meses se esforzaría en recordar cualquier detalle, y no siempre por propia voluntad sino porque otros le iban a obligar a hacerlo.



Jean Claude Fonder

Las estaciones

Fue une verdadero regalo en verano: En una iglesia de Milán, San Pietro in Gessate, Fabio Bondi y su conjunto Europa Galante interpretaron magistralmente «Las cuatro estaciones» de Antonio Vivaldi. El famoso músico en esta obra es particularmente innovador, su música es descriptiva más que melódica. Bastará leer durante la escucha los sonetos que la inspiraron.

He asociado a este obra maestra musical, «Canción de otoño» de Paul Verlaine que es  también muy descriptivo con la música de sus palabras  y «La cometa» de Francisco Jose de Goya y Lucientes, que evoca admirablemente, para mi, con su luz y sus colores,  la ambiente de la obra de Vivaldi.

La cometa. Francisco Jose de Goya y Lucientes (1777-1778)

Ce fut un vrai régal en été: Dans une église de Milan, San Pietro in Geste, Fabio Bondi et son ensemble Europa Galante interprétèrent magistralement “Les quatre saisons” de Antonio Vivaldi. Le célèbre musicien dans cette oeuvre est particulièrement innovateur, sa musique est descriptive plus que mélodique. Il suffira durant l’écoute de lire les sonnets qui la inspirèrent.
J’ai associé à ce chef d’oeuvre musical, “Canción de otoño” de Paul Verlaine qui lui aussi est très descriptif avec la musique de ses mots et “La compta” de Francisco Jose de Goya y Lucites, qui évoque admirablement, selon moi, avec sa lumière et ses couleurs,  l’atmosphère de l’oeuvre de Vivaldi.


«LAS CUATRO ESTACIONES» DE ANTONIO VIVALDI  ACCADEMIA BIZANTINA – STEFANO MONTANARI

(He tenido que substituir la interpretación de Fabio Bondi por la de Stefano Montanari que me ha siempre encantado).

LA PRIMAVERA

Allegro
Voici le Printemps,
Que les oiseaux saluent d’un chant joyeux.
Et les fontaines, au souffle des zéphyrs,
Jaillissent en un doux murmure.

Ils viennent, couvrant l’air d’un manteau noir,
Le tonnerre et l’éclair messagers de l’orage.
Enfin, le calme revenu, les oisillons
Reprennent leur chant mélodieux.

Largo
Et sur le pré fleuri et tendre,
Au doux murmure du feuillage et des herbes,
Dort le chevrier, son chien fidèle à ses pieds.

Allegro
Au son festif de la musette
Dansent les nymphes et les bergers,
Sous le brillant firmament du printemps.

Allegro
Llegó la primavera y de contento
las aves la saludan con su canto,
y las fuentes al son del blanco viento
con dulce murmurar fluyen en tanto.

El aire cubren con su negro manto
truenos, rayos, heraldos de su adviento,
y acallándolos luego, aves sin cuento
tornan de nuevo a su canoro encanto.

Largo
Y así sobre el florido ameno prado
entre plantas y fronda murmurante
duerme el pastor con su fiel perro al lado.

Allegro
De pastoral zampoña al son chispeante
danzan ninfa y pastor bajo el techado
de primavera al irrumpir brillante.

L’ESTATE

Allegro non molto – Allegro
Sous la dure saison écrasée de soleil,
Homme et troupeaux se languissent,
et s’embrase le pin.
Le coucou se fait entendre, et bientôt
d’une seule voix
Chantent la tourterelle et le chardonneret.

Zéphyr souffle doucement, mais, tout à coup,
Borée s’agite et cherche querelle à son voisin.
Le pâtre s’afflige, car il craint
L’orage furieux, et son destin.

Adagio – Presto – Adagio
À ses membres las, le repos est refusé :
La crainte des éclairs et le fier tonnerre
Et l’essaim furieux des mouches et des taons.

Allegro
Ah, ses craintes n’étaient que trop vraies,
Le ciel tonne et fulmine et la grêle
Coupe les têtes des épis et des tiges.

Allegro non molto – Allegro
Bajo dura estación del sol ardida
mústiase hombre y rebaño
y arde el pino;
lanza el cuco la voz
y pronto oída
responden tórtola y jilguero al trino.

Sopla el céfiro dulce y enseguida
Bóreas súbito arrastra a su vecino;
y solloza el pastor, porque aún cernida
teme fiera borrasca y su destino.

Adagio – Presto – Adagio
Quita a los miembros laxos su reposo
el temor a los rayos, truenos fieros,
de avispas, moscas, el tropel furioso.

Allegro
Sus miedos por desgracia son certeros.
Truena y relampaguea el cielo y grandioso
troncha espigas y granos altaneros.

L’AUTUNNO

Allegro
Par des chants et par des danses,
Le paysan célèbre l’heureuse récolte
Et la liqueur de Bacchus
Conclut la joie par le sommeil.

Adagio molto
Chacun délaisse chants et danses :
L’air est léger à plaisir,
Et la saison invite
Au plaisir d’un doux sommeil.

Allegro
Le chasseur part pour la chasse à l’aube,
Avec les cors, les fusils et les chiens.
La bête fuit, et ils la suivent à la trace.

Déjà emplie de frayeur,
fatiguée par le fracas des armes
Et des chiens, elle tente de fuir,
Exténuée, mais meurt sous les coups.

Allegro
Celebra el aldeano a baile y cantos
de la feliz cosecha el bienestar,
y el licor de Baco abusan tantos
que termina en el sueño su gozar.

Adagio molto
Deben todos trocar bailes y cantos:
El aire da, templado, bienestar,
y la estación invita tanto a tantos
de un dulcísimo sueño a bien gozar.

Allegro
Al alba el cazador sale a la caza
con cuernos, perros y fusil, huyendo
corre la fiera, síguenle la traza;

Ya asustada y cansada del estruendo
de armas
y perros, herida amenaza
harta de huir, vencida ya, muriendo.

L’INVERNO

Allegro non molto
Trembler violemment dans la neige étincelante,
Au souffle rude d’un vent terrible,
Courir, taper des pieds à tout moment
Et, dans l’excessive froidure, claquer des dents;

Largo
Passer auprès du feu des jours calmes et contents,
Alors que la pluie, dehors, verse à torrents;

Allegro
Marcher sur la glace, à pas lents,
De peur de tomber, contourner,

Marcher bravement, tomber à terre,
Se relever sur la glace et courir vite
Avant que la glace se rompe et se disloque.

Sentir passer, à travers la porte ferrée,
Sirocco et Borée, et tous les Vents en guerre.
Ainsi est l’hiver, mais, tel qu’il est, il apporte ses joies.

Allegro non molto
Temblar helado entre las nieves frías
al severo soplar de hórrido viento,
correr golpeando el pié cada momento;
de tal frió trinar dientes y encinas.

Largo
Pasar al fuego alegres, quietos días
mientras la lluvia fuera baña a ciento;

Allegro
caminar sobre hielo a paso lento
por temor a caer sin energías.

Fuerte andar, resbalar, caer a tierra,
de nuevo sobre el hielo ir a zancadas
hasta que el hielo se abra en la porfía.

Oír aullar tras puertas bien cerradas
Siroco, Bóreas, todo viento en guerra.
Esto es invierno, y cuánto da alegría.

«CANCIÓN DE OTOÑO» (CHANSON D’AUTOMNE),
DE PAUL VERLAINE

Chanson d’Automne

 

Les sanglots longs
des violons
de l’automne
blessent mon coeur
d’une langueur
monotone.

Tout suffocant
et blême, quand
sonne l’heure,
je me souviens
des jours anciens
et je pleure.

Et je m’en vais
au vent mauvais
qui m’emporte
deçà, delà,
pareil à la
feuille morte.

De Poèmes saturniens,1866

Canción de otoño

 

Los sollozos más hondos
del violín del otoño
son igual
que una herida en el alma
de congojas extrañas
sin final.

Tembloroso recuerdo
esta huida del tiempo
que se fue.
Evocando el pasado
y los días lejanos
lloraré.

Este viento se lleva
el ayer de tiniebla
que pasó,
una mala borrasca
que levanta hojarasca
como yo.

De Poemas saturninos, 1866.
Versión de Carlos Pujol


Jean Claude Fonder

La mirada

Dos enormes fotografías de pinturas barrocas ornaban las paredes de uno de los bares del barco. Estábamos de crucero. Una de ellas representaba «Los músicos» de Caravaggio, la otra, no nos acordamos de qué  pintor se trataba, aunque el estilo era muy similar. Lo que más nos fascinaba de ella era la mirada del personaje del sombrero situado al lado del dios Baco. Una mirada obsesiva y a la vez irónica que nos cautivaba cada vez que pasábamos delante de ella. Tomamos a menudo el aperitivo en ese bar.

Diego Velázquez, El triunfo de Baco (Los Borrachos) Museo del Prado, 1629

Deux énormes photographies de peintures baroques ornaient las parois d’un bar sur le bateau qui nous emmenait en croisière. L’une d’entr’elles représentait «Les musiciens» de Caravagge, l’autre nous ne nous rappelions pas quel peintre elle reproduisait, bien que le style était similaire. Ce qui nous fascinait dans celle-ci c’était le regard du personnage central avec chapeau qui était à côté du dieu Bacchus. Un regard obsessif et ironique tout à la fois qui nous captivais chaque fois que nous passions devant elle. Nous prîmes souvent l’apéritif dans ce bar. 

Os propongo tres obras: “Los borrachos” de Diego Velázquez, “El borracho” de Guy de Maupassant y “Amsterdam” de Jacques Brel.

Le vent du nord soufflait en tempête, emportant par le ciel d’énormes nuages d’hiver, lourds et noirs, qui jetaient en passant sur la terre des averses furieuses.
La mer démontée mugissait et secouait la côte, précipitant sur le rivage des vagues énormes, lentes et baveuses, qui s’écroulaient avec des détonations d’artillerie. Elles s’en venaient tout doucement, l’une après l’autre, hautes comme des montagnes, éparpillant dans l’air, sous les rafales, l’écume blanche de leurs têtes ainsi qu’une sueur de monstres.
L’ouragan s’engouffrait dans le petit vallon d’Yport, sifflait et gémissait, arrachant les ardoises des toits, brisant les auvents, abattant les cheminées, lançant dans les rues de telles poussées de vent qu’on ne pouvait marcher qu’en se tenant aux murs, et que les enfants eussent été enlevés comme des feuilles et jetés dans les champs par-dessus les maisons.
On avait halé les barques de pêche jusqu’au pays, par crainte de la mer qui allait balayer la plage à marée pleine, et quelques matelots, cachés derrière le ventre rond des embarcations couchées sur le flanc, regardaient cette colère du ciel et de l’eau.
Puis ils s’en allaient peu à peu, car la nuit tombait sur la tempête, enveloppant d’ombre l’Océan affolé, et tout le fracas des éléments en furie.
Deux hommes restaient encore, les mains dans les poches, le dos rond sous les bourrasques, le bonnet de laine enfoncé jusqu’aux yeux, deux grands pêcheurs normands, au collier de barbe rude, à la peau brûlée par les rafales salées du large, aux yeux bleus piqués d’un grain noir au milieu, ces yeux perçants des marins qui voient au bout de l’horizon, comme un oiseau de proie.
Un d’eux disait:
– Allons, viens-t’en, Jérémie. J’allons passer l’temps aux dominos. C’est mé qui paye.
L’autre hésitait encore, tenté par le jeu et l’eau-de-vie, sachant bien qu’il allait encore s’ivrogner s’il entrait chez Paumelle, retenu aussi par l’idée de sa femme restée toute seule dans sa masure. … (+)

El viento del norte soplaba tempestuoso, arrastrando por el cielo enormes nubes invernales, pesadas y negras, que arrojaban al pasar sobre la tierra furiosos chaparrones.
El mar encrespado bramaba y azotaba la costa, precipitando sobre la orilla olas enormes, lentas y babosas, que se desplomaban con detonaciones de artillería. Llegaban suavemente, una tras otra, altas como montañas, esparciendo en el aire, bajo las ráfagas, la espuma blanca de sus crestas, igual que el sudor de un monstruo.
El huracán se precipitaba en el vallecito de Yport, silbaba y gemía, arrancando las pizarras de los tejados, rompiendo los sobradillos, derribando las chimeneas, lanzando por las calles tales rachas de viento que sólo se podía andar sujetándose a las paredes, y capaces de levantar a                                                                                           un niño como si fuera una hoja y de arrojarlo al campo por encima de las casas.
Las barcas de pesca habían sido sirgadas hasta el pueblo, por miedo al mar que iba a barrer la playa cuando subiese la marea, y algunos marineros, ocultos tras el redondo vientre de las embarcaciones tumbadas de costado, contemplaban a aquella cólera del cielo y del agua.
Después se marchaban poco a poco, pues la noche caía sobre la tormenta, envolviendo en sombras el océano enloquecido, y todo el estruendo de los irritados elementos.
Quedaban aún dos hombres, las manos en los bolsillos, encorvados bajo la borrasca, el gorro de lana calado hasta los ojos, dos corpulentos pescadores normandos, con una sotabarba áspera, con la piel quemada por las saladas ráfagas de alta mar, de ojos azules con una pinta negra en el centro, esos ojos penetrantes de los marinos que ven a lo lejos en el horizonte, como un ave de presa.
Uno de ellos decía:
-Hala, vente, Jérémie. ¿Qué tal si echamos una partida de dominó? Yo pago.
El otro vacilaba aún, tentado por el juego y el aguardiente, sabiendo perfectamente que iba a emborracharse una vez más si entraba en la taberna de Paumelle, contenido también por la idea de su mujer, que se había quedado completamente sola en la casucha. … (+)

(Guy de Maupassant, L’ivrogne)

Jacques Brel, Amsterdam escuchar

Jean Claude Fonder

Impresiones

«Soy un impresionista, quiero decir que disfruto del arte a través de mis impresiones. Creo que cualquier obra tiene que hablarme con lenguaje propio: la literatura, el teatro, la música, la pintura, la escultura, la  arquitectura, el cine, la fotografía …
Me gusta confrontarme directamente con la obra, probar sensaciones, conmoverme ante de ella sin recurrir a ningún elemento intelectualista o reflexivo. Dejando así que solo la obra, y eventualmente su contexto y mi capital cultural personal, puedan enriquecer nuestra relación. Relación que, por este motivo, será única e irrepetible en el tiempo y en el espacio.»

Joaquim Sunyer, El maquillaje, 1907
Joaquim Sunyer, El, 1907

«Je suis un impressionniste, ce qui signifie que j’apprécie l’art au travers de mes impressions. Je crois que tout art doit s’exprimer avec le langage qui lui est propre: la littérature, le théâtre, la musique, la peinture, la sculpture, l’architectura, le cinema, la photographie …
Il me plait de me confronter directement avec l’oeuvre, d’éprouver des sensations, de m’émouvoir devant elle sans recourir à aucun élément intellectualiste ou réflexif. De façon que seule l’oeuvre, et éventuellement son contexte et mon capital culturel personnel, peuvent enrichir notre relation. Relation qui, pour ce motif, sera unique et impossible à reproduire.»

Os propongo tres obras: “El maquillaje” de Joaquim Sunyer, un extracto de “Sodome et Gomorrhe” de Marcel Proust y el preludio de “Pelléas et Mélisande” de Claude Debussy.

« Quel chef-d’œuvre que Pelléas ! s’écria Mme de Cambremer, j’en suis férue » ; et s’approchant de moi avec les gestes d’une femme sauvage qui aurait voulu me faire des agaceries, s’aidant des doigts pour piquer les notes imaginaires, elle se mit à fredonner quelque chose que je supposai être pour elle les adieux de Pelléas, et continua avec une véhémente insistance comme s’il avait été d’importance que Mme de Cambremer me rappelât en ce moment cette scène, ou peut-être plutôt me montrât qu’elle se la rappelait. « Je crois que c’est encore plus beau que Parsifal, ajouta-t-elle, parce que dans Parsifal il s’ajoute aux plus grandes beautés un certain halo de phrases mélodiques, donc caduques puisque mélodiques. — Je sais que vous êtes une grande musicienne, Madame, dis-je à la douairière. J’aimerais beaucoup vous entendre. »

“-¿Qué obra maestra, Peleas! -exclamó la señora de Cambremer-. Estoy amartelada”; y acercándoseme con los gestos de una mujer salvaje que hubiese querido hacerme melindres, ayudándose con los dedos para picar las notas imaginarias, se puso a tararear algo que supuse debía ser para ella los adioses de Péleas, y continuó con una insistencia vehemente, como si fuese importante que me recordara la escena en ese momento o mejor, me demostrase que la recordaba. “Creo que es más hermoso aún que Parsifal -agregó-, porque en Parsifal, junto a grandes bellezas se encuentra un halo de frases melódicas; por consiguiente, caducas ya que melódicas”. “-Sé que es usted muy música, señora -le dije a la dueña-. Me agradaría mucho poder oírla”.

(Marcel Proust, Sodome et Gomorrhe)

Claude-Debussy-al-piano
Debussy: Pelléas et Molisane: escuchar

Jean Claude Fonder

Un paseo por la Mitteleuropa y el Adriático

Apuntes de viaje

Europalia 87 Österreich Hundertwasser

Austria, Salzburgo, Mozart, Viena, Mahler, Richard Strauss, Berg, Schoenberg, la secesión, Hoffmann, Horta, el Art nouveau, Klimt, Schiele, Schnitzler, Hofmansthal, Kafka… Esta enumeración define un amor nacido en Bruselas, que también es una gran ciudad del imperio Austrohúngaro. En los años 80 surge Europalia Austria: un formidable evento en el que se hacen exposiciones, conciertos y animaciones por toda la ciudad, en conmemoración de un país de Europa, Austria. Se restaura un café vienes en el Palais des Beaux-Arts, un edificio de estilo art nouveau construido por Víctor Horta, lo que originó una insaciable hambre de conocer todo acerca de esta cultura que mezclaba decadencia y renovación. Leí toda la obra de Schnitzler, fuimos a Viena y a Salzburgo numerosas veces, y cuando me trasladé a Italia por trabajo conocí Trieste, la ventana del imperio austrohúngaro que asoma al Mediterráneo.

Trieste es un raro cóctel de cultura italiana y austriaca, los habitantes de esta provincia se consideran como formando parte de una entidad que llaman mitteleuropa, término que Claudio Magris, triestino famoso, en un interesante artículo (Il fascino di una parola), define como vago y cargado de una resonancia mítica. Todo ello se percibe en el estilo de vida, en el modo de ser y en una infinidad de pequeños detalles que constituyen el encanto de esta preciosa ciudad.

Con dos amigos de Trieste planeamos un viaje por el Adriático hacia Olympia. Estuvimos en Trieste un par de días antes de embarcar. Nos alojamos en el hotel Duchi di Aosta que está en la plaza Unità d’Italia, la principal plaza de la ciudad, desde allí uno tiene la impresión de que el mar entra en ella y se deja abrazar. Un edificio histórico de estilo veneciano que se convirtió en hotel en 1873, quién sabe cuántos personajes importante habrán pasado por allí. Casanova estuvo allí algunos meses, el personal del hotel nos enseñó su habitación. Una réplica del Harry’s bar de Cipriani en Venecia, ocupa el lugar del restaurante, y qué restaurante, defiende sin duda la comparación con el original, sobre todo las dos espléndidas arañas en vidrio de Murano de sus salones.

No teníamos mucho tiempo, pero aun así fuimos al café San Marco, el café preferido de Claudio Magris, donde prácticamente le tienen reservada una mesa. Es un café histórico, de 1914, pero ante todo es un café en la concepción austriaca, es decir un lugar donde vivir, trabajar, comer, reunirse y donde tomar un café sentado para charlar con los amigos. La sorpresa, agradable, fue que un nuevo dueño había trasformado una ala en libraría.

Desde Trieste embarcamos para hacer un crucero de una semana. El barco, estaba amarrado casi en la plaza Unitá d’Italia, y cuando zarpamos, se veía como se la plaza se iba alejando. Grecia nos esperaba al final del Adriático.

El mar veneciano pasó a estar bajo la influencia de Austria cuando ésta se apoderó de la ciudad de la laguna, y poco después el imperio turco se dividió. Un largo paseo por las ciudades que conforman su orilla:

  • Split (Spalato) en Croacia y el precioso palacio del emperador Diocleciano originario de esta ciudad.
  • Kotor en Montenegro y su fiordo impresionante, el más meridional de Europa, llamado también las bocas de Kotor, hermosa y acogedora.
  • Katacoló en Grecia, el puerto para visitar Olympia
  • Corfú en Grecia, veneciana hasta las guerras napoleónicas. La ciudad es estupenda, como toda la isla, y tiene todavía  huellas  importantes de su pasado bajo la dominación de la república marinara.
  • Dubrovnik o Ragusa en Croacia, antes de Napoléon estuvo por poco tiempo bajo el dominio de Venecia, después se constituyó en una república marinara independiente como las otras cuatro italianas (Venecia, Genova, Pisa y Amalfi). Posteriormente también ella pasó a los austriacos. Es una maravilla.
  • Venecia, la Serenísima, es única en el mundo, su belleza es inagotable, cada vez que volvemos a verla nos gusta un poco más. Venecia fue fundada en el siglo V, buscándose en su particular geografía, la protección contra los ataques de los pueblos germanos. Inicialmente se encontraba bajo el gobierno del Imperio Romano de Oriente, pero poco a poco fue independizándose de él. Durante varios siglos, ya constituida en república marinare, se especializó en la navegación y desarrolló un poderío marítimo que le permitió dominar el comercio del  Adriático y del Mediterráneo. De nuevo es Napoléon quien pone fin a esta gran aventura. Tras su derrota, son los austrohúngaros los que toman el puesto de los franceses.

En todas estas ciudades, excepto en Katacoló hay una indudable presencia de la arquitectura veneciana y a veces austriaca, pero se observaba también una clara voluntad de afirmar la identidad eslava de los países de la antigua Dalmacia. Esto se entiende, después de las guerras de independencias contra las potencias que les dominaron. Solo en Trieste se percibe una cierta nostalgia por la cultura de la Mitteleuropa, aunque prefiere ser italiana.

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Trieste a la que finalmente llegamos,  volviendo a encontrarla en la luz plateada de la mañana.


Jean Claude Fonder

Los laberintos voladores

Los Laberintos voladores

Me desperté esta mañana muy temprano. La verdad es que había dormido poco. Una noche difícil en la que los sueños abundaban. No encontraba el laberinto de Borges.

La versión pdf, o sea la cabeza de un animal raro que había creado para intentar organizar los textos, los escritos y los apuntes de los talleres de escritura creativa había desaparecido. Lo había hecho delante de mis narices, y ningún buscador podía volver a encontrarlo.

Mi sistema está compuesto por carpetas situadas en el «cloud», la nube, un género de  laberinto también, una muchedumbre de enlaces que liga espacios digitales hundido en un mar de «servidores» distribuidos por el mundo, en lugares desérticos y fríos.

Por ejemplo el laberinto de Borges, lo había encontrado en internet en una página que calificaría de esotérica, quizás llena de virus malignos, había seleccionado y copiado el texto y lo había pegado en una página de Page, la herramienta de escritura de la Apple. Esta página la había salvado en una carpeta llamada “laberinto”. Después la había convertido al formado PDF para clasificarla en una carpeta homónima de mi lector de libros digitales, iBook. Todo eso estaba en la nube, obviamente.

Lo intenté 6 veces, cada vez que lo hacía la página desaparecía. Me fui a la cama con mi laberinto volador perdido en la nube. Quizás consiga encontrarlo con la ayuda de mis sueños borgesianos. «La noche te trae consejos», decimos en francés, pero en este caso, nada. Intenté por enésima vez convertir el laberinto de Page al lector iBook, veía como procesaba el convertidor, después aparecía por un instante la pagina en PDF, e, inmediatamente desaparecía.

¿Era Borges? ¿Era el realismo mágico? No me lo podía creer. Está bien en literatura y también en pintura, me gusta muchísimo Magritte, mi connacional, pero que pueda ocurrir en mi vida, en mi ordenador… me parecía imposible. Tenía un virus, o quizás estaba escondido en la página internet un poco rara de la que había copiado el texto de Borges. Tenía que hacer todo de nuevo, buscar otra página y recrear un nuevo documento. Pero no la encontré, y el tiempo pasaba, tenía que ir al taller.

Estaba a punto de tirar la toalla (algo que mi carácter no suele aceptar) cuando de repente lo entendí. Había dejado en el seleccionador de página la palabra labirinto, del francés, mi idioma, labyrinthe, un error lexical casi borgesiano, este hombre nutrido de cultura etimológica. La cambié y enseguida aparecieron los siete laberintos voladores.


Jean Claude Fonder

Fin de semana en Madrid – Mayo 2015

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Hoy hemos llegado a Madrid.
Un hotel espectacular.
Un sol primaveral
El aire, el ambiente …
¿qué más se puede pedir?

En el hotel al que vamos siempre no tenían habitaciones, así que fuimos al hotel Vincci-Capitol que es formidable: estilo años 30, bodas flotantes, la Gran vía … y  Callao (desayuno en La Central o en le «Pain Quotidien»).

Hemos comido con Susana en Entrevinos, estupendo.


¡Hoy en Italia es el día de la madre! Nos vamos de compra.

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 Ayer de nuevo lo pasamos muy bien. Fuimos a la Fundación Juan March para ver una exposición muy buena de «Arte deco» con nuestra amiga Kristina. Después cenamos con nuestra amiga Susana en el «Atelier belge», mucho mejor que los restaurantes belgas de Milán, con las patatas fritas buenísimas y las fabulosas croquetas de quisquillas con perejil frito y sin, por supuesto, olvidar las cervezas belgas. ¡Riquísimo!

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 Ayer vimos  «Hendaya» en el simpático teatro del Barrio (en el  también simpático barrio de Lavapiés). Es un teatro alternativo, un buen consejo de nuestro amigo Félix.

Nos divertimos mucho, era una magistral caricatura de los 4 personajes principales que participaron en la conferencia que tuvo lugar en Hendaye, pueblo francés fronterizo con El País Vasco: Franco y su cuñaoooo, Hitler y Von Ribbentrop. Seguro que te habría gustado muchísimo. Además se burlaba inteligentemente de todos los tópicos: españoles, franquistas, alemanes, nazis, comedias musicales … Se entendía muy bien aunque obviamente no pillamos todos los detalles a los que se alude. Cenamos en el barrio muy simpáticamente.

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Anoche fuimos a Casa Patas, como solemos hacer cada vez que pasamos algunos días en Madrid.  La comida era perfecta y el espectáculo excepcional, uno de los mejores que hemos visto allí. Una mezcla de flamenco, de jazz y de «fado»:

Baile: JOSÉ BARRIO, MARIANA COLLADO; Al cante: NAIKE PONCE; Al toque: ISAAC MUÑOZ; A la percusión: JOSÉ Mª URIART; Saxo y vientos: PEDRO ESPARZA; Cantante: SUSANA RUIZ.


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Hemos quedado en La Central con María Eulalia, una amiga a la que sigo y que me sigue también mucho en Internet, y con su marido Alejandro, los dos son amigos de Clara Obligado. La próxima vez iremos a visitarles a Segovia.

a cambio de nada

En el cine vimos «A cambio de nada» de Daniel Guzmán, una opera prima vencedora este año en el festival de Málaga. Es muy buena. Trata de la adolescencia con todos los peligros que conlleva pero que son también una lección de vida. Lo que nos ha convencido de esta película es su enorme sensibilidad: explota de veracidad.


Dufy

Último día, el calor aumenta, hemos visto la exposición Dufy en el Thyssen, es maravillosa, pequeña, pero con muchos cuadros importantes. Hemos probado un restaurante italiano, después de cinco días teníamos ganas de pasta. La pasta está fresca y «al dente». El cocinero, un «abruzzese», es muy simpático como todo y todos en este restaurante que se llama Casa Marco.

Mañana despegamos a las 9,15h.

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Fin de semana en Madrid – Mayo 2015

Jean Claude Fonder

Dos milaneses en Madrid (II) – Marzo – Abril 2014

La Columna de Jean Claude Fonder

En primavera el tiempo es variable, casualmente fue la lluvia la que nos acogió en Madrid. Nos es la primera vez que ocurre pero el encanto de esta maravillosa ciudad funciona lo mismo. Susana y Kristina, nuestras amigas madrileñas, son óptimas anfitrionas. Con ellas compartimos el gusto por el arte, la literatura, el cine y todas las actividades culturales. Susana, además conoce muy bien la historia de su ciudad. Descubrir Madrid y sus bellezas escondidas, participar en su vida cultural y vivir con ellas su ambiente único  es un privilegio.

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Este año conocimos a María Eulalia en la librería Central, ese lugar mágico del que hablamos en nuestro viaje anterior. María Eulalia es también una persona mágica. Nos conocimos porque los dos somos seguidores de la página del otro en internet, la suya es estupenda. Además es una amiga de Ana, nuestra querida bibliotecaria.  Ayer descubrí también que es amiga de Clara Obligado, la fantástica escritora de «El libro de los viajes equivocados» que nos gustó tanto a todos los del club de lectura.

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Este año no hemos ido a ningún espectáculo porque Gérard Mortier murió recientemente, y querríamos quedarnos con su recuerdo.

Ópera

Empezaré hablando de las exposiciones que vimos:

En el museo Thyssen-BornemiszaDarío de Regoyos (Ribadesella, Asturias, 1857-Barcelona, 1913), es el principal representante español del impresionismo. Fue un verdadero descubrimiento, no lo conocíamos absolutamente, ni siquiera su nombre. Además estudió en Bruselas, donde se trasladó en 1879. Conoció a pintores belgas, como James Ensor y Théo van Rysselberghe; y franceses como Camille Pissaro, George Pierre Seurat y Paul Signac que indudablemente lo influenciaron. Su estilo en continua evolución recorrió un poco todo el periodo impresionista, sus obras son en mayoría paisajes muy coloridos y con la luz esplendente  del Mediterráneo.

Darío de Regoyos

En la fundación MAPFRE: Picasso en el Taller, es seguramente una de las más interesantes exposición de Picasso que hemos visto, y puedo asegurados que vimos muchísimas exposiciones y visitamos casi todos los museos dedicados a él. Había obras que no conocíamos,  muchas de colecciones privadas. No era demasiado grande y, con este tema de los talleres, se recorría todos los periodos de este inmenso y tan variado artista.

En la SALA CANAL DE ISABEL II: Exposición «La cámara indiscreta. Tesoros cinematográficos de Magnum Photos»

El lugar donde se presenta esta exposición es ya de por sí muy espectacular. Es una Torre de agua de la Fundación El Canal de Isabel II, que es la empresa pública dependiente de la Comunidad de Madrid de distribución de agua potable. Las fotos de la agencia Magnum, las de la agencia de Robert Capa o de Henry Cartier-Bresson, son excepcionales y nos recuerdan películas famosas que todos conocemos, pero ofreciéndonos puntos de vista diferentes a través de las fotos sacadas por el fotógrafo del plató enviado por la famosa agencia.

Para protegernos de la lluvia o para aprovechar los intervalos de sol visitamos lugares emblemáticos de Madrid:

Residencia de estudiantes

Es un lugar cargado de mucha historia, pero para mi es también el protagonista de una novela que me gustó muchísimo: “La noche de los tiempos”de Antonio Muñoz Molina. Me gusta su arquitectura y sobre todo el mobiliario. Además las ideas krausistas que promovían se corresponden con las de la Universidad libre de Bruselas.

Documental RTVE 100 años de Residencia de estudiantes

«El Palace» : un hotel de lujo, hermoso, donde, me dijo Susana, se celebró la primera victoria socialista de la democracia y se reunió un gabinete de crisis la noche del 23F (golpe del 1981)

“El jardín botánico”, muy agradable y relajante cuando después de la lluvia asoma el sol.

“La librería 8 1/2” , a la que ya fuimos el año pasado, porque es un lugar  fantástico, y ademas estratégico porque está situado delante del cine.

Porque fuimos cuatro veces al cine. A Marie Louise gusta muchísimo, y, en Madrid, podemos ver películas, obviamente españolas o, también extranjeras pero en versión original subtituladas. Lo que en Italia no es siempre posible por una estúpida convicción de los distribuidores, que dicen que en Italia, hay una escuela de doblaje perfecta. Se les olvida que una película doblada asemeja poquísimo a la obra original.

Vimos 4 películas, 3 buenísimas y una que a nosotros no nos gustó aunque a mucha gente le guste:

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The Grand Budapest Hotel de Wes Anderson

Una fabulación típicamente anglosajona que intenta ser cómica, pero que para nosotros, es solamente grotesca.

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Oh Boy

Oh Boy de Jan Ole Gerster

Una película muy sensible y admirablemente interpretada que pone en escena las dificultades de un joven de hoy para insertarse en la sociedad alemana.

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Vivir es fácil con los ojos cerrados de David Trueba

Es la película ganadora de los premios Goya. Maravillosamente interpretada por Javier Cámara es un genero de “road movie” al estilo español. Te da mucha alegría. Afortunadamente, podremos verla en Italia durante el festival de cine español (8-13 de mayo en Roma y 15-18 de mayo en Milan)

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Obviamente visitamos también lugares emblemáticos de la gastronomía española:

Casa Labra, una casa que practica la costumbre de las tapas desde hace 150 años. Aquí podemos inspirarnos para nuestro tapañol milanés. Os dejo algunos componentes de la lista:

  • Caña de Cerveza – 1,25 €
  • Tajada de bacalao – 1,40 €
  • Croqueta de bacalao – 0,90 €
  • Banderilla de Atún en Escabeche – 1,25 €
  • Empanadilla de Carne – 1,25 €

 

Chocolatería San Gines  abierta todos los días del año 24 horas para servirte el desayuno (chocolate con churros) al alba después de una noche en la movida madrileña.

Pastelleria la Mallorquina para comprar entre otras dulzuras las famosas Napolitanas.

Fuimos también a otros lugares que conocíamos y que os recomiendo.

Entrevinos un bar de vinos con tapas y raciones creativas

Taberna Real restaurante clásico, pero muy bueno, al que todos, artistas y público van después de la ópera en el Teatro Real.

Casa Patas buenísimo aunque se pueda pensar que es turístico.

La Taberna Dolores el mejor bar de tapas de Madrid. (tapa de anchoa extraordinaria)

Descubrimos también  dNorte donde comimos una excelente Tajada de bacalao rebozado con piquillo confitado.

No podíamos dejar Madrid sin ir a Casa Patas donde se come muy bien aunque aparentemente sea un lugar turístico.

Como siempre después de la cena asistimos a un buenísimo espectáculo de flamenco con artistas de primer nivel en una sala de dimensión reducida. Un verdadero tablao que os aconsejo totalmente.


Nuestros otros viajes están documentados en estas páginas:


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 Exposición Picasso en el Taller en Fundación Mapfre en Madrid

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Exposición Darío de Regoyos – Museo Thyssen-Bornemisza

Jean Claude Fonder

Dos milaneses en Madrid – Marzo 2013

Fuimos de nuevo a pasar algunos días a Madrid para seguir construyendo una buena relación  con esta maravillosa ciudad, tan acogedora y llena de recursos culturales y de lugares extraordinarios. Además, ahora tenemos amigas y amigos que nos reciben con mucha simpatía.

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Esta vez ha sido verdaderamente excepcional desde todos los puntos de vista. Los espectáculos que hemos visto eran excepcionales, nuestras amigas Susana y Kristina, nos hicieron de guías para conocer librerías, cafés, fundaciones y salas de exposición, además de películas, tiendas, restaurantes….. en fin, el auténtico Madrid .

Empezaré hablando de las librerías café o librobares, una fórmula nueva e interesante para tener contacto con los libros. El libro electrónico está revolucionando el mundo de las editoriales y, aún más, el de las librerías. Estamos al principio, poca gente, todavía,   compra este nuevo medio que vehicula la palabra escrita, pero, hoy en día, parece claro que el cambio haya levantado el vuelo.

El libro tradicional no va a desaparecer, pero se verá completamente trasformado por las ventajas que trae el nuevo medio pero no voy aquí a abrir un debate sobre este tema. Lo que sí me parece muy claro es que se seguirá proponiendo, sugiriendo e informando sobre todo tipo de libros electrónicos o no. Y las librerías café pueden tener un papel muy importante en ello. Pueden ser un lugar agradable y creativo para pasar un rato charlando con los amigos, bebiendo y comiendo algo de calidad mientras que los niños se divierten con juegos adecuados, y todo ello rodeado de libros, que se pueden consultar, saborear. Además de la posibilidad de recibir consejos, participar en tertulias y presentaciones o formar parte de un club de lectura. Se reconstituye de este modo el concepto de «café littéraire» que tuvo tanto éxito en el pasado.

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Visitamos tres librerías de este tipo, aunque hayamos intentado visitar más, pero nos confundimos con los horarios, (los de Madrid son muy diferentes de los milaneses): La Buena Vida, y, la primera que visitamos, y que elegimos como cuartel general,  La Central de Callao,  (Artículo en el blog de Luis Zueco).

Compré tres libros:  Visión de la Memoria de Tomás Trantröner (Nobel de literatura 2011), un libro de poesía Crujido de Princesa Inca (Cristina Martín) y un libro de Enrique Flores:  Libro de Pares.

Adjunto un enlace sobre las librerías café:
El Mundo: Siete librerías y algo más

Madrid – Marzo 2013

Música : Edoardo Catemario, guitarra: Asturias (Albeniz), Capricio Arabe (Tarrega)

Seguimos ahora con las fundaciones y los espacios culturales. Tengo que precisar que los lugares son particularmente bonitos e interesantes en sí mismos como se podrá ver en el montaje fotográfico que realicé sobre este viaje:

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  • Fundación Telefonica  Exposición de fotografía extraordinaria de Virxilio Vieitez que nos muestra la España que precede en pocos años al final del franquismo a través de retratos conmovedores.
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  • Circulo de Bellas Artes Madrid La visita de la terraza en el tejado, fue extraordinaria ya que disfrutamos de una visibilidad excepcional. Como decía, Susana, la luz de Madrid.
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Visitamos, también, al Reina Sofia que ya conocemos bien, para sacar una foto del Miralda, Tri-Uni-Corn.

Lo más excepcional del viajes fueron los espectáculos que hemos visto:

  • Auditorio Nacional – Mahler Chamber Orchestra, Mitsuko Uchida, pianista y dirección Un nivel como el de Lucerna, tanto por la calidad de la sala (acústica y visibilidad) como por los intérpretes.
  • W.A. Mozart (1756-1791)
    • Concierto para piano y orquesta nº 17 en Sol mayor, K 453
  • B. Bartók (1881-1945)
    • Divertimento para orquesta de cuerda, SZ 113
  • W.A. Mozart (1756-1791)
    • Concierto para piano y orquesta nº 25 en Do mayor, K 503
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La orquesta tiene la perfección que caracteriza a las que fundó Abbado en Lucerna y los músicos que la forman lo demostraron con el Bartok espléndido que tocaron. La pianista que tocaba y dirigía la orquesta en las dos obras maestras de Mozart,  alcanzó a un nivel de delicadez y de musicalidad que podría compararse solamente con el de Clara Haskil.

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  • Casa Patas: Famosísimo tablao de Flamenco clásico con los mejores artistas del género. Nosotros vamos cada año, es siempre excepcional. (Ir al artículo)
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NO de Pablo Larrain
Sixto Rodriguez

No puedo terminar esta relación sin recordar que en Madrid se come muy bien y sobre todo se bebe una Mahou (cerveza) excepcional, basta ver en las fotos la espuma maravillosamente densa en las cañas fresquísimas. Adjuntaré algunos enlaces de lugares entre los mejores que frecuentamos:

Pero el mejor restaurante de Madrid es sin dudas casa Susana (muchísimas gracias a la madre de Susana). Comimos un jamón fantástico, la ensalada de Emilio (esperamos que nos envíe la receta), un arroz de chipirones en su tinta (creo), flan y «columba» italiana, con óptimos vinos españoles y para acompañar al postre un oporto delicioso.

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Jean Claude Fonder

En Madrid con Anastasia – Abril 2012

Para celebrar sus 18 años, fuimos a Madrid con nuestra nieta Anastasia. Visitamos las obras más importantes de la pintura española en el museo del Prado y en el Reina Sofía. El Guernica la impresionó mucho. Pero la exposición de Chagall en el Thyssen y en la Caja de Madrid fue lo que más nos llegó. La selección de pinturas, esculturas y dibujos era muy buena, recorría toda su obra en los diferentes periodos de su vida artística. Había muchas obras de colecciones privadas que nunca habíamos visto en las numerosas exposiciones a las que fuimos antes. Excepcionales, en particular, las guaches sobre papel del 1957-59, «El Circo de teoría de Teriade». Podéis visitar nuestro museo virtual para ver algunas de las obras presentadas y algunas que otra más.

Chagall en Madrid 2012
Música:
Dimitri Shostakovich
Borodin String Quartet
String Quartet No 9 In E Flat Op. 117: II Agagio
Casa Patas en Madrid – Abril 2012

Música: Antonio Torres, El Chato, Rincon de la Victoria
The Live and Death of Marina Abramovic

Musica: Antony

http://www.robertwilson.com/life-and-death-of-marina-abramovicAnastasia es una apasionada del dibujo y ha decidido estudiar artes gráficas. Creemos que ha encontrado su camino, se ha especializado en los Mangas japoneses. Sus dibujos, que copian obras existentes ya son impresionantes y está empezando a crear sus propios personajes. Antes de que nos acompañe a Madrid, vino a Milán porque había una importante exposición sobre los Mangas en el espacio comics “Wow” de Milán.
En Madrid fuimos también a Casa Patas, donde como siempre vimos un flamenco de altísimo nivel. Además las condiciones para verlo son ideales en una pequeña sala en torno a un tablao dónde los artistas se exhiben a pocos metros delante de ti Esta vez era un grupo moderno en el sentido de que no era el flamenco tradicional, los hombres eran excepcionales pero todos eran buenísimos, podéis verlos en las fotos y en el filmado Youtube donde falta solo la bailaora.
En el Teatro Real, vimos una creación nueva del famoso director estadounidense Robert Wilson, Marina Abramovic y la música y la voz de Anthony con el célebre actor William Dafoe: “The Live and Death of Marina Abramovic”. Se podría decir que es una refundación de la opera en el sentido de que se trata de una obra conjunta de diferentes artes, para intentar crear una obra total, pero en este caso los géneros son completamente actuales y no es un musical americano que yo consideraría como un género menor como lo fue la opereta para la ópera.
Gustó a un público mixto: aficionados al pop y a la música clásica y también a nosotros y a Anastasia. A lo mejor será la ópera del futuro. Mirad el video.
Nos gustó todo en Madrid, a pesar de un tiempo frío y ventoso: los restaurantes, los bares y obviamente las tapas. Son estupendas, las de anchoas en La Taberna Dolores, une de las más famosas de todo Madrid, excelentes también las del mercado San Miguel y las del mercado San Antón. Como restaurantes, comimos una rica paella valenciana en La Buganvilla, donde conocimos a dos canadienses de Montreal muy simpáticos, en Casa Patas, donde el jamón con una caña de cerveza Mahou es insuperable, y la Taberna Real para tomar porciones clásicas pero buenísimas después del teatro, y por último, el Bazaar, una óptima comida creativa, pero con precios baratos en un barrio muy animado por la noche que se llama Chueca.


Jean Claude Fonder