Clarice Lispector (1920-1977)


“Quién sabe, escribo por no saber pintar”

De Chirico

No todos saben que una de las más grandes novelistas brasileñas, Clarice Lispector, nacida en Ucrania en una familia rusa de origen judía emigrada en Brasil en 1922, se dedicó a partir de los años sesenta a las artes visuales, dejando como legado 22 cuadros, la mayoría pintados en madera durante los últimos años de su vida. 

El interés de la escritora por el mundo del arte había iniciado en Europa, durante su estancia entre los años 1944-1951 como esposa del diplomático Maury Gurgel Valente. Es allí donde entra en contacto con los círculos intelectuales y artísticos, posando incluso para algunos pintores como Giorgio De Chirico. Su incursión por las artes visuales no será, sin embargo, el tentativo fallido de una carrera paralela, sino más bien un modo de evadir a las rígidas estructuras literarias. 

“…escribir no me trajo lo que yo deseaba, -explica Lispector- es decir, la paz. Lo que me relaja, por increíble que parezca, es pintar. Es relajante y a la vez excitante mezclar colores y formas sin compromiso alguno. Es lo más puro que hago…¡pinto tan mal que da gusto! y no muestro mis cuadros a nadie.”

Del encuentro con la libertad del puro gesto creativo nace su obra abstracta, cuadros que parecen guiados por la pura improvisación: trazos nerviosos, círculos, rayas que se yuxtaponen, saturaciones intensas y contrastes, juego de formas, colores, materiales diversos de gran impacto expresionista, que por otro lado revelan los temas existenciales recurrentes en su poética: el miedo, la interioridad, la relación del ser con el caos, el cosmos, el impulso vital, la muerte. Obra que viene a la luz en el periodo en que se publica una de sus últimas novelas, Agua Viva (1973), cuya protagonista es justamente una pintora.

Para celebrar el centenario del nacimiento de Clarice Lispector el Instituto Moreira Salles de San Paulo ha albergado a fines de 2021 la exposición intitulada “Constelaçao Clarice.”



Adriana Langtry