La dependienta

Estaba guardando los vestidos que la persona anterior no había comprado cuando la puerta emitió un pequeño timbre y la fragancia vaga de un perfume barato invadió la tienda. ¡Una clienta!

Era imponente y ocupaba un espacio importante en la tienda. Una XXL sin duda.

— Quisiera un vestido pequeño para la tarde. ¿Podría usted proponerme algo?, me encantan los colores brillantes y las flores. – dijo con cierta agresividad.

Mala suerte, querida, pensé, nuestra colección es toda de colores neutros este invierno: marrón, beige y negro.

De lo poco que me quedaba de la temporada pasada encontré un vestido ligeramente ceñido, rosa vitamina y sin motivos, uno de alta costura con flores atemporales rosas y moradas oscuras sobre fondo violeta pálido, y otro completamente diverso de la colección de este año, un vestido de lana marrón claro con cuello de tortuga muy amplio sin cinturón.

La cliente entró en el probador y después de un cierto tiempo, o más bien un tiempo cierto – ni siquiera se hizo ver con los dos primeros vestidos – salió con el vestido marrón que ni siquiera podía disimular su vientre y sus fuertes muslos.

— ¡Qué bien! —exclamé. —usted está perfecta con este vestido. Muy elegante. Y además, está de moda este año. ¿No es así, Simona?

Mi compañera asintió con una gran sonrisa.

— Mire lo bien que le queda con este hermoso fular de seda, —añadí.

Le presenté el accesorio que iba con el vestido, un cuadrado de seda con estampados de color marrón sobre fondo negro. Un émulo de Hermes. Tengo que decir que me gustaba. 

Eso fue lo que me hizo ganar la batalla. 

Puse una pequeña muestra de nuestro perfume en el paquete y la llevé feliz hasta la salida.

Jean Claude Fonder