La inocencia de la nieve (2)

Primera parte https://wp.me/pcDIqM-rc

Hace una semana, Antonio me contó la terrible tragedia de la familia Coliman. El profesor Isacco Coliman, su esposa, las dos hermanitas y la vieja abuela, fueron arrestados por la SS y traslados a la prisión de S. Vittore, antecámara de la deportación a los campos de la muerte. El chivatazo fue de un vecino, Romano Tenconi, conocido fascista y delator.

El profesor Coliman fue mi profesor de historia y filosofía hasta 1938 cuando proclamaron las leyes raciales y tuvo que abandonar su trabajo. Era un hombre culto, inteligente, amable y simpático. Supongo que le caía bien porque a menudo me invitaba a su casa donde conocí a su mujer Ana, sus dos gemelas Giudy y Sara y la abuela Ester. Pasé con aquella familia momentos muy agradables en aquella casa increíble que ¡tenía más libros que muebles!

Entregándome el arma, el Comandante dijo — Chaval, la primera misión es como el primer amor, ¡nunca se olvida! Suerte Olmo.

Nieva. El cielo se va oscureciendo. A la luz de un solitario farol los copos de nieve parecen confeti dorados. La calle está desierta. Alrededor de mí un silencio ensordecedor roto solo por los latidos de mi corazón.

De repente el portal enfrente se abre. !Es él con su pastor alemán! En pocos segundos estoy en la calle. La nieve amortigua el ruido de mis pasos. Ya estoy a pocos metros de su espalda. Lo llamo.

—!Compañero Romano Tenconi, por 5000 liras vendiste una familia!

Se da vuelta. Ve mi arma. Saca la suya.

Un relámpago amarillo. Una mancha roja.

Así se acabó la inocencia de la nieve y la mía.

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Iris Menegoz