La desconocida

En una fría noche de invierno, Carlos había decidido dar una vuelta a la manzana. No podía conciliar el sueño, Tenía que pasear para quitarse esa mujer de su cabeza. La conoció en el bar donde solía ir sobre las ocho de la mañana para desayunar. Nunca saludaba al entrar. Siempre llevaba zapatos de tacones altos, que la obligaban a moverse de una forma sensual. Unos pantalones ajustados envolvían sus piernas perfectas. El pelo largo le caía por la espalda balanceándose suavemente a cada paso, sus labios pintados de rojo acentuaban su palidez. La mirada provocadora, la sonrisa casi de superioridad, de desafío. A penas la conocía pero estaba atrapado dentro de un deseo muy fuerte. Mientras seguía paseando por el barrio, pasando varias veces por la misma acera, una pequeña luz se encendió iluminando un poco la oscuridad. Una mujer estaba de pie detrás de la ventana. Llevaba una enagua de color amarillo. Parecía ella. De pronto la luz se apagó ¿Una broma de sus ojos? Sí, pero probablemente no. Miró de nuevo, la luz seguía encendiéndose y apagándose, dejándolo todo oscuro otra vez. Pensó entonces que esta mujer coqueteaba como si fuera una luciérnaga hembra iluminándose y apagándose en una noche cálida para atraer y confundir a los machos. El cortejo luminoso no podía continuar, era molesto. Entonces mientras la luz se apagaba se dio la vuelta y se fue.

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Raffaella Bolletti