Una pasión devastadora

Algún día despertaré y dejaré atrás la pesadilla en la que se ha convertido mi vida.  Tenía todo para ser feliz, una mujer enamorada, una profesión independiente y exitosa, cobraba muy bien.  Pero el trabajo absorbía todo mi tiempo, afectando mi relación de pareja. En casa se respiraba un clima de tensión. Fue así que, para aliviar el estrés y experimentar algo nuevo empecé a jugar a los juegos del ordenador, máquinas tragaperras, casinos en línea, apuestas deportivas. Y un día el final empezó. Como una piedra caí dentro de un pozo oscuro. El juego se había trasformado en una pasión obsesiva y descontrolada que me empujó a intentar más, así que poco a poco la pasión por apostar se fue haciendo más fuerte. Nunca me retiraba, aunque sabía que iba a perder. Seguía repitiéndome a mí mismo la mentira <<esto lo dejo cuando yo quiera>>. Me abandoné al juego disipando mi patrimonio. Harta de esta situación mi esposa se fue. Afortunadamente el trabajo me iba muy bien. El dinero cobrado a los clientes, siempre en efectivo, lo utilizaba para apostar y, claro, perder. Un día la suerte dio un giro a mi favor y empecé a ganar pensando <<sí, ahora por fin me he convertido en un jugador afortunado>>, pero fue como un relámpago y todo volvió como al principio. Una noche mirando hacia fuera, me di cuenta que en el jardín la planta del fruto de la pasión había florecido. Al abrir la ventana la fragancia de esas flores me inundó sacudiéndome de mi pesadilla. <<Sí, mañana despertaré y reanudaré mi vida.>>

Raffaella Bolletti