El carnaval del rebelde

Al enterarse de que el Carnaval de Venecia iba a empezar, pensó que sería una ocasión perfecta para él. ¿Era o no era el genio del disfraz? Entonces, a pesar de que tenía que cumplir su condena por haber sido un rebelde, aunque le costara mucho, estaba tan ansioso por divertirse, que dejando de lado su orgullo, pidió y obtuvo un permiso temporal para alejarse y asistir a esa fiesta elegante. Llegó a tiempo. El día había amanecido despejado y los canales reflejaban la luz del sol. Se puso su primer disfraz, un largo traje negro y una máscara blanca de nariz larga y decorada, que sólo dejaba ver sus ojos, y empezó a pasear por las calles en ese silencio típico de la ausencia de tráfico. La Fiesta Veneciana con la procesión de góndolas que había recorrido el Gran Canal había terminado, mientras continuaban los grandes bailes y los desfiles de los maravillosos disfraces de época. En el escenario de la Plaza de San Marcos se habían reunido miles de personas ocultas tras las máscaras, esperando el Vuelo del Ángel desde el campanario de la Iglesia, que se terminaría posándose en la plaza. Se puso su segundo disfraz, un lujoso traje de dama de época. Nadie le hizo caso. Subió al campanario y actuando como ángel empezó su descenso. Nada más tocar el suelo en medio de la muchedumbre que aplaudía alegre se quitó rápidamente el disfraz utilizado para el vuelo y se fue. El Carnaval, ese, solo había sido una diversión. Ya era tiempo de volver a su sitio, inmóvil, en el Parque de El Retiro en Madrid.

Raffaella Bolletti