Basura

El antifaz negro no me gusta, pero es necesario.

La peluca, en cambio, oscura con mechones violeta, es de lo más femenino, solo tengo que desgreñar los cabellos. Me ensucio el rostro con el maquillaje: matices de gris, morado, violeta. Pintalabios negro, esmalte negro en las uñas, guantes de red, pero rotos, también negros. Pantalones y camiseta oscuros, bien ajustados. Finalmente me enfundo en una bolsa de residuos color plomizo, ya muy estropeada, y mi disfraz de “Saco de Basura” es perfecto. Nadie me va a reconocer, solo tú.

Oculto en mi bolso nuevo todo lo que tengo que llevarme, y salgo a la calle rebosante de gente disfrazada lanzando confeti, entre la música disonante de los carros de Carnaval, las caras espeluznantes de los muñecos de cartón piedra. Gritos de niños, carcajadas, rostros enmascarados en el alegre estrépito de la fiesta. 

Un payaso con la cara pintada de blanco intenta asustarme. Es falso como el alborozo que inunda la ciudad, como todas estas personas que necesitan disfrazarse de algo diferente para encontrar un simulacro de felicidad.

Yo sola soy real, auténtica en mi dolor de pacotilla, en mi rencor de basura. Solo tú me vas a reconocer, porque eres tú el que me ha tirado a la basura como un trapo sucio. Y yo también te voy a reconocer, porque tú no necesitas un disfraz para ser falso. No tendrás el tiempo para un saludo o una sonrisa hipócrita, porque yo sacaré lo que tengo en el bolso nada más verte: nadie se enterará del golpe, con todo ese ruido, nadie hará caso a una chica disfrazada de saco de basura en medio de ese gentío de máscaras borrachas de alegría, nadie se dará cuenta de tu cuerpo pisoteado por la muchedumbre inconsciente, como si fueras un saco de basura.

Silvia Zanetto