La selva del Darién

Antes de irse a la cama, Doña Aldonza siempre revisaba todo meticulosamente; la puerta cerrada, la perilla del gas bajada, las luces apagadas, el despertador puesto a las 7.

Por el sendero en medio del bosque del Darién apareció repentinamente una bestia feroz con cabeza de tigre y un cuerpo alienígena que se le iba a abalanzar. Detrás de ella había dos grupos armados de Narcos y FARC que se disparaban entre sí, no había salida. Lo único que había que hacer era saltar al río o unirse a la pandilla de los contrabandistas de “blanca” que estaba más cerca.

Desde siempre le hubiera gustado hacer un viaje de una vez en la vida, “in-a-Lifetime”, a la jungla, sin complicaciones y sin la comodidad de su hogar sumergiéndose en vistas increíbles con bosques inexplorados, y aunque mucho se hubiera contaminado y el bosque se hubiera convertido en secundario, habría sido hermoso.

Cruzar ríos que por el mal estado de la embarcación habrían podido ser experiencias realmente aterradoras. El senderismo-trekking “recompensa-rewards” increíble viendo animales salvajes y disfrutando de emociones extraordinariamente fascinantes.

Sólo consigo misma, esencial e increíblemente “remoto”, sintiéndose como si estuviera en el desierto con un teléfono móvil sin señal.

Cuando la encontraron por la mañana, parecía como si estuviera dormida; en la mesita de noche había tres pastillas; dos “Aspirinas” y una píldora azul  un poco rara, con tres letras iniciales ahuecadas de “Ele, Ese, De”.

En la mesita de noche en el libro el lápiz como marcapáginas indicaba la frase: “A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado…”

Luigi Chiesa