La otredad

Giuseppe Garibaldi en Rosario (Argentina)

¿Qué diablos hago en esta ciudad?! Por más que conozca aquí a muchos otros —paisanos y locales—, creo que jamás me sentiré parte de este lugar…

Siento cómo huelen mis orígenes, y de inmediato… miradas de rechazo, desvíos, caminar acelerado… Pero… ¿qué otra cosa puedo pedir?; venir era mi única opción; era eso o la muerte. Después de haberme escondido, de haber huido de ciudad en ciudad con la ayuda de algunos amigos —amigos que no tuvieron la oportunidad, como yo, de escapar, y cuya situación hoy desconozco—; después de haber llegado a la costa dejando allí todos mis ahorros y embarcándome hacia esta tierra prometida… Era mi única opción para vivir —tristemente—, como lo sigue siendo todavía para otros… ¡Cómo quisiera volver!, seguir ayudando a mi gente, casi todos oprimidos por ese régimen absurdo…

Por fortuna, aquí he encontrado algunos amigos, y más ayuda de la que había esperado… Sin ella, seguramente estaría como al inicio: robando para poder comer y pagar una cama —como todavía hacen algunos, per forza…—, o estaría nuevamente herido, o en una celda.

Aunque… ¿es posible que sí hubiera tenido otra opción? Tal vez habría sido mejor escuchar a mi mamá, haber seguido con mis estudios, con mi apacible trabajo en las canoas, y haber muerto sin saber nada más, sin preguntar nada… ¡Maldito el día en el que supe de Voltaire, y de Rousseau! Sin ellos, jamás me habría invadido este sinsentido de querer convertirme en un héroe local…

Igual… ya es demasiado tarde. Agradezco a América por haberme recibido, y por seguir alimentando mi vida; sea como sea, encontraré la forma de volver a Italia, de donde nunca debí haber salido. *

 *(Basado en la vida de Giuseppe Garibaldi durante su estadía en América del Sur).

Alan Émilio Suárez