Significados

En la televisión hablaban del monumento medieval. Robert, adormecido sobre el diván escuchó el nombre de aquella Catedral. Se despabiló de golpe. Se sentó y rastreando con los dedos los objetos desparramados sobre la mesita dio con el mando a distancia. Subió el volumen. Hablaban del incendio, de París, la caída de un símbolo. 

Los ojos de Robert vagaron en las tinieblas. Una inmensa congoja lo invadió. Se acarició la barba encanecida y recordó de inmediato aquella noche pasada en aquel pueblo cerca de Connecticut hacía más de treinta años. Pocas cosas habían cambiado desde entonces. Ahora tenía casi ochenta, estaba jubilado y había enviudado dos veces. Una vida hecha. Por lo demás seguía viviendo en Seattle y, como entonces, era ciego de nacimiento.

En la televisión hablaban de la devastación en acto. Robert trató de imaginar el calor de las llamas, monstruos voraces devorando la estructura que sucumbía como hoja de papel. Pensó en Raymond y en aquel dibujo que juntos habían diseñado esa noche lejana. Lo había conservado. Sintió la urgencia de encontrarlo. Se levantó y se dirigió al  armario. Su memoria interior no le fallaba. Lo halló escondido en un  cajón.

Era un papel grueso de bolsa de las compras. Logró sentarse en el piso,  lo desplegó y acariciándolo le alisó las arrugas. Luego, con las yemas de los dedos comenzó a recorrer las gruesas lineas trazadas por el bolígrafo. Su corazón latía emocionado. ¡Ahí estaban! Las torres principales, los rosetones, la prominente aguja, arbotantes y gárgolas. Pasando los dedos por los surcos Robert volvió a sentir el calor de su mano apretando la de Raymond mientras guiaba el bolígrafo. Nada se había perdido, pensó el ciego. Ahí seguía, todavía intacto, el diseño de su vida, aquella Catedral gótica en todo su esplendor. 

Adriana Langtry