Mi playa de Las Canteras

Ella llevaba la mochila con las toallas de una esquina a la otra de la avenida y yo las tablas de surf. Éramos un hilo de un mismo tejido, unidos por nuestras manos, los sombreros ondeaban al viento. Nos reíamos porque estábamos cerca. Caminábamos sobre la arena seca y caliente hasta el mar con nuestras tablas. Sintiendo cómo cada uno de nuestros pies dejaba una huella efímera.
Ya, sobre el agua esperando la ola; la serenidad y el silencio del mar roto de vez en cuando por el graznido de una gaviota nos hacía sentir esa conexión con todo lo que existe. Estábamos bajo la cúpula del universo percibiendo el tiempo infinito y sintiendo que existe la probabilidad matemática de que nos hayamos encontrado antes y que nos encontremos después.
Tengo la certeza que, en este mundo infinito, los seres finitos y sus átomos se reconocen.

 Eso nos pasó.


Blanca Quesada