El encanto de la playa puede der un consuelo

El azul del cielo que se refleja en el mar le encanta… Un color tan amado que le reconforta el alma, mientras mira, desde la ventana de su habitación turística, Scaglieri, en la Isla D’Elba.

“Por fin, Marina, ¡te veo sonreír!” 

“Ya… ¡Qué maravillosa es esta playa, Pablo… y me encanta el verde de los árboles y de los céspedes, y el perfume del mar… Es verdad que ya estuvimos aquí hace unos años, y fue una experiencia fantástica, pero hoy es algo especial…”

Pablo la abraza con ternura: la sonrisa de Marina le reconforta, vuelve a verla como siempre había sido, hasta hacía unos meses.

“¡Claro que hoy es especial!” 

“Ya… por lo menos mi covid se ha ido! ¡Hemos arriesgado no tener ni un día de vacaciones! La oportunidad de pasar un poco de tiempo aquí me consuela…”

Pero su sonrisa se hace más débil. Pablo finge no darse cuenta, y la besa: claro, la madre de Marina tan vieja y enferma, después de cinco años en el geriátrico, es algo en que ella no puede dejar de pensar, pero no quiere hablar de eso.

“Marina, ¿Qué te parece si bajamos y vamos a pasear un poco por la playa, ahora mismo? Todavía no es muy tarde, y podemos vaciar nuestras maletas después…”

La playa de Scaglieri es una preciosa cala, de más o menos 140 metros, que Pablo y Marina atraviesan tomándose la mano. Hay arena blanca y dorada, aguas poco profundas y cristalinas, el cielo azul poco a poco se transforma en algo mágico, un dorado atardecer que no veían desde hacía muchísimo tiempo. 

Marina vuelve a sonreír, Pablo también. Claro, el covid que ella había tenido hace dos semanas no había sido una enfermedad tan fuerte, solo un poco de dolor de garganta y un poquito de fiebre, y había durado solo algunos días, pero ella había tenido miedo de no poder ir de vacaciones a la playa… unas vacaciones tan necesarias, para distraerse un poco del otro problema.

El móvil de Marina suena. Es su hermana.

El atardecer ahora es incluso más bonito, el cielo es de un azul dorado, en la playa casi no hay nadie, y ellos están volviendo a su hotel. Marina escucha a su hermana, su cara se tranquiliza, la saluda y le agradece.

“Mamá está un poquito mejor” dice “Y el paisaje también”.

“Será verdad?” se pregunta Pablo, “o es su hermana que quiere evitar preocuparla?”

Pero no quiere compartir su duda con ella.

“Sí, Marina, tienes razón… el paisaje en esta playa es maravilloso”. 


Silvia Zanetto