
Manuela había nacido en Elba, una isla de ensueño entre las costas de Toscana y Córcega; un lugar maravilloso repleto de naturaleza. Durante su infancia había sufrido mucho el aislamiento y lo aburrido de vivir en una aldea que sólo se llenaba de turistas en verano. Las demás estaciones no había nada que hacer, excepto la rutina de siempre: clases en la escuela y por la tarde ayudar a la familia en la huerta.
Al terminar el colegio, decidió irse a Roma a estudiar Letras Modernas, ya que su sueño era ser periodista y le encantaba leer y, por supuesto, escribir. Estaba tan entusiasmada con su vida nueva en la capital. Todo aquello era tan diferente de su pequeño pueblo.
Según iba pasando el tiempo, las luces de Roma empezaron a perder brillo: lo que antes era energía vibrante, ahora era cansancio; lo que fue novedad, se volvió rutina. Las calles repletas, el tráfico incesante, la gente corriendo a todas partes.
Una tarde, en un banco frente al Tíber, mientras el río arrastraba hojas secas, Manuela entendió que echaba de menos algo que en Roma nunca iba a encontrar: el silencio del bosque detrás de su casa.
Recordó entonces un árbol en particular. Uno que crecía al borde del huerto, alto y nudoso, con ramas que se abrían como los brazos de un viejo sabio. De niña, solía sentarse bajo él con un cuaderno y escribir cualquier cosa que se le ocurriera: cartas que nunca enviaba, canciones inventadas, cuentos sobre criaturas que vivían entre sus raíces. A veces, creía que el árbol la escuchaba. Su corteza rugosa era un mapa de historias que aún no sabía leer.
Desde ese momento, el recuerdo del árbol empezó a visitarla con frecuencia. Aparecía entre párrafos que no lograba terminar, en sueños donde el aire olía a hinojo y tierra húmeda. Incluso en la ciudad, entre el concreto y el humo, sentía que algo de ese árbol seguía dentro de ella. Y con cada día que pasaba, la idea de volver ya no era un retroceso, sino una forma de regreso. No al pasado, sino a una raíz que había olvidado cuidar.
La mayoría de los autores que participan en esta revista han colaborado a la creación del libro:
- El amigo manzano por Raffaella Bolletti
- El Árbol por Blanca Quesada
- El Árbol de la Vida por Graziella Boffini
- El Árbol por Gloria Rolfo
- El Árbol por Iris Menegoz
- El Árbol por Sylvia Navone
- El bosque de Manuela por Carolina Margherita
- El mensaje del árbol por Patricio Vial
- El peral “Conference” por Jean Claude Fonder
- El verde es suyo por Silvia Zanetto
- La Ceiba que habla todos los lenguajes por María Victoria Santoyo
- Patahueso por Sergio Ruiz Afonso


