
Azul marino, las olas del vestido de una niña que se escabulle livianamente hacia la cocina.
Azul turquesa, los latidos del corazón y los mechones de pelo que se le caen en la cara.
Azul oscuro, los pasos de una princesa de la noche, en una ráfaga de desasosiego.
Azul rapsodia, las cortinas teñidas de índigo temeroso, alrededor de su escapada.
(Azules)
En un octubre luminoso, hace muchos años, el verano no quería convertirse en otoño. Sin embargo, estaba claro que era octubre: las llegadas ya tenían sabor a salidas, como cuando vas a despedirte del mar por última vez, mientras tu equipaje ya te espera en el coche.
Avanzamos por el muelle y disfrutamos de ese último resto de verano, sorprendidos y agradecidos por el día soleado. El azul claro nos consolaba de la pasada semana sombría.
(el Héroe)
Así que Simón no será mi Príncipe Azul, no me dará un beso casto y prosaico para romper un hechizo. Será mi Caballero Negro, el mago de la capa oscura y del beso que embruja: el que crea el encanto, y no el que lo quiebra.
(Hechizo)
A mí, en cambio, me enamoró enseguida.
Ni siquiera me fijé en el color gris de su pelo y de su barba. Me deslumbró la luz oscura que vi brillar en sus ojos mientras iba hablando de su viaje a África. Me encantaron las palabras verdes y azules de ríos y valles lejanos, que su voz me acercaba y los hacía reales.
(Por eso ahora me voy)
Porque esta es la clave: darme cuenta de que estoy vivo todavía, que no es demasiado tarde para librarme de lo que me presiona, para gozar del verde y del azul de la vida, del cielo resplandeciente sin nubes y de todo lo que todavía está detrás del cerro, esperándome a mí.
(La llave)
Lo perdió todo y ni siquiera se enteró.
Y caminó a través de la niebla grisácea que esconde las violetas y los narcisos, sin atisbar el azul índigo del cielo al atardecer: ese azul que no le pertenecía.
(El cielo al atardecer)
No sé por qué me habré puesto este vestido blanco tan corto.
La señora de la mesa de al lado me observa con aire de reprobación, enfundada en su tailleur de corte perfecto, protegida por su sombrerito azul y fingiendo leer el periódico
(Le Figaro)
La mayoría de los autores que participan en esta revista han colaborado a la creación del libro:


